viernes, 19 de agosto de 2011

España: Fundamentos del Poder y Catolicismo.

 Yo no veo inconveniente en que, en pleno Agosto, hayan decidido hacer estas jornadas mundiales de la juventud católica en Madrid. Creo que se está convirtiendo en una fiesta de camisetas mojadas. Me imagino que lo peor será el calor; y que en otra fecha, en fin de semana, el clima les hubiera sido más deseable. Reunirse y manifestarse son derechos fundamentales. El análisis histórico, si cabe, puede ser más profundo si por añadido observamos el significado del “España ha dejado de ser católica” de Azaña; como hoy, en sentido contrario, España sigue siendo católica por el propio régimen político vigente: la Monarquía Parlamentaria. España dejó de ser católica durante la II República porque una República, en esencia, nunca puede ser un régimen católico por pura teoría política y del Estado. La Ilustración y la posterior revolución francesa sentó las bases del cambio de Dioses en el ejercicio de la soberanía y de las legitimidades del Poder. Los regicidios fueron mucho más que un magnicidio: su principio era el deicidio. Acabar con el Rey era decapitar la línea de la soberanía de Dios hacía el Rey y de éste a sus súbditos. Y se crearon nuevos Dioses: La Razón como cabeza de todos y confundida con la Naturaleza. Pero este Dios partía como un nuevo Evangelio, el Contrato Social, abstracción dogmática sobre el origen de la soberanía, con nuevos principio. Rousseau decapitó al Rey con la Idea. Previamente la burguesía incipiente ya había desplazado a Dios del centro del Universo, a mediados de 1600, cuando alguien se atrevió a decir que de lo único que se podía aseverar con total seguridad es que el ser humano, aunque no lo parezca, piensa. Esto significa que Dios no estaba en el centro de la existencia: sino el Hombre. Y esto lo había conseguido en base a una cosa abstracta que llamaban Razón. La laicidad comienza a partir del mundo moderno; y el mundo moderno comenzó cuando Dios dejó de ser la centralidad del Universo. Y Dios dejó de ser la centralidad del Universo cuando la burguesía empezó a reclamar para sí un espacio político. España pasó a ser Republicana en cuanto Régimen político. Y en cuanto Régimen político dejo de ser católica, pues su fundamentos políticos son muy otros que la Monarquía. Monarquía pertenece a Dios como República pertenece a Razón. Efectivamente con la II República España, su régimen político, dejó de ser católico. Ello no quiere decir que la mitad, por poner un porcentaje, de la sociedad fuera católica ni que hubiera una gran capacidad de movilización por parte de sus líderes y una gran organización desparramada por todos y cada uno de los pueblos españoles con capacidad de movilizar. Si España, su régimen, no era católico era lo que había que subvertir si había fuerza, posibilidades, propaganda y organización; y si las circunstancias llevaban a poner toda la carne en el asador habría que hacerlo. Una guerra de principios, de ideas. Lo importante era organizar un Régimen Católico –la verdadera España- (Monarquía Absoluta Tracidional –carlistas-: Monarquía liberal – monárquicos; o Dictadura militar de salvaguarda Católica) y destruir un régimen que no era católico -la anti España- en su fundamentos políticos: La República. Efectivamente, España había dejado de ser católica desde el momento que el Rey ensucia la corona y la deja caer al suelo; pero el hilo de la soberanía no está cortado. Dios sigue estando en la cúspide y, por su gracia, dispondrá quien la recogerá; y que por supuesto es quien haga uso de la Espada y devuelva España a la catolicidad: por eso su Régimen, y por tanto España, pasó a ser Católico. Y aún lo sigue siendo, porque Monarquía y Dios son los elementos de determinada teoría política y de legitimidad del Poder que se fundó en la Edad Media; el mundo moderno traería otras teorías políticas; por eso una parte de la Iglesia, y muy poderosa, siempre ha estado en contra de “la modernidad”. Y de esas tensiones vienen, grosso modo, todo el melón. La confusión es confundir España con su Estado y con su Régimen Político. España es una amalgama de todo eso y España es, también su Régimen político, que es cómo se organiza legalmente. Y si con la II República se organizó –que es un decir, pues casi nadie la dejó organizarse: los católicos y sus estructuras incluidas y bien organizadas contra el Régimen- como una República, España durante ese lapso, no fue católica. Suerte, o mala suerte, que ahora no ocurre.

1 comentario:

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Lo que pudo ser y no fue. Cuando uno mira hacia atrás y contempla la tragedia de la República está contemplando las razones de la pobreza política, artística, filosófica y moral de este país.
Totalmente de acuerdo con tu análisis.