martes, 4 de noviembre de 2014

Ética y política en Manuel Azaña.


Una de mis preocupaciones intelectuales es la reflexión filosófica en torno a España.


MANUEL AZAÑA, ÉTICA Y POLÍTICA DE UN REPUBLICANO, UN INTELECTUAL Y UN BURGUÉS

Nació Manuel Azaña en una casa espaciosa, con grandes balcones de acero y cristal, que daban a la calle de la Imagen, en Alcalá de Henares. Una típica casa burguesa en una típica casa complutense: con su zaguán de entrada, que administra el paso a los patios interiores que sirven para dar luz a las estancias. Son las casas de la vieja Alcalá un tanto monacales, unas repúblicas para la reflexión interior, con esos patios empedrados. La de Azaña no era menos, y aunque su fábrica era propia del XIX no así su trazado, más propio de del XVII. El Diseño urbanístico complutense no es comparable a ningún otro: de materiales pobres, ladrillos del Zulema, y poca y mala madera (No así la de Azaña, toda una casa construida por ladrillos nuevos): las viviendas se encuentran en simbiosis con las calles. Las calles se trazan a cordel: son largas, espaciosas, apetecibles para el paseo sosegado. Los cánones renacentistas, clásicos, dictan que la altura de las casas sean igual a la anchura de la las calles. Quiere esto decir que la vieja Alcalá se planificó funcionalmente para albergar en ella una auténtica ciudad universitaria, nacida al efecto, y no como extensión del colegio catedralicio. Esta largura de las calles, esta racionalidad funcional, según los cánones de Vitrubio, hicieron que en el XVII se entablara una feroz lucha por comprar los terrenos mejores para colocar los barrocos conventos y, así, en perspectivas similares a la pintura, dar fin a cada calle importante, a cada cruce, con una cúpula, un espadón, un campanario. La batalla por los terrenos urbanos fue feroz: se trataba de mostrar la religiosidad al exterior de la calle, para mostrar quien manda más y quien más puede. En pleno corazón complutense nació, vivió, escribió y se formó en Joven Manuel Azaña. Servía su casa como espacio de recogimiento y, por tanto, un tanto monacal. Pero al punto que ponía sus pies en la calle los telones y fachadas de los conventos de Trento asomaban en calles y plazas. Anduvo Manuel Azaña por toda la calle del comercio, hoy soportalada y llamada mayor, hasta la calle de los libreros, lugar donde, en cada esquina se colocaban las tiendas donde los estudiantes, con sus manteos, compraban El Quijote, o, perdidamente, El Lazarillo, o alguna obra prohibida de Erasmo. Como ese magnífico los Silenos de Alcibíades, que pasaba de mano en mano, de manteo a manteo, junto al broquel y el arcabuz escondido, y donde se ponía a parir, literalmente, a los príncipes, magistrados, obispos y monjes de la Iglesia, los cuales habían confundido las riquezas, la estirpe y los bienes corporales con los valores cristianos. En la calle libreros hubo una imprenta, de las más importantes de toda Europa, donde sus máquinas escupían vertiginosamente toda la obra de Erasmo, traducida a la lengua vulgar, que por entonces, empezaba ya a ser muy rica –como lo muestra la gramática de Nebrija, profesor viejo de Alcalá-, para difundir lo que se llamó posteriormente el humanismo cristiano. Manuel Azaña, se crió, por tanto, en esas calles donde pugnaban dos Españas: la humanista, la cisneriana, la que propugna la vida cristiana, la de los príncipes de la paz y la de la Reforma, por un lado; y la de Trento, la monacal, la conventual, la que propugna el valor del Poder terrenal de la jerarquía eclesial sobre la tierra: la contrarreforma. Añaza conoció la derrumbada moral de la ciudad siendo un neófito intelectual que pateaba aquellas calles pobres. El casinillo, construido recientemente, y en el Paseo de la Estación, eran sendos ejemplos de los cambios necesarios que la burguesía podía llevar a cabo. Posiblemente viera Azaña que la manera de regenerar la vida social y política de su país fuera la de aquellos burgueses. Sin embargo veía, como Ortega, que la Política estaba copada por los que tomaban café en el casinillo decimonónico de la Plaza de Cervantes, con sus retorcidos bigotes; como esos príncipes de Salina Gatopardianos, , pero, cortos de miras y caracterizados por la inepcia, eran incapaces, ni tan siquiera, de mover los hilos para que todo cambiase para que todo siguiera igual. Aquella fue la infancia de Azaña, en el ambiente regeneracionista, la filosofía de Krause, la crisis finisecular. A la vez Pio XII condena el materialismo, el liberalismo y el socialismo. Se masca la tragedia. ¿Qué influencia tendría la vieja Alcalá para su postura intelectual, ética y moral? Esa es la pregunta que trataremos de responder aquí.

LA CALLE DE LA IMAGEN Y EL PENSAMIENTO ÚNICO

Nació Miguel de Cervantes Saavedra en una humilde casa alcalaína. La que hoy se muestra como casa-museo natal sirve para ver como era una casa acomodada del siglo de Oro, pero nada más. La casa que se visita bien podía ser la del caballero del Verde Gabán, pero no es la de Cervantes... ni la de Don Quijote. La verdadera casa, esa sí, donde Miguel nació está situada al lado de la que se exhibe. No colindante, pues entre medias queda la calle de la Imagen. Esta casa es conocida por los alcalaínos como "Casa de la Calzonera". Documentos hay que atestiguan que era propiedad de los Cervantes en aquella fecha; como hay documentos, gracias a Trento que obligó al efecto llevar anotados los bautizos, de que Cervantes fue bautizado en la capilla del Oídor. También que el propio plumeador, en documento escrito de propia mano, se define como alcalaíno. Esa discusión hace tiempo que quedó zanjada, y todos los cervantistas la dan por sentada con unanimidad. No es a eso a lo que quería referirme. De lo que quería hablar era de esa casa con la cual "la de la Calzonera" es vecina. Es esa otra casa, como digo, de singular importancia. Una casa burguesa y decimonónica, que rara vez no estaba llena de pintadas politizadas de todo tipo, donde nació otro españolísimo. Quijotesco, vilipendiado, ultrajado y maldecido: Don Manuel Azaña. Presidente de la II República española. Es la "calle de la Imagen", en honor al convento de las carmelitas, una singular vía española. El visitante que acude los domingos a Alcalá no suele advertir su importancia: sin embargo, pocos saben lo que laten esos 70 metros que van desde la calle de Santiago a la Mayor. En ella laten, otra vez, las dos Españas. En esa calle nacieron Cervantes y Azaña. Santa Teresa de Jesús, la mística, fue priora de un convento que allí se encuentra, en otro modelo de religiosidad subjetiva e individual: para sí. En ese espacio urbano mínimo, a ras de tierra, late una España: la que habla, la que dialoga, la que escribe, la que razona: Cervantes, Azaña y Santa Teresa. Sin embargo, en esa misma calle, queda bien claro quien es el que manda: la cúpula del convento de la Magdalena, que se alza al cielo, cae al medio de la calle, en perspectiva, con una clara intencionalidad. El de imponerse a todos los demás: el Pensamiento Único, los claustros, Trento, la ignorancia, los que rezan y el oscurantismo. El nombre de la calle es sintomático: habiendo nacido en ella Cervantes y Azaña, lleva como nombre la de un convento. Siempre he dicho que para visitar Alcalá de Henares lo que hay que hacer es admirar las perspectivas. Los puntos hacia los que confluyen los ojos. Allí se encuentran las verdades españolas. El oprobio se sitúa a ras de tierra. Todos los intentos por rehabilitar la figura de Don Manuel Azaña, el político burgués, intelectual y republicano, se hacen imposibles. Es por ello que yo, aquí, voy a tratar de exponer su pensamiento político. Hoy con pequeñas pinceladas. Era Azaña un platónico, un español hasta las cachas, que abogaba por ideas que ahora son del todo arrumbadas: El estado laico, la refacción de España, la reivindicación de la civilización y de la modernidad, junto con la reivindicación de lo humano para el español. Los salvapatrias condenaron a una mente preclara, un defensor de las ideas mediante el diálogo, al ostracismo. Mediante soflamas interesadas, medias verdades y mentiras interesadas que tenían como objeto eliminar una cosa: La verdad, la claridad y el diálogo socrático para alcanzarla. La verdadera realidad en la que vivió Azaña era la de una España que no atendía a esas razones, en una de las mayores perversiones que puede sufrir una democracia: que un gobierno posterior no respete en nada lo realizado por un gobierno anterior, en momentos donde el antagonismo se vuelve atroz y los odios se enconan. Pocos eran los preparados para entender a Azaña. Como pocos son los preparados para entender a Cervantes... y al Quijote. La II república se encontró débil desde el inicio: tratar de separar la Iglesia del Estado era inconcebible para los que mandaban. Eran incapaces de entender, y aún hoy lo son, de que la religiosidad, la confesión religiosa pertenece a la conciencia individual; y que, por tanto, la Iglesia y no el Estado debía atenderla. Ese fue el pensamiento de Azaña que las cavernas eran incapaces de transigir. En momentos como el de hoy, 30 aniversario de la Constitución Española de 1978, el oscurantismo sobre la figura de Azaña es aún cruel, y el Pensamiento Único impera hoy, como siempre. Azaña acabó como todos los que tienen razón y dicen verdades: condenados a beber cicuta. Pero murieron buenos, no como otros, que bajo tierra santa guardan sus huesos. Hablar hoy de una república democrática es como poco una aberración, condenando a los que tienen ese pensamiento y esas ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Repitamoslo: Azaña era un burgués, un republicano y un intelectual. Un español y castellano hasta la médula. Una salva para mi compatriotas Azaña, Cervantes y a todos aquellos que han visto la luz de la filosofía fuera de las cavernas.

ALCALÁ DE HENARES LO ESPAÑOL, Y LA CRISIS FINISISECULAR DE 1898
Siglo XVI

Son las calles de la vieja Alcalá de Henares testigos mudos y doliente de lo “español”. De lo genuinamente español: de eso que hierve en las entrañas y que llora apasionado con un niño muerto en brazos, arrebatado por las balas y por el odio. Ya he señalado en otras ocasiones como esta vetusta ciudad cobra significado de nuestra Historia común. Desde el poblado íbero de Iplacea, pasando por el cruce de caminos romano de "Compluto", y la frontera natural que supone la alcarria del Henares a los reinos de Alá. Sin embargo, su esplendor llegó con la fundación de su Universidad, al socaire de los aires culturales del Renacimiento europeo. La clarividencia de Cisneros, confesor de la Reina, hombre de Estado y Regente del reino católico, previó la reforma necesaria del clero ignorante y zafio. Se acudió a las fuentes claras de cristianismo, a los padres de la Iglesia, y la Biblia fue objeto de estudio humano: el “Renacimiento español”, aunque éste no adquirió el significado que hoy se le da y que no se sustasnció hasta siglos más tarde, es sinónimo de Alcalá de Henares . La gran habilidad de Cisneros fue hacer a Alcalá en todo un centro del saber moderno, único en Europa: La teología se estudiaría, a opción del estudiante, por tres vías diferentes: Escotista, nominalista o tomista. Ésto significaría un símbolo de modernidad en un mundo donde la escolástica medieval había quedado recluida al saber de los monjes en abadías. En sus largas calles, tiradas a cordel, en sus corrales, en sus conventos, hasta hace poco descabezados, hierven las dos Españas. La cultura del Renacimiento, de Erasmo, del humanismo cristiano, de la vuelta a los clásicos de Grecia y Roma, a un lado, y la cultura del Barroco, de Trento, de Felipe II, y, otra vez, de los conventos, al otro lado. Ay! , madre Alcalá. Dos Españas que se gestan para hundir sus pies y darse de palos, como mostraría Goya posteriormente. Por las casas de pupilaje, por las repúblicas de estudiantes, por los colegios complutenses empieza a gestarse España: Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Mateo Alemán, Vives, Nebrija, Valdés, San Juan de la Cruz y el cerro de la Vera Cruz, monte desolado con altiplano, que recuerda el monte de el calvario, presidiendo los colegios. La Vera Cruz, lugar del Ecce Homo, nombre como también se le conoce. Alcalá de Henares se constituye, así, como el ideal de la ciudad de Dios, la Civitas Dei, postrada a los pies de la cruz que se yergue al horizonte, como dibujó el Greco para Toledo, se idealizaba en la que sería ciudad universitaria de sus arzobispos. Después llegó El Barroco: los conventos, si los conventos, se alzan sobre el plano complutense y coparon las perspectivas urbanas. La congregaciones tratan de restar poder a la Universidad: La ignoracia, una vez más, puede al saber. De ahí , de ese conflicto, nacerá Don Quijote, que morira sabio y bueno si haber habitado nunca ningún claustro; mientras, en nuestra ciudad, los conflictos teológicos se debaten en sus aulas, así como las relaciones de Poder dentro de la Iglesia y las herejías. Erasmo, Lutero, al principio. Después Jansenio, y su doctrina de la justificación por la fe, contra los jesuitas, congregación de caballeros cristianos fundados por un sopista de Alcalá: San Ignacio de Loyola. En las calle de Alcalá, los estudiantes, con sus manteos donde ocultan las bocas de fuego y el broquel, se dan a las armas reconstruyendo la guerra de las comunidades y en el callejón de peligro, junto a la posada de la parra, a duelo se baten. Empieza a hervir, humildemente, la que será España en esas calles ilustres que ven pasar los tercios del Rey, que paran en los bodegones. La calle de Santiago matamoros, la más larga, se colocará en pleno barrio árabe y la imponente cúpula de los jesuitas se colocará, desde esa perspectica, en el centro de ella, señalando claramente quien manda allí. En otra perspectiva dará sombra a San Idelfonso. La Alcalá barroca ha derrotado a la Alcalá humanista; las órdenes religiosas, más poderosas, compran los terrenos más caros, en un ejemplo de urbanismo religioso, con el afán de que sus torres, pináculos y campanarios sean vistos desde más ángulos posibles. Dinero, Iglesia, Claustros, Poder e ignorancia. Palas Atenea es prohibida. El Guzmán de Alfarache, el Lazarillo de Tormes, el Buscón y la picaresca de un reino de súbditos que se mueren de hambre, para más gloria de un imperial Rey, se gestan en Alcalá.... En una humilde casa, al lado de la que se muestra como tal, la de la calzonera, nace un niño llamado Miguel. De mayor luchará contra el turco, junto a Juan de Austria, en Lepanto, donde quedará manco. Y hará cosas más grandes. Morirá pobre, lisiado... y con los años pasará a ser el mayor Ingenio de las letras humanas, en la obra más Universal del arquetipo español: El Quijote.

1898

1898: Ha quedado Alcalá de Henares largos años a trasmano; a la retaguardia de lo español. Ser alcalaíno, como Cervantes, como Azaña, el patriota republicano, significa ser español hasta la médula, hasta los tuétanos; pero una clase de español algo diferente: un español lúcido, un español consciente de su ser. Unamuno recorrió la ciudad del Henares cuando ella era ya un solar triste, somnoliento, rural y carpetovetónico. Triste, si triste. Las murallas que envolvían la ciudad se caían a cachos y los edificios que fueron Universidad se derrumbaban y desaparecían. Aquellos antiguos colegios esperaban a los estudiantes que, parecía, nunca volverían. Un triste tren, de vez en cuando, pasaba por un Alcalá decimonónico, donde, en una de sus posadas, se recrea “el sí de las niñas”, de Moratín. La desmortización liberal, el centralismo, la eliminación de los viejos fueros condenaron a la ciudad... pero todavía había cosas peores. Alcalá, modelo de ciudad universitaria para el nuevo mundo, en un mundo colonial basto perteneciente a reyes ineptos y de súbditos que se morían de no comer se convirtió en una pobre ciudad rural de edificios ruinosos: como lo fue toda la España finisecular. Una ciudad donde solo mandaban cuatro: el cacique, el cura, el médico y el boticario. Los que se reunían en el casino a jugar al Mus en el Casino, para hablar de regeneracionismo, pero no mover un dedo, en verdad ! Con lo bien que sabe el anis y el Brandy!A lo lejos, desde el cerro del Ángel, se divisa el caserío, que se derrumba, de cúpulas decrépitas, de relojes parados, de torres caídas y espadones sin campanas. Al atardecer, los braceros hastiados de la siega -su única temporada de trabajo- acudían de los campos; y las mejores familias paseaban por la calle del comercio. Las mujeres con sus vestidos de tul, sus encajes, sus corpiños, sus sombrillas y sus monederos colgando, compran roscas de Alcalá en las tiendas y son chicoleadas por los militares de repmplazo que ahora ocupan los hundidos edificios. Los señores, en el casino, aburridos, juegan al mus y, recostados en sus sillones, hablan de política cuales Menéndez y Pelayos: mucha palabra y pocas soluciones para una España que lleva el paso de un carro. La única industria que hay en esa Alcalá que visitó Unamuno es una fábrica de ladrillos, parada casi todo el año. Mientras, los labriegos, los braceros y los obreros sin trabajo están lampando, mientras las viejas que mean de pie, buscan algún gato o rata para hechar al caldero. Se va haciendo de noche. Llegará la noche. Y la tormenta. Las sombras de “el Viso” dejan la alicaída ciudad, otrora brillante, en penumbra. Alguna vez, algún carro, entra en la ciudad a esas horas y un perro en sus calles, empedradas con cantos redondos, ladra solitario. ¿Qué era España en 1898? Se preguntan todos con tristeza. Las viejas monjas en sus conventos, el ejercito acuartelado en viejos colegios que se caen y las putas. En Alcalá de Henares, mi Álcalá, putas, monjas y militares. Nada más quedaba. Alcalá de Henares: reflejo todo de la España toda, que sufre y llora. Las monjas, con sus garrapiñadas, rezan en los conventos. Sus jóvenes sin dinero para pagar su excedencia, también: es el sorteo de quintas, y los ejércitos se baten en Cuba, en África, y en Filipinas, luchando por una España que nadie sabe lo que es ya. Los que fueron subditos del rey de las Españas, se aburren sin nada que hacer, y sus estómagos vacíos, claman por las tierras circundantes muertas con el afán de trabajarlas Las viejas, en el camino de Guadalajara o de Madrid, se calientan vendiendo a algún despistado transeúnte sus dulces almendras.

"Discursos políticos", de Ortega y Gasset. Alianza Editorial.


Texto de 2009


Continúo hoy con uno de los libros que me causó un considerable impacto en su día y en virtud del cual inicié el descubrimiento de una de las épocas más apasionantes de la historia política española reciente: la que va desde la crisis finisecular (1898) hasta la II República (1931-1936). Con todos los antecedentes, pues, a la misma crisis, hasta las consecuencias de tan grave ruptura de la convivencia civil y política española, significada por el conflicto bélico civil. Conflicto de graves consecuencias y necesario entendimiento al día de hoy. Este libro son los “Discursos Políticos” de Ortega y Gasset, recogidos en volumen por Paulino Garragorri. Si, como dicen, Ortega es un semillero de ideas, para mí la lectura de este libro significó el inicio de una madeja y un feliz descubrimiento. La actividad política de Ortega había quedado condenada al ostracismo por la política cultural de la dictadura nacional-católica, cuyo generalato había recaído en Francisco Franco; es por ello que la actividad política de Ortega significó un descubrimiento vívido, y circunstancial –como él solía decir-, de la experiencia política en la que intervino. A mí me supuso una toma de contacto muy real con la actividad política de la época en la que formó parte -los debates parlamentarios-, y digamos que abrió el hilo al estudio de los acontecimientos, históricos y políticos. Luego descubrí los de Azaña, que me dejaro tumefacto, en primer momento, y lívido después. Siendo bueno Ortega, Azaña dió en el clavo. Ambos eran de la generación de 1917. La calidez, la persuasión, la excelente calidad oratoria y el lenguaje empleado permitían sentir de cerca, digamos como si se le oyese, la voz de Ortega. Desde las conferencias políticas en el Ateneo, o en el Sitio de Bilbao, hasta sus intervenciones en el Congreso, permitían descubrir la voz siempre reflexiva y el ánimo pedagógico y constructivo con el que participó en la vida pública. Pero aún más, este libro me sirvió para descubrir cuáles eran los debates candentes a los que la vida política española se desplegaba. Por eso recomiendo su lectura, como una buena manera de entrar en aquella época histórica y descifrar hechos que aún no están resueltos, como es el caso de la intervención de Ortega al tanto del Estatuto Catalán o el Discurso sobre “La ciencia y la Religión como problema político”. El descubrimiento de estos discursos significó para mí, en su día, un descubrimiento de una actividad pública en este país que ignoraba hubiera acontecido; y me imagino que su publicación en las épocas de transición a la democracia hubo de causar semejante descubrimiento a todos aquellos que trataban de hacerse una composición de lugar sobre los hechos acaecidos y tan poco y mal explicados. Si Unamuno no era del todo conocido, al estar prohibido sus obras más importantes, como era “la agonía del cristianismo” –y que explica muy mucho la naturaleza del régimen e, incluso de la Guerra – tampoco era conocido la actividad política de Ortega. La conferencia primera sobre los problemas nacionales y la juventud, ofrecida en 1909, en el Ateneo por un joven Ortega es la primera participación pública: en aquel lugar donde la joven intelectualidad aparecía disidente al sistema parlamentario liberal de la Restauración de Cánovas. En ella se advierte la preocupación por los problemas de España y, a su vez, la postura que tomará uno de los miembros de la Generación del 17, como lo es Ortega, y el espíritu que impregnará a éstos; como también acontecerá con Azaña; con el cual tengo, en política, mayores simpatías faciles de comprender: es acalaíno y jugó de niño en las mismas calles complutenses que yo, rodeado de espadones de la Contrareforma: es por ello que considero que Azaña iba más certero: conocía el dificil debate teológico complutense, y aunque Marcel Bataillón aún no había escrito su libro sobre Erasmo, Azaña lo intuía. Los sucesos de 1909, la semana trágica de Barcelona, son los que despertarán al joven Ortega por la intervención en política, en la que verá una necesidad de Pedagogía política; la guerra de Melilla, así como la intervención gubernamental de usar el aparato del estado, infringiendo un desaforado ataque al Estado de Derecho en su actuación, despiertan al joven Ortega. Y despiertan a lo que para él considera un problema generacional: lo jóvenes son los que han de dar impulso regenerador, ante unos viejos que han creado una democracia irreal, como es la Restauración de Cánovas, y la falta de intervención pública de la sociedad española en tal sistema político. Ortega opta por una búsqueda a la solución de los problemas nacionales: Europa. ¡Europa es Ciencia! En Europa había nacido el liberalismo; y España no era parte de él

MATEO 6.24: NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y A MAMMON


Las metáforas teológicas de Marx (Dussel) IV


«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón [...] Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón».
Mateo 6:19-21.24.2

Una de las claves para la lectura de Marx como teólogo se encuentra en que Marx es un conocedor eximio de la Biblia. Sus posteriores exegetas eran muy mediocres intelectualmente hablando en ese aspecto –al igual que los propios teólogos oficiales del régimen prusiano-, por ello todos los pasajes teológicos se los pasaron por alto. Es por ello que la hermenéutica marxista es muy mediocre. Como explica Dussel, para la tradición semita y cristiana la sangre es sinónimo de vida; así la sangre, la vida humana, del trabajador es sacrificada al fetiche, que queda transubstanciada en el capital como “trabajo muerto”. En su tesis doctoral escribe sobre las pruebas sobre la existencia de Dios y afirma sobre la misma que son meras tautologías: ¿No ha reinado Moloch?, se pregunta. El viejo Dios de los Ammonitas, Dios fenicio al que se sacrificaban los hijos, un pueblo que nació de Lot, emborrachado por una de sus hijas con la que yació. Y es que el Levítico 18.21 se indica la orden de no ofrecer en sacrificio a los hijos por el fuego. Pero que es lo que ocurre de veras en la Inglaterra del siglo XIX y hoy en muchas partes del mundo: el trabajo infantil con jornadas extenuantes de trabajo. El sacrificio a Moloch, el capital, la sociedad burguesa. Marx era un pequeño burgués que va pensando las realidades. Es un radical burgués amante de la libertad. Y observa como en el Estado autoritario prusiano, cristiano luterano, se ejerce la censura y la confusión entre el Estado policíaco y la religión cristiana. Marx observará ya en todo ello el fetiche como inversión: la inversión de las cosa es tomada como  persona y la persona por la cosa. Y Marx elaborará la crítica desde el pietismo. La confusión del principio político con el  principio religioso-cristiano, que pasa a ser la confesión oficial, en una religión que ampara lo terrenal y que es culto del estado absoluto: Una tergiversación total del “civitas dei” de san Agustín.  Una crítica dura a la cristiandad -y al Estado teocrático judío-, realmente nacida en el imperio bizantino, como la de los profetas de Israel. Marx coincide con Kieerkegaard - que en Dinamarca- desde el pietismo está en lo mismo. Sin embargo, Marx pronto pasará a la cuestión del Dinero: y les dirá nítidamente que cuando consideran dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, entienden por príncipe de este mundo a Mammón, al oro, y a la libre razón como sinónimo de él. Marx se presenta como periodista tal como el profeta Oseas: polilla para Judea y carcoma para Israel. Y que estos dioses son fetiches: dioses salidos de sus manos. Ese es el dios al que adoran en Prusia. Marx, como teólogo muy ducho –más ducho que aquellos a los que se refiere-, se lo echa en cara: Marx se lo espeta a teólogos mediocres. Y Marx no es un periodista cualquiera: es un alumno ayudante de Bruno Bauer. A Moloch se le sacrifican vidas y a Mammon el fetiche, Dinero, obra producto de las manos del hombre mismo, y en el que objetivan su poder. Una crítica teológica muy severa. Pues es la adoración al fetiche, a una cosa inanimada que abandonará su carácter natural para satisfacer sus deseos. Mateo 6.24 lo deja claro: “No podéis servir a Dios y a Mammon”. Y en el salmo 115 donde dice que “sus ídolos son plata y oro, hechos de la mano del hombre, tienen boca y no hablan, ojos y no ven, orejas y no oyen”. Ese es el Dios fetiche al que se adora. Porque fetiche significa un Dios hecho a mano al que se idolatra. Y esa es la religión oficial prusiana, el luteranismo: una religión fetichizada. Un culto a los dioses fetiche.

El sacrificio humano a mina-Moloch. Baal como el Dios de los dominadores. Una Lógica invertida de Hegel



Metáforas teológicas de Marx III (Enrique Dussel)

Marx nace en el seno de una familia de rabinos por parte materna. Su padre forma parte de la burocracia del Estado, y es obligado a ser bautizado luterano si quiere seguir formando parte de ella. De familia pequeño burguesa, tiene formación en la tradición judía, luterana con influencias pietistas y dentro de la cultura de la ilustración. En la escuela estudia religión profusamente y en sus exámenes se encuentra una postura anti-kantiana y eudamonista. La virtud no son el engendro de la dura doctrina de los deberes, sino el hacer feliz a los demás, llegará a escribir. En sus primeros escritos juveniles (exámenes de bachillerato) ya se encuentra el problema teológico del sacrificio humano; se muestra además como un vitalista romántico. La vida de Dios en la vida de los hombres. Y por influencia pietista muestra su interese por el concepto de “Comunidad”. El examen de bachillerato de Marx versa sobre esta pregunta: “Esencia y fundamento de la unión de los creyentes en Cristo”. En este joven Marx aparece del bachillerato aparece el concepto de dignidad, que en El capital la dignidad del trabajador se situará como criterio ético absoluto. Se observa la importancia de “la sangre” y de la “circulación” que en el pensamiento semita y bíblico es referido metafóricamente siempre como “vida”. En carta escrita a su padre le describe como es el trayecto filosófico-dialéctico a la divinidad que se manifiesta como concepto en sí y en cuanto a religión, naturaleza e historia, lo que muestra que está leyendo a Hegel. Las hijas de Lot se acostaron con su padre, y de una de ellas nació el que iba a ser el pueblo de los ammonitas. Su Dios era Moloch, al que sacrificaban en holocausto precisamente niños. Eso lo tendrá presente Marx cuando, en Inglaterra, vea como niños de ocho años se introducen en las minas durante 12 horas y, durante meses, no verán la luz del día. El sacrificio humano a mina-Moloch. Mammon es el Dios del Dinero, en palabras de Jesús. Marx teólogo nunca confundirá quien es quien. Yahveh se muestra como el Dios de la Liberación, en la lucha contra el Faraón de Egipto. Baal, en cambio, es el Dios anti-yahveh. El Dios de los dominadores. Ese es el Dios que estudiará Marx, siguiendo la Lógica invertida del Hegel: esa es la inversión a la que se refiere Marx. Baal como El capital. Marx es alumno y ayudante de un profesor de teología, Bruno Bauer. Empezará a leer con él a Hegel. Y desde “la autoconciencia” baueriana comenzará la crítica del fetichismo de la religión hegeliana.  

Las hijas de Lot se lo montan con su padre.

El otro día, haciendo exorcismos en la noche de Halloween, me agencié de una Biblia que he empezado a releer ávido. Qué maravillosa, educativa y entretenida lectura: toda una historia de las mil y una noches del pensamiento semita, rabínico y elohimista del oriente próximo. Va y resulta que Dios quiere dar una lección a Sodoma y Gomorra, lugar donde viven los sodomitas, grandes pecadores. Y Yahvéh o Elohim (porque los judíos tenían dos palabras para lo mismo Dios -Yahvéh- o Dioses -Elohim- (¡!); uno era singular y el otro plural (¡!) –no tan lejos están los griegos y las culturas del Uno y lo múltiple, que curioso); en fin, que Yahvéh, Elohim, quiere castigar a los sodomitas; y solo encuentra entre ellos a un hombre justo: Lot. Al que avisa: -mira, chacho, sal corriendo que esto va arder, !pero que va a arder! !No te entretengas ni lo más mínimo!. Así Lot se va con sus hijas y su mujer. Su mujer –que es muy curiosona- se convierte en estatua de sal (siempre las mujeres, que en la Biblia son lascivas como ellas solas: En Antiguo Testamento están dándole al fornicio para mejor repoblamiento del mundo -no nos olvidemos tampoco de la vieja Sara, que se ríe de Dios cuando le dice Éste que se va a volver a dar el lote con su marido, viejo, reviejo, Abraham y que con más de noventa años se dan uno bueno revolcones). Y las hijas de Lot no tienen otra cosa que hacer que emborrachar al padre en una cueva y fornicar con él. Una lo hace un día y otra lo hace otro. ¡Esto es lo que cuentan en las clases de religión!!Y yo perdiéndomelo!...El caso es que cerca de ese capítulo Abraham se lo había montado con una esclava suya con el beneplacito de su mujer Sara o Saray.

En la fotografía la hija de Lot dándole caña a su padre.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La Teología implícita en El Capital



IN GOD WE TRUST


Metáforas teológicas en Marx II


 «Estos tienen un mismo propósito, y
entregarán su poder y
su autoridad a la Bestia [...] y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la Bes-tia, o el número de su nombre» (Apocalipsis 17,13 y 13,17;texto citado en El Capital, I, cap. 2 [1873])


La única ciencia es la Teodicea (Hegel) (...) y el capitalismo es Moloch



Esta frase sobre la ciencia única la escribió Hegel en una carta escrita a un amigo suyo. Quiere decir esto que lo único que importa como conocimiento es el conocimiento de lo que es justo y por tanto divino. Ese el significado de teodicea en sentido espistémico. Del griego Diké, justicia, y Theos, la divinidad inmanente a la naturaleza. El objetivo de Hegel en la Lógica es, ni más ni menos, que esa búsqueda. Una onto-teología, pues: la representación de Dios en su esencia anterior a la construcción de la naturaleza y del espíritu finito. Si tenemos en cuenta que Marx lo que hace es darle la vuelta a la Lógica de Hegel, podemos decir que lo que Marx hace es la descripción de Moloch: El Dios fenicio que se traga a los hijos primogénitos. Esto es: El Capital, como devorador de humanos, al cual se sacrifican en el trabajo. La descripción de Marx es, ¡Oh sorpresa!, teología pura y dura: El capital como descripción del anti-Dios, del fetiche, del Anticristo. Algo ya suficientemente estudiado es que Marx bebe del pietismo, como doctrina teológica en amplio desarrollo en Alemania, donde recibió las doctrinas del anti-cristo y de la prioridad de la praxis (pág. 13). La tesis lógica de Marx es la siguiente (Dussel pág ss.):  1)PMa(premisa mayor): si un cristiano es capitalista.  2) PMe(premisa menor): y si el capital es la «Bestia» del Apocalipsis, el «demonio visible» 3) Conclusión: dicho cristiano se encuentra en contradicción práctica.  Por cristiano está refiriendo al Luterano, el puritano. El cristiano, pues, se encontraría en una contradicción: porque en el ejercicio de su praxis diaria en el sistema capitalista involucraría éticamente una acción satánica, demoniaca (pág. 15). Si esto es así hay cuatro maneras para evadirse de ello. 1) Asumir el cristianismo y rechazar el capitalismo 2) Afirmar el capitalismo y rechazar el cristianismo (ocurre pocas veces, pero ocurre). 3) Inventar una religión fetichizada, con el nombre de cristiana, modificada para que no fuera contradictoria con el capital (lo que hay). O 4) Interpretar la Economía para que no resulte contradictorio con el cristianismo más auténtico y profético. Lo que no han entendido los exegetas de Marx es que el cristianismo que criticaba Marx teólogo era el 3): la religión fetichizada, que es la crítica que lanza Marx. A la religión fetichizada y anti-profética. Claro, como decía Justino en el siglo II, si nos llaman ateos, claro que lo somos de esos supuestos dioses. Lo que muestra Marx en El capital es que el plus-valor es impago. Y por tanto es no-ético. El capital intentará ocultar dicha eticidad asegurando que “crea la ganancia desde sí mismo, desde la nada”. Lo otro que intentará demostrar Marx es que el capital hará una interpretación ideológica y encubridora, fetichizada, de la esencia no ética del capital: y se tornará como Absoluto. Esto es: corta de raíz y oculta el fundamento de su esencia, y lo hace desaparecer: La enajenación de trabajo, que es la fuente del valor. Así, El capital de Marx aparece como una obra teológica de primer orden: Lo que Marx tratará de demostrar (y lo logra) es que el sistema capitalista es la Bestia del Apocalipsis, Moloch, Mammon, Baal (Pág. 18); y junto a las categorías económicas, en paralelo, hay una teología metafórica en El capital que, para quien se haya sumergido de lleno en la obra, no tiene ya duda de ello. Y las metáforas, afirma Dussel, vienen concatenadas con una Lógica determinada, como una teología implícita. El Dinero en su figura de siervo, afirma Marx, en la que se presentó como simple medio de circulación se vuelve de improviso soberano y dios de las mercancías. Curiosamente lo mismo que dijo san Pablo (2,6-7); usando Marx el Nuevo Textamento de forma muy sutil y versada (pág. 19).arx no dirá que Dios ha muerto, como dijo Nietzsche: sino que afirmará que está vivo y coleando. En los billetes de Dólar lo dice bien claro: "In God we trust". En el Dios dinero. No otro es el Dios norteamericano y no otro es el Dios para muchos, y no lejanos.

LAS METÁFORAS TEOLÓGICAS DE MARX (Dussel)



I

Junto con la lectura de El Capital, voy a ir haciendo lectura de esta obra de Enrique Dussel: “Las metáforas teológicas de Marx”, lo hago por necesidad comprensiva: para hacer una lectura actual de Marx y una lectura “fuerte” del mismo. Dussel inicia el libro con estas palabras: Este libro, comenzado antes del 9 de noviembre de 1989, día de la «caída del muro de Berlín», poco o nada debió cambiar lo ya escrito. La pertinencia de Marx crecerá en el futuro, ya que se manifiesta como el gran crítico del capital, más aún si éste pretende ser el Poder triunfante a finales del siglo XX. Su carácter fetichista sin contrapartida lo manifiesta más monstruoso y causa directa de la miseria de gran parte de la Humanidad, en el «Sur» (el llamado Tercer Mundo), en especial desde la destructora guerra del Golfo Pérsico, desde el 15 de enero de 1991, por el control del petróleo. Esperamos que este libro pueda colaborar para una relectura distinta dela obra de aquel gran pensador, filósofo y economista del siglo XIX. Contra lo que piensa el teólogo polaco, Josef Tischner, Marx no sólo no ha muerto, sino que generará nuevo impulso al pensar crítico filosófico, económico y aun teológico.”

Un libro esclarecedor, y yo diría que necesario, para leer a Marx es “Las metáforas teológicas de Marx”, de Enrique Dussel. Pues los teóricos marxistas posteriores a Marx fueron incapaces de leerle en todas su amplitud. Una amplitud que solo puede ser conocida si se tiene en cuenta que Marx viene de tradición rabínica, que su madre fue judía toda la vida, y él nieto de rabinos. La lectura de El Capital está repleta de metáforas teológicas, las cuales han sido mal interpretadas o ni siquiera eso: se han pasado de largo; por ello, para leer a Marx hay que saber teología y conocer cuál es el pensamiento semita y cuales eran las corrientes teológicas en la Alemania (seminario de Tubinga) de su tiempo: en especial el pietismo, que era ya una teología de la praxis. Enrique Dussel aúna esos conocimientos en esta obra. Y es que, efectivamente, las frases teológicas en el Capital son abundantes. A su vez Marx es un gran conocedor, como decimos, del pietismo de Wuerttemberg. Max Weber en su obra sobre la ética protestante acusa a Marx de algo que no es cierto: la concepción materialista como explicación del capitalismo, olvidando los caracteres espirituales. Dussel nos muestra la falsedad de esa aseveración de Weber.  Marx, como alemán, es un conocedor claro y heredero de la aufklärung  (denominación de ilustración del movimiento racionalista del siglo XVIII en Alemania); que en Hegel se manifiesta con una visión optimista de la Historia: consiste en el desarrollo del Absoluto mismo: la Heilsgeschichte o  Historia de la Salvación y la afirmación de la bondad de la naturaleza humana; y que en un proceso profundamente influenciado por la posición semi-pelagiana (en el sentido de que la acción humana dialécticamente merece la gracia de Dios) del pietismo de Wuerttemberg, pues. Un movimiento en contra del Dios Luterano abstracto y lejano. Y la doctrina de simul justus et peccator: Al mismo tiempo justo y pecador] que sumía al creyente en un inmovilismo, que llevaba a una vida espiritual estéril, resignada y fatalista, que, de paso, justificaba la dominación de los príncipes luteranos sobre el pueblo de los pobres (¡No es la religión católica española sacerdotal de la misma esencia que cayó aquel luteranismo de la prédica!). Marx fue alumno de Bruno Bauer y su ayudante y si Bauer no es expulsado de la Universidad posiblemente Marx hubiera sido un profesor de teología. La imposibilidad y frustración de esa carrera teológica en Marx posibilitó que Marx hubiera de ganarse la vida como periodista. Y en esa experiencia conocer las condiciones de vida reales (materiales) de los pobres obreros de Renania. Que el mundo es organizado bajo una estructura de “pecado original” cuál es la pobreza de aquellos que producen precisamente vida y que aquellos que se apropian de ese excedente lo hacen por gula y egoísmo puro y duro de Midas modernos. Así, esa experiencia es la que le permite y le lleva estudiar la Economía Política Inglesa posteriormente, cuando ya en el centro del capitalismo mundial es consciente que se filosofa (intento de comprender lo real) para cambiar lo real - valga el pleonasmo- en esa influencia del pietismo alemán como praxis. Spener, fundador del pietismo, dijo que la realidad de la religión no consiste en palabras, sino en hechos. El libro de los apóstoles lleva por título esclarecedor: Praxis Apóstolon. ¡Qué casualidad! Siendo Marx el filósofo de la praxis por excelencia. ¿Marx teólogo? Se preguntan algunos: Pues, sí Marx Teólogo. Marx era un tipo de una cultura apabullante: Teología y Filosofía (pero de la de nivel). Economía Política por razones de necesidad. Idiomas: Alemán, Francés, Inglés. Estudió español para leer El Quijote en español, y ruso para entenderse con los populistas rusos. Y lo que hay en Marx no es otra cosa que un objetivo teológico o una teología de la praxis: explicación de la pobreza en los nuevos sistemas económico-productivos nacientes.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Contratapa: Viaje a los Inicios de Occidente, de Teresa Oñate


La contratapa del libro de Teresa Oñate, Viaje a los Inicios de Occidente -interesante relectura del viaje a-crónico, en el aión de los presentes-pasados-futuros sincrónicos-, que describen desde los "hijos de Nietzsche, lo que a dia de hoy nos ocurre, aunque tambien un poco "alucinadamente", bien es cierto, al tener por post-marxistas y post-modernos los tiempos que corren. Ni la época es post-marxista, ni los tiempos post-modernos. Los de la cuerda liberal positivista lo tienen fácil para con Oñate: les fastidia más Marx que estos Nietszcheanos-Heideggerianos de izquierda de buena voluntad como es la maravillosa catedrática de la UNED.  

 Cada época tiene su tarea. El oficio de pensar cambia en cada tiempo. Para nosotros, situados al comienzo del siglo XXI, pero con la experiencia de los hechos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial, no puede tratarse de otra cosa que la de interrumpir, parar, aquellos factores profundos que provocaron la barbarie. Nos situamos en un mundo devastado y explotado hasta el borde de lo letal. Por todas partes. La voluntad racional y libre de Occidente como protagonista. Debemos hacernos estas preguntas: ¿ Es ésta la más mitologicas de las civilizaciones en el Poder? ¿La civilización que ha convertido la racionalidad de la filosofía en un instrumento de legitimación? Se trata, nada más, que para la filosofía del siglo XXI - que se sabe desde Nietszche y Heidegger como filosofía hermeneútica- de interrumpir la Metafísica y la búsqueda del más allá. Pues en ello preside el nihilismo determinado por el Capital, de la guerra como libertad ilimitada del hombre y los metarelatos como legitimadores. Es, en efecto, porque se están socavando sin limites la racionalidad por todas partes y en todas las culturas de nuestro planeta. Resulta necesario e imprescindible, ahora, pararse a reconsiderar cuales son los criterios que pueden dar cauce a un cambio de orientación, un cambio de rumbo, un qolpe de timón, que altere desde dentro la continuación de esta historia. Y es que, sobre todo, la violencia se opera en nombre de la racionalidad. Una racionalidad desde ya hace mucho tiempo instrumentalizada hasta el asco. Una retórica de mitos salvadores. Por tanto, tenemos que volver a descubrir cuales son los criterios de legitimidad y de racionalidad que nos permitan comprender qué es lo que tenemos que hacer y con qué sentido. Es por eso por lo que tenemos que volver a aprender a pensar. Volver a leer nuestras historias, pero con un nuevo trazo. Advirtiendo las plurales tradiciones interpretativas y redescubriendo sus sentidos a partir de las raíces: el nacimiento mismo de nuestra racionalidad y nuestra historia. Aquella que nace en Grecia, en las azules costas de Mileto.