miércoles, 20 de enero de 2010

Notas sobre el 23-F


Ya en otras ocasiones he escrito acerca de la “transición política a la democracia”, nominación habitual no exenta de crítica, con que se conoce a un determinado periodo histórico político de España. Para hacer unas matizaciones sobre el Golpe de Estado del 23-F que han surgido al hilo de alguna conversación, voy a efectuar algunas reflexiones. Sobre la transición ya he hablado como proceso de supervivencia de las estructuras de Poder de las oligarquías políticas del tardofranquismo y” consenso” con la oposición política al régimen. Un pacto de la clase política y de oportunistas variados. En último termino, en resumen, un triunfo de las tesis alfonsinas, en detrimento de las carlistas y las falangistas, una vez que los poderes financieros y políticos se organizan a raíz del Opus dei y tecnócratas. El modo como queda” atado y bien atado” la sucesión política al régimen se basa en el traspaso de legitimidades del 18 de Julio de 1936 en el Generalato: de Franco, al Rey. ¿Fue el Rey un salvador de la democracia frente a un golpe intransigente de tardo-franquistas que querían cargarse ya no solo la democracia, si no al Rey? La opinión pública, en parte, así se vendió. Pero ¿Qué hay detrás de ello? Recordemos las palabras de Sabino: “ Todo lo que puedo decir no tiene interés, y lo que lo tiene no se puede decir”. El golpe de estado del 23-F tenía como misión derribar al gobierno de Aldolfo Suárez, acabado políticamente, y apuntalar, no destruir, la figura del Rey. Esto es: fue un golpe monárquico, no un golpe antimonárquico. La prueba de ello es que se gesta desde la casa del Rey, y como principal cabeza de turco se busca en el General Armada. El que “ni estaba ni se le espera”, una vez que queda desmontado la intentona. Ya he afirmado en otras ocasiones que detrás de la transición política a la democracia se encuentra, como principal artífice, la más maquiavélica de las instituciones políticas: La Iglesia. Y, dentro de ella, su más poderosa organización civil: el Opus dei. Con una altísimo predicamento entre los generales y directora de la casa real. Incluso en las fase final del franquismo, desde los planes de estabilización del 1959. Nadie hay más sino que ella en el golpe de estado del 23-F. Ella lo monta y ella lo desmonta, en un difícil equilibrio de lealtades, posiciones, y equilibrios. El golpe se gesta desde la casa del rey y desde él se desarticula: aunque no quiere decir que el Rey conozca, desde el principio, la conspiración. Quienes organizan y gestionan el 23-F son gentes que ven el peligro la figura del rey y la legitimidad del 18 de julio de 1936. Esto es: en determinado momento desde” la casa del rey”, en el Opus, estiman que la caída del gobierno de Adolfo Suárez –que la ven como necesaria e incluso la quieren provocar- va a suponer una situación parlamentaria inestable, parecida a la situación del periodo parlamentario republicano, donde la política va a resultar imposible, habida cuenta la estructura política de la cámara. Los golpistas sospechan que la situación de inestabilidad, con el gobierno de Calvo Sotelo, llevaría a una toma del poder de fuerzas deslegitimizadoras del 18 de julio de 1936. No sé si queda claro. Los golpistas otean la situación política como grave. Ya tenían la decisión tomada desde antes: si acontece la situación parlamentaria de inestabilidad, en una muestra de desconfianza en el engranaje de dictadura parlamentaria que ellos mismos habían montado, ellos actuarían. En efecto así ocurre en juego de fuerzas políticas. Porque, repito, lo que está en juego siempre en este embrollo de la política española es la legitimación moral del 18 de Julio de 1936. Una república posterior al régimen de Franco significaría el señalamiento acusador sobre cientos y miles de asesinatos perpetrados desde aquella fecha. El desmontaje del golpe se efectúa desde dentro de la casa real, al igual que se monta desde dentro. Al final se opta y se decide por no sacar la Brunete a la castellana, La Monarquía queda salvada. Lo de “la democracia” es otro cantar. No olvidemos que el objetivo del golpe es montar un gobierno de concentración de alto espectro: una especie de directorio civil y militar, donde participaría hasta Felipe González (el candidato católico del Opus para montar un partido de izquierdas con el nombre del partido “histórico” sin ser el histórico – me captan-) y diputados socialistas, como en la dictadura de Primo de Rivera, durante la Monarquía de Alfonso XIII. Si el golpe se desmonta es a causa de las imágenes del interior del Congreso de los diputados tomadas. Imágenes que hubieran provocado un debilitamiento de la figura del Rey. En especial, entre otras, por la fotografía que hay más arriba. Dénle vueltas a esto.

martes, 19 de enero de 2010

"Asesinato en el Comité Central". Vázquez Montalbán


Con ocasión de la publicación en el Diario Público de la obra de Manuel Vázquez Montalbán, en una edición barata y accesible, he aprovechado para ir leyendo su obra. Es, según mi opinión, Vázquez Montalbán uno de los más lúcidos escritores españoles de finales del siglo XX. La ocasión ha pintado calva, para hacer lectura completa de su obra. Por lo pronto ya me he adentrado en los “demonios familiares de Franco”, del que hablé más atrás,” el escriba sentado”- que son muy recomendables ensayos sobre literatura- y “la Aznaridad”. En su día comentaré este último libro, junto al “Aznarato”, de Javier Tusell. Por lo pronto hablaré de “Asesinato en el Comité Central”, por estar más cercano a los intereses más cercanos y acerca de hechos sobres los que arrojar luz y ampliar el espectro de visión. Conocí a Vázquez Montalbán a consecuencia de una película “las largas vacaciones de 1936”, película de Jaime Camino. Interesante, pero quizá fallida, a la vista de los años trascurridos. Sin embargo leí la crítica que Vázquez Montalbán hizo sobre ella. Fueron las primeras líneas que de él leí. Y, en poco espacio, comprendí algunas de las vicisitudes políticas o raíces políticas sobre las que se sustenta el entramado. Digamos que supuso para mí una apertura de los ojos; porque, en especial, hablaba de “legitimidades del 18 de Julio”. Cosa que ahora creo que es la madre del cordero de la Historia Política española. Sobre ello escribí, en otro lugar, lo siguiente: “¿Y es que hay algo en la política actual que no tenga nada que ver con la GCE? Al final toda la política actual está relacionada con la GCE, pues todo pende de un debate moral: si el 18 de Julio - mejor dicho el 17 de julio- fue moral o inmoral. Si fue moral hay legitimidad de la Dictadura y de la instauración, o restauración monárquica. Si no, todo lo contrario. Y todos los libros, debates y vueltas sobre la GCE penden de ello. Pero en cuanto se habla de que la Restauración monárquica es ilegitima, el tema se convierte el vedado o, al menos, peliagudo: al fin y al cabo hay herederos de tal legitimidad o ilegitimidad que a día de hoy están haciendo política y luchando por el Poder. En el momento en que, desde la filosofía política, se les planta cara, llamando las cosas por su nombre, que es lo que hacen los filósofos: el tema de veda, se borra y se silencia. Así ha pasado desde que las letras se desparraman en un espacio en blanco. Hay cosas intocables. Porque si se las tocan, saltan. Probadas muestras históricas tenemos.” Por tanto debo mucho a Vázquez Montalbán, y le devuelvo el favor, completando la lectura completa de sus obras. Por otro lado, considero, a día de hoy, que Montalbán fue uno de los escritores y columnistas más lúcidos al tanto de la realidad política y social española; y aunque ideológicamente no esté del todo en las mismas posiciones que las mías, no es tanto como su labor de escritor. Los que escribimos, en último término, y estamos alejados de la política, tenemos como visión esclarecer lo turbio. Nada más. Y nada menos. “Asesinato en el comité Central” ha sido el último libro que he leído de Montalbán. En él se narran las peripecias del célebre Pepe Carvalho, el cínico investigador privado, ex comunista y ex agente de la CIA, que es encargado de investigar el asesinato de Fernando Garrido. Fernando Garrido es el secretario general del PCE de España. En realidad Santiago Carrillo. Una puñalada dirigida a él. Por añadir algo, destacaría un momento. El momento del entierro. Estamos en el Madrid de la transición. Gabardinas. En Avenida de América sobresale Torres Blancas. Coches de la época: 1500, 133, 850. Los helicópteros sobrevuelan el cielo de Madrid. Los policías en las azoteas, controlan a la muchedumbre ficticia que se reúne para despedir al histórico secretario asesinado. Un Madrid glacial amanece. Banderas rojas, pañuelos rojos, contenida angustia. La banda Municipal recibe la cabeza del sepelio. Toca la Marcha Real, lenta, pausada, triste lúgubre… fantástico Montalbán.

miércoles, 13 de enero de 2010

"Los días del pasado", Mario Camus


“Los días del pasado”, de Mario Camus, es una película magníficamente interpretada por Marisol. En 1978 fue estrenada en España, bajo el epígrafe de lo que se denomina “Cine político de los 70”. Cine de la transición. Una época donde, a los españoles, les dio por la búsqueda de su propia historia. Una historia que se encontraba oculta, escondida, velada: lo días del pasado, como el tiempo de silencio, como Nada; de una España que esconde, para velar, para manipular, para tergiversar un pasado no lejano. No tan lejano como parece; una nueva España que comienza a sentir y siente; y que siente deseos de conocer un pasado que se le escapa. La historia de los maquis, guerrilleros antifranquistas que echados a los montes, conforman grupos de guerrilleros, con el afán de poner en jaque a los que abajo, en los pueblos, dominan y mandan. Son los años de racionamiento, son los años duros del régimen, tras el fin de la Guerra Civil Española, donde los silencios se cuecen en la trastienda, entre cuchicheos, mentiras, y medias verdades escondidas a unos niños que, en la escuela, aprenden los ríos, los afluentes, la geografía, los Reyes Católicos y Viriato. Mientras los viejos, con sus boinas, vienen y van al campo, las mujeres acuden a lavar, otras a las vacas, un hombre afila la herramienta, un balcón de madera vieja, desvenzijadas ventanas, se pudre; los niños juegan al pañuelo, en las calles, en épocas de miseria, de arrugas, de barro, de casas decrépitas sin casi modo alguno de calentarlas. Una época de privaciones. Y en los montes, auténticos soldados que se encaraman a los cerros, se adecúan al terreno, andan a la descubierta, preparados, siempre preparados; porque, lo que se cuece abajo, en el pueblo es la Victoria. La derrota de un pueblo en años grises como ninguno. Un joven del pueblo, un niño, cuenta a la maestra: en esta habitación pasó los últimos días. Es una de las aulas de la escuela. En la pared, escrito, rayado tal vez, unas palabras: “Vivan los compañeros”. Era su padre: un padre que no conoció. Un padre del que ignora su paradero, en cualquier cuneta del pueblo. Los españoles estamos olvidando las raíces de nuestra historia; de eso que llamamos memoria. Memoria es saber lo que pasó. Saber para comprender lo que hay. En aquel cine político de los 70, como aquella otra película, “el largo verano del 36”; o,” la Caza” y que trató de buscar, rebuscar, en la memoria, que suena, resuena, en corazones que por espanto, tratan de huir de ella. En las serranías españolas guerrilleros antifranquistas hicieron una Guerra a la Dictadura. Una Guerra que aún duraría años; a su vez, unos españoles, en un exilio interior, mascaban, rumiaban el horror. La maestra, Marisol, cuenta a los niños el valor de los cántabros luchando contra las legiones romanas: siempre con ese doble sentido al cual los españoles de aquella época, los exiliados del interior, debían mascullar. Mientras el inspector de la escuela nacionalcatólica, en silencio, espía. La historia de Viriato es la historia de los que luchan por la libertad. Los otros, en cambio luchaban por el Poder. Una metáfora de cómo, una misma historia, puede ser usada para contar realidades y verdades distintas. Y tenía que ser Marisol. La niña prodigio del cine español, donde la vida es una tómbola de luz y de color, la niña prodigio que se destapó, la que interprete monumentalmente el papel de una maestra exilada en su propio país. Si bien es cierto que su historia descoloca, no es menos cierta que el Cine político de la transición, en una nueva época de libertades política, había de contar pedagógicamente un pasado que se escondía: desmemoria de la que aún padecemos y que, en entredicho, ha quedado sumida, críticamente, aquel periodo histórico al que se le reconoce como transición. La fotografía de la película es extraordinaria, bella, naturalista que hace, efectivamente, trasladar al espectador a la época narrada; el plantel de actores magnífico, los juegos de luces y sombras; narrada melancólicamente; aunque, bien es cierto, la narración adolece de altibajos. En el cártel escribe: hicieron la guerra con alpargatas, y aún siguen luchando. La censura se cebó con ella. No pudo ser vista. Hoy es recuperada por Fnac; y es que, una cosa es la Historia que escriben los historiadores, otra es la memoria. Y la memoria roza al olvido, porque el olvido se nutre de verdades dolorosas en las luchas por el Poder. Y España… esa España… tan dificl, tan nuestra, tan trágica.

martes, 29 de diciembre de 2009

El miedo


Los tres mejores libros que he leído acerca de la Guerra Civil han sido los que ofrecieron testigos oculares, in situ, al calor de los hechos, de los días, de las pasiones que se arrostraron, desde el bando gubernamental: aventureros, intelectuales y periodistas, especialmente sensibles ante la tragedia y el tremendo valor que campesinos, obreros, gente sumamente pobre, que durante un breve tiempo de sus vidas, luchó, brevemente, aunque con ahínco, con furor, sin experiencia, por un mundo mejor: por otro mundo diferente al que, siglo tras siglo, habían padecido. Estos tres libros son “Vida y Muerte de la República española”, escrita por un periodista británico del Daily Telegraph, Henry Buckley, liberal-católico especialmente sensible por la tremenda lucha que las más humildes, y pobres, de las familias españolas estaban llevando a cabo, sublevándose contra un levantamiento militar orquestado por los generales más reaccionarios del ejército español, las tropas de élites y más fogueadas: el temible ejército del África, compuesto por moros y legionarios. Sobre “Homenaje a Cataluña”, de George Orwell, ya escribí en otra ocasión; y es un testimonio fiel, honesto, sobre la guerra en el frente de Aragón, así como los posteriores hechos acaecidos en Barcelona, donde las fuerzas gubernamentales más derechistas, los comunistas, consiguen el Poder político con el objeto de cortar la revolución que anarquistas y poumistas proponían frente a la política contrarrevolucionaria y frente-populista, de carácter estalinista, pero realista, de organizar un Ejército Popular y eliminar las milicias. Un tercer libro, de carácter de epopeya, son los diarios que escribió Mijail Koltsov, periodista del Pravda, y que publicó en la URSS, siguiendo, día a día, los acontecimientos en España. Todos estos libros han aparecido en España ya sin cortapisas, tres décadas después. El diario de la Guerra de España, publicado inicialmente por Ruedo ibérico, es un libro imprescindible, por la potencia poética de un periodista con tachas de gran novelista, al estilo de los antiguos novelistas; rusos un escritor potente con hechura de novelón que, día a día, va recogiendo la terrible epopeya española. Su llegada a la Barcelona revolucionaria, el paso por el frente de Aragón y su entrevista con Durruti, la toma de pueblos aragoneses, las colectivizaciones, los tiros de fusil; el Madrid de los monos, los frentes del Norte, los derruidos parajes donde la Pasionaria anima en el frente a los inexpertos milicianos; la toma de Talavera, los combates por el Alcázar, donde los sediciosos se han acantonando, tomando a mujeres y niños; y gentes que hacía poco empuñaban el arado, las hoces, las azadas, las herramientas del campo, perdidas, inexpertas, que hacen fuego de fusilería pero que, ateridos, huyen por la carretera, en autobuses, asustados, ante los gritos de los riffeños, expertos en las cabilas: los moros que están con Franco y a Madrid quieren llegar. Las mujeres esperando en las filas de la compra, los niños cogidos en brazos, los fardos, los pañuelos, las caras de desesperación; ese Alcalde de izquierda republicana, de aldea Malpica, pueblo cercano a Santa Olalla, que dice que, en a su pueblo, no pasarán; En Oviedo, en la neblina, los disciplinados mineros socialistas, a fuego de fusilería, tomando, retomando las calles, mientras los muertos, la sangre, densa, negra, húmeda, espesa, dura, en las calles; los Heynkel apareciendo en el cielo, bombardeando sistemáticamente a los obreros asturianos, las casas destruidas, los cascotes, el frio, la lluvia, las alpargatas húmedas en una guerra que, ya en Octubre, empieza a ser larga, demasiado larga, para unos hombres curtidos en las profundidades de las minas y que, generación a generación, han bajado a las oscuridades a perder la vida. Ahora pierden la vida a racimos por algo que sienten que merece la pena. Y Madrid en la lontananza, asediado por aviones alemanes, con la esvástica en sus alas, sufriendo duros bombardeos; toda esa epopeya es narrada por Kolstov con el lirismo poético que solo un escritor ruso puede hacer. Quienes vivieron la revolución española eran sospechosos. Sospechosos de troskismo. Luego vinieron las Purgas: porque la revolución española fue, sentimentalmente, el último lugar donde los idealismos quedaron enterrados. El lugar donde, penosamente, generaciones de jóvenes comprendieron que se podía perder aún teniendo razón. Estos tres libros imprescindibles para conocer la Verdad de nuestra terrible guerra y que tan duras consecuencia acarrearon a miles de españoles que vivieron en el Miedo, en la Mentira, destruidos. Luego volvieron las fiestas de guardar y la negrura; las mantillas, las camisas azules de los falangistas, el borrado, la tergiversación, la escuela nacional-católica, la vuelta a las caciqueas locales, en un régimen pueblerino de sotanas, de Anís, de Sidra el Gaitero, de seres cavernarios que pululaban por los pueblos, a la vez que teniendo el Poder, consiguiendo los ayuntamientos, los planes urbanísticos, las Farmacias, los Estancos. Y el Miedo. El Miedo. El Miedo.

lunes, 28 de diciembre de 2009

MENSAJE A LOS GENERALES


MENSAJE A LOS GENERALES


Características del mensaje de navidad del Rey 2009: Si el rey es un símbolo (Dicen), al lado, el símbolo del cristianismo, el Belén, en primer plano. Detrás de él, para que de acogida, un árbol de navidad: para que dé sensación que acoge sobre su paternal presencia a todos los españoles. Posterior plano dirigido a los Generales, del Capitán General de las Fuerzas Armadas: Una ventana de futuro en perspectiva, abierta a un jardín verde, al lado de la ventana una bandera rojigualda u otra de Europa, que es la que debéis defender (por su hubiera veleidades republicanas): y una fotografía del príncipe Felipe en su jura de bandera. He aquí, les dice, de quien debéis obedecer órdenes en defensa de” la Constitución” y bajo cuyo mando estáis cuando yo falte, en continuación de la legitimidad del 18 de Julio, cuyo Generalato heredé y que ahora traspaso, después de la reforma política, y que ahora dejaré en manos de mi hijo, si yo falto, el cual, el 11 de octubre de 1985 prestó juramento a la bandera constitucional en el patio de armas de la Academia General Militar de Zaragoza. La ceremonia estuvo presidida por mí, acompañado por el resto de la familia real. Así es que, si yo falto, mi hijo, Felipe de Borbón hereda el Generalato que yo, a su vez, heredé del Generalísimo. Ante tal, les ordeno que cumpláis vuestros Deberes a la Patria bajo las órdenes de mi hijo, tal y como habéis cumplido conmigo y con mi antecesor, y en defensa de tales banderas os encomiendo la defensa. Estas son mis órdenes.


Hagamos un análisis de historia, materialismo dialéctico; del guerrero de la espada, la cota de malla y la cruz, caballeros de la Fe, al burgués; del pequeño- burgués al socialismo utópico, a la conciencia de clase, al proletariado, como nuevo sujeto colectivo capaz de remover la injusticia. Como bien señala: “Un obrero concienzudo de finales del XIX jamás pudo pensar en tener un salario medianamente digno, escuela y sanidad gratuitas, una pensión en caso de accidente o jubilación, vacaciones pagadas o una jornada laboral de cuarenta horas; pero heme aquí que vino Keynes a salvar el capitalismo de entre guerras, para que, después, se crease “el Estado de Bienestar”; y el mundo, como la injusticia, se globalizó. Es que no fue alguna vez la injusticia global de otro modo que éste, generalizada, globalizada. Mientras tanto las fuerzas de la reacción se congregan en las plazas, pidiendo la vuelta de la cristiandad, con una moral que nunca olvidó, ni rechazó, cual ni quiénes fueron los caballeros de la Espada. La espada cristiana “Urbi et Orbe” que se santifica, que se personifica, en la cabeza. La España guerrera se ha reunido hoy en Madrid, después de comprobar alborozada que las armas están por ellos controladas, en su Poder, bajo su alero; y la sucesión preparada. Imagínense que pasaría si en accidente mueren Juan Carlos y Felipe. ¿Qué pasaría?

Por eso va dirigido el mesaje, supuestamente de todos los españoles, a los generales - en especial los reaccionarios del Opus- que es para quien normalmente suele hablar en los mensajes navideños. Si la mayoría de los españoles quitamos la voz a lo que dice, para que el dia de Navidad nos lo pongan hasta en la sopa, los Generales, puntuales, antes de la cena, están pendientes de Su Capitanía, para escucharle y para interpretar los simbolos que usa. Y es que, no lo olvidemos, en este país un General solo acepta órdenes de un mando militar superior. Esa es "la Constitución española" de la que tanto se habla que se dieron los españoles

martes, 22 de diciembre de 2009

El joven Törless


Hoy voy a hablar sobre la complejidad de algunas películas y lo interesantes que son por lo que hacen pensar al espectador. Por eso, voy a hablar, sin poderme extender en demasía, del “Joven Törlles”, una obra maestra del cine europeo, dirigida por VolKer Shlondorff, y basada en un libro de Robert Musil de 1906, titulado “las tribulaciones del joven Törless”. Es en mi opinión una película esencial. En ella nos relata las vicisitudes de unos estudiantes –en especial de Törless- de la alta burguesía alemana en aquellos horridos, fríos e inhóspitas instituciones educativas alemanas que darán lugar al Nazismo, donde se fundamentará lo racional de lo irracional. Hay épocas de la historia que son de interés fundamental; épocas interesantes del vivir en las que son preferibles no experimentar. Que surja esta película en aquello que se llamó cine alemán es del todo coherente, siendo este un film clave; hemos de recordar, además, que este es un autor de otro de los films imprescindibles del siglo XX, como“el tambor de Hojalata”, adaptación de la novela de Günter Grass. La pregunta es ¿cómo se llegó al Nazismo desde la racionalidad? ¿Cómo se llegó a la irracionalidad desde instituciones donde se estudiaba la racionalidad de la cultura occidental, en un país donde se encontraban las filosofías más potentes del XIX, conocidas como “el idealismo alemán”?. Como aquellas novelas de Herman Hesse, “bajo las ruedas” o “Demian”, que con una u otras interpretaciones más o menos críticas, no desvirtúan la labor introspectiva que los alemanes realizaron de su pasado y que dio lugar a una de las crisis brutal que, visto desde hoy, tratamos de comprender de alguna manera. Puedo traer a colación aquí ese Proemio exquisito que escribió Ayala en “la cabeza del cordero”, de un hombre que con una lucidez extraordinaria, insuperable, escribía sobre los tiempos que le había tocado vivir. El Joven Törless es una extraordinaria muestra de la sinrazón; y que el realizador, mediante la puesta en escena, primera, nos ofrece una explicación edípica, freudiana, de la juventud burguesa alemana. El plano corto con el que ahoga a los personajes, hijo y madre, en la separación; y el plano del tren que se marcha, con el rostro materno desapareciendo por la izquierda. Toda una declaración de intenciones de una burguesía y de una juventud, la alemana, que se educa en unos colegios infames. La fotografía que destaca el frío horrible de la campiña, con esas mujeres calentados en fuegos, imágenes que se repetirán en “el tambor de hojalata”; y el joven Törless advirtiendo el mundo, la realidad, en el paseo que le lleva al caserón colegial donde va a ser educado, militarmente, y en el que se esconde, dentro de la racionalidad, un ejercicio de la violencia brutal. Racionalismo, irracionalismo, educación opresora y ambiente campesino donde se ubica en colegio. El joven Törless es espectador; pero el hallazgo formal, básico, con el que admiramos esta película se encuentra en las reflexiones internas que va realizando el protagonista sobre la realidad que percibe, usando para ello el lenguaje de la cámara, sin el cual el Cine no es Cine. Ciertamente, el Jóven Törless es un joven reflexivo que analiza los hechos, participando, reflexionando sobre ellos, pero si tomar partido moral en la violencia. Eso se le ha achacado y con razón: pero no estamos en esas disquisiciones morales, sino más bien, en la reflexión sobre como el nazismo toma cuerpo en aquellas instituciones, donde el futuro que espera a aquellos jóvenes ya sabemos cuál fue. La respuesta del profesor, al cual acude Törlles, que trata de comprender, e ir mucho más allá, de la explicación en los números racionales -¿Cómo es posible, se pregunta, que sobre los números racionales, se construyan puentes?- y, perplejo, el profesor le dice: “Todo es sentimiento, también las matemáticas”; para encadenar con un acto de violencia ejercida sobre un alumno, en lo que va a ser el acto de degradación humana al que posteriormente llegará el nazismo. También hay reflexiones sobre el Poder, y la degradación al que el ser Humano puede someter a otro, inhumanizandolo, cosificándolo, en base al Poder, a la naturaleza del Poder; y eso no se hace desde el Estado, tan solo, sino en las más mínimas relaciones; ambiente moral Nietzscheano, en una educación atroz, donde lo racional y lo racional es experimentado por jóvenes que hablan de cosas impensables a día de hoy: como el de elevarse, de tal modo, sobre la compasión: “un despilfarro de fuerza vital: mataré en mi esos sentimientos superfluos”. Jóvenes instruidos por instituciones que no les dan respuestas. Análisis de la degradación humana. Un fuera de campo prodigioso, mientras pegan a Basini, mientras Törless admira por un cristal, donde se reflejan sus ojos.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Sobre Cine



No solamente voy a ir haciendo ficha sobre lecturas varias; sino que también voy a ir hablando de Cine. Literatura, Filosofía y Cine como tres de las más apasionantes inquietudes intelectuales y culturales; de necesario e imprescindible complemento moral a esto que llamamos vida. Ya lo decía Aute, la vida es Cine. Como Truffeaut amaba los libros, amaba el cine y por eso aunó ambos conceptos en un libro magistral: “el cine según Hitchcock”. En eso vamos a ir haciendo trabazón. Ya lo he dicho en algunas otras ocasiones: que es en la degustación de Cine donde más regusto siento. Porque yo no soy Político, como dijo el otro; si no que entiendo la vida como algo mucho más lleno, más completo: pero sí, prefiero la vida al cine. Sostengo, al revés: que el Cine es vida. Aunque ya pertenecemos a otra generación para la cual el cine fue central en nuestras vidas. Llegan otras generaciones interconectadas en redes de comunicación, donde se ha banalizado –digámoslo claro y sin ánimo de parecer ya muy mayor, que no lo soy- se ha balizado la lectura y la Imagen. Si la internet me parece una prodigiosa tecnología, la banalidad, la zafiedad, la cultura se banalizan por intereses espurios. No quieren que pensemos. Y lo más grave: pensar, degustar la cultura, requiere un esfuerzo de inicio. Un empujón de inicio. Cuando en el Cine vemos un plano secuencia, unido a un travelling posterior, donde queda fuera de campo un personaje, el conocer que, en ese momento, que el director está creando una “forma cinematográfica”, que está creando algo nuevo en el arte, y descubrirlo es un placer difícil de explicar. Así por ejemplo lo entendí en los “Magníficos Ambersons”, de Orson Welles, el” 4º Mandamiento "en España, por aquello de la censura. Sí, voy a hablar de cine; porque creo que he estado hablando de cosas que me apasionan menos. En filosofía ocurre del mismo modo a como ocurre en el Cine. Una vez que descubres, que comprendes a un pensador, recibes una sensación placentera que muy pocas drogas pueden igualar. Sé que es difícil de explicar esto. Cuando ves una película de Samuel Fuller, de Bergman, de Visconti, de Lang y descubres lo que está experimentando, lo que está tratando de hacer, lo que quiere trasmitir, y lo ves, y lo sientes, y lo descubres, es una revelación muy placentera. Cuando descubrí el Cine descubrí la vida y descubrí la filosofía en verdad. Primero fue el Cine. Primero fue la Imagen; y la fui recopilando en estuches de ceros y de unos; en información digital, y me devolvía la imagen de Madeleine. Es difícil de explicarlo, porque el Cine, como la filosofía, se sienten, como me imagino que pasará con otras artes que comprendo muchos menos. Por ejemplo, iba a hablar de una película de Volker Schlöndorf, el Joven Törless, pero me temo que ahora tengo poco tiempo; y me apetece hablar de otra. Confidencias, de Luchino Visconti. Necesitamos el ambiente, necesitamos la compañía… se apagan las luces y nos convertimos en cinéfagos; ya no en cinéfilos. No, en algo más trascendental; en la transustanciación propia. Y un hilo de luz aparece en la pantalla; y la luz se hace la verdad, y la verdad es arte. Y aparece Burt Lancaster, que anteriormente había protagonizado el Gatopardo. Y disfrutamos con aquella película, aunque no la comprendimos del todo. Sin embargo, por lo que sea, esta la vamos comprendiendo mejor. Muy posiblemente sin el Gatopardo no entenderíamos ésta. Y de repente, entendemos “El gatopardo”. Y vemos que Visconti, el marxista Visconti, es Burt Lancaster; un espectador; y de repente vemos que tanto Burt Lancaster como Visconti, como el Conde de Salina de “El Gatopardo”, como el profesor de Confidencias, como el Ashenbach de Muerte en Venecia, son seres para la muerte. Y vemos a Shopenhauer; y vemos… y vemos… y el arte se hace luz, y la luz sabiduría. Y nos atrapa, y no podemos salir de allí, y queremos más. De Visconti, queremos a Jacques Demy, a Juless Dassin, a Mario Monicelli, a Alain Resnais. Y queremos más. Sí, queremos más: Zeffirelli, los hermanos Taviani, Bresson. Y el cine nos ha atrapado definitivamente. Y ya somos otros. Otros que vemos el mundo a través del arte. Vemos la vida con ojos filosóficos. Con ojos de búho. Y salimos de la sala. Es de noche y ha llovido, y vamos a casa, y nos damos cuenta que la vida es cine y que el cine es vida.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Sobre Verdad y Mentira en sentido Extramoral y el Anticristo. De Friedrich Nietzsche


La filosofía como arte de la declamación y como arte del pensamiento y la lectura.


Nota: Es difícil extraer todo el jugo de estos dos libros de Nietzsche. El primero del que hablo puede servir de una buena introducción y está publicado por la editorial Tecnos; el segundo es toda una joya; y de hecho es de los mi preferidos de la obra de Nietzsche; una lectura recomendable para toda persona que quiera tener una cultura media. Ambos libros poseen muy pocas páginas, y se puede leer en voz alta, con ímpetu, con vehemencia, como un orador en una tribuna exhortando a los fieles; más adelante , en otro texto, les diré como se lee un libro de filosofía, como debe ser su cadencia; porque cada libro de filosofía tiene que tener una cadencia. Un ritmo de lectura. Nietzsche se lee como un predicador que declama. Leer filosofía puede llegar a ser un placer: la clave es el ritmo. Las pausas, los tiempos. A Nietzche se le lee como si de un orador se tratase. No es tanto adentrarse en los conceptos últimos, sino en el ritmo y cadencia, de tal modo que nos envuelva, que nos embriague. Prueben a leer ¿Qué es filosofía? de Ortega por ejemplo, con una cadencia lenta. Verán como cosas que creen que no entienden, de repente, se entiende.


Mi interés sobre los asuntos filosóficos surgen de lejos; por diferentes avatares tome direcciones diferentes a la misma, estudiando materias económicas, sociales, políticas y jurídicas. Pero hube de observar que quedaban todas estas materias en el aire. Llegué a la conclusión de que todas ellas debían sostenerse por más importantes cuestiones. Que estaban sostenidas todas aquellas materias por un edificio de fácil derrumbe; eso me llevó a los vericuetos de la filosofía. Porque, en último término los grandes problemas a los que reduce toda conversación son, para mí cuatro: “La Verdad”, “La Razón”, “Bien y mal” y la “Libertad”. Hube de darme cuenta que, al final, todas las preguntas que me planteaba llevaban a esos cuatro elementos; en cualquier conversación que escuchaba, fuese del nivel que fuese, veían que esos eran los problemas esenciales. Es por ellos que, disponiendo de mi “Otium”, de ocio, me di a la filosofía por puro placer. Hoy voy a hablar de dos libros para mí importantes, a tal punto que fueron los que me introdujeron en la filosofía de Nietzsche. El primer texto, “Verdad y mentira en sentido Extra moral” hace referencia al joven Nietzsche y el segundo, el “Anticristo”, al Nietzsche tardío. Y es que Nietzsche, como buscador, como viajero filosófico, inicia su andadura en la búsqueda moral de la genealogía (el gen, el germen) de “la Verdad”; esto es: sobre cuáles son, en último término, las raíces de los juicios de valor que él veían en la sociedad de su tiempo. Lo que observamos en Nietzsche es que él percibe toda la realidad como una gran Mentira; ¿Cómo se forma esa gran Mentira? En verdad y mentira en sentido extra moral inicia tal genealogía: y lo encuentra en el lenguaje. Un lenguaje creado no por el pacto social, sino por en “el hombre imaginario”. Un hombre capaz de crear imágenes y metáforas; y como es obvio, acude a la vieja tradición: la griega, como modeladores del pensamiento. Más tarde observara que de las dos grandes tradiciones griegas, con el tiempo, la que se impone es la de Apolo, la de la razón, como fantástico creador de conceptos lingüísticos. Así, nos dice: “¿Qué es entonces la verdad?”. Y responde: “metáforas”. Concepciones inventadas. Ahora vamos, rápidamente, a la idea de Dios. La idea de Dios surge del propio pensamiento griego. La filosofía no se pude andar con zarandajas: tiene que plantear todas las hipótesis posibles. René Descartes realiza la mayor revolución de la historia del pensamiento, y que trae al hombre al “mundo moderno”. Como dicen, apaga el televisor medieval. Plantea como hipótesis algo que para entonces es inconcebible: plantea la Duda de la Existencia de Dios. De la Existencia de Todo. Para Nietzsche la idea de Dios es una creación imaginaria del propio hombre, una genealogía de la voluntad de Poder. ¿Qué es bueno?, se pregunta. Y Responde: Todo lo que eleva el sentimiento de Poder. Y acusa al cristianismo, como una Verdad de Poder. Solo hombres superiores pueden demoler toda la gran mentira sobre la que se asienta. Hombres Superiores, que han de coger el mazo, y demoler todo el edificio de la mentira por el cristianismo, que es una religión de la compasión. Fíjense lo que dice Nietzsche el en Anticristo: “El espíritu puro es la mentira pura… Mientras el sacerdote, ese negador, ese calumniador, envenenador profesional de la vida siga siendo una especie superior de hombre, no habrá respuesta a la pregunta ¿Qué es la verdad?”. Qué considera Nietsche que es la Fe. Y nos dice: Una actitud retorcida y deshonesta; cerrar los ojos, una vez por todas, frente a sí mismo para no sufrir del aspecto de una falsedad incurable. Dense cuenta que esto lo escribe en 1889. El Anticristo es una maldición sobre el cristianismo. Se hace precisa una transvaloración. Un cambio de Valores: porque todo el cristianismo se asienta sobre una Mentira del lenguaje, por pura voluntad de Poder. Ya no es plantearse la Duda sobre la Existencia de Dios: Es directamente aniquilarle, al significar una propia mentira: una metáfora del lenguaje. Todo ello por un motivo: la filosofía se encuentra corrompida por la sangre de los Teólogos. Y exclama: “Cuando uno tiene tareas sagradas, como por ejemplo, las de mejorar, salvar, redimir a los hombres, cuando uno lleva en su pecho la divinidad, cuando es imperativo de los valores trasmundanos, está ya, con tal misión, fuera de todas la valoraciones –incluso está ya santificado por la tarea ¡Incluso es ya un tipo de un orden superior!...!Que le importa a un sacerdote la Ciencia!!Él está demasiado alto para eso- ¡Y el sacerdote ha dominado hasta ahora! ¡Él ha definido el concepto de lo “verdadero” y de ”no verdadero”. No infravaloremos a los espíritus libres, afirma; el concepto de lo que debe ser verdad, de lo que debe ser el servicio a la verdad: todo “tú debes” hasta ahora ha estado dirigido contra nosotros. Contra los espíritus libres. Es difícil extraer todo el jugo de estos dos libros de Nietzsche. El primero del que hablo puede servir de una buena introducción y está publicado por la editorial Tecnos; el segundo es toda una joya; y de hecho es de los mi preferidos de la obra de Nietzsche; una lectura recomendable para toda persona que quiera tener una cultura media. Ambos libros poseen muy pocas páginas, y se puede leer en voz alta, con ímpetu, con vehemencia, como un orador en una tribuna exhortando a los fieles; más adelante les diré como se lee un libro de filosofía, como debe ser su cadencia; porque cada libro de filosofía tiene que tener una cadencia. Un ritmo de lectura. Nietzsche se lee como un predicador que declama

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Machado: "Poesías Completas" y "Juan de Mairena"


Creo que de Antonio Machado ya se ha escrito de todo y de todo bueno; pero hoy voy a escribir sobre él. Me apetece. Hace tiempo envié una carta a su tumba, en el cementerio de colloioure. Lo hice después de leer, al unísono, a saltos, “Poesías Completas” y “Juan de Mairena”. Cuando era estudiante de bachillerato no podía entender, ni porqué, eran las obras de Machado y las de Baroja las que siempre nos solían hacer leer. Tiempo después me di cuenta del porqué: aquello era una escuela pública. Hubieron de pasar algunos años, algunos traspiés y batacazos y una experiencia en la dura realidad para que volviera a Machado, como volviera a Alberti, o como volviera a Miguel Hernández y a otros muchos hombres buenos. Viaje de madurez que es como descubrir que es esto a que llamamos España y que tan dolorosamente todos han buscado y algunos trataron de enterrar, y que olvidan; porque el olvido es la mentira; y, entonces, entonces descubrí, redescubriría a Machado. Un descubrimiento que todo español probo debería hacer. Si Azorín es, en mi opinión, el representante central de la generación del 98, debido al conflicto espiritual complejo que atenazaba a aquellos jóvenes sin par, Machado era la pura bondad. De Azorín uno nunca llega a saber si, en verdad, nos encontramos a un hombre claro, verdadero, y amante de la verdad. Desfila desde el anarquismo militante al conservadurismo evanescente, aunque es indudable su capacidad artística. En cambio de Machado, compañero generacional de Azorín, siempre sentimos una mirada limpia y bondadosa. Creo que existe una postura moral y ética que supera a todas las demás: es el afán de veracidad. El afán de ser hombres veraces. De hombres que no tienen porque encubrir, para tapar, para legitimarse moralmente, su propia ruindad. Hay hombres claros y diáfanos, como era Antonio Machado. Su amor a la verdad es lo que le hace bueno. Diríamos como los antiguos sabios, ante la pregunta ¿Qué es un hombre bueno? Y responderíamos: un hombre bueno es un hombre que ama la verdad; y que la busca. ¿Qué modelo seguir? No lo duden por un momento: su nombre es Antonio Machado. No seamos escépticos al tanto de la verdad: o bien decir eso de que la verdad no existe: y por eso Juan Martínez Ruiz, después de leer a Schopenhauer y de hablar con Unamuno, se convierte en Antonio Azorín. La verdad existe. Pero es reservada a solo unos pocos. Y esos pocos son solo los bondadosos, los de corazón: El modelo, ya lo he dicho. La verdad es la verdad, nos decía, en su Juan de Mairena, dígala Agamenón o su Porquero. Este último discrepaba. Hoy llueve y en los cristales salpica la lluvia que las sierras son nieve. La verdad es un hombre, llamado Machado, llamado Cervantes, llamado Ayala, llamado Ortega, llamado Borges, llamado Benedetti, llamado Saramago, o Llamado Bertrand Russell. Hoy llueve y sobre los campos desolados cae la nieve en los cerros solitarios. Las fuentes frías manan; las vacas pacen solitarias moviendo sus campanillos, los arbustos crecen, los muertos descansan. El águila busca presa, y las nubes descansan apoyadas sobre las crestas. Hoy llueve y los cuerpos descansan. Y Machado, siempre Machado, nos recuerda lo que en verdad importa; las más verdadera de las pasiones humanas: qué es la verdad, qué es la moral, qué la bondad. Emerson nos hablaba de sus hombres representativos. Jaspers nos describía aquellos otros hombres que eran en verdad grandes. La grandeza es la de hombre humilde y bueno, sabio como pocos y que descansa en una tumba en Francia. Su monumento descansa ahora sobre mi mesa, mientras le veo, como todos le vemos, cruzando las fronteras de un camino sin regreso. ¿Qué nos hace percibir la grandeza? Se preguntaba Jaspers. Y contestaba: El anhelo que en nosotros pugna por liberarnos de lo mezquino busca hombres superiores, en pos de los mejores. Y uno de los mejores, el mejor de todos, era Antonio Machado. Su monumento descansa sobre mi mesa: son sentencias y donaires de un profesor apócrifo y publicado en 1936. Un monumento al pensamiento liberal español. A su lado, su Poesía Completa. Machado descansa en Francia; su modelo, el de los hombres probos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Lecturas: “los demonios familiares de Franco”, de Manuel Vázquez Vázquez Montalbán. Y “Hombres representativos”, de Emerson.

En numerosas ocasiones he afirmado que en este país existe miedo a la libertad política. Hay materias que se presentan como tabú; y cuando se habla de ellas se hace con un determinado miedo, que nos acosa. Solo hace falta leer los periódicos, o las televisiones, para darse cuenta de un determinado miedo a la libertad política que nos asola. ¿Qué se entiende por libertad política? Pues nada más que en las luchas por el Poder los ciudadanos tengan algo que decir. Pero en ellas apetece en mayor medida el silencio o el anonimato en la expresión de las ideas que tratan de construir convivencia; y no en esa aberración que se está convirtiendo la participación en los foros de internet o en las entradas y comentarios a las noticias, que están convirtiendo al opinión en un viejo casino castizo. por ciudadanía entiendo gentes formadas, gentes leídas, gentes con capacidad para opinar y para decir, compuestas por personas con ánimo de decir verdad; gentes habilitadas por una educación pública, tal y como supieron verlo en su día aquellos krausistas, aquellos regeneracionistas, aquellos anarquistas cultos (muchas veces se olvida que había anarquistas muy pero que muy cultos). Pero eso es tan difícil que los ánimos se encrespan de modo muy peculiar. Algunas veces pensamos que España es una república bananera. Efectivamente, no solo es que creó el modelo de lo que son repúblicas bananeras, sino que además lo exportó a Hispanoamérica. Leer “Muertes de perro”, de Francisco Ayala, es un ejemplo de cómo funciona ya no solo las repúblicas bananeras, si no el propio egoísmo humano, la codicia y la envidia. En fin, unas pasiones dolorosas; y en el aspecto de la política española la cosa es para echarse a llorar, por pura desesperanza ante la belleza que significa el bien, la convivencia, el debate, la alegría, y el pesimismo que significa observar los comportamientos humanos, capaces de llevar a las intransigencias, a la radicalización de las posturas, ante unos principios que consideramos inamovibles, y por los que se estaría dispuesto a lo peor. Pero los intereses son tantos, y la forma de ver el mundo de unos, trata de imponerse a otros, con todo el ejercicio de la fuerza que sea posible. Estoy firmemente convencido que solo con el diálogo entre personas de veras liberales –discretos, en la forma a como señalaba Cervantes; o virtuosos, en la tradición griega- se podría lograr el fenómeno del acuerdo. Y no deben confundir “el acuerdo”, con “el consenso”; quienes acuerdan lo hacen por beneficio de todos y en ejercicio de la libertad; quienes consensuan quieren la paz, al modo a como quieren la paz los intransigentes, como un pacto de no agresión. El consenso es un pacto entre intransigentes, con el objeto de salvar los muebles. Con el objeto de copar cada cual su cuota del pastel en la tarta del Poder. La toma de postura liberal, en este país, es la toma de postura del pardillo. Sin lugar a duda Emerson en este país hubiera sido un pardillo; y Ayala, con lucidez, lo advierte en esa sin par ficción que ejemplifica muertes de Perro. El núcleo central, en mi opinión, de la historia política española, y que lleva a la intransigencia, reside en un hecho incontestable que asoló la convivencia, el 17 de Julio de 1936. Aquellos días un generalato decidió sublevarse, haciéndose árbitro de la política nacional, tal y como en la política española había sucedido cada vez que se les antojaban. Esa fecha destruye todo lo que en política puede tener de bello como constructor de la convivencia. Los principios liberales de Thomas Payne, revolucionario en Inglaterra y en Norteamerica, se tiran por el retrete; como esos hombres representativos que nos refirió Emerson, para hacer posible un régimen donde la Libertad sea el eje; pero Spain is different. Ese modelo de hombres representativos solo tuvo lugar en un paralelo, donde se vio emerger un régimen que abogaba por la Libertad; pero que nació acosado en todas direcciones; y lo que surgió fue un conflicto fratricida que trajo consigo una larga y peculiar dictadura. Uno de los libros que he leído últimamente ha sido el de “Los demonios familiares de Franco”, escrito por M. Vázquez Montalbán. En él se recogen los elementos de la configuración ideológica del régimen político surgido tras del conflicto bélico español; un régimen que no guarda absolutamente ninguna correlación de lo que significa una postura emersoniana. Fue un régimen peculiar, donde el uso del lenguaje se utilizó como una neolengua. Al principio Vázquez Montalbán comienza una parte expositiva, que titula Fascismo y Franquismo; de vez en cuando va incorporando citas textuales de discursos, opiniones, entrevistas, del General Franco; hasta, por último, dejar que estas sean solo el núcleo del discurso, para dejar mudo al comentarista y, por ende, al lector. El efecto producido es abrumador y triste; sumamente triste; tan triste como puede ser leer “los demonios familiares de Franco” justamente después haber leído “los hombres representativos” de Emerson. La mitad del siglo XX España vivió en aquel régimen político que mantuvo una ideología peculiarísima, y sin parangón en el mundo civilizado; tan sumamente fea y horrida; oscura y gris, que si comparamos a la luz que puede ofrecer la lectura de un Emerson, junto a las citas de la ideología franquista, produce el efecto de las luces que advierten los esclavos platónicos a la luz de las cavernas. Emerson es la luz. No diré que es la caverna; pero sobre la caverna se montó el chiringuito, todo con la ayuda de Kissinguer, el país de Emerson.