domingo, 30 de agosto de 2009

El papel del Opus dei en la transición

La influencia del "Opus dei" en la llamada transición a la democracia me parece incontestable. La habilidad política de la Iglesia, como he señalado en otras ocasiones es, a mi parecer, del todo incuestionable: lleva algunos milenios detentando el Poder político, y sabe cómo organizarse; y cómo manejar las bazas con las que cuenta en política. Se basa sobre todo en la consecución de sus fines, usando los medios que considere oportuno, disfrazando los hechos, en base a la mentira política. Usando a Maquiavelo, se organiza, y ofrece una cara, hacia un lado, pero se inmiscuye en los centros del Poder. En 1975 el Opus posee 70.000 miembros. Pero no son cualquiera: son las familias políticas del régimen; las oligarquías financieras del país que han salido bien colocadas tras la funesta y victoriosa guerra civil. Que Navarra sea el centro del Opus, y desde donde se irradiará. La base del Opus es el “clientelismo”, este sí que tradicionalista, de la política española. La jugada consiste en introducir el conservadurismo ultra católico en la familia. El Opus, es de sobra conocido, consiste en una secta. Una poderosísima secta, de relaciones entre familias, que se ayudan entre sí, a través “de favores”, aquello de los Padrinos: Una parte de las rentas obtenidas van a parar a la Obra; pero, a la vez, se crean las redes de clientelas precisas para conformar las estructuras de Poder, donde el sector de la Iglesia más conservadora forma parte. Es además muy difícil salir de la Obra y el comportamiento que se exige a sus miembros es también duro: es la vida monacal en las familias. Si Erasmo criticaba la vida monacal, y posteriormente los Jesuitas se convirtieron en la órden “rica”, y con mayor Poder en Roma; el Opus decide llevar el ideal de comportamiento cristiano a los centros de la sociedad civil: la familia. Salir de la Obra manda al ostracismo al que lo hace: pierde todas “las ayudas” e “influencias” de las que goza. Permanecer en ella tiene sus beneficios: puestos, financiación, Poder. Todos los miembros de una familia del Opus tienen el futuro asegurado y son introducidos en todos y cada uno de los lugares de Poder económico, social, político, judicial y militar. El régimen franquista es un régimen peculiar. Es un régimen clérigo monárquico. La España de Franco quiere encarnar, en palabras de Raymond Carr, la visión de Maeztu, uno de los propagandistas de la derecha monárquica, muerto en la matanza de la Modelo: Una “monarquía religiosa y militar”, aunque sin monarca en el trono. “La transición” no consistió en otra cosa que eso. Veámoslo. La constitución del 1978 estructura el estado en base a cinco Títulos: El título II, sobre la Corona, el título III, sobre las Cortes, el título IV, el Gobierno, el título V relaciones Gobierno- Cortes, y el VI, el judicial. A la cabeza, como vemos, se encuentra la Monarquía. ¿Porqué? Porque la monarquía tiene subrepticiamente el Poder más importante de un país. La Fuerza real no supeditada a Derecho. ¿El qué? “el mando supremo de las fuerzas armadas”. Eso es lo que persigue controlar el Opus Dei: El ejército. Sobre los hechos del 23-F habría que analizarlos también desde algunos puntos de vista relacionando Opus, Monarquía y Ejército. ¿Porqué Carrillo acepta la bandera rojigualda, y acepta la Monarquía? Esperemos que lo escriba en sus memorias, las que deje para después de su muerte. Carrillo acepta esto después de la reunión con el rey. Posiblemente Carrillo observe que la casa del rey está dirigida por el Opus. También sabe que las familias del régimen más poderosas, los medios de comunicación más influyentes se encuentren en su Poder, así como los empresarios más reconocidos (eso explica el peculiar calvinismo, en lo económico, y a la vez, el utra-catolicismo romano y vaticano en los Moral de los conservadores en este país, y que a mí siempre me sorprendió); las revistas políticas y las del “corazón” están en su poder. ¿Monarquicos liberales o, más bien, saber donde están los cetros de poder?. Incluso las propias CCOO se organizan en las sacristías, y en esas mete la mano la Jerarquía de la Iglesia, a través de los sacerdotes. Y es que no olvidemos el poder político que tiene la Iglesia, que ya sabe que nuestra sociedad ya no es rural, sino industrial: I) Organiza a las oligarquías financieras a través del Opus II) Tiene Iglesias desparramadas por todo el país, ciudades, barrios y pueblos, con una amplia red de miembros que ofrecen discursos políticos todos los fines de semana, poniendo a Dios sobre la mesa de la Política. Sabe Carrillo, por tanto, una vez que se entrevista con el Rey, que la Iglesia española, con sus familias más poderosas, quiere manejar el tempo del cambio político, organizarlo y llevarlo a su manera. Que la Iglesia española está contra la ruptura. La ruptura era la principal tesis de la Junta democrática, donde estaba el PCE entre otros. La Plataforma, en cambio, que se organizaba desde dentro de país, quizá, era más “realista”. Para la consecución de la democracia era preciso una ruptura; pero quizá advirtió Carrillo que eso era imposible, habida cuenta de los cetros del Poder, y que la Iglesia y el Opus se opondría de redondo a la ruptura. Y que ciertamente, Carrillo sabía, que si esto ocurría se volvería a repetir lo que nadie quería. Y es que el verdadero fantasma que revoloteaba por la transición era el de la Guerra Civil; que al igual que las carlistas en el XIX, se repitiesen. El ejército también estaba dividido en parte, y existía una unión democrática – y también muy cercana al Opus-, dentro de una oficialidad reaccionaria. Así “la clase política” negoció, y consensuó el sistema; “una dictadura parlamentaria”, donde el rey modera y manda sobre el Ejercito; El Opus sobre el Rey. Y, subrepticiamente, la Iglesia sobre todos. Nos trajeron, sí, un sistema de libertades políticas, que en el fondo era lo que buscaba el PSOE, pero es susceptible de una mayor discusión sobre si esto es una democracia, donde gobernase la ciudadaní y montada de abajo hacia arriba y no al revés, desde la clase política. Quien manda, en mi opinión, y sigue mandando es el Opus. En definitiva la Iglesia, que quiere controlar la Fuerza (el ejército), en base a las enseñanzas de la Guerra Civil. Repito, según creo, que la transición se montó tal y como se hizo, en parte, por esta realidad: El Opus controla la casa real y, por tanto, las armas. Lugar último donde se encuentra la Fuerza y, por tanto, el Poder. El Opus maneja el barco español de la transición: Sobre cómo mandar en un país a través de la Monarquía. Por eso creo que la reforma constitucional diseñada en la CE de 1978 a través de poderes constituidos tiene mucha miga.

1 comentario:

Javier Solera dijo...

El régimen parlamentario actual parece una ampliación del inmediatamente anterior, con la anexión de los demás partidos políticos.

Pero hay algo que me preocupa y que veo relacionado con tu artículo, y es que el poder real lo ostenta la derecha católica.

La impresión total que tengo, sobre los dos gobiernos que llevo conocidos en mi vida, es que ocupe quien ocupe La Moncloa la vida pública, la economía y lo social lo maneja el PP. Es el único partido legitimado por el pueblo.

Y si tiramos del hilo y llegamos a la conclusión de que el PP no es sino la careta política de la jerarquía católica, comprobamos que no hay ningún apunte erróneo en tu artículo.

Para mí ahora, el problema, es preguntarme: ¿qué hacemos? ¿Cuál es la solución?