lunes, 18 de abril de 2011

La gallina ciega, de Max Aub.




"El hecho es que durante dos meses ningún estudiante, ningún periodista, ningún estudiante de periodista se me acercó para preguntarme:
¿Usted estuvo aquí con Hemingway?
¿Usted estuvo aquí con Malraux
¿Usted estuvo aquí con Regler?
¿Que hizo Dos Passos durante la guerra?"

No sé con qué palabras ni de qué modo describir el libro que acabo de leer, pues todo lo que diga quedará pequeño; una sensación de diminuto transeúnte por la vida al lado de Max Aub. Una admiración. Un respeto gigantesco. Un libro que me ha llegado a las entrañas mismas. Un limpiador de lagañas. Una reverencia a alguien que debería ser referencia. Un faro, una luz. Un ensayo sobre la ceguera. Un monumento a la cultura, a la conversación. Un altar merece. Y yo ciego. Ciego. Ciego. Ciego. Ciego como muchos. Como el que mira como Fernando Alonso hace la carrera, como juega el Madrid-Barcelona. Y que coste, no soy del barca. Solo quiero que el Madrid coma el polvo. Se asombraba un familiar cuando dije esto. Me preguntó ¿Por qué?. Porque soy un radical. Un antifranquista. Cada vez más rebelde. Tal vez, más clarividente. No veo en el fútbol, ese maravilloso deporte, más que política. Admiro el fútbol que hace el Barca, pero tampoco comulgo con los palcos y los políticos. Menos con los del Madrid. Pura política. Gallina Ciega. Marca y As, remedos del franquismo. Qué clase de país es este. Max Aub, esa luz y yo tan ciego. Llego tarde, me digo. Sí, sí, sí, tarde, tarde, tarde. No me enteraba de nada. No sabía nada. No, hombre, que dices, eso del franquismo ya pasó, de aquello no queda nada, me dice el familiar. Y yo me revuelvo. !Ciegos! Y me mira con cara que expresa: este ha perdido un tornillo. Cómo quiere que pierda el Madrid, tan solo, por antifranquismo. Si yo no conocí el franquismo. Si cuando Max Aub murió yo aún no había nacido. Admiré a la quinta del Buitre. Era niño. Y disfruté en el Bernabéu, con Sanchís, con Chendo, con Buyo, con Míchel, con Butragueño. Ciego. Ciego. Ciego. Es el libro mas bueno que he leído en mucho tiempo. No quiero terminarlo. Estoy dejando las últimas páginas para saborearlas. Este libro es un impacto, un mazazo. Mierda de país, y mierda de cultura, y mierda de guerra y mierda de franquismo. ¿Hubiera sido Max Aub el mismo sin esa mierda?. No sé. Que hombre, que sabiduría. Cuantas lagañas en los ojos. Cuantos bares, que pocas tascas. EL chascarrillo, el chiste, el suelo lleno de desperdicios en los bares. Entre estos señores de los cafés y las tertulias y nosotros hay un abismo insondable. Y el franquismo. Mierda de franquismo y mierda de cultura y mierda de país y mierda de Real Madrid. Y el régimen abriendo el culo con Cela -grandísimo por otra parte-. Y Max Aub desconocido. No sé escribo en un momento en el que el mazazo recibido ha sido mayúsculo. Había leído campo del moro. Me había gustado. esos espacios arrasados y ese estilo teatral, que me recordaron a la película, no sé si por algún motivo, muerte de un ciclista, de Barden. Pero esto. Soy un hijo de la posmodernidad, del fin del relato, de los bares llenos de servilletas, hijo de obrero industrial. Ciego, ciego. Aznar fue el despertar y el PSOE de González, tal vez, un dormir. Botellón y fiesta. Una mierda de profesores en la Universidad . A excepción de Enrique Múgica -profesor de Historia del pensamiento político-. He llegado tarde. Dormilera. y Max Aub. Es tarde haberlo leído con 37 años. No sé. Yo creo que es tarde, pero igual no me hubiera enterado de nada. Tal vez lo he cogido en el momento justo. Pero es tarde.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca es tarde.
Paredes

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

No lo conocía. Lo he comprado esta misma tarde. Ya comentaré. Gracias por la recomendación.

Un saludo

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Una lectura intensa e inolvidable. No cabe duda. Una vez más gracias por la recomendación.