martes, 4 de noviembre de 2014

"Discursos políticos", de Ortega y Gasset. Alianza Editorial.


Texto de 2009


Continúo hoy con uno de los libros que me causó un considerable impacto en su día y en virtud del cual inicié el descubrimiento de una de las épocas más apasionantes de la historia política española reciente: la que va desde la crisis finisecular (1898) hasta la II República (1931-1936). Con todos los antecedentes, pues, a la misma crisis, hasta las consecuencias de tan grave ruptura de la convivencia civil y política española, significada por el conflicto bélico civil. Conflicto de graves consecuencias y necesario entendimiento al día de hoy. Este libro son los “Discursos Políticos” de Ortega y Gasset, recogidos en volumen por Paulino Garragorri. Si, como dicen, Ortega es un semillero de ideas, para mí la lectura de este libro significó el inicio de una madeja y un feliz descubrimiento. La actividad política de Ortega había quedado condenada al ostracismo por la política cultural de la dictadura nacional-católica, cuyo generalato había recaído en Francisco Franco; es por ello que la actividad política de Ortega significó un descubrimiento vívido, y circunstancial –como él solía decir-, de la experiencia política en la que intervino. A mí me supuso una toma de contacto muy real con la actividad política de la época en la que formó parte -los debates parlamentarios-, y digamos que abrió el hilo al estudio de los acontecimientos, históricos y políticos. Luego descubrí los de Azaña, que me dejaro tumefacto, en primer momento, y lívido después. Siendo bueno Ortega, Azaña dió en el clavo. Ambos eran de la generación de 1917. La calidez, la persuasión, la excelente calidad oratoria y el lenguaje empleado permitían sentir de cerca, digamos como si se le oyese, la voz de Ortega. Desde las conferencias políticas en el Ateneo, o en el Sitio de Bilbao, hasta sus intervenciones en el Congreso, permitían descubrir la voz siempre reflexiva y el ánimo pedagógico y constructivo con el que participó en la vida pública. Pero aún más, este libro me sirvió para descubrir cuáles eran los debates candentes a los que la vida política española se desplegaba. Por eso recomiendo su lectura, como una buena manera de entrar en aquella época histórica y descifrar hechos que aún no están resueltos, como es el caso de la intervención de Ortega al tanto del Estatuto Catalán o el Discurso sobre “La ciencia y la Religión como problema político”. El descubrimiento de estos discursos significó para mí, en su día, un descubrimiento de una actividad pública en este país que ignoraba hubiera acontecido; y me imagino que su publicación en las épocas de transición a la democracia hubo de causar semejante descubrimiento a todos aquellos que trataban de hacerse una composición de lugar sobre los hechos acaecidos y tan poco y mal explicados. Si Unamuno no era del todo conocido, al estar prohibido sus obras más importantes, como era “la agonía del cristianismo” –y que explica muy mucho la naturaleza del régimen e, incluso de la Guerra – tampoco era conocido la actividad política de Ortega. La conferencia primera sobre los problemas nacionales y la juventud, ofrecida en 1909, en el Ateneo por un joven Ortega es la primera participación pública: en aquel lugar donde la joven intelectualidad aparecía disidente al sistema parlamentario liberal de la Restauración de Cánovas. En ella se advierte la preocupación por los problemas de España y, a su vez, la postura que tomará uno de los miembros de la Generación del 17, como lo es Ortega, y el espíritu que impregnará a éstos; como también acontecerá con Azaña; con el cual tengo, en política, mayores simpatías faciles de comprender: es acalaíno y jugó de niño en las mismas calles complutenses que yo, rodeado de espadones de la Contrareforma: es por ello que considero que Azaña iba más certero: conocía el dificil debate teológico complutense, y aunque Marcel Bataillón aún no había escrito su libro sobre Erasmo, Azaña lo intuía. Los sucesos de 1909, la semana trágica de Barcelona, son los que despertarán al joven Ortega por la intervención en política, en la que verá una necesidad de Pedagogía política; la guerra de Melilla, así como la intervención gubernamental de usar el aparato del estado, infringiendo un desaforado ataque al Estado de Derecho en su actuación, despiertan al joven Ortega. Y despiertan a lo que para él considera un problema generacional: lo jóvenes son los que han de dar impulso regenerador, ante unos viejos que han creado una democracia irreal, como es la Restauración de Cánovas, y la falta de intervención pública de la sociedad española en tal sistema político. Ortega opta por una búsqueda a la solución de los problemas nacionales: Europa. ¡Europa es Ciencia! En Europa había nacido el liberalismo; y España no era parte de él

MATEO 6.24: NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y A MAMMON


Las metáforas teológicas de Marx (Dussel) IV


«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón [...] Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón».
Mateo 6:19-21.24.2

Una de las claves para la lectura de Marx como teólogo se encuentra en que Marx es un conocedor eximio de la Biblia. Sus posteriores exegetas eran muy mediocres intelectualmente hablando en ese aspecto –al igual que los propios teólogos oficiales del régimen prusiano-, por ello todos los pasajes teológicos se los pasaron por alto. Es por ello que la hermenéutica marxista es muy mediocre. Como explica Dussel, para la tradición semita y cristiana la sangre es sinónimo de vida; así la sangre, la vida humana, del trabajador es sacrificada al fetiche, que queda transubstanciada en el capital como “trabajo muerto”. En su tesis doctoral escribe sobre las pruebas sobre la existencia de Dios y afirma sobre la misma que son meras tautologías: ¿No ha reinado Moloch?, se pregunta. El viejo Dios de los Ammonitas, Dios fenicio al que se sacrificaban los hijos, un pueblo que nació de Lot, emborrachado por una de sus hijas con la que yació. Y es que el Levítico 18.21 se indica la orden de no ofrecer en sacrificio a los hijos por el fuego. Pero que es lo que ocurre de veras en la Inglaterra del siglo XIX y hoy en muchas partes del mundo: el trabajo infantil con jornadas extenuantes de trabajo. El sacrificio a Moloch, el capital, la sociedad burguesa. Marx era un pequeño burgués que va pensando las realidades. Es un radical burgués amante de la libertad. Y observa como en el Estado autoritario prusiano, cristiano luterano, se ejerce la censura y la confusión entre el Estado policíaco y la religión cristiana. Marx observará ya en todo ello el fetiche como inversión: la inversión de las cosa es tomada como  persona y la persona por la cosa. Y Marx elaborará la crítica desde el pietismo. La confusión del principio político con el  principio religioso-cristiano, que pasa a ser la confesión oficial, en una religión que ampara lo terrenal y que es culto del estado absoluto: Una tergiversación total del “civitas dei” de san Agustín.  Una crítica dura a la cristiandad -y al Estado teocrático judío-, realmente nacida en el imperio bizantino, como la de los profetas de Israel. Marx coincide con Kieerkegaard - que en Dinamarca- desde el pietismo está en lo mismo. Sin embargo, Marx pronto pasará a la cuestión del Dinero: y les dirá nítidamente que cuando consideran dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, entienden por príncipe de este mundo a Mammón, al oro, y a la libre razón como sinónimo de él. Marx se presenta como periodista tal como el profeta Oseas: polilla para Judea y carcoma para Israel. Y que estos dioses son fetiches: dioses salidos de sus manos. Ese es el dios al que adoran en Prusia. Marx, como teólogo muy ducho –más ducho que aquellos a los que se refiere-, se lo echa en cara: Marx se lo espeta a teólogos mediocres. Y Marx no es un periodista cualquiera: es un alumno ayudante de Bruno Bauer. A Moloch se le sacrifican vidas y a Mammon el fetiche, Dinero, obra producto de las manos del hombre mismo, y en el que objetivan su poder. Una crítica teológica muy severa. Pues es la adoración al fetiche, a una cosa inanimada que abandonará su carácter natural para satisfacer sus deseos. Mateo 6.24 lo deja claro: “No podéis servir a Dios y a Mammon”. Y en el salmo 115 donde dice que “sus ídolos son plata y oro, hechos de la mano del hombre, tienen boca y no hablan, ojos y no ven, orejas y no oyen”. Ese es el Dios fetiche al que se adora. Porque fetiche significa un Dios hecho a mano al que se idolatra. Y esa es la religión oficial prusiana, el luteranismo: una religión fetichizada. Un culto a los dioses fetiche.

El sacrificio humano a mina-Moloch. Baal como el Dios de los dominadores. Una Lógica invertida de Hegel



Metáforas teológicas de Marx III (Enrique Dussel)

Marx nace en el seno de una familia de rabinos por parte materna. Su padre forma parte de la burocracia del Estado, y es obligado a ser bautizado luterano si quiere seguir formando parte de ella. De familia pequeño burguesa, tiene formación en la tradición judía, luterana con influencias pietistas y dentro de la cultura de la ilustración. En la escuela estudia religión profusamente y en sus exámenes se encuentra una postura anti-kantiana y eudamonista. La virtud no son el engendro de la dura doctrina de los deberes, sino el hacer feliz a los demás, llegará a escribir. En sus primeros escritos juveniles (exámenes de bachillerato) ya se encuentra el problema teológico del sacrificio humano; se muestra además como un vitalista romántico. La vida de Dios en la vida de los hombres. Y por influencia pietista muestra su interese por el concepto de “Comunidad”. El examen de bachillerato de Marx versa sobre esta pregunta: “Esencia y fundamento de la unión de los creyentes en Cristo”. En este joven Marx aparece del bachillerato aparece el concepto de dignidad, que en El capital la dignidad del trabajador se situará como criterio ético absoluto. Se observa la importancia de “la sangre” y de la “circulación” que en el pensamiento semita y bíblico es referido metafóricamente siempre como “vida”. En carta escrita a su padre le describe como es el trayecto filosófico-dialéctico a la divinidad que se manifiesta como concepto en sí y en cuanto a religión, naturaleza e historia, lo que muestra que está leyendo a Hegel. Las hijas de Lot se acostaron con su padre, y de una de ellas nació el que iba a ser el pueblo de los ammonitas. Su Dios era Moloch, al que sacrificaban en holocausto precisamente niños. Eso lo tendrá presente Marx cuando, en Inglaterra, vea como niños de ocho años se introducen en las minas durante 12 horas y, durante meses, no verán la luz del día. El sacrificio humano a mina-Moloch. Mammon es el Dios del Dinero, en palabras de Jesús. Marx teólogo nunca confundirá quien es quien. Yahveh se muestra como el Dios de la Liberación, en la lucha contra el Faraón de Egipto. Baal, en cambio, es el Dios anti-yahveh. El Dios de los dominadores. Ese es el Dios que estudiará Marx, siguiendo la Lógica invertida del Hegel: esa es la inversión a la que se refiere Marx. Baal como El capital. Marx es alumno y ayudante de un profesor de teología, Bruno Bauer. Empezará a leer con él a Hegel. Y desde “la autoconciencia” baueriana comenzará la crítica del fetichismo de la religión hegeliana.  

Las hijas de Lot se lo montan con su padre.

El otro día, haciendo exorcismos en la noche de Halloween, me agencié de una Biblia que he empezado a releer ávido. Qué maravillosa, educativa y entretenida lectura: toda una historia de las mil y una noches del pensamiento semita, rabínico y elohimista del oriente próximo. Va y resulta que Dios quiere dar una lección a Sodoma y Gomorra, lugar donde viven los sodomitas, grandes pecadores. Y Yahvéh o Elohim (porque los judíos tenían dos palabras para lo mismo Dios -Yahvéh- o Dioses -Elohim- (¡!); uno era singular y el otro plural (¡!) –no tan lejos están los griegos y las culturas del Uno y lo múltiple, que curioso); en fin, que Yahvéh, Elohim, quiere castigar a los sodomitas; y solo encuentra entre ellos a un hombre justo: Lot. Al que avisa: -mira, chacho, sal corriendo que esto va arder, !pero que va a arder! !No te entretengas ni lo más mínimo!. Así Lot se va con sus hijas y su mujer. Su mujer –que es muy curiosona- se convierte en estatua de sal (siempre las mujeres, que en la Biblia son lascivas como ellas solas: En Antiguo Testamento están dándole al fornicio para mejor repoblamiento del mundo -no nos olvidemos tampoco de la vieja Sara, que se ríe de Dios cuando le dice Éste que se va a volver a dar el lote con su marido, viejo, reviejo, Abraham y que con más de noventa años se dan uno bueno revolcones). Y las hijas de Lot no tienen otra cosa que hacer que emborrachar al padre en una cueva y fornicar con él. Una lo hace un día y otra lo hace otro. ¡Esto es lo que cuentan en las clases de religión!!Y yo perdiéndomelo!...El caso es que cerca de ese capítulo Abraham se lo había montado con una esclava suya con el beneplacito de su mujer Sara o Saray.

En la fotografía la hija de Lot dándole caña a su padre.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La Teología implícita en El Capital



IN GOD WE TRUST


Metáforas teológicas en Marx II


 «Estos tienen un mismo propósito, y
entregarán su poder y
su autoridad a la Bestia [...] y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la Bes-tia, o el número de su nombre» (Apocalipsis 17,13 y 13,17;texto citado en El Capital, I, cap. 2 [1873])


La única ciencia es la Teodicea (Hegel) (...) y el capitalismo es Moloch



Esta frase sobre la ciencia única la escribió Hegel en una carta escrita a un amigo suyo. Quiere decir esto que lo único que importa como conocimiento es el conocimiento de lo que es justo y por tanto divino. Ese el significado de teodicea en sentido espistémico. Del griego Diké, justicia, y Theos, la divinidad inmanente a la naturaleza. El objetivo de Hegel en la Lógica es, ni más ni menos, que esa búsqueda. Una onto-teología, pues: la representación de Dios en su esencia anterior a la construcción de la naturaleza y del espíritu finito. Si tenemos en cuenta que Marx lo que hace es darle la vuelta a la Lógica de Hegel, podemos decir que lo que Marx hace es la descripción de Moloch: El Dios fenicio que se traga a los hijos primogénitos. Esto es: El Capital, como devorador de humanos, al cual se sacrifican en el trabajo. La descripción de Marx es, ¡Oh sorpresa!, teología pura y dura: El capital como descripción del anti-Dios, del fetiche, del Anticristo. Algo ya suficientemente estudiado es que Marx bebe del pietismo, como doctrina teológica en amplio desarrollo en Alemania, donde recibió las doctrinas del anti-cristo y de la prioridad de la praxis (pág. 13). La tesis lógica de Marx es la siguiente (Dussel pág ss.):  1)PMa(premisa mayor): si un cristiano es capitalista.  2) PMe(premisa menor): y si el capital es la «Bestia» del Apocalipsis, el «demonio visible» 3) Conclusión: dicho cristiano se encuentra en contradicción práctica.  Por cristiano está refiriendo al Luterano, el puritano. El cristiano, pues, se encontraría en una contradicción: porque en el ejercicio de su praxis diaria en el sistema capitalista involucraría éticamente una acción satánica, demoniaca (pág. 15). Si esto es así hay cuatro maneras para evadirse de ello. 1) Asumir el cristianismo y rechazar el capitalismo 2) Afirmar el capitalismo y rechazar el cristianismo (ocurre pocas veces, pero ocurre). 3) Inventar una religión fetichizada, con el nombre de cristiana, modificada para que no fuera contradictoria con el capital (lo que hay). O 4) Interpretar la Economía para que no resulte contradictorio con el cristianismo más auténtico y profético. Lo que no han entendido los exegetas de Marx es que el cristianismo que criticaba Marx teólogo era el 3): la religión fetichizada, que es la crítica que lanza Marx. A la religión fetichizada y anti-profética. Claro, como decía Justino en el siglo II, si nos llaman ateos, claro que lo somos de esos supuestos dioses. Lo que muestra Marx en El capital es que el plus-valor es impago. Y por tanto es no-ético. El capital intentará ocultar dicha eticidad asegurando que “crea la ganancia desde sí mismo, desde la nada”. Lo otro que intentará demostrar Marx es que el capital hará una interpretación ideológica y encubridora, fetichizada, de la esencia no ética del capital: y se tornará como Absoluto. Esto es: corta de raíz y oculta el fundamento de su esencia, y lo hace desaparecer: La enajenación de trabajo, que es la fuente del valor. Así, El capital de Marx aparece como una obra teológica de primer orden: Lo que Marx tratará de demostrar (y lo logra) es que el sistema capitalista es la Bestia del Apocalipsis, Moloch, Mammon, Baal (Pág. 18); y junto a las categorías económicas, en paralelo, hay una teología metafórica en El capital que, para quien se haya sumergido de lleno en la obra, no tiene ya duda de ello. Y las metáforas, afirma Dussel, vienen concatenadas con una Lógica determinada, como una teología implícita. El Dinero en su figura de siervo, afirma Marx, en la que se presentó como simple medio de circulación se vuelve de improviso soberano y dios de las mercancías. Curiosamente lo mismo que dijo san Pablo (2,6-7); usando Marx el Nuevo Textamento de forma muy sutil y versada (pág. 19).arx no dirá que Dios ha muerto, como dijo Nietzsche: sino que afirmará que está vivo y coleando. En los billetes de Dólar lo dice bien claro: "In God we trust". En el Dios dinero. No otro es el Dios norteamericano y no otro es el Dios para muchos, y no lejanos.

LAS METÁFORAS TEOLÓGICAS DE MARX (Dussel)



I

Junto con la lectura de El Capital, voy a ir haciendo lectura de esta obra de Enrique Dussel: “Las metáforas teológicas de Marx”, lo hago por necesidad comprensiva: para hacer una lectura actual de Marx y una lectura “fuerte” del mismo. Dussel inicia el libro con estas palabras: Este libro, comenzado antes del 9 de noviembre de 1989, día de la «caída del muro de Berlín», poco o nada debió cambiar lo ya escrito. La pertinencia de Marx crecerá en el futuro, ya que se manifiesta como el gran crítico del capital, más aún si éste pretende ser el Poder triunfante a finales del siglo XX. Su carácter fetichista sin contrapartida lo manifiesta más monstruoso y causa directa de la miseria de gran parte de la Humanidad, en el «Sur» (el llamado Tercer Mundo), en especial desde la destructora guerra del Golfo Pérsico, desde el 15 de enero de 1991, por el control del petróleo. Esperamos que este libro pueda colaborar para una relectura distinta dela obra de aquel gran pensador, filósofo y economista del siglo XIX. Contra lo que piensa el teólogo polaco, Josef Tischner, Marx no sólo no ha muerto, sino que generará nuevo impulso al pensar crítico filosófico, económico y aun teológico.”

Un libro esclarecedor, y yo diría que necesario, para leer a Marx es “Las metáforas teológicas de Marx”, de Enrique Dussel. Pues los teóricos marxistas posteriores a Marx fueron incapaces de leerle en todas su amplitud. Una amplitud que solo puede ser conocida si se tiene en cuenta que Marx viene de tradición rabínica, que su madre fue judía toda la vida, y él nieto de rabinos. La lectura de El Capital está repleta de metáforas teológicas, las cuales han sido mal interpretadas o ni siquiera eso: se han pasado de largo; por ello, para leer a Marx hay que saber teología y conocer cuál es el pensamiento semita y cuales eran las corrientes teológicas en la Alemania (seminario de Tubinga) de su tiempo: en especial el pietismo, que era ya una teología de la praxis. Enrique Dussel aúna esos conocimientos en esta obra. Y es que, efectivamente, las frases teológicas en el Capital son abundantes. A su vez Marx es un gran conocedor, como decimos, del pietismo de Wuerttemberg. Max Weber en su obra sobre la ética protestante acusa a Marx de algo que no es cierto: la concepción materialista como explicación del capitalismo, olvidando los caracteres espirituales. Dussel nos muestra la falsedad de esa aseveración de Weber.  Marx, como alemán, es un conocedor claro y heredero de la aufklärung  (denominación de ilustración del movimiento racionalista del siglo XVIII en Alemania); que en Hegel se manifiesta con una visión optimista de la Historia: consiste en el desarrollo del Absoluto mismo: la Heilsgeschichte o  Historia de la Salvación y la afirmación de la bondad de la naturaleza humana; y que en un proceso profundamente influenciado por la posición semi-pelagiana (en el sentido de que la acción humana dialécticamente merece la gracia de Dios) del pietismo de Wuerttemberg, pues. Un movimiento en contra del Dios Luterano abstracto y lejano. Y la doctrina de simul justus et peccator: Al mismo tiempo justo y pecador] que sumía al creyente en un inmovilismo, que llevaba a una vida espiritual estéril, resignada y fatalista, que, de paso, justificaba la dominación de los príncipes luteranos sobre el pueblo de los pobres (¡No es la religión católica española sacerdotal de la misma esencia que cayó aquel luteranismo de la prédica!). Marx fue alumno de Bruno Bauer y su ayudante y si Bauer no es expulsado de la Universidad posiblemente Marx hubiera sido un profesor de teología. La imposibilidad y frustración de esa carrera teológica en Marx posibilitó que Marx hubiera de ganarse la vida como periodista. Y en esa experiencia conocer las condiciones de vida reales (materiales) de los pobres obreros de Renania. Que el mundo es organizado bajo una estructura de “pecado original” cuál es la pobreza de aquellos que producen precisamente vida y que aquellos que se apropian de ese excedente lo hacen por gula y egoísmo puro y duro de Midas modernos. Así, esa experiencia es la que le permite y le lleva estudiar la Economía Política Inglesa posteriormente, cuando ya en el centro del capitalismo mundial es consciente que se filosofa (intento de comprender lo real) para cambiar lo real - valga el pleonasmo- en esa influencia del pietismo alemán como praxis. Spener, fundador del pietismo, dijo que la realidad de la religión no consiste en palabras, sino en hechos. El libro de los apóstoles lleva por título esclarecedor: Praxis Apóstolon. ¡Qué casualidad! Siendo Marx el filósofo de la praxis por excelencia. ¿Marx teólogo? Se preguntan algunos: Pues, sí Marx Teólogo. Marx era un tipo de una cultura apabullante: Teología y Filosofía (pero de la de nivel). Economía Política por razones de necesidad. Idiomas: Alemán, Francés, Inglés. Estudió español para leer El Quijote en español, y ruso para entenderse con los populistas rusos. Y lo que hay en Marx no es otra cosa que un objetivo teológico o una teología de la praxis: explicación de la pobreza en los nuevos sistemas económico-productivos nacientes.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Contratapa: Viaje a los Inicios de Occidente, de Teresa Oñate


La contratapa del libro de Teresa Oñate, Viaje a los Inicios de Occidente -interesante relectura del viaje a-crónico, en el aión de los presentes-pasados-futuros sincrónicos-, que describen desde los "hijos de Nietzsche, lo que a dia de hoy nos ocurre, aunque tambien un poco "alucinadamente", bien es cierto, al tener por post-marxistas y post-modernos los tiempos que corren. Ni la época es post-marxista, ni los tiempos post-modernos. Los de la cuerda liberal positivista lo tienen fácil para con Oñate: les fastidia más Marx que estos Nietszcheanos-Heideggerianos de izquierda de buena voluntad como es la maravillosa catedrática de la UNED.  

 Cada época tiene su tarea. El oficio de pensar cambia en cada tiempo. Para nosotros, situados al comienzo del siglo XXI, pero con la experiencia de los hechos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial, no puede tratarse de otra cosa que la de interrumpir, parar, aquellos factores profundos que provocaron la barbarie. Nos situamos en un mundo devastado y explotado hasta el borde de lo letal. Por todas partes. La voluntad racional y libre de Occidente como protagonista. Debemos hacernos estas preguntas: ¿ Es ésta la más mitologicas de las civilizaciones en el Poder? ¿La civilización que ha convertido la racionalidad de la filosofía en un instrumento de legitimación? Se trata, nada más, que para la filosofía del siglo XXI - que se sabe desde Nietszche y Heidegger como filosofía hermeneútica- de interrumpir la Metafísica y la búsqueda del más allá. Pues en ello preside el nihilismo determinado por el Capital, de la guerra como libertad ilimitada del hombre y los metarelatos como legitimadores. Es, en efecto, porque se están socavando sin limites la racionalidad por todas partes y en todas las culturas de nuestro planeta. Resulta necesario e imprescindible, ahora, pararse a reconsiderar cuales son los criterios que pueden dar cauce a un cambio de orientación, un cambio de rumbo, un qolpe de timón, que altere desde dentro la continuación de esta historia. Y es que, sobre todo, la violencia se opera en nombre de la racionalidad. Una racionalidad desde ya hace mucho tiempo instrumentalizada hasta el asco. Una retórica de mitos salvadores. Por tanto, tenemos que volver a descubrir cuales son los criterios de legitimidad y de racionalidad que nos permitan comprender qué es lo que tenemos que hacer y con qué sentido. Es por eso por lo que tenemos que volver a aprender a pensar. Volver a leer nuestras historias, pero con un nuevo trazo. Advirtiendo las plurales tradiciones interpretativas y redescubriendo sus sentidos a partir de las raíces: el nacimiento mismo de nuestra racionalidad y nuestra historia. Aquella que nace en Grecia, en las azules costas de Mileto.

Lectura de El Capital: Los nadie como un a-logon para el capital.





VIII

¿Cuándo surge el capital? Para Marx el modo de producción capitalista solo surge cuando el poseedor de los medios de producción (entendemos por medios precisamente lo que es preciso para conseguir el fin, que es la producción de mercancías –esto es herramientas y maquinaria y que según Marx es “trabajo muerto” y trabajo vivo; entendiendo que trabajo, como venimos diciendo, es vida subjetivada y, por tanto, el trabajo vivo el generador del valor, que una vez subsumido en el capital es "trabajo muerto"-)…cuando el poseedor de los medios de producción, digo, y de vida encuentra en el mercado al “trabajador libre” como vendedor de su fuerza de trabajo (pág. 123). Pero, recordemos otra vez, el “trabajador libre” era una minoría muy pequeña en Grecia y en Roma; en la llamada Edad Media casi inexistente. Se constituye en un fenómeno en Europa de la Edad Moderna y tras las revoluciones burguesas a finales del siglo XVII. Y es en el siglo XIX cuando se empieza a operar el cambio. Que en el siglo XX ya se considera como “natural” (aunque no debería, porque la causa –y es un aviso a navegantes despistados- de que el siglo XX haya sido tan sanguinario son porque esa relación no es tan “natural” como se pretende). ¿Cuál es el valor de la fuerza de trabajo? Avisemos que valor, otra vez, es trabajo vivo y que fuerza de trabajo es el productor de valor. Por lo tanto el valor de la fuerza de trabajo es el trabajo socialmente necesario para la conservación y reproducción de la fuerza de trabajo. Usando las determinaciones construidas. Aparentemente parece un concepto vago y sin sentido: sin embargo ha sido una concepción importantísima para el desarrollo de la Antropología Social y Cultural y el estudio de clanes, etnias, sociedades y grupos humanos. Porque en una sociedad equivalencial su desarrollo social y cultural depende del trabajo vivo empleado para la reposición social y su mantenimiento (creación de vida y medios de vida). En el sistema capitalista se sigue una rueda continua que consiste en trasformar dinero por capital (plus-valor apropiado). En cambio, “el propietario de la fuerza de trabajo es mortal” (pág. 125) el objetivo último que perseguiría el capital es la regeneración perfecta de esa fuerza de trabajo. Pero la demografía sigue otras leyes, que la Antropología Social y Cultural también ha descubierto gracias a Marx y Engels. En estos momentos –en términos mundiales- sobra fuerza de trabajo para los niveles de apropiación de excedente que consideran en su razón. Y en eso el capital opta por el cierre de fronteras o la invisibilidad de los nadies y de los nada. Esos nadie son un a-logon para el capital.