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lunes, 23 de marzo de 2015

Bloddy Sunday. Paul GreenGrass Crítica


Bloddy Sunday. Paul GreenGrass. 2002. Oso de oro festival de Berlín.

 ...muestra como los hechos históricos se producen de un modo absurdo, engendrando violencia y más violencia.



Como característica de esta película singular diré que consigue un logro cinematográfico como nunca había sentido, aunque no se si por los mismos hechos que narra, donde las fotografía reales me provocan la misma sensación, o porque es realmente dificil conseguir ese efecto en lo que es cine. Con ella el espectador siente que está en medio de la manifestación de aquel “Domingo Sangriento”, cuando los paracaidistas británicos dispararon a los manifestantes católicos de Irlanda del Norte, que reclamaban derechos civiles. Esto lo consigue el director mediante el viejo truco de la cámara en mano, forma de rodar cine que nunca me ha gustado; pero que quizá en una película-documental de estas características sea formalmente preciso. Así como por los efectos de sonido: los disparos de pelotas de goma suenan reales, así como las piedras que chocan contra las tanquetas. Revisadas las fotografías de aquel día, debo decir que la película está realmente conseguida, pues cuando se ve uno piensa que es realmente el lugar en el que se dan los hechos descritos y que efectivamente se está rodando en 1972, y no en 2002. Esto es: es un falso documental o una falsa película, dando lugar a una película-documental. Las calles parecen las de Derry de 1972: se ven las mismas alambradas, los mismos carteles, los mismos muros, las mismas calles, los mismos charcos, y las personas que salen en la fotografía parecen hasta las mismas de las fotografías. Sin embargo, la película es, como hemos dicho, de 2002. Así que el efecto es que estás allí. La manifestación es pacífica. Los irlandeses católicos (Republicanos) deciden hacer una manifestación por sus derechos civiles que les son negados, entre ellos el del procedimiento de habeas corpus y las detenciones sin proceso judicial. Todos eso no lo explican en la película, en la V.O., así que el no informado no sabe bien cuáles son los motivos por los que se manifiestan. Vista la película doblada quedan más claros los motivos de la manifestación. Lo que se palpa es que detrás hay un conflicto religioso-político. Los católicos y los protestantes viven y conviven (es un decir, porque los barrios de una y otra religión están separados por alambradas) en Irlanda del Norte, y a su vez se relacionan sexualmente entre ellos –hay varias parejas mixtas católicos y protestantes en el film, entre ellas las de los dos protagonistas: el congresista y el joven, cuya novia es protestante y debe pasar las alambradas del barrio católico para verse con él-; aunque es difícil discernir en que posiciones de extremismo que hay entre ambas posturas (unionistas y católicos), se advierte que la cosa anda caliente desde hace algún tiempo. Por de pronto, la manifestación es pacífica y prohibida, pero se palpa en el ambiente que va a pasar algo gordo en ella, por la tensión con la que se rueda. Y el espectador palpa esa tensión. Por lo que se ve los hechos han sido juzgados nuevamente y sobre esos nuevos juicios se ha montado la película. Hay unos montajes en paralelo entre "la dirección de la manifestación" y "las fuerzas del orden". Aunque llamar fuerzas del orden a los paracaidistas es un decir, pues éstos tienen más ganas de entrar a desordenar que otra cosa. Lo agravante es que portan armas bélicas, y se pintan la cara como si estuvieran en guerra. Del lado católico también se tiene gana de gresca, solo que parece que es desigual: se ve alguna pistola de miembros del IRA, o cuando éstos sacan un rifle de caza, los propios manifestantes lo reprimen. A fin de cuentas, parece desproporcionada la fuerza paracaidista. El Jefe de Policía local se comporta como el "angel bueno" del jefe militar que va a llevar la operación: que le avisa de que la fuerza va a ser desporporcionada. En un principio, los paracaidistas tienen claro que van a entrar en acción, y que van a actuar duro, para detener a grupos de sediciosos católicos a los que responsabilizan de altercados en anteriores enfrentamientos. Pero se les irá de las manos.  Un grupo de jóvenes quiere que la manifestación vaya al ayuntamiento, pero esa calle está cerrada por barreras y antidisturbios. El grueso de la manifestación discurre por otras calles que está abiertas (hay mujeres, niños, familias). Nos dejan claro que la manifestación está prohibida, pero posiblemente sea injusta esa prohibición. Los jóvenes empiezan a lanzar piedras a los antidisturbios, y ven a los paracaidistas detrás de las alambradas y los muros. Los hechos los cuentos sin spoiler porque eso se sabe por las fotografías y porque son reconocidos hechos históricos. EL hecho cinematográfico es otro. Luego empiezan los gases lacrimógenos, las pelotas de goma, los chorros de agua… y por último los disparos. Pues bien, lo angustioso de la película es la sensación que se tiene de que en algún momento te van a dar un pelotazo o una de las balas te va a dar a ti. Y te preguntas ¿Cómo es posible que yo esté aquí metido defendiendo la causa de una banda de católicos irlandeses?... moralmente siento que los disparos que efectúan los paracaidistas son injustos, por supuesto; pero tampoco veo a esos católicos muy pacíficos, lanzando piedras. El punto de inflexión dramático es cuando los paracaidistas empiezan a disparar a los manifestantes que están en una barricada, sin armas de fuego, y a rematarlos en las en el suelo, y a disparar a los propios manifestantes pacíficos. Lo habitual es pensar que unos jóvenes que lanzan piedras son antisistema. Pues en este caso, no. Por lo menos en el sentido de antisistema como nos los pintan hoy. Los jóvenes que aquí lanzan piedras visten como antisistema, tienen pelos largos, patillas, granos y parecen típicos muchachos de los 70 británicos: beben alcohol y se morrean con sus novias. Pero son católicos y van a misa, los curas católicos les conocen y les preguntan por su vida, llaman padre al cura. Así que, claro, de alguna manera me choca estar metido en medio de ellos y me choca, pues, el conflicto de Irlanda del Norte, porque es un problema religioso el que se dirime. Los católicos son allí una minoría, y como tal son tratados por la mayoría protestante: les dejan sin Poder y les tratan como delincuentes. Pero hay que tener en cuenta que estamos en religiones semitas, en religiones del “ojo por ojo”. Y eso es lo que se pone de manifiesto en la película desde mi punto de vista. A partir del Domingo Sangriento se organiza con mayor virulencia el IRA (Ejército católico de liberación -curiosa denominación católica para la "liberación" de no saber que en latinoamerica en concepto de "liberación" es católico y marxista a la vez), a su vez los paracaidistas británicos disparan por cuestiones de “ojo por ojo”. Y como decía Gandhi, budista, por el ojo por ojo –de estas religiones (eso lo digo yo)- va a quedar ciego el mundo. En fin una buena película. Y una muestra como los hechos históricos se producen de un modo absurdo, engendrando violencia y más violencia.

martes, 3 de marzo de 2015

Crítica del "El francotirador". Eastwood pese a todo, sale indemne.

El francotirador, de Eastwood, muestra dos cosas: que es un excelente director... y que, tal vez, ya chochea. En esto último no está tan claro. Pese a la disposción ideológica del film, que no es otra cosa que la disposición ideológica del personaje, hemos de dejar claro que el director, Eastwood, muestra, pero no juzga. Y en eso debemos destacar que sí sigue siendo el maestro que siempre ha acostumbrado ser. Con una gran factura técnica general en la película, la escena con el bebé de plástico y unos actores incapaces de coger un muñeco, completan una escena de traca. Es dificil imaginar como Eastwood ha dado por buena esta escena. Aunque bien dirigida, la pelicula, sin embargo a esa escena patética, sabes que detrás de las cámaras, en el resto del film, está uno de los cuatro grandes directores norteamericanos. De no ser que la escena del muñeco sea una "metáfora" irrisoria y absurda del "concepto de familia" que todo patriota tiene para con sus hijos. La película es fascista, porque el personaje lo es: simple como su cerebro, donde esa barba de legionario le queda muy de remacho. Toda la película es sencilla aparentemente, como el mecanismo mental del personaje, de no ser por los pildorazos trascendentales de Eastwood, que la envuelven en su habitual magisterio cinematográfico: dónde parece que no hay complejidad, la hay. Veamos: el personaje no siente ningún reparo de conciencia ante el tribunal de Dios y ante esa circustancia se fundamenta el patriotismo. A fin de cuentas Dios está con ellos, con los norteamericanos. Rodadas las escenas a lo "Objetivo Birmania" de Walsh, deja ese regustillo a clásico de los que gustaban a Garci y a los que no son Garci, como al que esta crítica suscribe.Cine americano, al parecer, de derechas, donde por suerte podemos decir que Eastwood lo que hace es "reflejar la mentalidad" de la ultra derecha, sin hacer juicios de valor. Y esto útlimo hay que subrayarlo. Y hay que subrayarlo para que quede claro.Eastwood, como decimos, no pierde su habitual estilo trascendental y católico ( el rifle, el polvo, la biblia), nos deja elementos a los espectadores para que reflexionemos sobre ello. Aunque yo lo tengo claro, de existir Dios, todos estos fanáticos de la ultra que asesinan en su nombre (en el del Altísimo), en el nombre de Dios, iran a infierno. Y en esas imágenes están las pocas pinceladas plenamente eastwoodianas del film. En el polvo el rifle y la biblia. Como hallazgo visual,destacaría unas calaveras en los tanques que pasan terroríficas en los planos. Y eso es eso lo que son los americanos: puro terror llevando la democracia pegando patadas en las puertas, por muy malo que sea el yihadista del taladro, esas imágenes de los marines entrando en las casas hablan por sí solas. Y el espectador con seso sabe que eso se tiene que juzgar, y Eastwood lo sabe. En el cine, quien juzga los hechos morales es el espectador: y eso Eastwood siempre lo ha respetado y en esta lo sigue haciendo. El "alter ego" de el francotirador américano es el fracontirador sirio. Es "el malo", y no es baladí que así los llamen "el malo", en la simplicidad maniquea de los soldados. Porque en la película solo hay eso: "malos", solo que en ambos bandos (en el yihadista musulmán por elipsis)se tienen por sí, y en su conciencia, por "buenos", tanto los yihadista musulmanes que defienden su terreno, como los yihadista americanos invasores. Y así funciona. Lo que se comprende con esta película, viendo las imágenes de lo que ha ocurrido en Irak, es que en esta guerra, así como otras guerras en el mundo musulmán, han causado y están causando un hervidero de violencia innecesario y terrible, donde la extrema derecha religiosa campea y se mueve, en su simplicidad mental, haciendo lo que quiere: sin ley, sin moral y sin tribunal de conciencia: Queriendo ser limpios en sus altos ideales ( Religión, Familia y Patria), están ponzoñosos: en el fondo nada de lo que se hace está justificado cuando con un rifle se dispara a otro o se invade paises por intereses espúreos, no lo olvidemos. Ni siquiera esos altos ideales absolutizados y fetichizados por una educación tal recibida en la infancia,como se muestra que es la recibida por el francotirador texano, así como poca autonomía en la reflexión propia en la simplicidad del pensar "el bien" y "el mal". Y todo ello amparándose en sendos libros, Corán y Holy Bible, escritos con la mano de Dios. Eastwood, para mí, queda indemne, pese a todo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

CINE, CRÍTICA A “LOS SANTOS INOCENTES”: LA JUSTICIA DEL INOCENTE






Por JG.


Ayer revisité la película española “Los santos inocentes”, adaptación de la obra de Miguel Delibes, y dirigida por Mario Camus. Considerada como una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, "Los santos inocentes" plantea un relato sobre la España rural en los años 60. El lugar en el que se desarrolla la trama son las dehesas y cortijos extremeños, propiedad de hacendados y marqueses, y lugar para el recreo y la caza de las oligarquías del régimen. Sin lugar a dudas es la soberbia interpretación de los actores las que dan empaque a esta película, en lo que es una escuela de actores en estado de gracia. Alfredo Landa, como un buen “mandao” de los señoritos, Terele Páez como una estoica mujer que aguanta lo que se le viene encima –pero que se intuye también la aceptación de lo que hay y que si ella mandase, obraría igual-, o Juan Diego, hijo de la marquesa. Pero sobre todo “Azarías”, el personaje inocente que es interpretado por Paco Rabal. Lo de Azarías es de otro mundo, porque Rabal borda uno de los personajes del universo Delibes más difíciles e impresionantes: El hermano de la Régula (Terele Páez), criado y nacido en el cortijo vecino, y de muy pocas entendederas, y que con 63 años es despedido por “los amos”, porque ya ha perdido el juicio –por viejo-. El personaje causa abyección pero se advierte que en todos sus actos hay la inocencia: se orina las manos para que no se sajen, y hace de vientre en cualquier sitio de la casa. Un hombre en sintonía con la naturaleza – y que muestra el sentido de la caza que tiene Delibes- capaz de amaestrar a un cuervo al que cría. En una escena alucinante, Azarías llama al cuervo que en una azotea se sitúa y, desde allí, acude volando hasta su hombro. Lo cual muestra la bondad del personaje –incapaz de hacer daño a algo bueno (incluso un cuervo)- y amaestrarlo y amarlo. Pero en la película son otros los cuervos. Una situación hiriente e insostenible donde hay “amos” y “criados”, donde cada cual asume su rol, y se comportan de acuerdo a sus posiciones sin más. Una situación a la que Azarías, por senil y con pocas luces, no pasa. La finca en la cual la familia vive es, como hemos dicho, de unos señores marqueses –administrada por un guarda mayor- que la usan para recreo y coto de caza. El propio hijo de la marquesa acude allí para “su recreo”: cazar y acostarse con la mujer del guarda mayor, también del régimen. Y que admira por interés a Paco, el bajo, (Landa) por sus gran trabajo como "perro" y conocedor de las aves y la caza. Sin embargo, el “señorito” no duda en desgraciar a Paco, el bajo, que con una pierna rota debe recoger las aves abatidas, y dejarle cojo de por vida. El dilema moral que se plantea en la película es el de una “pena de muerte”. Lo siguiente narra hechos de la película que desvelan el final, pues, si no la has visto, no debes seguir leyendo. El verdugo y el juez es el Azarías, un inocente. El hijo de la marquesa, asqueado, dispara sobre el cuervo “la milana bonita”, sin importarle en nada que ese pájaro es lo más importante para Azarías que representa una muestra de amor a la naturaleza y a la libertad y a la amistad. Algo tiene Azarías para con los pájaros. El marqués se lo lleva y lo utiliza para atraer a los pájaros, en una técnica de caza, sin embargo los pájaros no se acercan. Es como si Azarías tuviese una relación para con ellos, para salvarlos: e incapaz de hacer daño y algo malo a algo bueno. Sin embargo, Azarías, el ignorante, el retrasado, el senil, tiene su propio concepto de la justicia y moral. El marqués, como si ese acto fuera un acto sin consecuencias ni importancia, mata a la “milana bonita”; y Azarías desaparece en un fundido en negro, dispuesto a restablecer el equilibrio. Con el mismo ritmo narrativo de toda la película, y una fotografía y una banda sonora que se acoplan en todo el metraje, Azarías dicta sentencia, y ajusticia al marqués. Destacable de la película, en el plano moral, es que Azarías, juez y verdugo, ajusticia al marqué por el hecho de matar al cuervo-la milana. Pero es más profundo, porque lo que se ajusticia por parte de un inocente es un sistema injusto por el cual el Azarías, en sus cortas entendederas, no pasa. En un ritmo hiriente por el drama de subordinación de una familia extremadamente pobre, con una hija inválida –posiblemente con espina bífida-, un hermano senil ya que ha dejado su vida en aquella tierra al servicio de “los amos”, éste desde su inocencia, dicta sentencia y la ejecuta con la horca. La justicia del inocente sobre una clase social que ha traspasado los límite, la héxis - que llamaban los griegos-, de toda humanidad a la que se han amoldado como “natural”. Sin embargo, la propia naturaleza envía la hybris al señorito de manos de Azarías. La desmesura del inocente. La hibris o hybris (en griego antiguo ὕβρις hýbris) es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’, y hace referencia no a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales (Wikipedia). Y eso es lo que restablece Azarías en los Santos Inocentes.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Cine y Filosofía, por J.P Feinmann

Y si viniera el mal ¿Tú que harías?... ¿Cómo identificarlo? ¿Que es el intelectualismo moral? Siguiendo con J.p. Feinmann, en una entrevista sobre el cine y la Filosofía.