miércoles, 20 de enero de 2010

Notas sobre el 23-F


Ya en otras ocasiones he escrito acerca de la “transición política a la democracia”, nominación habitual no exenta de crítica, con que se conoce a un determinado periodo histórico político de España. Para hacer unas matizaciones sobre el Golpe de Estado del 23-F que han surgido al hilo de alguna conversación, voy a efectuar algunas reflexiones. Sobre la transición ya he hablado como proceso de supervivencia de las estructuras de Poder de las oligarquías políticas del tardofranquismo y” consenso” con la oposición política al régimen. Un pacto de la clase política y de oportunistas variados. En último termino, en resumen, un triunfo de las tesis alfonsinas, en detrimento de las carlistas y las falangistas, una vez que los poderes financieros y políticos se organizan a raíz del Opus dei y tecnócratas. El modo como queda” atado y bien atado” la sucesión política al régimen se basa en el traspaso de legitimidades del 18 de Julio de 1936 en el Generalato: de Franco, al Rey. ¿Fue el Rey un salvador de la democracia frente a un golpe intransigente de tardo-franquistas que querían cargarse ya no solo la democracia, si no al Rey? La opinión pública, en parte, así se vendió. Pero ¿Qué hay detrás de ello? Recordemos las palabras de Sabino: “ Todo lo que puedo decir no tiene interés, y lo que lo tiene no se puede decir”. El golpe de estado del 23-F tenía como misión derribar al gobierno de Aldolfo Suárez, acabado políticamente, y apuntalar, no destruir, la figura del Rey. Esto es: fue un golpe monárquico, no un golpe antimonárquico. La prueba de ello es que se gesta desde la casa del Rey, y como principal cabeza de turco se busca en el General Armada. El que “ni estaba ni se le espera”, una vez que queda desmontado la intentona. Ya he afirmado en otras ocasiones que detrás de la transición política a la democracia se encuentra, como principal artífice, la más maquiavélica de las instituciones políticas: La Iglesia. Y, dentro de ella, su más poderosa organización civil: el Opus dei. Con una altísimo predicamento entre los generales y directora de la casa real. Incluso en las fase final del franquismo, desde los planes de estabilización del 1959. Nadie hay más sino que ella en el golpe de estado del 23-F. Ella lo monta y ella lo desmonta, en un difícil equilibrio de lealtades, posiciones, y equilibrios. El golpe se gesta desde la casa del rey y desde él se desarticula: aunque no quiere decir que el Rey conozca, desde el principio, la conspiración. Quienes organizan y gestionan el 23-F son gentes que ven el peligro la figura del rey y la legitimidad del 18 de julio de 1936. Esto es: en determinado momento desde” la casa del rey”, en el Opus, estiman que la caída del gobierno de Adolfo Suárez –que la ven como necesaria e incluso la quieren provocar- va a suponer una situación parlamentaria inestable, parecida a la situación del periodo parlamentario republicano, donde la política va a resultar imposible, habida cuenta la estructura política de la cámara. Los golpistas sospechan que la situación de inestabilidad, con el gobierno de Calvo Sotelo, llevaría a una toma del poder de fuerzas deslegitimizadoras del 18 de julio de 1936. No sé si queda claro. Los golpistas otean la situación política como grave. Ya tenían la decisión tomada desde antes: si acontece la situación parlamentaria de inestabilidad, en una muestra de desconfianza en el engranaje de dictadura parlamentaria que ellos mismos habían montado, ellos actuarían. En efecto así ocurre en juego de fuerzas políticas. Porque, repito, lo que está en juego siempre en este embrollo de la política española es la legitimación moral del 18 de Julio de 1936. Una república posterior al régimen de Franco significaría el señalamiento acusador sobre cientos y miles de asesinatos perpetrados desde aquella fecha. El desmontaje del golpe se efectúa desde dentro de la casa real, al igual que se monta desde dentro. Al final se opta y se decide por no sacar la Brunete a la castellana, La Monarquía queda salvada. Lo de “la democracia” es otro cantar. No olvidemos que el objetivo del golpe es montar un gobierno de concentración de alto espectro: una especie de directorio civil y militar, donde participaría hasta Felipe González (el candidato católico del Opus para montar un partido de izquierdas con el nombre del partido “histórico” sin ser el histórico – me captan-) y diputados socialistas, como en la dictadura de Primo de Rivera, durante la Monarquía de Alfonso XIII. Si el golpe se desmonta es a causa de las imágenes del interior del Congreso de los diputados tomadas. Imágenes que hubieran provocado un debilitamiento de la figura del Rey. En especial, entre otras, por la fotografía que hay más arriba. Dénle vueltas a esto.

1 comentario:

canuit dijo...

Yo nunca le di vueltas.
Tengo muy claro donde estaría el bobón si alguna capitanía más hubiera salido a la calle.
Es más algunas veces pienso que todo fue un montaje del opus con la monarquía pa afianzar al gey.
Algunos como tejero cumplieron su papel sin saber que eran los monigotes del circo organizado por otros.
Siempre es un placer leerte aunque sea tarde.
El Canuit