En las cálidas noches valxeritenses, junto a las frescas gargantas durante el estío: No nos hemos sumergido en los profundos y oscuros recovecos del alma humana. Plácidas, cálidas: noches valxeritenses. Bitácora.
"... pero todos los días, después del almuerzo, a la hora en que la ciudad entera estaba adormecida por el calor, un viejecito aparecía en un balcón, del otro lado de la calle. El pelo blanco y bien peinado, derecho y severo en su traje de corte militar, llamaba a los gatos con "minino, minino" dulce y distante en el tiempo. Los gatos levantaban los ojos, pálidos de sueño, sin decidirse a moverse. Él rompía pedacitos de papel sobre la calle y los animales, atraídos por esta lluvia de mariposas blancas, avanzaban hasta el centro de la calzada, alargando la pata titubeante hacia los últimos trozos de papel. El viejecito, entonces, escupía sobre los gatos con fuerza y precisión. Si uno de sus escupitajos daba en el blanco, reía."
La rebeldía, a fin de cuentas, no se imagina si no es contra alguien. La noción de dios personal, creador y por tanto responsable de todas las cosas, es la única que da sentido a la protesta humana. Se puede decir también, y sin paradoja, que la historia de la rebeldía es, en el mundo occidental, inseparable del cristianismo.
Hay crímenes de pasión y crímenes de lógica. El código penal los distingue, asaz cómodamente, por la premeditación. Vivimos en la época de la premeditación y el crimen perfecto. Nuestros criminales ya no son aquellos jovenzuelos desarmados que invocaban la excusa del amor. Por el contrario, son adultos, y su coartada es irrefutable: es la filosofía. Que puede servir para todo: hasta para transformar a los criminales en jueces.
"Cada amanecer, se deslizan en una celda asesinos uniformados: el crimen es el interrogatorio"
Sobre materia de educación precisaríamos un blog (Este es un humilde blog de humanidades). Hay también facultades enteras, con departamentos enteros, estudiando los problemas. Problemas que, en último término, son políticos. Sobre cómo hemos llegado a lo que hemos llegado no es otra cosa que cuestión de Poder. Como se sabe que el Poder está, entre otros muchos sitios, en la Educación, que ha hecho de ésta unos zorros. Cada cual tirando para su lado, con planes y políticas que son, y han sido, una barbaridad, complicando lo que debería ser mucho más sencillo. El magisterio no es más que un adulto aguijoneando la curiosidad de unos niños o de unos jóvenes. Puedo asegurar que yo he tenido maestros de esas características. Esas son las competencias que hay que buscar en su selección. Pero las cosas vienen mal dadas desde atrás, por circunstancias históricas y políticas; la educación infantil y primaria es la base de todo lo demás, y esa fase es deficitaria en recursos y "dignificación", palabro que está de moda. Quien no sepa que la educación parte de los maestros de infantil y primaria y que éstos son más importantes, o por lo menos iguales, que un catedrático de instituto o universidad, es que no tiene ni idea en qué consiste la educación. Creo que en mi blog voy a empezar a dar cera con esto de la educación, si me sigues, con agradecimiento y compañía, peripatéticamente, podemos llegar a conclusiones válidas. Los problemas y déficits de la educación media y universitaria es una cosas secular y que, al fin, depende mucho de que seamos autodidactos. Ya Baroja hablaba de aquellos males en el árbol de la ciencia. Pero ¿ quién no recuerda cuando, siendo niños, una maestra dulce nos cantaba canciones infantiles, nos ponía la cartilla... y quién no recuerda ese olor de lápices y ceras y plastilinas, y del tremendo amor de esas maestras y maestros?; antes de que ya la maldad ingénita haya llegado a nuestro ser de los ocho años para arriba. En homenaje a los maestros y maestras de infantil y primaria, de nuestros colegios públicos, pongo esta carta que Albert Camus escribió a su maestro, una vez que recibió el premio nobel. Así como un vídeo de la extraordinaria película "la lengua de las mariposas", con la canción de Patxi Andión, "El maestro".
Querido señor Germain:
París, 19 de noviembre de 1957.
Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.
Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.