viernes, 26 de septiembre de 2008

Lectores adversativos



Nada me gustaría más que la gente leyera como Dios manda. No crean que eso sea fácil. A lo sumo es al contrario: difícil. Desde muy niños se hace hincapié en esto de la lectura, como iniciación a la lectura para niños, aunque me parece que se dice, en numerosas ocasiones, con la boca pequeña. Como nos han enseñado los antropólogos culturales, para mí los mejores analistas de la realidad que existen, en las sociedades estatales donde no se deja "el control del pensamiento" a policías y fuerzas paramilitares se hace este control de otros modos: llamémosle democráticos. Y no solo con los narcóticos del entretenimiento electrónico, tipo plays y nintendos, como algunos puedan suponer. Sino en los modernos sistemas de educación obligatoria. La LODE que nos querían colocar los gobiernos del PP era un ejemplo. Sin con esta ley no se pude evitar imagínense con aquella: hasta una lección de ortografía o de música se convierte en un adiestramiento básico de apoyo al sistema competitivo de la libre empresa. A los niños se les enseña a tener miedo al fracaso: también se les enseña a ser competitivos. La cultura del esfuerzo, en algunas manos, sabemos en lo que culmina: en la cultura del egoísmo, la hipocresía, el creerse culo del mundo determinados grupos sociales y en el etnocentrismo. Esa, señoras y señores, era la LODE. Eso no quiere decir que la ley actual tenga tachas, porque esto va a ser la rueda, la tortilla, los huevos y la sartén. Por los siglos de los siglos. Amén. Es importante que los niños, desde bien chicos, empiecen a ver a los demás la principal causa de fracaso y tengan miedo unos de otros. Como señala Henry, un antropólogo: “la escuela es, en efecto, un adiestramiento para la vida posterior, no porque enseñe mejor o peor la lectura, escritura o aritmética, sino porque inculca la pesadilla cultural esencial: miedo al fracaso, envidia del éxito…”. Por eso razono lo que digo que la incitación a la lectura se hace con la boca chica y que la gente ya no solo es que no lea, es que no lee como Dios manda. Los niños son voluntariosos, pero cuando llegan a la edad de la adolescencia acabó la lectura. No todo en la escuela negativo: algunos se salvan de la quema. Les voy a explicar como me ocurrió a mí. Yo cursaba por entonces 2º de BUP y me gané el sobresaliente de la manera mas tonta que uno pueda imaginarse. Hoy creo que fue el mas útil en la más útil asignatura escolar que yo haya cursado nunca. Fue en la clase de Ética. El día antes había comenzado a caer las bombas sobre Bagdad en la primera guerra del Golfo y durante aquellas horas de la clase se radiaban los aviones “aliados” que iban cayendo a las arenas del desierto. Por aquellas épocas se recibía en mi casa todos los días el ABC con algunos días de retraso, que venía directo desde el ministerio de la presidencia, por un bedel conocido nuestro que trabajaba allí; por tanto, yo ya estaba algo al tanto. El profesor de ética, un tal Enrique –ya con el pelo corto – dividió a la clase en dos grupos para que efectuásemos un debate sobre la guerra del Golfo: Unos defenderían a la posición “Demócrata” y otros a la postura “Republicana”. Por aquel entonces ni yo, ni ninguno de mis compañeros, sabía ni quienes esos bandos eran ni que tramaban. A mi me tocó en el bando demócrata y estuve callado casi todo el debate, que derivó sobre si la guerra sí o la guerra no, en términos de guardería. Yo iba reflexionando sobre lo que allí se decía y contrataba con mis valores personales. Cosa curiosa porque soy hijo de obreros y nieto de campesinos. Y pedí la palabra y pronuncié un discurso que fue, más o menos así, sin darme cuenta que yo tenía que defender las posturas demócratas. “Vamos a ver, dije, nosotros somos lo EUA, tenemos aviones, tenemos tanques, somos el país más rico del mundo y necesitamos el petróleo de aquella zona. Porqué vamos a permitir que Sadam Hussein invada Kuwait. Debemos entrar en guerra y controlar el petróleo de la zona”. Y así quedó. El profesor me dijo que le había gustado mucho mi intervención pues había espetado los argumentos republicanos como ni siquiera los que debían defender esa postura habían hecho. Desde aquella fecha hasta el final de curso me toqué la barriga y me pusieron un sobresaliente. Hizo bien. Creo que nunca me he merecido tanto una nota como entonces y, por ello, digo, desde entonces empecé a reflexionar sobre todo lo que leía, oía y pensaba. Empecé a nadar contracorriente. Y las asignaturas solo trámites o escalones para buscar lo que en verdad me preocupaba: pensar por mi mismo. Nunca tuve una signatura como la Ética en el bachillerato. Aquél día aprendí también a leer: desde entonces me convertí en un lector adversativo, como dice Rafael Puig: lectores como Dios manda. Lectores que leen con la intención de encontrar algo contra lo que escribir. Lectores que leen para pensar más y, a menudo, contra lo que leen.

3 comentarios:

paredes dijo...

Hay que saber leer entre líneas y saber todo lo posible sobre quién lo escribe.Es la forma de enterarte de algo.

Luis Ángel dijo...

Leer como Dios manda (que no es lo mismo que leer como la iglesia quiere que leamos). Quiza debieramos comenzar con escuchar como Dios manda, ya que hoy dia, ni siquiera escuchamos al de al lado. Y este es un dato muy importante, ya que a veces tan importante es lo que leemos o escuchamos, como quien lo escribe o nos lo cuenta. Tal y como te sucedio en esa clase de Etica, quiza si supieras lo que era un democrata, no hubieras dado esa opinion. Quiza si no nos dejáramos influenciar, diriamos a los demas lo que pensamos de verdad, no lo que los demas quieren que pensemos. Ahi esta la importancia del quien, y en consecuencia del porque escribe o dice. Y es que a veces vale mas pensar en porque nos cuentan algo, que en el algo en si.
Una puerta sin bisagra, no ejerce su funcion. Todos vemos la puerta, pero ¿quien se fija en la bisagra?

Jake dijo...

Bienvenido Luis Ángel a estas noches valxeritenses nuestras. Aquí podemos mantener cálidas conversaciones, diálogos como los que en casa de Agatón, tras el banquete, se celebraron con objeto de dilucidar que era, en realidad, el Eros, la belleza y la verdad, tras mezclar el vino en una crátera y bridar por conversaciones fructíferas en busca de “la bisagra”. Aquí te espero junto a otros amigos como Paredes y Ginebra, para que disfrutemos con la conversación. Buena razón tienes en lo de escuchar; no solo es importante el que dice, sino, más si cabe, el que escucha. Fueron los griegos quienes descubrieron eso. En este baquete cojen todos, con tal de que el hablar sea nuestra máxima; con independencia de sus opiniones propias, que no dejan de ser doxa.