domingo, 12 de abril de 2009

!Vivan las caenas!

¡Vivan las caenas ¡ El otro día, celebrando el Viernes Santo, en un Pub o Discoteca vallense, llena a rebosar, y animada por unas gogos carnavalescas emplumadas, a quien nadie hacia caso – el centro de atención se encontraba en las botellas de Whiskey- me comentaron una cosa para nada curiosa. Que la Guardia Civil en trajes de galas acompañó a la procesión religiosa de la tarde. Las fuerzas del orden, sí señor, custodiando las imágenes católicas. Me dijeron, también, que las autoridades municipales, con el cordón y mazas municipales, y la guardia local, paseaban detrás de la Dolorosa; mientras una banda de trompetas y tambores acompañaban el paso. ¡Vivan las caenas! Con todos mis respetos hacia los actos de expresión religiosa, esta cosa de que las autoridades municipales y las fuerzas de seguridad del estado acompañen la procesiones católicas no deja de ser una rémora del nacionalcatolicismo, el régimen teocrático, no muy lejano aún. Y un vicio democrático. Habida cuenta, pensé, que si por un casual, la población decidiese que la religión católica era cosa del Medioevo, allí iban a estar las armas para defenderlas: una cosa muy democrática. La cosa es antigua, porque el ¡Vivan la caenas ¡ fue un grito que dieron los feligreses, aleccionados por los sacerdotes cuando volvió Fernando VII, tirando la Pepa, como grito contrario a ¡Viva la Libertad! La primera vez que escuché lo de ¡Vivan las caenas! fue en una película de Luis Buñuel. La la verdad que es todo esto surrealista: y anclado en el pasado. Los jóvenes de la discoteca que celebraban el Viernes Santo, tenían los ojos encendidos del color del vino. Reían, bailaban y se divertían. Al día siguiente, en dicho pueblo, hubo fiesta, y eso que era Sábado Santo y la noche de resurrección. O de botellón. Y nos lo pasamos pipa. Enlazamos la noche y una charanga animada tocaba animosas canciones: ¡Carnaval, carnaval! ¡Los peces en el río!, y así me vi yo, bailando “paquito el chocolatero” enfrente de la Iglesia. Esto se nos ha ido de las manos, me comentó un joven. Habíamos ido a por unas botellas de Gloria. Disfrazados una comitiva había organizado una peculiar procesión. Uno de ellos iba disfrazado del conductor de los Simpson, y llevaba unos cascos de música que parecía escuchaba a los Van Halen. Otro parecía un mosquito, con unas coladeras por ojos, y, otro tercero, iba vestido de palestinos, con el pañuelo. Allí los había de todas las edades: pequeños y grandes. En otro pueblo, encontré un cartel que invitaban a la bendición con “V”. Me imaginé que era por lo de la Victoria. Yo no es que vaya muchos a las procesiones, pero la de la noche fue la mejor. Cuando iba a salir “el Cristo del Humilladero” y escuché, impaciente, a un joven decir: “Pero bueno, cuando sacan al monigote”. Salió la imagen a toda prisa, y el fervor religioso estalló. Los costaleros que lo portaban echaron a correr a toda prisa, empujada por una masa de jóvenes que, si hubiese sido de otra manera, no hubiesen ido a una procesión -con el ademán del “que pasa nennnk” que se llevaba hace años - ni por asomo. Salvo claro está, que se organicen, se bajen la cresta, se pongan la boina y vayan tocando el tambor. Pocos saben que debajo llevan una camiseta de “Reincidentes”. Los costaleros subieron los brazos y empezaron a mover “al santo”, al cantico de “No cambie, no cambie”. Y todos los mozos de atrás empezaron a dar saltos, con los brazos en alto: “el pueblo, entero, está de borrachera”. En otro de los pueblos se cantaban las alboradas por aquellas horas, o un poco después, y los dineros públicos servían para dar de comer dulces típicos a los feligreses. Todo eso está bien, quizá, tanto lo uno como lo otro y sirve para unir al pueblo, que es lo que importa. Yo, de todas maneras, no estaba seguro, no fuese que la Guardia Civil, viendo controlado el orden en una de las localidades -so pena que en los pubs la canalla anduviera dando botes, cosa que no se porque no tengo el don de la ubicuidad, o les hubiesen dado perronillas a su salida de su abadía-, le diese por aparecer en la otra, que se encontraba en estado de anarquía. Todo esto, en cambio, no sucedió como lo cuento: fue un pensamiento fugaz que se me cruzó celebrando el Viernes Santo en una discoteca vallense, donde unos gogos, con slips y plumas, que nadie hacia caso, animaban. ¡Vivan las caenas!

3 comentarios:

Blog de Paco Piniella dijo...

Cuidadín ...Sancho con la Iglesia hemos topado.
Es peligroso meterse con la Santa Institución. Muy peligroso, tan tan tan tan....

Marga Fernández dijo...

Desde el blog "¡Ojú, con la publicidad" te hemos concedido el premio "Mira que blogs más chulos”" por lo que estáis haciendo en tu blog
¡Felicidades!

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