"La Forja de
un Rebelde" es una serie de televisión de los años noventa donde se
adapta “cinematográficamente” la novela de Arturo Barea. Muy criticada
en su día por el “gran presupuesto” y los escasos réditos que
obtendría, en verdad mostraba “una historia” de ESPAÑA que no todos
están dispuestos a reconocer, después de 50 años de NO-DO. La imagen
cinematográfica tiene un poder que el libro no tiene: el libro llega a
pocos, la imagen a muchos. Exquisita
puesta en escena: los dos últimos capítulos son una traca que no deja
impasible. Hecha para televisión, tiene un nivel altísimo, no en vano
está dirigida por Mario Camus (Los Santos Inocentes) y es un documento
excepcional para conocer nuestra historia, fuera del relato de “los
vencedores”. En fin una serie impresionante que poseo en DVD para el que
quiera visionarla. En este pequeño vídeo se muestra el ambiente de las
elecciones de Febrero 1936. Las dificultades para hacer un mitin en un
pueblo controlado por los caciques decimonónicos, aquellos que había
expoliado los comunales del pueblo y que en el casino del pueblo se
juntan con el médico y el boticario con los que pasa el aburrido tiempo
leyendo “El Debate”, y sus territoriales, el periódico que desde el
Obispado, aúna las ideas políticas de la Iglesia y cacique local.
En las cálidas noches valxeritenses, junto a las frescas gargantas durante el estío: No nos hemos sumergido en los profundos y oscuros recovecos del alma humana. Plácidas, cálidas: noches valxeritenses. Bitácora.
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lunes, 2 de febrero de 2015
jueves, 20 de noviembre de 2014
LA GALLINA CIEGA, MAX AUB. PARA QUITARSE LA VENDA DE LOS OJOS
El talento como escritor de Max
Aub es descomunal. Max Aub afirmaba que para escribir se nace, ya fe qué él había nacido para ello. Max Aub era
un ciudadano de mundo. También decía que uno es del lugar donde estudia el
bachillerato. Y lo decía con razón, pues tanto su padre como su madre eran
alemanes y su vida juvenil un periplo entre países. Nació en Francia, donde
vivió hasta los once años. Después se establecieron en Valencia cuando él era
un joven de 11 años, lo que significa que su lengua materna no es el
castellano, sino que lo aprendió aquí, chicoleando en las calles y en el instituto; pero ¡Qué castellano! Después de acabar el bachillerato comenzó a
trabajar como comercial, y viajó por toda la geografía española, conociendo
gente, hablando, vendiendo; como un Cervantes joven, aprendió el idioma como
nadie. Aprendió a escribir donde se aprende a escribir: en el mundo. A lo largo
de su vida tuvo cuatro nacionalidades: francesa, alemana, española y mexicana. Max
Aub, teniendo como obras maternas otras lenguas (el alemán y francés) aprendió
el español en un tiempo muy corto, pero tiempo después confesó que solo podía
escribir en español. Ahora se entiende porqué afirmaba aquello de que uno es
del lugar donde se estudia el bachillerato. Entendía por patria otra cosa muy
diferente a lo que es entendido por patria aquellos que quieren envestir
tozudos. Como para Cervantes la patria es la localidad, el lugar donde uno
crece y juega y se enamora. Max Aub aprendió en los cafés y las tertulias; se
involucró prontamente en la vida intelectual, artística y creativa: escribiendo
obras de teatro vanguardistas y dirigiendo él mismo una compañía teatral. Y
como todos los intelectuales de su época vivió con intensidad la política.
Durante la Guerra civil rodó con Malraux una película “Sierra de Teruel”. La gallina ciega es la última obra que
escribió. Exilado en México, volvió a España, vencido pero no convencido, con
el objeto de escribir una obra sobre Buñuel. Pero lo que escribió fue una obra
maestra que, sabía, estaba destinada para no ser leída. La gallina ciega es un
cuadro de Goya y un juego antiguo donde, ciegos, los concursantes dan palos al
aire. Y eso es lo que significa “La gallina ciega” y eso es lo que significa
este país y los ciegos, los españoles. Escrito con un castellano extraordinariamente
rico y con una tristeza que encubría tristeza por toda la condición humana y
por un país que amaba y que también sentía suyo, pese a los más de treinta años
trascurridos en el exilio mexicano. Max Aub conoció la España literaria de los
cafés, de los intelectuales, de la política, del compromiso, de los grandes
valores, de los grandes momentos y de los ideales. Y todos le preguntaban por
lo mismo ¿Cómo ve usted ahora España? En un libro inclasificable ¿Relato de un
viaje hecho por un hombre maduro a la España de finales de los 60? ¿Ensayo?... “La
gallina ciega” es una impresionante obra en prosa escrita tal y como Cervantes
entiende la prosa, y “La gallina ciega” es, sobre todo, una obra para quitarse
las legañas que nos aprisionan los ojos y nos impide mirar. A su vez, en “La Gallina ciega” Max Aub, hombre de
mundo, ofrece un repaso magistral por toda la literatura española y por todos
los géneros literarios y los autores, con la opinión de su autor. Pero eso es
lo de menos, en él hay un hombre que sabe, que escribe como muy pocos han
escrito en castellano –de su nivel se cuentan en una mano- , y que con
clarividencia describe lo que España es y lo que España ha sido. El título es
significativo: la gallina ciega. Los españoles dando palos de ciego y con los
ojos vendados. Hace unos años, cuando vivía en Alcalá de Henares y aún joven
escribí esto sobre “La gallina ciega”. Aunque este libro es solo para leerle,
no para comentarle.
"El hecho es que durante dos
meses ningún estudiante, ningún periodista, ningún estudiante de periodista se
me acercó para preguntarme:
¿Usted estuvo aquí con Hemingway?
¿Usted estuvo aquí con Malraux
¿Usted estuvo aquí con Regler?
¿Que hizo Dos Passos durante la guerra?"
¿Usted estuvo aquí con Hemingway?
¿Usted estuvo aquí con Malraux
¿Usted estuvo aquí con Regler?
¿Que hizo Dos Passos durante la guerra?"
No sé con qué palabras ni de qué
modo describir el libro que acabo de leer, pues todo lo que diga quedará
pequeño; una sensación de diminuto transeúnte por la vida al lado de Max Aub.
Una admiración. Un respeto gigantesco. Un libro que me ha llegado a las entrañas
mismas. Un limpiador de legañas. Una reverencia a alguien que debería ser
referencia. Un faro, una luz. Un ensayo sobre la ceguera. Un monumento a la
cultura, a la conversación. Un altar merece. Y yo ciego. Ciego. Ciego. Ciego.
Ciego como muchos. Como el que mira como Fernando Alonso hace la carrera o como
juega el Madrid-Barcelona. Y que coste, no soy del barca. Solo quiero que el
Madrid coma el polvo. Se asombraba un familiar cuando dije esto. Y me preguntó ¿Por
qué?. Porque soy un radical. Un antifranquista. Cada vez más rebelde. Tal vez,
lo que soy es cada vez más clarividente: ya no solo destetado, sino con las
lagañas bien limpias. No veo en el fútbol, ese maravilloso deporte, más que
política. Admiro el fútbol que hace el Barca, pero tampoco comulgo con los
palcos y los políticos. Menos con los del Madrid. Pura política. Gallina Ciega.
Marca y As, remedos del franquismo. ¿Qué clase de país es éste? Max Aub, esa
luz y yo tan ciego. Llego tarde, me digo. Sí, sí, sí, tarde, tarde, tarde. No
me enteraba de nada. No sabía nada. No, hombre, que dices, eso del franquismo
ya pasó, de aquello no queda nada, me dice el familiar. Y yo me revuelvo.
!Ciegos! Y me mira con cara que expresa: este ha perdido un tornillo. Cómo
quiere que pierda el Madrid, tan solo, por antifranquismo. Si yo no conocí el
franquismo. Si cuando Max Aub murió yo aún no había nacido. Admiré a la quinta
del Buitre. Era niño. Y disfruté en el Bernabéu, con Sanchís, con Chendo, con
Buyo, con Michel, con Butragueño. Ciego. Ciego. Ciego. Es el libro más bueno
que he leído en mucho tiempo. No quiero terminarlo, no quiero que se acabe
nunca. Estoy dejando las últimas páginas para saborearlas. Este libro es un
impacto, un mazazo. Mierda de país, y mierda de cultura, y mierda de guerra y
mierda de franquismo. ¿Hubiera sido Max Aub el mismo sin esa mierda?. No sé. Qué
hombre, qué sabiduría. Cuantas lagañas en los ojos. Cuantos bares, que pocas
tascas. EL chascarrillo, el chiste, el suelo lleno de desperdicios en los
bares. Entre estos señores de los cafés y las tertulias y nosotros hay un
abismo insondable. Y el franquismo. Mierda de franquismo y mierda de cultura y
mierda de país y mierda de Real Madrid. Y el régimen abriendo el culo con Cela
-grandísimo por otra parte-. Y Max Aub desconocido. No sé escribo en un momento
en el que el mazazo recibido ha sido mayúsculo. Había leído “Campo del moro”.
Me había gustado. Esos espacios arrasados y ese estilo teatral, que me
recordaron a la película, no sé si por algún motivo, “muerte de un ciclista”,
de Barden. ¡Pero esto!. Soy un hijo de la posmodernidad, del fin del relato, de
los bares llenos de servilletas, hijo de obrero industrial. Ciego, ciego. Aznar
fue el despertar y el PSOE de González, tal vez, un dormir. Botellón y fiesta.
Una mierda de profesores en la Universidad: venga empollar para no ver. A
excepción de Enrique Múgica -profesor de Historia del pensamiento político-. He
llegado tarde, me digo. Mejor tarde que nunca. Aún soy joven, otros nunca
despiertan: dormilera. Y Max Aub. Es tarde haberlo leído con 32 años. No sé. Yo
creo que es tarde, pero igual no me hubiera enterado de nada. Tal vez lo he
cogido en el momento justo. Pero es tarde. Con 35 años Max Aub estaba rodando sierra de Teruel con
Malraux y otros muchos morían en los frentes con convicciones e ideas. Solo que
en aquellas épocas los jóvenes no estaba ciegos.
Por suerte, los jóvenes vuelven a
un nuevo despertar. Vuelven tiempos interesantes. Esa maldición oriental.
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sábado, 17 de septiembre de 2011
Diálogo sobre la Justicia. Terror y miseria en el primer franquismo.
- La justicia española es de género
negro; esto es, que el rasero o la vara de medir se difumina teniendo en cuenta
los intereses políticos y la ideología. La fiscalía lleva pruebas o acomete
procedimientos o cierra investigaciones o los abre en virtud de lo que les
dicten políticamente. A su vez, los jueces no son imparciales. No son
imparciales porque son humanos y tienen sus prejuicios como el más pintado, más
en una país como este; no me fio de la Justicia en este país. Otegui pertenece,
parece demostrado, a banda armada, y por ello va a sufrir prisión, cosa que puede ser justa. Muchos
jueces pertenecieron a un régimen asesino, como fue el de Franco, el cual, recordémoslo
por si hacía asesinó, y mucho, y no movieron un dedo para derrocarlo, sino que
participaron en su infamia. El franquismo asesino se fue de rositas. Tal vez,
ni lo uno ni lo otro; pero si no fue lo uno, porqué tampoco lo otro. Por un
motivo: porque la médula de la transición española consistía en que jueces,
policía, militares y políticos continuaran. Y de aquellas aguas vinieron estos
lodos. ¿Sigue confiando en la justicia española? ¿Usted también se creó la milonga
de la Transición, además de comerse el franquismo?
Arturo: Fíjese si creo que no le
encarcelan a usted por este comentario.
- Que yo tenga libertades para
hacer este comentario - que además es verdadero- no asegura que la justicia
española sea justa. El hecho lo demuestra que Jueces no demócratas continuasen
en su cargo y siguieran dictando sentencias, pese al haber pasado su vida
impartiendo Justicia en un régimen que asesinaba y encarcelaba por cuestiones
políticas. Lo de la fiscalía actuando según las consignas del partido merece capítulo
aparte. Las justicia puede ser injusta incluso existiendo libertad de
expresión. O vamos a negar (teoría negacionista) que el régimen asesinó con
saña - posiblemente hasta más de cincuenta mil personas desde 1939 - y que
jueces, policías, militares y políticos participaron en aquel régimen. Y que no
solo es que no hayan sido juzgados, es que han seguido en sus cargos como si
tal cosa.
Arturo: No sé su edad, pero si tiene más de 35 años,
usted también participó con su silencio. ¡Ya está bien de justicieros puros e
implacables! 2. Se olvida del pequeño detalle de que en aquella época y la
primera parte de la democracia existía el delito de desacato, y ahora no,
gracias a lo cual usted puede escribir esas cosas.
- Tengo poco más de 35 años. Para
ser sinceros, 37. Así que yo no voté hasta después de 1992. ¿Por qué dice lo de
justiciero implacable? Si creo en la Justicia, tal vez en la platónica, pero no
soy tan cándido; más parecido, tal vez, a Trasímaco y con el colmillo retorcido
por algunas abundantes y primeras canas. No soy un justiciero, y si quisiera
que hubiera Justicia. ¿Y qué tiene que ver el desacato de entonces con la
justicia de hoy? repito: que yo pueda escribir estas cosas no implica que la
Justicia sea justa. Todos sabemos que el golpe de 1936 no resolvió ninguno de
los problemas políticos de España; en todo caso, los retrasó, y además creó el engendró de ETA -auspiciado por la
filosofía de Sartre-; pero si hablamos de Justicia hay que hablar, además, con
sentido histórico. Y el sentido histórico es gris y negro. Cuando uno llega a
la mayoría de edad en 1992 se cree que este es un país de color; ahora con 37
años, al echar la vista atrás de la Historia comprende uno que ha habido aquí
mucho Pan Negro
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Historia social y política
viernes, 6 de mayo de 2011
Secciones para el laberinto español: José Bergamín.
El pensamiento perdido, de José Bergamín, y la aguda crítica a la Jerarquía española
José Bergamín escribió el pensamiento perdido, que es una refundición de dos libros del autor, Detrás de la cruz y El pozo de las angustias escritos en el exilio (México, 1941). En 1976 el libro fue secuestrado por el Ministerio de Información y Turismo. El exilio español durante el franquismo fue una fuente clara de la cultura española, siendo esta elaboración cultural, literaria, política en español una de las mejores fuentes para entender lo español, y su terrible ruptura, allende de las fronteras españolas. El libro de Bergamín consiste un análisis, en forma de ensayos, del papel de la jerarquía eclesiástica durante la Guerra Civil, así como sus responsabilidades en el clima incendiario político durante la República española. Lógico es que treinta años después el libro no fuera dado al conocimiento de los españoles que vivían en España y que, por tanto, desconocían sobre su país y sobre lo escrito en español por los españoles exiliados, para más desconocimiento y secuestro de nuestra historia, leída en clave de Poder, que sigue poniendo el 2 de Mayo como el acontecimiento más importante del pueblo de Madrid, y olvidando, interesadamente, que entre el 8 de Noviembre de 1936 y Marzo de 1937, Madrid fue el centro del mundo, en la batalla más terrible que ha conocido la capital española. El olvido y la memoria está relacionado con el Poder. "La convivencia política del Estado y de la Iglesia durante la restauración borbónica había corrompido mutuamente, en un ejercicio temporal en su administración y desarrollo público ambas instituciones". "Si el Estado se había prostituido, la Iglesia, la organización eclesiástica de la Iglesia española, se había profanado. Casi todo "el orden sacerdotal" era clericalismo: desorden eclesiástico.". "Desorden establecido forzosamente en la injusticia". Pero ¿Que significaba esta Iglesia? ¿Qué significaba este Estado? La más absoluta y totalizadora ausencia de autoridad moral, espiritual; la más extensa y plena actividad pública anarquizante. "Sombra y mentira de España", llamó certeramente el poeta Maragall aquel Estado; "sombra y mentira de Cristo" pudo llamarse, paralelamente, a aquella mixtificada Iglesia". Estas son alguna de las frases de este libro de Bergamín. Añado un vídeo de como Luca de Tena pone a parir a José Bergamín.
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