martes, 5 de mayo de 2009

Mirar atrás y la escopeta nacional

Sé que hay lectores en estos foros de política con un alto grado de nivel intelectual; lectores que saben de que va el gran juego de la política, o impolítica, española. En cambio se de otros lectores que quizá por primera vez se hayan acercado en algo a esto de la política; y que pese a que digan “yo de política no entiendo”, si que entienden. No hay nadie que no entienda de política. No hay nadie que no tenga unas ideas preconcebidas, aunque en la mayoría de los casos sean mitológicas, sobre la política. La diferencia se encuentra en el nivel de distorsión de la realidad que se haga; la búsqueda de la honradez que no viene a ser posicionarse o escorarse a un lado, o el ser parcial –todos lo somos-; sino como digo, de ser honrados o consecuente con nuestras ideas. Ser veraces. Muchas veces la clave de la impolítica, tal vez: Lo que yo llamo falta de honradez intelectual, callarse como putas viejas y obrar de modo contrario a como se dice que se piensa, para situarse en una u otra camarilla. Y luego decir o sentenciar: ” yo de política no entiendo”. La clave, a mi modo de ver, de la impolítica española tienen su nacimiento en vicios consuetudinarios de la práctica democrática, que hunde sus raíces de lejos; que estallaron con un conflicto bélico atroz, y una dictadura inmoral y que, desde ella, se pasó a un monarquía parlamentaria, asentada sobre los vicios democráticos inveterados. Lo que Berlanga describió en “la escopeta nacional”. Muchos dicen de “no mirar atrás”, otros hablan de “olvido”. Ante eso nos negamos, pues las bases o puntales de la democracia española se asientan sobre grandes vicios democráticos, sobre crímenes contra la humanidad, sobre tergiversaciones y mitos, y sobre grandes injusticias sobre las que son imposibles de edificar una democracia que ni mire atrás ni recuerde. El objeto es crear democracia. Si esas injusticias no se ponen sobre el tapete, se destapan, y a modo freudiano del diván y de traer a colación lo que se encuentra en el subconsciente. Presente siempre, no habrá manera de solucionar las bases de la impolítica. Esa sobre la que se aborrece. Es por ello que me es tan importante la evolución de la Historia social y de las ideas políticas. Cuando Walter Raleigth echó al fuego su Historia del Mundo hizo un acto de honradez intelectual. A medida que se descubran los hechos con honradez, se ganará en un aspecto que tanto me importa: en el ser profundamente “liberal”. George Orwell lo descubrió investigando sobre todo lo ocurrido en España; solo los españoles que lo han descubierto poseen, posiblemente, esa honradez moral. Aunque se sea parcial. Así este autor, en una crítica escrita al New English Weekly, a propósito del libro The Church en Spain, señala lo siguiente, haciendo una descripción muy certera de todo lo ocurrido en España, y clave de su impolítica: “…el anticlericalismo violento es un movimiento popular, y además propio de España. No tiene sus raíces en Marx ni en Bakunin, sino en las condiciones del pueblo español”. Y luego continúa: “ En España había millones de personas que durante un siglo habían vivido condiciones insoportables. Campesinos que eran siervos en todo menos en el nombre trabajaban la tierra durante horas interminables por una miseria. En tales condiciones se genera algo que no se generó en Inglaterra, un odio real contra el orden establecido, la voluntad real de matar y de incendiar. La Iglesia católica formaba parte del sistema establecido; su influencia estaba del lado de los ricos. Los grandes y recargados templos rodeados de miserables chozas de barro debieron ser en muchas aldeas los símbolos visibles de la propiedad. Como es lógico, los autores católicos niegan últimamente que esto sea cierto. Que la Iglesia no estaba corrompida, no tenía dinero, muchísimos curas eran republicanos, etc. Etc. La respuesta es que la población española corriente no lo veía así. A los ojos de muchos ciudadanos la Iglesia no era más que un negocio, y el cura, el patrón y el terrateniente formaban una trinidad indivisible. La Iglesia española ya no tenía poder sobre ellos porque su misión había fracasado. Los católicos harían probablemente un mejor servicio a su Iglesia afrontando este hecho que atribuyendo a la simple maldad, o a Moscú..” A esto es lo que llamo honradez intelectual, aunque parcial, como no. Sin este ejercicio la impolítica será inveterada, y los vicios democráticos continuarán, mientras que perdure la mentira de la que habló Coventry Patmore, en “Magna est Veritas”. Y escribió, lo repito: “La verdad es grande y prevalecerá, cuando a nadie le importe si prevalece o no”. En eso consiste el Mirar atrás. No entender que en este país la política es una escopeta nacional, de clientelas y corruptelas organizadas desde la clase política que estaba en un régimen profundamente inmoral y que llegó del modo más inmoral a como se impone una bandera. Puede parecer que no hay equidistancia en lo que esribo. No es tal la equidistancia. No hay comparación. A eso me refiero con este artículo. Que la Iglesia participó en política: que la Iglesia estuvo en la clave del tinglado que se montó. Que encendió los odios como los que más. Que incendió impolíticamente. Que lucho denodadamente contra el liberalismo. Que llamó comunistas a todos los ateos. Que formó parte de la organización de la represión. Que montó un estado a la defensa de sus intereses. Que participó en la democracia republicana con el objeto de derribar el régimen. Que creo la organización civil que ocupó los cargos en la dictadura. Que participó en el cambio de regímen, de acuerdo a sus intereses. En dos palabras: SON RESPONSABLES. Y usando la palabra de Dios incendiaron en defensa de sus privilegios en la última cruzada de la cristiandad por la sacerdocracia católica. Esa es la clave de todo el tinglado. Y si, repitámoslo: SON RESPONSABLES. Así de claro. Hace tiempo que tuve constancia de esa realidad. Desde entonces es mi deber de ciudadano, de persona profundamente democrática, de echarselo en cara uno y otra vez. Y mi objeto último es la implantación democrática en España. Y para que haya democracia, ni curas, ni frailes, ni monjas, deben usar el nombre de Dios en vano. Como hacen.
El clero junto a los caciques y terratenientes, habían generado mucho odio. Habían sangrado con saña al pueblo trabajador. No es de extrañar que hubiera actos violentos contra ellos. Ahora bien, no hay ningún punto de comparación en la cantidad ni en la brutalidad, con lo que hicieron los golpistas desde que entraron por Andalucía con el ejército africanista, hasta varios años después de la guerra con sus fusilamientos diarios en una España sembrada de campos de exterminio.
Es hora de poner la baraja sobre la mesa. Va llegado la hora de la democracia vuelva a este país. Sembrémosla. Es hora de que todos aquellos que no sepan jugar al juego de la política, se levanten de la mesa y se vayan rebuznar a los campos. Es hora que otros, los que rebuznan desde los claustros y los púlpitos, se le coloque grandes orejas de burro y sean paseados por los pueblos, para el escarnio público. Es hora de la democracia. De la política como bien común, y no de los cuatro de siempre. Es hora de acabar con todos y cada uno de los vicios. Esos vicios que aún sabemos que se esconden en las lápidas de caidos por Dios y por España. No todos los caídos allí lo son por esos motivos. Es hora de sentarse en el diván, y sacar del subconsciente lo que se encuentra allí detrás. Nuestro objeto: la democracia liberal y social. En fin del Poder Político de los púlpitos. De los anquilosados escolásticos que sermonean desde los altares, olvidando que la gran crisis del siglo XX fue la de una verdad indubitada hasta entonces fue puesta en tela de juicio: "La imortalidad de alma", la agonía del cristianismo. Y pusieron todos los cañones y fusiles que dispusieron para defender esa idea. Una idea infantil que generó el conflicto político más cruel del siglo XX. Y se dió aquí en este país.

1 comentario:

canuit dijo...

Tu te cres que algún día lo reconocerán? nunca. Y yo por eso y tantas cosas más, sigo maldiciendo a esa parte de sepulcros blanqueados. No acabo de comprender esa necesidad del ser humano de creer en un dios tan bondadoso para ser tan hijosdeputas como son.
El Canuit