miércoles, 1 de abril de 2009

Iglesia y Democracia.

Mi asa está muy clara y se lo digo a cualquiera: la izquierda democrática y liberal. Se que esta opción es muy dificil también cuando, en frente, lo que te encuentras es una derecha pseudo-franquista y católica tridentina, que emponzoña todo lo que es el arte de la política democrática. Y aunque traten de ocultarlo no lo pueden evitar: corre por sus venas la Contrareforma dictada en Roma. Y enseguida les aparece. Pero esto será mientras sigamos en la gerontopolítica. Muchas veces dudo que los españoles estemos preparados para la política y hará falta alguna generación. Soy de los que piensan que el deficit democrático en este país es debido a razones históricas. En especial la falta de formación y espíritu crítico, que solo puede ser ofrecido por una "educación pública" de calidad. Esa educación pública siempre ha sido deficitaria por el interés de los grupos de Poder en ella. Creo que en este país no existe democracia por muchas y fundamentadas razones, entre ellas: 1) Se transitó desde una dictadura que justificó un regimen pseudofascista donde la Iglesia buscó "un Jefe" que defendiera sus intereses y privilegios. Resultó ser Franco, un títere de la Iglesia. Desde ese regímen se montó la Restauración Borbónica a su muerte. Un regímen regímen que trató de justificar lo injustificable: el monopolio de la Iglesia en el Poder. Un militar, El caudillo, llegado por la gracia de Dios, que les proteja de sus enemigos, muchos y variados: Todos aquellos que quieren que no manden los jerarcas eclesiásticos medievales, los señores feudales y los curas: los únicos en aquellos tiempos ignominiosos con voz para ofrecer mitines políticos en sus sedes. 2) la tradición católica, por tanto, tratando de ejercer el Poder político, satelite de la Iglesia Apostólica de Roma, contamina en todos los mecanismos de Poder, en España, a través del Opus Dei, y la educación concertada y religiosa, y la Acción Católica, el Partido Popular, para manejar los hilos del Poder. La transición se hiló por ellos, para no perder los privilegios seculares. El PSOE es una "izquierda" que acepta que la Iglesia se inmiscuya en la Sociedad Civil. Una Sociedad Civil que nunca podrá ser libre mientras la Iglesia mantenga privilegios económicos y sociales como aún mantiene. La actual democracia se formó a través del reparto de Poder entre los Jefes de Partido, la clase política, que pactaron, y trataron de montar un regímen jurídico sin división de poderes. Un grupo de políticos oportunistas, buscando cuotas de Poder, montaron el chiringuito. Todo supervisado por la Iglesia, pendiente de no perder privilegios y Poder, sobre el que hubiera saltado en caso de haberlos perdido, opositando de frente y amparandose en un supuesto "orden" contra aquellos que quisieran desposeerles del cetro. Con el OPUS situado en todas los engranajes del PODER: Iglesia, ejército, monarquía, educación, prensa y medios de comunicación y judicatura: los hilos sobre los que pende el sistema. 3) La educación como lugar de intereses políticos. Hasta que la educación no sea pública, no habrá democracia en este país. Ese es mi pensamiento histórico-político. Otro déficit de la democracia española: el oportunismo político sobre el que se monta. Así que mi verdadera asa política es la que defienda "la educación pública", y que no financia a un solo colegio religioso. Si este país, y este sistema, se mantiene por el apoyo que hace la Iglesia de él, porque no le toca en sus privilegios, en especial la educación, el sistema no es democrático.
JESUCRISTO
Puedo admitir que Jesucristo fue una persona admirable, según cuentan las única fuentes que nos ha dejado versión sobre sus hechos. Y eso que solo fueron ellos los que coparon "la verdad" sobre su figura. Jesucristo sufrió una muerte injusta. Era un hombre del pueblo, humilde, obrero, que se reveló contra los utraortodoxo y ultrareligiosos fariseos. Los fariseos cobraban por el degüello de los corderos y montaban un monopolio de tenderetes a las puertas de los templos, de los que obtenían pingües beneficios y con los que se hacían suntuosos trajes. Por eso jesuscristo los llamó, con razón hipócritas. Todas sus parábolas trataban de desmontar "las verdades" que los fariseos les parecía como única: la de que ellos eran los judíos que mejor conocían la Ley. Jeuscristo se reveló contra ellos y murió. Sus seguidores se organizaron: Jesucristo era un hombre bueno que murió injustamente. Se fueron por el mundo a contar los hechos de esa injusticia. Como no había periódicos, decidieron dar a conocer su inusta muerte muerte por los caminos. Oíd la historia, contaban por los caminos y vederas de occidente hasta llegar a Finisterre, en Hesperia, de un Hombre ajusticiado injustamente, simplemente por contradecir a los fariseos, esos hipócritas jerarcas del judaísmo vestidos con panoplias y golillas en la cabeza. Por eso, nosotros, sus seguidores, los Cristianos, decímos que el judaísmo no es la religión verdadera. Por eso venímos a dar la Buena Nueva. Que Jesús vino al mundo para señalarnos el camino de la Verdad. Que los fariseos mienten, por hipócritas y fariseos. Que pagando por degollar corderos son se obtiene la salvación. Que el cordero es él, que ha venido a salvarnos de la mentira de los fariseos. Esos que se enriquecen en los Templos. Que Jesús es el único que con razón decía las verdades teológicas sobre Dios. Al final, rodando, rodando, rodando. Se llegó a la siguiente verdad incontestable: Que todos somos hijos de ÉL. Jesus es Dios. Muerto injustamente. En esto que llegaron a Grecia, los cuales creían que el alma es inmortal y oyeron una nueva "verdad" traída por uns filósofos viajeros, llamados cristianos: Que la carne muerta resucitará. Y rodando, rodando, rodando se montó una sacerdotecracia, cuyo centro fue Roma, que se ordenó jerarquicamente para organizar esa "verdad". Durante muchos siglos ese Poder buscó implantar esa "verdad", con pan y hostias; y el que trató de quitarles un ápice de Poder, lo quemaban en la hoguera. En el XIX llegó el materialismo, padre del comunismo, que trató de destruirles. Anatemizó al liberalismo, al comunismo y a todas aquellas ideas que trataban de quitarles el Poder.
A mi todo esto que cuenta la Igleisa plin. Como lo que cuentan los testigos de Jehová, Los Anabaptistas y otras sectas similares.

lunes, 30 de marzo de 2009

Lecciones de la historia: la redacción del art. 26 de la Constitución republicana

Hace mucho tiempo que vengo manteniendo que eso que se conoce como las “dos Españas” se gestó en el siglo XV y XVI: Es la época del Lazarillo de Tormes y del Quijote. También son los tiempos, en Castilla, de la Reforma religiosa y del humanismo cristiano, el Renacimiento, a un lado, de la Contrarreforma, Trento y el Barroco, a otro. Así pues, mientras que en la Europa septentrional, en el norte y centro continental, triunfa el luteranismo, el anglicanismo y el calvinismo como doctrinas cristianas que ponen en tela de juicio el Poder de Roma, en la Europa meridional, lugar de las antiguas provincias romanas donde siempre han sido sometidas todas las herejías, tal movimiento de protesta religiosa ante Poder de Roma fracasa. El caso español es paradigmático: para crear un Estado fuerte y absoluto en tiempos de Isabel y Fernando, los muy católicos, Carlos V y Felipe II, con una misión evangelizadora en el Nuevo Mundo, se convierte en el país que más Teólogos manda a Trento. Trento es el lugar donde se dictan las verdades de fe del cristianismo católico de Roma. A la vez, el erasmismo humanista es barrido del mapa. Los Reyes, para apuntalar su Poder, optan por eliminar la disidencia religiosa, ofreciendo el poder y los privilegio a las órdenes religiosas. Es la españa de los conventos, de la imaginería y de los pasos de procesión. En especial la órden más poderosa: la de los jesuitas, que deben un voto especial de obediencia a Roma. Así, Roma manda sobre los jesuitas y, a la vez, los jesuitas, mediante el procedimiento del cónclave, elige Papa: Habemus papam. Lo que se dirime, por tanto, es una cuestión de Poder y Soberanía: Iglesia y Monarquía se alían. Dicha órden disciplina la enseñanza y se hace fuerte en la educación, tiene un papel muy importante en en la evangelización del Nuevo Mundo y son los educadores de los reyes, los príncipes y rodean al Papa. Aquí una vez más consiste en saber quien tiene más Poder en el Vaticano y, en especial, de los cardenales que elijen al papa, y de las órdenes a las que pertenecen dichos cardenales: pura política. Pura lucha por el Poder para decir y decidir lo que es y lo que debe ser. Jesuitas y franciscanos. La riqueza o la pobreza de Cristo: y triunfa, como no podía de ser otra cosa, la riqueza, las sotanas y la pedrería de gemas preciosas en los báculos y mitras. De todo ello, el interés de la expasión evangelizadora: el Poder de Roma. En Castilla, sin embargo, famélica y muerta de hambre, la influencia dejada por Erasmo es inmensa: Hubo un tiempo en que sus obras, en especial, los adagios, sus comentarios, y su manual del caballero cristiano, - sumamente críticos con la banalización, ritos y costumbres del clero, los frailes y los claustros-, están debajo de las faltriqueras y ocultos en los carromatos. El Lazarillo de Tormes viaja de lumbre en lumbre por los caminos, al igual que la desesperanzada obra de Cervantes. La obra anónima por excelencia, sin duda creación de algún erasmista español, pone a parir a curas, eclesiásticos y frailes, y cuenta como Lázaro explica porqué, buenos son panes, acepta casarse por conveniencia con la criada del señor cura, el cual se beneficia, como el corregidor hacía con la molinera. El Quijote, muestra el desencanto y la tristeza, es una obra teológica, en el sentido de que es la voluntad por las buenas obras las que ofrecen la salvación, y no ningún intermediario ni rezos que valgan. Todo esto estalló tras siglos de dominación de la Iglesia y de inmoralidad manifiesta para con los privilegios consolidados en el primer intento de ensayo democrático en España: la II república. El régimen electoral de la II república, a diferencia del impuesto durante la Restauración conservadora de Cánovas, elige a los diputados por provincias, y no por localidades. Éstas habían sido coto cerrado de "los caciques", el lugar donde los terratenientes meten el voto en los bolsillos de sus analfabetos braceros. El interés sobre porqué fracasa aquel intento democrático en España es el que ha llamado tanto la atención a los observadores extranjeros y, aún hoy día, es de suma importancia: ¿Por qué fracasó la democracia en España?. Muchas han sido las reflexiones que ha respondido a esa pregunta. Algunos hablan de rebelión de las masas. Otros lo llamarán el "miedo al bolchevismo". Por qué no llamarlo por su nombre: miseria, hambre y desesperación. Entre otras muchas explicaciones encontramos una que sirve a modo de ejemplo: La redacción del artículo 26 de la constitución republicana. En ella se precipitan esos siglos de desencantos, sumisión al Poder eclesiástico, Contrarreforma, monopolio de la educación y unión de la monarquía borbónica, esa que consagró España al Sagrado Corazón de Jesús, con el Poder de Roma. Mientras el pan escasea. La redacción de aquel artículo encontró su artífice en la gran capacidad política de Manuel Azaña, aquel ministro de Guerra liberal y burgués que sorprendió a todos por sus conocimientos en materia militar, y que le encumbraría, posteriormente, como presidente del Gobierno. La redacción de art. 26 supuso un ejemplo de talla política y democrática por parte de Azaña y que ha sido muy tergiversada. El problema que se estaba dirimiendo en la redacción del artículo constitucional era un problema político parlamentario, para solventar una crisis de gobierno, de democracia y, repito, parlamentario. La redacción que pedían algunos grupos parlamentarios (socialistas y republicanos radicales) era, aún si cabe, más restrictiva para con el Poder de la Iglesia que la redacción final del artículo, los cuales pedían la total disolución de las órdenes religiosas. La intención de Azaña era conseguir un acuerdo en la cámara, y su memorable discurso, deja desarmados y si argumentos a todos los políticos allí sentados, los cuales en su vida habían visto una talla política tan impresionante. Azaña defiende el respeto a la conciencia religiosa. “Respetando a los católicos la profesión de su fe en los ámbitos que esa fe se asienta y afirmando a la vez la capacidad soberana del Estado” (Juliá). ¿En qué consiste la propuesta que hace Azaña para convencer a Socialistas, Radical-socialistas, Lerrouxistas y republicanos de izquierda? En que la única orden que debe ser disuelta es la de los jesuitas, que depende de Roma, y dejar a todas las demás. La afirmación de “España ha dejado de ser Católica” no significaba que la sociedad hubiese dejado de ser católica, sino que la soberanía, por fin, residiría en el pueblo y, por tanto, el Estado dejaba de ser dependiente de Roma. El Vaticano, recordémoslo, era ya era considerado como un Estado tras los acuerdos de Letrán. Ahí estuvo la clave de tan tergiversadas palabras: El Estado Español, y por tanto España, no podía ser satélite del Estado Vaticano. Desde entonces el intento democrático en España nace herido de muerte. En Alemania era el führer, en Italia "el Duce". El fascismo a la española, católico, busca a "El Jefe" y así llaman a Gil Robles. A partir de entones, por parte de la España medieval y feudal, se hacen todos los intentos por deslegitimar y desestabilizar el primer intento democrático llevado a cabo en este país. La Coalición de las Derechas (CEDA) se organiza con la sola misión de llegar al gobierno para desestabilizar la república, que nunca perdonará la expresión “España ha dejado de ser católica”, proferida por Azaña, en la redacción del art. 26. La Iglesia se organiza con todo su aparato contra el régimen. Aparte de que la constitución les quita en monopolio sobre la enseñanza en las clases medias (las únicas que efectivamente recibían educación) en una España de analfabetos. Eso no lo pueden soportar. La CEDA, JAP, Acción Católica, Carlistas, Falange han sentenciado al régimen, y el art. 26 ha sido el definitivo detonante. Se masca la tragedia. Muy posiblemente, otra redacción del art. 26 de la constitución republicana, más similar al artículo que hoy tiene la CE de 1978, no hubiese desencadenado la tragedia, pero en aquellas circunstancias históricas la redacción del artículo era sumamente compleja: muchos años de privilegios, del Poder de Roma sobre España, y una acervado anticlericalismo soterrado,- en la pugna política entre liberales, monárquicos y conservadores-, puesto de manifiesto desde la vuelta del Fernando VII, apoyado por el clero, y las constantes guerras civiles ibéricas entre la Acción y la Reacción. El art. 26 buscaba la autonomía del Estado sobre Roma. Aquello fue inaceptable. Luego se han buscado tres pies al gato de contenido ideológico sobre las revoluciones de Octubre del 1934, cuando la CEDA trata de llegar al Poder (en una compleja ingeniería política donde los republicanos de Lerroux no son ajenos). El objeto era “salvar a la República” ante un partido que estaba contra ella. Como una vez escuché: la república fue como un gallo moribundo y desangrado que no se resignaba a morir. Que el Estado nacido después de su óbito, despues de la la sangría española, se llamase nacional-católico es del todo lógico. Todo casa. Esa es la historia.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Hombres veraces: Henry Buckley.

Henry Buckley fue un corresponsal del Daily Telegraph durante la Guerra Civil Española que, al poco tiempo de finalizar el conflicto bélico español, escribió un libro titulado “vida y muerte de la república española”. Libro de muy difícil acceso a los españoles y que, por suerte, ha sido editado en España y publicado por Austral, con prólogo de Paul Preston. El libro es todo un homenaje a la profesión periodística y amor a la verdad: recomiendo que acudan ustedes a la librería y pidan al librero este libro que de seguro les marcará (vida y muerte de la república española. Henry Buckley. 1940. Austral. Segunda edición española –la primera es de 2004, la Inglesa de 1940- 10/II/2009). Quiero con esta entrada dar un sentido homenaje a aquellos periodistas que cubrieron la información desde dentro del Madrid sitiado. Este libro rebosa verdad, sinceridad y profesionalidad. Han tenido que ser los historiadores y los periodistas extranjeros quienes mejor nos han ofrecido testimonios veraces sobre aquellos hechos luctuosos; y por ello no dejo de sentir admiración por todos ellos: Gabriel Jackson, con su “República española y la guerra civil”, Thomas Payne, Ian Gibson, el mismo Buckley, Hemingway, Hugh Thomas y otros muchos. Creo que en todos ellos España dejo un profundo poso en su alma. Aquellos corresponsales extranjeros, aventureros periodistas, idealistas, historiadores. desde muy pronto amaron está tierra y a sus gentes, y la comprendieron, y se comprometieron hasta la médula. Todo el agradecimiento que les demos los españoles es poco. El libro de Buckley se lee con el deleite con el que se lee a los historiadores clásicos, los cronistas antiguos, como si de un Anábasis se tratase. Buckley escribió el libro para los lectores británicos, pero es una delicia sin parangón. Cuanta necesidad siempre hay de hombres veraces, cuanta necesidad hay de escucharles y de leerles. Muchas gracias a todos esos hombres veraces. Muchas gracias a todos esos hombres deliciosos y admirables que, parecen, se sitúan a la vera de nuestra mecedora para susurrarnos verdades al oído. Buclkey, Rusell, Ortega.. amigos míos. Sin vosotros el mundo sería insoportable.

martes, 24 de febrero de 2009

Transición y franquismo: le moleste a quien le moleste.


La sociedad española de 1978 no pudo construir una democracia. Había mucho franquista. Y, incluso hoy día, decir eso es pecado. Aún hoy los hay. Y si lo decimos, somos tachados de anti-sistema. Es cierto que la Guerra Civil española supuso un conflicto donde, una vez que el ejercito español y su oficialidad a donde iban a parar los jóvenes de las familias medio altas del país - con la Fuerza que confieren las armas- quiso tomar el Poder, se puso en marcha una revolución. Los que perdieron la Guerra, al menos, tienen el beneficio de la duda. Los que la ganaron, no: impusieron una dictadura militar de larga duración. España, con esos mimbres, no pudo constituir una democracia. Se que a los del Partido Popular les molesta que se lo digamos. Pero es que lo son. Así es.La política es un deber ciudadano. La aseveración parece incontestable. Sin embargo en esa frase se esconden dos palabras complejas, “política” y “ciudadano”, muy denostadas. Detrás de la política se encuentra las redes de poder de la sociedad. La madre del cordero de porqué esas dos palabras se desvirtúan se encuentra en que lo que está en juego de quien, personas o grupos, detente ese poder. Si la forma de organizar el Poder es el conveniente a los intereses de determinados grupos o se hace desde la clase política, no hay problemas. A fin de cuentas de lo que se trataba era de que “todo quedase atado y bien atado”. Por eso eso de que existan ciudadanos se dice con la boca pequeña. Harto es sabido que en determinados regímenes se procuraba que no se hablara de política. El ejemplo del general dictador aconsejando a uno de los que le rodeaban, “haga usted como yo, no se meta en políticas”, es muy conocido. Pero de paso se aprovechaba para decir que un rojo era poco menos que un demonio. Me comentan que hay a personas a las que no les interesa la política. Sin embargo, a la menor ocasión que se les presentan se molestan por lo que escribo. Por tanto, no me parece que sea como dicen. Les molesta por lo que escribo, por estar politizado; pero, a la vez, tienen amigos y conocidos que pegan la bandera española monarquica, la que venía estampada con la Nazi en los aviones que bombardearon ciudades, en los coches. O, sin son mayores, tienen a Franco en la boca. Sí, ya: no se meta políticas, pero con Franco se vivía mejor. A fin de cuentas las opiniones que presento han sido dadas ya por cráneos importantes y conocidos. Las posturas de Trevijano, por ejemplo, son a muy tener en cuenta. Éste siempre ha señalado que “la transición” se pilotó desde la clase política. Que los derechos y libertades ciudadanos no fueron conquistados por la población, desde abajo, si no que fueron otorgados desde arriba. Ya he señalado en otra ocasión como el modelo de transición se elaboró en base al “franquismo sociológico”. Esto es personas que legitimaban el régimen político de la dictadura franquista, principalmente por algunos éxitos económicos a partir de los planes de estabilización de 1959, cuando el Opus y sus técnicos ocuparon los lugares de Poder. El sistema educativo nacional-católico, la censura, la eliminación de disidencia política, como factor de orden público eran otros elementos del “franquismo sociológico”. La idea del padre y el respeto a él, como Jefe de familia. Un modelo de relaciones laborales paternalista, con el Jefe de empresa. Y un Jefe para la sociedad. Es por ello que visto a día de hoy el modelo montado en la Transición deba quedar en entredicho. De lo que se trató es de dar una salida airosa a los dirigentes de régimen para convertirse, de repente, los que había defendido toda la vida posturas antidemocráticas, convertirse en demócratas. Eso no cuadra por ningún lado. El derrocamiento del gobierno de Arias Navarro se debió más bien, a que desde el propio régimen se observó que no era el adecuado para pilotar un cambio donde todo siguiese igual. Alguien que ha defendido un sistema dictatorial, y aún hoy día lo legitima, no puede ser llamado demócrata. Ese modelo de transición y de régimen político montado desde la clase política, en base a cenáculos y pactos, con el fin de negociar la salida política de quienes detentaban el Poder en el régimen franquista, es el que hoy tenemos. Y que explican muchas de las cosas que ocurren. Un ejemplo es el de Partido Popular, donde se esconden muchas, si no todas, de las actitudes de franquismo. Esta es una cosa que les molesta a alguno de los que me leen y así me lo han hecho llegar. Según Javier Tusell 1 de cada 4 obreros industriales del cinturón madrileño votaron al CDS. Partido formado con una parte importante de personas que derivaban del régimen y que no opositaron contra él. Las cifras se disparan si de lo que hablamos es de empleados de empresas del INI, Empresas propiedad del Estado, sobre las que el Opus montó el sistema industrial español. Entender eso es entender, además, el doble régimen de relaciones laborales y de indemnización por despido que existen en la actualidad. Para obreros “conservadores” de sus puestos, con indemnizaciones caras, y todos los demás, los que vinimos después. Ramón Tamames en su Estructura Económica ofrece un interesante estudio del sector industrial español y de las empresas del INI. Sin poder ahondar mucho en la materia, la Constitución Española es un documento no solo jurídico, si no político, donde queda reflejado en acuerdo o pacto de la clase política del momento: políticos del régimen y políticos oportunistas. En él se otorgan unos derechos y libertades desde arriba, y se organizan las cuotas de Poder entre aquellos políticos oportunistas. Así la constitución española refleja la soberanía en las Cortes, y de ella emanan los poderes del estado. Este sistema rompe con el elemento imprescindible necesario para una democracia: la separación de poderes teorizada por los ilustrados (Montesquieu). Lo de que la soberanía reside en el pueblo son palabras bonitas, y que quedan muy bien. Pero quienes mandan son los Jefes de Partido, con el consabido clientelismo, amiguismo, puesto que faltan leyes de partidos que regulen como debe ser la democracia en ello. La asamblea con los brazos alzados entre compañeros no parece democracia. El art. 3 de la CE establece que España se constituye en una “Monarquía Parlamentaria”. Del Parlamento emanarán los demás poderes del Estado. El rey moderará a los Jefes de Partido. El Rey es inviolable. Fue el legado de la dictadura franquista: la decisión de Juan Carlos estuvo tomada por Franco. Entre 1792-1795 el proceso revolucionario francés estableció “La Convención”: Una dictadura de la asamblea legislativa. Obviamos que, sin no existe división de poderes, como ocurre en nuestro país, no existe democracia. La sociedad española de 1978 no pudo construir una democracia. Había mucho franquista. Y hasta hoy día decir eso es pecado. Es cierto que la Guerra Civil española supuso un conflicto donde, una vez dado el golpe de estado unos generales del ejército, se puso en marcha una revolución. Los que perdieron la Guerra, al menos, tienen el beneficio de la duda. Los que la ganaron, no: impusieron una dictadura militar. España, con esos mimbre, no pudo constituir una democracia. Se que a los del Partido Popular les molesta que se lo digamos. Pero es que lo son. Así es.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Ética y política en Manuel Azaña




Una de mis preocupaciones intelectuales es la reflexión filosófica en torno a España. Inicio aquí, en exclusiva, un ensayo sobre la obra ética y política de Manuel Azaña, esperando que sea de interés para todos ustedes, mis vecinos, para quien ofrezco este trabajo de investigación.


MANUEL AZAÑA, ÉTICA Y POLÍTICA DE UN REPUBLICANO, UN INTELECTUAL Y UN BURGUÉS

Nació Manuel Azaña en una casa espaciosa, con grandes balcones de acero y cristal, que daban a la calle de la Imagen, en Alcalá de Henares. Una típica casa burguesa en una típica casa complutense: con su zaguán de entrada, que administra el paso a los patios interiores que sirven para dar luz a las estancias. Son las casas de la vieja Alcalá un tanto monacales, unas repúblicas para la reflexión interior, con esos patios empedrados. La de Azaña no era menos, y aunque su fábrica era propia del XIX no así su trazado, más propio de del XVII. El Diseño urbanístico complutense no es comparable a ningún otro: de materiales pobres, ladrillos del Zulema, y poca y mala madera (No así la de Azaña, toda una casa construida por ladrillos nuevos): las viviendas se encuentran en simbiosis con las calles. Las calles se trazan a cordel: son largas, espaciosas, apetecibles para el paseo sosegado. Los cánones renacentistas, clásicos, dictan que la altura de las casas sean igual a la anchura de la las calles. Quiere esto decir que la vieja Alcalá se planificó funcionalmente para albergar en ella una auténtica ciudad universitaria, nacida al efecto, y no como extensión del colegio catedralicio. Esta largura de las calles, esta racionalidad funcional, según los cánones de Vitrubio, hicieron que en el XVII se entablara una feroz lucha por comprar los terrenos mejores para colocar los barrocos conventos y, así, en perspectivas similares a la pintura, dar fin a cada calle importante, a cada cruce, con una cúpula, un espadón, un campanario. La batalla por los terrenos urbanos fue feroz: se trataba de mostrar la religiosidad al exterior de la calle, para mostrar quien manda más y quien más puede. En pleno corazón complutense nació, vivió, escribió y se formó en Joven Manuel Azaña. Servía su casa como espacio de recogimiento y, por tanto, un tanto monacal. Pero al punto que ponía sus pies en la calle los telones y fachadas de los conventos de Trento asomaban en calles y plazas. Anduvo Manuel Azaña por toda la calle del comercio, hoy soportalada y llamada mayor, hasta la calle de los libreros, lugar donde, en cada esquina se colocaban las tiendas donde los estudiantes, con sus manteos, compraban El Quijote, o, perdidamente, El Lazarillo, o alguna obra prohibida de Erasmo. Como ese magnífico los Silenos de Alcibíades, que pasaba de mano en mano, de manteo a manteo, junto al broquel y el arcabuz escondido, y donde se ponía a parir, literalmente, a los príncipes, magistrados, obispos y monjes de la Iglesia, los cuales habían confundido las riquezas, la estirpe y los bienes corporales con los valores cristianos. En la calle libreros hubo una imprenta, de las más importantes de toda Europa, donde sus máquinas escupían vertiginosamente toda la obra de Erasmo, traducida a la lengua vulgar, que por entonces, empezaba ya a ser muy rica –como lo muestra la gramática de Nebrija, profesor viejo de Alcalá-, para difundir lo que se llamó posteriormente el humanismo cristiano. Manuel Azaña, se crió, por tanto, en esas calles donde pugnaban dos Españas: la humanista, la cisneriana, la que propugna la vida cristiana, la de los príncipes de la paz y la de la Reforma, por un lado; y la de Trento, la monacal, la conventual, la que propugna el valor del Poder terrenal de la jerarquía eclesial sobre la tierra: la contrarreforma. Añaza conoció la derrumbada moral de la ciudad siendo un neófito intelectual que pateaba aquellas calles pobres. El casinillo, construido recientemente, y en el Paseo de la Estación, eran sendos ejemplos de los cambios necesarios que la burguesía podía llevar a cabo. Posiblemente viera Azaña que la manera de regenerar la vida social y política de su país fuera la de aquellos burgueses. Sin embargo veía, como Ortega, que la Política estaba copada por los que tomaban café en el casinillo decimonónico de la Plaza de Cervantes, con sus retorcidos bigotes; como esos príncipes de Salina Gatopardianos, , pero, cortos de miras y caracterizados por la inepcia, eran incapaces, ni tan siquiera, de mover los hilos para que todo cambiase para que todo siguiera igual. Aquella fue la infancia de Azaña, en el ambiente regeneracionista, la filosofía de Krause, la crisis finisecular. A la vez Pio XII condena el materialismo, el liberalismo y el socialismo. Se masca la tragedia. ¿Qué influencia tendría la vieja Alcalá para su postura intelectual, ética y moral? Esa es la pregunta que trataremos de responder aquí.
LA CALLE DE LA IMAGEN Y EL PENSAMIENTO ÚNICO
Nació Miguel de Cervantes Saavedra en una humilde casa alcalaína. La que hoy se muestra como casa-museo natal sirve para ver como era una casa acomodada del siglo de Oro, pero nada más. La casa que se visita bien podía ser la del caballero del Verde Gabán, pero no es la de Cervantes... ni la de Don Quijote. La verdadera casa, esa sí, donde Miguel nació está situada al lado de la que se exhibe. No colindante, pues entre medias queda la calle de la Imagen. Esta casa es conocida por los alcalaínos como "Casa de la Calzonera". Documentos hay que atestiguan que era propiedad de los Cervantes en aquella fecha; como hay documentos, gracias a Trento que obligó al efecto llevar anotados los bautizos, de que Cervantes fue bautizado en la capilla del Oídor. También que el propio plumeador, en documento escrito de propia mano, se define como alcalaíno. Esa discusión hace tiempo que quedó zanjada, y todos los cervantistas la dan por sentada con unanimidad. No es a eso a lo que quería referirme. De lo que quería hablar era de esa casa con la cual "la de la Calzonera" es vecina. Es esa otra casa, como digo, de singular importancia. Una casa burguesa y decimonónica, que rara vez no estaba llena de pintadas politizadas de todo tipo, donde nació otro españolísimo. Quijotesco, vilipendiado, ultrajado y maldecido: Don Manuel Azaña. Presidente de la II República española. Es la "calle de la Imagen", en honor al convento de las carmelitas, una singular vía española. El visitante que acude los domingos a Alcalá no suele advertir su importancia: sin embargo, pocos saben lo que laten esos 70 metros que van desde la calle de Santiago a la Mayor. En ella laten, otra vez, las dos Españas. En esa calle nacieron Cervantes y Azaña. Santa Teresa de Jesús, la mística, fue priora de un convento que allí se encuentra, en otro modelo de religiosidad subjetiva e individual: para sí. En ese espacio urbano mínimo, a ras de tierra, late una España: la que habla, la que dialoga, la que escribe, la que razona: Cervantes, Azaña y Santa Teresa. Sin embargo, en esa misma calle, queda bien claro quien es el que manda: la cúpula del convento de la Magdalena, que se alza al cielo, cae al medio de la calle, en perspectiva, con una clara intencionalidad. El de imponerse a todos los demás: el Pensamiento Único, los claustros, Trento, la ignorancia, los que rezan y el oscurantismo. El nombre de la calle es sintomático: habiendo nacido en ella Cervantes y Azaña, lleva como nombre la de un convento. Siempre he dicho que para visitar Alcalá de Henares lo que hay que hacer es admirar las perspectivas. Los puntos hacia los que confluyen los ojos. Allí se encuentran las verdades españolas. El oprobio se sitúa a ras de tierra. Todos los intentos por rehabilitar la figura de Don Manuel Azaña, el político burgués, intelectual y republicano, se hacen imposibles. Es por ello que yo, aquí, voy a tratar de exponer su pensamiento político. Hoy con pequeñas pinceladas. Era Azaña un platónico, un español hasta las cachas, que abogaba por ideas que ahora son del todo arrumbadas: El estado laico, la refacción de España, la reivindicación de la civilización y de la modernidad, junto con la reivindicación de lo humano para el español. Los salvapatrias condenaron a una mente preclara, un defensor de las ideas mediante el diálogo, al ostracismo. Mediante soflamas interesadas, medias verdades y mentiras interesadas que tenían como objeto eliminar una cosa: La verdad, la claridad y el diálogo socrático para alcanzarla. La verdadera realidad en la que vivió Azaña era la de una España que no atendía a esas razones, en una de las mayores perversiones que puede sufrir una democracia: que un gobierno posterior no respete en nada lo realizado por un gobierno anterior, en momentos donde el antagonismo se vuelve atroz y los odios se enconan. Pocos eran los preparados para entender a Azaña. Como pocos son los preparados para entender a Cervantes... y al Quijote. La II república se encontró débil desde el inicio: tratar de separar la Iglesia del Estado era inconcebible para los que mandaban. Eran incapaces de entender, y aún hoy lo son, de que la religiosidad, la confesión religiosa pertenece a la conciencia individual; y que, por tanto, la Iglesia y no el Estado debía atenderla. Ese fue el pensamiento de Azaña que las cavernas eran incapaces de transigir. En momentos como el de hoy, 30 aniversario de la Constitución Española de 1978, el oscurantismo sobre la figura de Azaña es aún cruel, y el Pensamiento Único impera hoy, como siempre. Azaña acabó como todos los que tienen razón y dicen verdades: condenados a beber cicuta. Pero murieron buenos, no como otros, que bajo tierra santa guardan sus huesos. Hablar hoy de una república democrática es como poco una aberración, condenando a los que tienen ese pensamiento y esas ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Repitamoslo: Azaña era un burgués, un republicano y un intelectual. Un español y castellano hasta la médula. Una salva para mi compatriotas Azaña, Cervantes y a todos aquellos que han visto la luz de la filosofía fuera de las cavernas.
ALCALÁ DE HENARES LO ESPAÑOL, Y LA CRISIS FINISISECULAR DE 1898
Siglo XVI

Son las calles de la vieja Alcalá de Henares testigos mudos y doliente de lo “español”. De lo genuinamente español: de eso que hierve en las entrañas y que llora apasionado con un niño muerto en brazos, arrebatado por las balas y por el odio. Ya he señalado en otras ocasiones como esta vetusta ciudad cobra significado de nuestra Historia común. Desde el poblado íbero de Iplacea, pasando por el cruce de caminos romano de "Compluto", y la frontera natural que supone la alcarria del Henares a los reinos de Alá. Sin embargo, su esplendor llegó con la fundación de su Universidad, al socaire de los aires culturales del Renacimiento europeo. La clarividencia de Cisneros, confesor de la Reina, hombre de Estado y Regente del reino católico, previó la reforma necesaria del clero ignorante y zafio. Se acudió a las fuentes claras de cristianismo, a los padres de la Iglesia, y la Biblia fue objeto de estudio humano: el “Renacimiento español”, aunque éste no adquirió el significado que hoy se le da y que no se sustasnció hasta siglos más tarde, es sinónimo de Alcalá de Henares . La gran habilidad de Cisneros fue hacer a Alcalá en todo un centro del saber moderno, único en Europa: La teología se estudiaría, a opción del estudiante, por tres vías diferentes: Escotista, nominalista o tomista. Ésto significaría un símbolo de modernidad en un mundo donde la escolástica medieval había quedado recluida al saber de los monjes en abadías. En sus largas calles, tiradas a cordel, en sus corrales, en sus conventos, hasta hace poco descabezados, hierven las dos Españas. La cultura del Renacimiento, de Erasmo, del humanismo cristiano, de la vuelta a los clásicos de Grecia y Roma, a un lado, y la cultura del Barroco, de Trento, de Felipe II, y, otra vez, de los conventos, al otro lado. Ay! , madre Alcalá. Dos Españas que se gestan para hundir sus pies y darse de palos, como mostraría Goya posteriormente. Por las casas de pupilaje, por las repúblicas de estudiantes, por los colegios complutenses empieza a gestarse España: Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Mateo Alemán, Vives, Nebrija, Valdés, San Juan de la Cruz y el cerro de la Vera Cruz, monte desolado con altiplano, que recuerda el monte de el calvario, presidiendo los colegios. La Vera Cruz, lugar del Ecce Homo, nombre como también se le conoce. Alcalá de Henares se constituye, así, como el ideal de la ciudad de Dios, la Civitas Dei, postrada a los pies de la cruz que se yergue al horizonte, como dibujó el Greco para Toledo, se idealizaba en la que sería ciudad universitaria de sus arzobispos. Después llegó El Barroco: los conventos, si los conventos, se alzan sobre el plano complutense y coparon las perspectivas urbanas. La congregaciones tratan de restar poder a la Universidad: La ignoracia, una vez más, puede al saber. De ahí , de ese conflicto, nacerá Don Quijote, que morira sabio y bueno si haber habitado nunca ningún claustro; mientras, en nuestra ciudad, los conflictos teológicos se debaten en sus aulas, así como las relaciones de Poder dentro de la Iglesia y las herejías. Erasmo, Lutero, al principio. Después Jansenio, y su doctrina de la justificación por la fe, contra los jesuitas, congregación de caballeros cristianos fundados por un sopista de Alcalá: San Ignacio de Loyola. En las calle de Alcalá, los estudiantes, con sus manteos donde ocultan las bocas de fuego y el broquel, se dan a las armas reconstruyendo la guerra de las comunidades y en el callejón de peligro, junto a la posada de la parra, a duelo se baten. Empieza a hervir, humildemente, la que será España en esas calles ilustres que ven pasar los tercios del Rey, que paran en los bodegones. La calle de Santiago matamoros, la más larga, se colocará en pleno barrio árabe y la imponente cúpula de los jesuitas se colocará, desde esa perspectica, en el centro de ella, señalando claramente quien manda allí. En otra perspectiva dará sombra a San Idelfonso. La Alcalá barroca ha derrotado a la Alcalá humanista; las órdenes religiosas, más poderosas, compran los terrenos más caros, en un ejemplo de urbanismo religioso, con el afán de que sus torres, pináculos y campanarios sean vistos desde más ángulos posibles. Dinero, Iglesia, Claustros, Poder e ignorancia. Palas Atenea es prohibida. El Guzmán de Alfarache, el Lazarillo de Tormes, el Buscón y la picaresca de un reino de súbditos que se mueren de hambre, para más gloria de un imperial Rey, se gestan en Alcalá.... En una humilde casa, al lado de la que se muestra como tal, la de la calzonera, nace un niño llamado Miguel. De mayor luchará contra el turco, junto a Juan de Austria, en Lepanto, donde quedará manco. Y hará cosas más grandes. Morirá pobre, lisiado... y con los años pasará a ser el mayor Ingenio de las letras humanas, en la obra más Universal del arquetipo español: El Quijote.

1898

1898: Ha quedado Alcalá de Henares largos años a trasmano; a la retaguardia de lo español. Ser alcalaíno, como Cervantes, como Azaña, el patriota republicano, significa ser español hasta la médula, hasta los tuétanos; pero una clase de español algo diferente: un español lúcido, un español consciente de su ser. Unamuno recorrió la ciudad del Henares cuando ella era ya un solar triste, somnoliento, rural y carpetovetónico. Triste, si triste. Las murallas que envolvían la ciudad se caían a cachos y los edificios que fueron Universidad se derrumbaban y desaparecían. Auquellos antiguos colegios esperaban a los estudiantes que, parecía, nunca volverían. Un triste tren, de vez en cuando, pasaba por un Alcalá decimonónico, donde, en una de sus posadas, se recrea “el sí de las niñas”, de Moratín. La desmortización liberal, el centralismo, la eliminación de los viejos fueros condenaron a la ciudad... pero todavía había cosas peores. Alcalá, modelo de ciudad universitaria para el nuevo mundo, en un mundo colonial basto perteneciente a reyes ineptos y de súbditos que se morían de no comer se convirtió en una pobre ciudad rural de edificios ruinosos: como lo fue toda la España finisecular. Una ciudad donde solo mandaban cuatro: el cacique, el cura, el médico y el boticario. Los que se reunían en el casino a jugar al Mus en el Casino, para hablar de regeneracionismo, pero no mover un dedo, en verdad ! Con lo bien que sabe el anis y el Brandy!A lo lejos, desde el cerro del Ángel, se divisa el caserío, que se derrumba, de cúpulas decrépitas, de relojes parados, de torres caídas y espadones sin campanas. Al atardecer, los braceros hastiados de la siega -su única temporada de trabajo- acudían de los campos; y las mejores familias paseaban por la calle del comercio. Las mujeres con sus vestidos de tul, sus encajes, sus corpiños, sus sombrillas y sus monederos colgando, compran roscas de Alcalá en las tiendas y son chicoleadas por los militares de repmplazo que ahora ocupan los hundidos edificios. Los señores, en el casino, aburridos, juegan al mus y, recostados en sus sillones, hablan de política cuales Menéndez y Pelayos: mucha palabra y pocas soluciones para una España que lleva el paso de un carro. La única industria que hay en esa Alcalá que visitó Unamuno es una fábrica de ladrillos, parada casi todo el año. Mientras, los labriegos, los braceros y los obreros sin trabajo están lampando, mientras las viejas que mean de pie, buscan algún gato o rata para hechar al caldero. Se va haciendo de noche. Llegará la noche. Y la tormenta. Las sombras de “el Viso” dejan la alicaída ciudad, otrora brillante, en penumbra. Alguna vez, algún carro, entra en la ciudad a esas horas y un perro en sus calles, empedradas con cantos redondos, ladra solitario. ¿Qué era España en 1898? Se preguntan todos con tristeza. Las viejas monjas en sus conventos, el ejercito acuartelado en viejos colegios que se caen y las putas. En Alcalá de Henares, mi Álcalá, putas, monjas y militares. Nada más quedaba. Alcalá de Henares: reflejo todo de la España toda, que sufre y llora. Las monjas, con sus garrapiñadas, rezan en los conventos. Sus jóvenes sin dinero para pagar su excedencia, también: es el sorteo de quintas, y los ejércitos se baten en Cuba, en África, y en Filipinas, luchando por una España que nadie sabe lo que es ya. Los que fueron subditos del rey de las Españas, se aburren sin nada que hacer, y sus estómagos vacíos, claman por las tierras circundantes muertas con el afán de trabajarlas Las viejas, en el camino de Guadalajara o de Madrid, se calientan vendiendo a algún despistado transeúnte sus dulces almendras.

lunes, 26 de enero de 2009

FRANQUISMO SOCIOLÓGICO Y LAS BASES DE LA "DEMOCRACIA" ESPAÑOLA


Creo que es necesario hacer un análisis sobre el denominado Franquismo sociológico y el modelo de Transición a la democracia. Argumentan algunos que el ataque que se hace a las derechas, recordándoles el franquismo, es injustificado:que ellos no son franquistas, sino demócratas. No somos aquí los que pensamos de esa manera. Son otros los que hablan con añoranza del antiguo CDS, como modelo de partido de “centro”, frente a la derecha, extrema derecha o derecha franquista, y que en último término vino a integrarse en el partido refundado por José María Aznar, el Partido Popular, del cual es su presidente de honor. Este es un ejemplo del florido pensil del franquismo sociológico: se quiere algo que esté bien, de centro. Ni izquierdas ni derechas, para encubrir lo que es cierto: que el centro es derecha. Es una de las formas como el dictador dejó atada la situación política y su filosofía: "haga usted como yo, no se meta en políticas" y "atado y bien atado". Sendos ejemplos de la anti-política. Todo esto merece una aclaración, que aguí vamos a pasar a exponer. Para entender todo esto es preciso entender los mecanismos con los cuales se puso la "democracia" en funcionamiento a partir de 1978. De como el PSOE clandestino entra en el juego de los pactos, y como el PCE clandestino que entra en la negociación eufemística como resultante, a la vez, de ese franquismo sociológico al que llaman consenso; sobre como ese consenso eufemístico se monta, no con el objeto de montar un sistema democrático, sino un sistema político que tiene por objeto perpetuar las fuerzas de Poder que había en la sociedad franquista, creando un sistema electoral donde se reparten el Poder cuatro: el peca, el teca, el checa y el meca. Las bases del franquismo sociológico sobre el que se monta la actual democracia son las siguientes: El régimen surgido tras la Guerra Civil española consistió en una dictadura militar donde el ejército, y no la sociedad civil, impuso el monopolio de la fuerza. Y el control social se efectuó en base a los aliados naturales: la Iglesia, la Guardia Civil y la propaganda. La limpieza política posterior al régimen llevó aparejada algunas actitudes políticas, como el arrimarse a sol que más calienta y el cambio de chaqueta. Una inteligencia habitual de la anti-política: otear el ambiente y buscar la supervivencia donde se vea más claro y más interese, en una respetabe e inevitable opción, dadas las circustancias políticas del regímen. Y lo que se veía más claro, y conveniente, era ponerse a favor de aquel que se obtuviese mayores réditos: Del que ejerce el monopolio de la fuerza y de alabar a que más tiene. Es una cuestión de pragmatismo. Con ello se fue conformando una masa social, a la que llamamos franquismo sociológico, que apoyaba al régimen político. Se lanza con éxito, desde el inicio de la dictadura, el mito de que la república había sido una jaula de grillos. Como efectivamente fue, pero obviando decir que eso fue así a causa de la buena colaboración que hicieron los vencedores del conflicto bélico civil, las derechas, para que así fuese. Las derechas trajeron consigo un gran periodo de estabilidad política, de eso con hay duda: como eliminaron al adversario político, encarcelaron a los disidentes, y la censura, el NO-DO, la educación nacional-católica y la prensa, evitaban la controversia política. Solo había un punto de vista: la de la “democracia orgánica”. Esa estabilidad, esa Paz, era muy querida por los españoles, pues el temor a los conflictos políticos eran justificados. Y la Guerra Civil española muy dolorosa. Tras años de autarquía, y larga postguerra, los españoles tenían un miedo mayor al conflicto fratricida que a la misma hambre. Y bien se valía el régimen en justificar la larga postguerra a la destrucción causada por la Guerra Civil y no a la propia ineptitud de los militares y acólitos que gestionaban la economía. Éstos impusieron un régimen económico basado en premisas comunistas de planificación y control de la economía, controlando los precios, e interviniendo en los mercados. Esa es la explicación del estraperlo: el mercado negro. Posteriormente los tecnócratas se fueron afianzando en el Poder: el Opus colocó a los técnicos en los ámbitos de decisión. Eso hizo que se adoptaran los planes de estabilización de 1959 y se consiguieran acuerdos con los Estados Unidos. La sociedad se trasformó: pasó de ser una sociedad rural a una sociedad industrial, con todas las Oligarquías económicas y sociales ocupando los lugares de Poder. Mientras, la sociedad vio una mejora de la calidad de vida, aunque eran muchos los que tenían que emigrar, tanto al exterior del país como en el interior. Por tanto tres cosas había en el régimen que constituyen el franquismo sociológico, y que son percibidos como buenos por la sociedad: el orden social, la falta de conflicto político, y un crecimiento económico. Crecimiento muy atrasado con respecto a las democracias europeas. Tenemos con ello las características del franquismo sociológico, conformada por amplias mayorías de la sociedad. Pues bien, con esa masa social, con la estructura de Poder habida detrás de ello, las jerarquías sociales constituidas, es con la que se monta lo que posteriormente se denomina Transición. La Transición no es más que continuismo en las estructuras de Poder. Una evolución natural del franquismo. Se monta un pacto, llamado eufemísticamente consenso, para no reconocer que un franquista negocia con un rojo, en virtud del cual los cuatro reunidos en ellas montan un sistema: el actual, al que llaman democracia. Una falsa democracia. El consenso se convierte en un pacto político donde al pueblo no se le pide ni voz ni voto; aunque muy posiblemente el pueblo poco podía decir: estaba cagado y si se le manda votar las guía telefónica las vota. Por ello se monta este instalache que ahora tenemos. El General Franco toma la decisión de que Juan Carlos II sea su continuador. Pero claro, las monarquías absolutas son del XVII ya son cosa del pasado. Lo que está detrás de ello es la Restauración monárquica, y una constitución monárquica: cosiste montar un sistema parecido al turnismo decimonónico, solo que montado sobre una sociedad industrial, dando entrada a los nacionalistas, con un sistema electoral que se monta al efecto. De ahí sale el modelo actual, donde el Poder lo detentan las Oligarquías financieras y las Oligarquías políticas, convirtiendo el sistema en un sistema cerrado. Las Cortes franquistas, directamente, elaboran una constitución política. Una falsa constitución, porque el Poder constituyente no es tal: Las cámaras no se nombraron ad hoc para tal fin, como manda la teoría. No: lo que se trataba era de continuar un régimen. No de hacer ruptura de él, que era lo que se precisaba para constituir una democracia. Así nos colaron un cuento chino: una partidocracia, la clave de la corrupción generalizada, y que beneficiaba al cenáculo que montó este sistema. El CDS se forma por un falangista, Adolfo Suárez, y se llama “humanista cristiano”, una forma muy bella, pero errónea, de decir que son los cuatro besabotas que han estado bien colocados en el régimen tridentino anterior. A lo que sabemos de esto no nos la dan con queso, pues sabemos bien lo que significan los términos. Junto a ese "centro" se crea Alianza Popular, regida por un ex ministro franquista. Lo de Blas Piñar y Fuerza Nueva no cuenta, y posteriormente se disolveran en el seno que corresponda: son los que ahora, como remedo, mandan los mensajes por msm a intereconomía TV. El PSOE y el PCE dejan de ser lo que deben ser, según sus ideales de toda la vida, para entrar al juego de las Oligarquías, y entran en la partidocracia que se quiere montar. Carrillo, después de tantos muertos, represión y cárceles de los militantes, acepta el juego del mundo al revés: acepta la monarquía parlamentaria. Con un sistema así no queda otro que la corrupción. En esa estamos cuando José María Aznar, otro falangista, refunda el PP con las bases del CDS –falso centro compuesto por los bien colocados en las esferas de poder del régimen y sustentado por el franquismo sociológico, como hemos dicho- y el AP. Y toda la derecha en su interior. Así que no se puede decir que las derechas no tengan nada que ver con el franquismo y que ahora apoyan la democracia. Esta "democracia" es una continuación del regímen franquista. Una dictadura de partidos, formada por una Oligarquía política y una Oligarquía financiera situada en cada partido. Y el franquismo sociológico, una masa adocenada -lo siento: es lo que es- situado en las derechas. Y unos "progres" situados a las izquierda. Montando un regímen de libertades, sin libertad política, sin democracia, sin división de poderes, gestionado por una Oligarquía de partidos sin democracia interna. Un sistema de adocenamiento colectivo, de listas cerradas, de disciciplina de voto, donde lo mismo daba que la política la hiciesen cuatro diputados que 250.

viernes, 2 de enero de 2009

Fundamentación laica de la ética: la voz de los oprimidos.


Ahora que empieza el año se hace preciso que reflexionemos sobre política desde un plano ético. No en vano tanto la ética, como la política, ambas, son ramas de la sabiduría práctica, pues trata de extablecer un juicio sobre los actos. Un año este que ha comenzado de la peor manera posible: con los bombardeos sobre Gaza, por parte del ejército israelí. Lo que los “edificadores de lo moral” han olvidado en sus homilías de año nuevo. Quizá porque hay mucho de Dios en tales hechos. Y eso que nos acusan a los agnósticos y laicos de “relativismo moral”. Lo que está bien o lo que está mal puede ponerse de manifiesto, según mi opinión desde el agnosticismo y del laicismo, y no por ello caer en el relativismo moral. Al contrario.

Planteamos la ética desde un espacio occidental de largas tradiciones y olvidamos a los oprimidos y a los excluidos del sistema. Toda ética que no tenga por fundamento, ya no solo escucharlos, sino hacerlos valer y hacerlos partícipes, es una ética a la que le falta algo. La “ética de la liberación” me ha parecido interesante en la reflexión que está haciendo sobre ello. En España Adela Cortina una de las que apuestan por la ética dialógica, la ética del diálogo, basándose en Apel, Rawls y Habermas. Pero poco puede valer el diálogo, como fundamentación de lo moral, si los excluidos, los que no tienen voz, no son escuchados. Cuando fueron las prédicas de Jesucristo, desde las bienaventuranzas, quien dio cabida a esos excluidos. Sin embargo, fundamentemos la moral, además, desde este mundo; sin la participación de los excluidos a la ética dialógica le falta un paso importante: quizá el más importante. Un paso que significa abrir la puerta y, por derecho propio, sentarse en la mesa a todos, empezando por los oprimidos del planeta, de los que pasan hambre, de los que no tienen voz. No sé si es el aspecto, religioso, o judeo-cristiano, un punto de vista para fundamentar la ética. Desde mi postura: El fundamento de lo moral se inscribe en lo laico; es el de sentar y escuchar a todos: y en especial a los excluidos. Y es que, ciertamente, mi postura es la de un laicista agnóstico, aunque reconozco la grandeza de Jesuscristo. Aunque no sé ahora muy bien qué papel juega en esta ética de la liberación, o que papel juega la religión en todo esto, pues parece ser que la Teología de la liberación está unida a esta reflexión. Desde mi postura del “humanismo cristiano”, y la imitación de la vida de Cristo -la erasmista filosofía de Cristo- está más cercana a mis posturas. Aunque aún es pronto para dejar por sentada una postura al tanto: la edificación de un fundamento de lo moral, una filosofía práctica (ética), basada en el diálogo ecuménico entre todos los hombres, donde los excluidos, los pobres, los que pasan hambre, los que sufren el desamparo, los que reciben las bombas… y todos aquellos oprimidos, ya no sólo sean oídos, si no que su postura sea la que prevalezca. Todo lo que no sea así nos sitúa en la óptica del mal. ¿Es posible una fundamentación laica de la ética y que, además, tenga en cuenta a los excluidos, tal y como hace la ética de la liberación? Yo opino que sí.

jueves, 25 de diciembre de 2008

El intercambio (Eastwood). Crítica


Clint Eastwood, un director trascendendental, a la altura de Dreyer, Dresson o Ozu.

Por fin he visto la última película de Clint Eastwood, el intercambio. Una vez más creo que nos encontramos ante una nueva obra maestra, en una película que transita por el género del melodrama, para reivindicar, al poco que se saboree con mayor atención, el aspecto trascendental del cine de Eastwood. Atina, una vez más, el director de Malpaso. Para el público general ofrece un buen producto: una buena película, con un buen guión, unas buenas interpretaciones, un pulso narrativo habitual en su director (contención narrativa de la escena, impecablemente mantenida, iluminación lateral de los personajes, dejando las habituales zonas de blancos y negros) y montaje soberbio (como el paralelo de los juicios), banda sonora acorde “al estilo” del director, que la firma, subrayando los momentos de intensidad emocional con acordes básicos, y que ayudan a mejorar los siguientes visionados del film. Un sensacional vestuario y dirección artística, añadiendo el habitual trabajo de fotografía, como siempre soberbio, que viene dando tan buenos resultados en equipo de Eastwood y su productora. A la vez, como digo, ofrece al público más avisado los elementos trascendentales, que analizaré aquí. El intercambio transita por el género del melodrama, pero en una descripción de la naturaleza del mal, del pecado, en el lupanar que pudo significar la ciudad de los Ángeles en la década de los 20 y 30, en un relato que parece extraído de la novela negra de James Ellroy. Otra parte memorable es la del psiquiátrico.Uno de los personajes más soberbios presentados por Eastwood fue el del “director de manicomio” de Bronco Billy, que estaba completamente loco. Un mundo donde los locos se encuentran fuera. Eastwood recoge parte de esas ideas y rueda unas sensacionales escenas en un centro psiquiátrico, que entronca con la brillantísima “corredor sin retorno” de Samuel Fuller. Es muy posible que si Clint Eastwood hubiese practicado la dirección cinematográfica en los tiempos gloriosos de la revista católica Cahiers du cinema, éste hubiese sido uno de los directores fetiches de la revista, tales como Hictchock, Ford o Hawks. Es Eastwood un autor trascendental. Y “El intercambio” se sitúa en esa calificación. En una historia – un asesino de niños, el rapto de un niño, la corrupción política, policial, la prensa, la mentira…- que se constituye en un McGuffin para contarnos otra cosa, al cine de Theodore Dreyer - “The Ordet”-: la esperanza cristiana de reencontrarse con los seres queridos, el pecado, la redención, la salvación católica de las almas, el bien y el mal. Sé que muchos se sorprenderán de esta afirmación. Sin embargo, para otros más habituados a la crítica cinéfila saben a lo que me refiero. Por supuesto, me refiero al estilo que describió el director y guionista Paul Schrader en “el estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer”. El guionista de Toro Salvaje señaló las siguientes palabras “…el cine ha desarrollado un estilo trascendental, un estilo que ha sido usado por varios artistas de diversas culturas para revelar lo sagrado…en el medio cinematográfico.” Todo este estudio del cine de Ozu, Bresson y Dreyer es asimilable al cine de Eastwood, que cada vez hace un cine más parecido a estos autores. Millión Dollar Baby fue uno de los primeros acercamientos que hizo la crítica a esa idea de trascendencia; sin embargo es sabido que el cine de Eastwood mantenía ese carácter desde sus inicios. El fantasma vengador de “Infierno de Cobardes”, el jinete apocalíptico de “El jinete pálido”, la cruz que se tuerce al inicio de “Josey Walles”, la cruz de “Harry, el sucio” o la famosa secuencia del tiroteo en el campo de futbol vacío - Estilo trascendental que recogió de Donald Siegel –. La historia de redención de “Sin Perdón”, o de autodestrucción de “Bird”, en la senda del mejor cine norteamericano de los 70, y del Scorsese católico, son otros ejemplo. La reflexión sobre la vida, y su dureza, con sus golpes, y la naturaleza de la muerte, que hizo con Million Dollar Baby, vuelven a repetirse en “El intercambio”, uniéndose a los intereses temáticos de Eastwood por la infancia inocente vilmente vulnerada de Mystic River. EL intercambio está completado por escenas sublimes, como la del niño testigo que relata al policía su declaración. Toda una declaración sobre la barbarie humana y que finaliza con el plano de en un cigarro consumido. Sigue Eastwood, por tanto, con su aspecto más humanista, reflexionando sobre las heridas a las personas, el mal, el uso del Poder, la mentira institucionalizada, pero en todo caso, y pese a todo en la Esperanza. Una vez más se hace muy dificil analizar las imbricaciones ideológicas de su cine. Se revela una vez más como un artista que supera ese aspecto. Así, la escena de la ejecución está rodada sin tomar una toma de partido moral y que contiene, más allá del debate moral sobre el contenido ético de la pena de muerte -que ya había tratado en ejecución inminente, y que por ello, parece clara la postura de Eastwood ante, en casos como un asesino de niños, la imposibilidad de "juzgar" tales hechos-, nos encontramos en una reflexión de profundas conviciones religiosas. Más interesante, por tanto, es la reflexión, en esta escena como en la que le antecede, la reflexión sobre “el pecado”, la confesión, y que ésta, la ejecución, no resuelve para nada lo que persigue el personaje de la madre, interpretado por Angelina Jolie: el reencuentro con su hijo. La conversación mantenida entre la madre y el sacerdote presbiteriano, sobre la fe, y el reencuentro con el hijo en el más allá, nos aporta pistas sobre lo que ésto. Así como “la fe” de la Madre, según cuenta al párroco, de que éste continúe vivo. En todas estas escenas se pone de manifiesto el hecho de que la protagonista no juzga al asesino, tampoco pretende la restitución de una justicia terrena en Los Ángeles, como una moderna Sodoma y Gomorra, si no sirve a sus fines: el re-encuentro con su hijo y la Esperanza en ello. La muerte del asesino (culpable) y el niño (inocente) que puede llevar a un incongruente estado de reflexión teológica -trascendental en la terminología de Schrader-. En fin: es Eastwood un director . Un director que, muy posiblemente, sea bien recibido, una y otra vez, en el análisis que hagan de él los representantes religiosos, como bien acogieron Million Dollar Baby

lunes, 22 de diciembre de 2008

Erasmo


Nunca está de más hacer una enconada defensa del laicismo. Desde la jerarquía eclesiástica, compuesta por masculinos sacerdotes, frailes, obispos, sumos pontífices y medios de comunicación hispanos en propiedad –los cuales, todos éstos, se han creído máximos y únicos intérpretes de la verdad revelada -, junto viejas monjas en conventos que ni pichan ni cortan, tratan de dar vueltas sobre el concepto de lo laico. Como si un laico no pudiese ser un creyente, un agnóstico o un ateo. Nada tiene que ver el laicismo con la fe. El laico lo que quiere es que esa patulea se vaya con sus rezos, sus Belenes, sus mentiras y sus hipocresías fuera de los espacios de son todos: el estado. Y si los papás quieren colegios de curas y monjas, y hacer a sus niños miembros de un rebaño, que se lo paguen de sus bolsillos. Hoy, sin ir más lejos, en uno de los medios de comunicación de los prelados y sacerdotes, éstos hombres probos que se han dedicado desde hace varias centurias a la inversión de los valores evangélicos –creyendo que la Iglesia son ellos, ¡como pastores!, y todos los demás ¡borregos!-, hablan de los laicos como “militantes más aguerridos del laicismo” o, repiten más abajo, de “laicismo militante”. ¿Qué pasa les molesta? Pues más nos molestan ustedes, que no dejan de meter sus narizotas en los colegios. Les parece poco los edificios de su propiedad para el culto, los templos, que quieren meternos su moral y sus valores, como si la suya fuera la única verdadera y buena. Cuando todos sabemos que su moral es la del bien comer buenos cerdos en las abadías, per saeca saecolorum. Si por ustedes fuera, aún andaríamos en la Gleba, llevándoles los borregos por nosotros criados. Dejad que los niños se acerquen a mí, decía Jesucristo muy acertadamente. A nadie, que yo sepa, se le impide que lleve a sus hijos a catequesis, ni que estudien el catecismo, ese documento que se redactó en Trento, cuando un grupo de encorsetados teólogos se unieron para decir cuáles eran las verdades católicas: la de sus santos huevos. En vez de imitar a Cristo en vida, van y estos tipejos, mal formados en seminarios de teología, sacristías y rezos variados, y con poca experiencia de la vida - ¡Pero si no saben lo que es el convivir, ni tener hijos, ni criarlos ¿Pero que puede saber un tipo así?!- igualan a los sátrapas en propiedades y lujos, construyéndose suntuosas residencias, o incluso palacios. Vaya un coño de fumata blanca nos quieren colocar. Solo hacer falta mirarlos para darse cuenta de lo falsos, hipócritas y fariseos que son. Era Cristo una persona humilde, nacido en humildes telas y de padre obrero. Eran sus discípulos similares a él. De padres oscuros e insignificantes, procedentes no de los palacios de los potentados, no de la cátedras de los fariseos, no de las escuelas de los filósofos, sino de las oficinas de recaudación y de los aparejos de pesca. Esa era la filosofía de Cristo, que duras invectivas lanzó contra los ultra ortodoxos fariseos, más conocidos en su día como la Conferencia Episcopal de Palestina. Pero solo tienes que mirar a los tonsurados para darte cuenta de que son más laicos que los laicos: si observas, por ejemplo, la vestimenta de los Atapuercas, los que mandan en la COPE, con su flamante vestimenta, su mitra resplandeciente de oro y pedrería, su báculo, cuajado también de gemas, y toda esa panoplia que los cubre de pies a cabeza. Si solo con verles cuando hablan, metiéndose en las cosas de este mundo, ¡Solo con Coco! –les molesta-, mientras se les quedan en las comisuras de los labios las babas, se denotan claro su valor moral ínfimo. Olvidan que la Iglesia es el pueblo cristiano, pero quieren colocarnos su doctrina de la muerte, el pecado y la resurrección a todo Cristo, para hacerse ellos más poderosos y colocar sus posaderas en el Estado, como lo ha hecho secularmente en este país de Dios. Yo creo que lo hacen por si acaso: Como en el otro mundo ellos no mandarían, sino que lo haría Dios Padre, van y quieren mandar aquí, convirtiéndose en lo que son: mundanales politicastros. Se han dedicado a crear reinos paganos, donde resplandecen las riquezas, los palacios, los mármoles y han enclaustrado a las mujeres y a los frailes en inhóspitos seminarios de curatos que se remangan para jugar el futbol. En los monasterios, en los altares, en los claustros no se honra a Jesucristo: A Jesucristo se le honra procreando, teniendo hijos, conviviendo con los amados y familiares ¡monachatus non est pietas! Tanto que hablan de matrimonio: ¡cásense hombres!. Ustedes que tantos lo alaban. Si ustedes, los que van a las misas a persignase y no enteran de la misa a la media, y piensan que eso que allí se dice lo dijo Cristo, cuando, el verdad les digo, que fue cosa de teólogos purpurados, de obispos que nacieron en buenas plumas, y de papas más maléficos que la quina, que no hicieron otra cosa que leer y practicar las enseñanzas de Maquiavelo. Sí ustedes: Saben que los abades y los obispos se dedicaron ex profeso, durante toda su vida, en gastar grandes sumas para comprar títulos nobiliarios, los que no lo eran ya. ¿Saben por qué? Porque su fin era otra cosa: era el Poder. Y todos los demás, los que son como tú, los que son como yo, pegados a la tierra, durmiendo en chozos insalubres de tierra pisada. ¿Hasta cuando les vamos a reír las gracias? Y, ahora, ustedes van y los apuntan a esos colegios, pagados por el estado, donde lo que en verdad tratan es de mantener la oscuridad de sus sotanas por los siglos de los siglo. Vean: El director de esos centros al socaire del Obispo, y sus maestros, a bailarles el agua. Bonita enseñanza va a procurar:la enseñanza del rebaño. Dijo Bertrand Russell: Creo que todas las religiones del mundo -el budismo, el hiduismo, el cristianismo, el islam y el comunismo- son a la vez falsas y dañinas. Con muy pocas excepciones, la religión que un hombre acepta es la de la comunidad en la que vive: por lo que resulta obvio que la influencia del medio es la que lo ha llevado a aceptar dicha religión. Y no que esa religión sea la verdadera. Si uno naciese en una tribu de trobiandeses o de bosquimanos, haría los ritos que en esas tribus se procuran, creyéndolos como verdaderos. Ese es la falsa de toda verdad mágico-religiosa. No otra.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cazador blanco, corazón negro


Con ocasión del reciente estreno de “El intercambio” y, posteriormente, “El Gran Torino” como las nuevas propuestas del octogenario director Clint Eastwood, amén que ya va a empezar a rodar un film sobre Nelson Mandela con Morgan Freeman, estoy publicando una serie de artículos relacionados con su obra. Eastwood ha conseguido un reconocimiento unánime por parte de la crítica cinéfila y cada nueva producción suya se espera como agua de mayo. El caso es que no nos defrauda y, en los últimos tiempos y tras el rodaje de “Million Dollar Baby”, ya no sólo nos regala a sus fans una película, sino que éstas van de dos en dos, a un ritmo de rodaje extraordinario y con una calidad superior. Aquí atrás fue el díptico “banderas de nuestros padres” y la para mi magistral “Cartas desde Iwo Jima”. Adentrarse en la obra de Clint Eastwood se está convirtiendo en un ejercicio cinéfilo sumamente agradable y los comentarios sobre su obra se multiplican, en especial desde que la crítica se rindió a sus pies tras la enormidad cinematográfica que fue “Bird”. Es lógico el interés que suscita la obra de este director, pues ésta contiene un sin fin de posibilidades de análisis. Principalmente porque sus películas son muy conocidas por el público, al que nunca ha defraudado, pero, además, porque su cine comulga con la crítica más exigente, en una difícil confluencia. Por regla general crítica y público suelen marchar por separado. Con Eastwood esto no acontece así, al ser una “estrella” lo suficientemente conocida y a la vez un director de culto, entronizado en los altares de la cinefilia más sesuda. Uno de los principales estudios que se realizaron sobre Eastwood fue escrito por el maestro Quim Casas, pero el tema me parece que tiene visos de ser inacabable. A todos los cinéfilos les encanta hablar y escribir sobre Eastwood. Con ocasión de estos recientes estrenos, la revista “Dirigido Por”, en su último número, 384, inicia un estudio sobre su obra, realizado por Tomás Fernández Valentí. En ese número el famoso crítico considera “Cazador blanco, corazón negro” como una película irregular, aunque no dice que sea mala película, y que está envejeciendo algo peor que otras propuestas del autor menos pretenciosas. En parte entiendo esas opiniones, pero discrepo con él. Hace tiempo escribí una entrada sobre Huston, titulado: John Huston: "filosofía de la voluntad" dentro de una "filosofía sobre la vida", que guarda relación con este artículo. Hemos de recordar que “Cazador blanco, corazón negro” fue una película que recibió muy buenas críticas en su día, en un momento en que las expectativas sobre el cine de Eastwood se habían disparado, y la crítica trataba de otear los derroteros por donde iba a seguir el cine de este director. Todo parecía preveer que iba a más. Bird fue un auténtico mazazo para la crítica, que nunca pudo imaginar el puñetazo de autoafirmación sobre la mesa que Eastwood hizo con ella. Por eso hay que analizar el contexto o circunstancias del rodaje de este film para entender lo que Eastwood nos está contando en ella. Por lo pronto “Cazador Blanco, corazón negro” es un ejercicio de cinefilia por parte del propio Eastwood, que va dirigida a una reflexión meta-cinematográfica. Es por ello que a mucho público que hoy visione la película se le escape lo que Eastwood trató de contar, y que la crítica del momento, muy entusiasta con Eastwood, tenía muy presente. Es por ello que, como señala Valentí, otras propuestas menos pretenciosas del director estén adquiriendo con el tiempo una mejor consideración. Opino que esas otras propuestas, ciertamente, están envejeciendo muy bien. Pero ello no quiere decir, en mi opinión, que “Cazador blanco, corazón negro” haya bajado en consideración. Por lo menos para mí, que sigo considerándola como una de sus muy buenas obras – Ruta Suicida,Bronco Billy, Infierno de Cobardes, Fuera de la Ley, Impacto Súbito, Jinete Pálido, Medianoche en el Jardin del Bien y el mal…-, aunque no en sus obras mayores – Aventurero de medianoche, Bird, Sin Perdón, Los puentes de Madison, Mystic River, Million Dollar Baby y Cartas desde Iwo Jima-. Los comentarios sobre Cazador Blanco, corazón negro los haré en la entrada siguiente.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Historias de Alcalá de Henares: "El Empecinado" y la batalla del Puente del Zulema


La ciudad de Alcalá de Henares guarda magníficos tesoros escondidos. El viajero que la visita puede quedar desconcertado, al esperar encontrarse una ciudad monumental más impactante, al estilo de otras con mejores piedras, aunque quizá no tan sabias. Pero no se dejen engañar por ello, la vieja Compluto tiene que ser leída entrelíneas para advertir su munificencia. El siglo XVI y XVII marca su época de esplendor. De ahí, hasta nuestros días, presenta una constante humillación, que la lleva a la destrucción de sus honrosos ladrillos de humilde fábrica. El siglo XVII es el siglo de las luces, de la Ilustración, y la vieja Teología, en otros días luz de la verdad católica, ha quedado ciertamente anquilosada. El siglo XIX comienza con una guerra incruenta que destroza los edificios de la vieja ciudad, vituperando los cálices y quemando las reliquias viejas de los templos, que arden por el desdén con que el invasor trata a todo lo que representa a un viejo mundo, anciano y caduco. En el puente del Zulemael Empecinado” tiende una trampa al francés. En las arcillosas cotas, donde hasta hace poco se encontraba el polvorín, se emboscan los valientes españoles, muy goyescos ellos, con sus pañuelos en la cabeza, y parapetados con algunas bocas de fuego de algún alcance mayor. Una escasa artillería, pero hábilmente colocada. El conocimiento del terreno es esencial. La cuesta del Zulema puede convertirse en una trampa mortal para las tropas de Napoleón, adiestradas, bien armadas y disciplinadas. El requisito imprescindible es la sorpresa, la táctica de guerrilla y el golpe de mano. Los españoles son bravos, tercos y brutos. Con los huevos bien gordos. No aceptan que unos soldados que hablan idiomas que no son cristianos ocupen las que hasta ahora eran sus ciudades, se instalen en sus templos y quemen sus reliquias. Para hacer eso ya están ellos. Lo que más les molesta es que les vengan a decir los franceses como han de ser los españoles y María Santísima. La madre que los parió. En Alcalá de Henares siempre ha habido religiosos, clero, monjas y estudiantes. ¡Qué se han creído estos franceses! El día que despierta es magnífico. Las tropas francesas, compuestas por infantería, artillería y caballería, salen ordenadas de la ciudad por la puerta del Vado, en orden y disciplina, como corresponde a un ejército que va a luchar con otro en llanuras bastas. Los cañones son tirados por mulos de carga y los soldados llevan sus mosquetes al hombro. Este ejército está acostumbrado a otro tipo de batalla diferente al que, en breves minutos, se van a enfrentar a orillas del Henares, contra un enemigo fiero, organizado como una pequeña partida de facinerosos y hábilmente colocado sobre el terreno. Máxime cuando el golpe de mano comienza por sorpresa. La sorpresa. “El Empecinado” tiene una vital información, que muy probablemente haya obtenido por algún o alguna espía de la población. En una población donde todos son espías. La infantería francesa saldrá temprano de Alcalá, dirección a las agrestes llanuras que al otro lado de las cotas del Henares se avizoran. Pero para eso hay que subir la cuesta del Zulema, por un terreno escarpado y peligroso. Un buen lugar para una emboscada. Hacia un lado se sitúa el monte del Viso, con su plataforma trapezoide. Al otro lado la desolada cumbre del Ecce Homo, el cerro de la Vera Cruz, que volverá a ser testigo de una batalla contra los infieles, o los ateos, lo mismo dá. Los bravos guerrilleros españoles nada saben de que ese cerro fue testigo de un milagro reconocido. El de la Vera Cruz, cuando fue tomado el castillo del árabe, el Qal,at ab salam, frontera de la cristiandad. Eso por ahora les importa poco. Odian al francés, que les roba la comida, y a su puta madre. Tampoco saben que en esas cuestas y cotas arcillosas, que bien sirven para esconderse había sido descrito por Cervantes en el Quijote. La escasa artillería del Empecinado solo tiene una función: destruir el puente que cruza el río Henares. Una vez que todas las tropas lo hayan cruzado, si el puente cae, solo habrá una manera de huir del campo de batalla: a nado. Un grupo de facinerosos se haya escondido tras los juncos del Henares y tendrán la misión de colocarse en esa orilla del río una vez que el puente haya sido destruido. Cada franchute que cruce el cauce será degollado ipso facto, en esa explanada donde hoy hay unos columpios para niños. Lo importante es actuar, como he dicho, por sorpresa, con habilidad y con rapidez. La consigna de "el Empecinado" es que hay que imposibilitar que los batallones se organicen, se coloquen en orden cerrado y en línea de a tres. El escarpado terreno les va a imposibilitar la maniobra, y antes de haber sacado la munición, o de haberse colocado en hileras, habrán muerto muchos de ellos. El enemigo con el cual se van a enfrentar, aunque escaso en número, es invisible y se conocen los recovecos de la cuesta del Zulema, muy arbolada y llena de taludes y quebradas. La batalla está ganada de antemano y “El Empecinado” se muestra como un gran táctico, a la hora de colocar a sus huestes. Las cuales no sienten enojo alguno en abrir el cuello a cuajo de los franceses, como se hace con los cerdos, ni de entrar en el cuerpo a cuerpo, profiriendo grandes gritos de “!Mecaguenvuestraputamadre! !Hijosdeperra! y !Lamadrequeosparió!” cuando el humo de la polvora haga invisible el terreno. Silencio. El último soldado francés pasa por el puente. Acaban de perder la batalla. . Las andanadas sobre el puente del Zulema son certeras y dejan desconcertados a los franchutes, que en un pedir de boca reciben una lluvia de fuego, disparada por un enemigo invisible que les recibe por todos los flancos. Antes de descolgar sus armas de los hombros ya han caído muchos. Una segunda andanada consecutiva, por tener el mosquete cargado y el cañoneo de la artillería, esta vez sobre el terreno, les impide la capacidad de maniobra. Al francés solo le queda una opción: huir por entre los cerros y los árboles en desbandada y en desorden. En pocos minutos un ejército de muchos hombres ha sido derrotada por una pandilla de valerosos patriotas, que unidos en grupos reducidos de dos o tres paisanos, no va a dejar a un fracois de la patrí con vida.

martes, 16 de diciembre de 2008

Bird: Una enormidad cinematográfica


Es tiempo de que empiece a zanjar algunas deudas en este blog y de que aparezcan los verdaderos intereses del que esto escribe. Hace poco escribí una entrada sobre el cine de Clint Eastwood. Me ha parecido conveniente, en estos momentos, ir desgranando la filmografía de este autor, pues tengo una deuda pendiente con él. Y no es una deuda de sangre: es una deuda de amor. La imagen de Clint Eastwood que mantengo es la imagen de un señor con poncho que ocupa toda la pantalla de un cine de pueblo. De mi pueblo. En la pantalla: El árido Desierto de Tabernas, la música de Ennio Morricone y el gallinero de un cine valxeritense. Creo que sin Eastwood, sin aquel cine de pueblo y sin la “sesión de tarde” de los sábados yo hubiese sido otra persona diferente a la que ahora soy. El Cine, por aquellas fechas, solo continuaba siendo Cine y magia en los cines de pueblo. Como Cine mayúsculo fue los que vieron el estreno de Bird, la película de Clint Eastwood que relata la vida de Charlie Parker, apodado Jazzbird, creador del Bebop junto con el trompetista Dizzy Gilliespie. Hoy me imagino el impacto que debió causar aquella película entre la crítica cinéfila que la visionó entonces (1988). Yo, en aquella fecha, era aún un niño dentro de una crisálida, a punto de metamorfosearse, y disfrutaba más con las películas de Spielberg. Aún hoy lo hago. Muy posiblemente por entonces no hubiera sabido yo paladear un vino de crianza gourmet, como el que nos presentó Eastwood con esta película. Un cine hecho con mimbres de sibarita y realizado por un viejo cowboy. Me imagino, como digo, a aquellos críticos que habían puesto a parir a Eastwood. Eastwood, hasta entonces, era considerado por ellos como una “estrella” rancia de cine patriotero, creador de las sagas de policías fascitoides –ahí es nada- que nos inundaron en los 80. Cuando visionaron aquel film de Eastwood me imagino que se frotarían los ojos y se les desencajarían las mandíbulas, abriéndose anodadadas, durante toda la proyección. Al día siguiente volverían los críticos a la sala todavía estupefactos para cerciorarse de que lo que habían visto era verdad. Y, queriendo no queriendo, se les volverían a abrir las mandíbulas por segundo día consecutivo. Por fin al tercer día empezarían a degustar del vinazo que les puso sobre la mesa un cineasta que, sorprendentemente, iba madurando ¡y de qué modo! Disfrutaron ya no como soumillers, sino como auténticos amantes de Cine, enamorados, en los gallineros, de esas imágenes que se proyectan en las pantallas de los cines de pueblo. Bird no es una película de cine tan solo: es una enormidad cinematográfica. Un monumento a todo lo que es Cine. Y si se conoce la uva de donde proviene, es un placer para los sentidos cinéfilos. Siempre digo que las películas no se valoran por las emociones y sentimientos que causan tras su proyección. A las películas hay que dejarlas reposar, que queden en el recuerdo del paladar. Aún así, hay películas, como ésta – Toro Salvaje, de Scorsese, Senderos de Gloria, de Kubrick, o Trono de Sangre, de Kurosawa, también –, que son mazazos. Puñetazos endoplasmáticos. Explosión de sabores y de emociones. “El aventurero de medianoche”, para mí otra obra maestra, había pasado desapercibida y “el jinete pálido” recibió buenas críticas, por el tesón terco que mantenía este señor por seguir rodando Westerns, un género muerto y enterrado, y además seguir diciendo algo sobre ellos. Con "Sin Perdón", de la que escribiré otra crítica, remató al fantasmal y endemoniado moribundo. El “fuera de la ley”, un western pacifista, iba dejando un buen recuerdo, al ser recordada como una especie de “Caravana de paz”, muy fordiana. Lo que nadie se esperaba es que Clint Eastwood fuese capaz de rodar una catedral cinematográfica como es Bird. A Clint ya se le iba respetando en los mentideros de Hollywood como algo más que "una estrella". Pero con Bird la crítica fue unánime, aquí en Europa y, allí, en USA. Ésta fue una película rodada no para masas de consumidores de palomitas, como luego diría Eastwood en “cazador blanco, corazón negro”: fue una película hecha para cinéfilos empedernidos. Por aquellas fechas nos acababa de dejar uno de los últimos directores clásicos que aún quedaba vivo, John Huston. El cine clásico desaparecía, o casi, con su óbito. Ya no quedaba nadie de los de antes. Huston, por fin, al fin de sus días había rodado su obra maestra. Para muchos, como para mí, su única obra maestra: “Los Dublineses”. La escena final de “Los Dublineses” es una conversación entre un hombre y una mujer, un marido y una esposa, que no se aman, y que rememoran un amor de juventud que no tuvieron. La “puesta en escena” de Huston aquí, en estos 7 minutos, es magistral. Después llega el mazazo final del film: un epitafio escrito por el propio Jhon Huston para su tumba, que no pudo ver estrenado el film. Huston dió un golpe de gracia: no estaba en la sala pero lo parecía. Igual que los personajes muertos de su película. Eastwood recoge esos 7 minutos y, con esos mimbres, crea un monumento narrativo de 3 horas sobre la vida de un saxofonista de Jazz, un músico hipercreativo, adicto a las drogas: uno de los grandes músicos del siglo XX. Charlie Parker, un músico negro casado con una mujer blanca y amigo de un trompetista judío blanco. ¿Eastwood facha?. Bird es constituye, así, en un homenaje no solo al cine, sino al arte, a la música, a la vida, a la amistad, a la muerte, a las razas... Charlie Parker es el creador de un estilo infernal al hilar notas musicales: colocando notas imposibles en lugares nunca antes puestos. El “bebop”, el jazz de “after hours”, tocado por músicos aburridos del Swing en tugurios neoyorquinos en la calle del Jazz. Bird, el film de Eastwood, recoge esa puesta en escena apabullante con la que finaliza los Dublineses, y como puñetazos cinematográficos, coloca las escenas en lugares nunca antes colocados, en elipsis y contraelipsis. Eastwood, como hizo Visconti para la Ópera en “el Gatopardo”, escribe Jazz, bebop, con los planos, en una escritura cinematográfica jazzistica. Cada plano de esta película se sale de la melodía trillada de los “Biopic” –las biografías- para convertirse en unas notas, aparentemente improvisadas, en infernales riffs de Jazz y de vida. Si los Biopic -las biografías - suelen ser un cúmulo de puntos algidos de la vida rutilantes, Eastwood, con ésta película, hiende su bisturí en los intersticios, en las entrañas del personaje. Cada plano se convierte en vida y, a la vez, en metáfora del personaje y su creación musical. Ya no solo en una metáfora de autodestrucción sino, a la vez, de creación. Brutal Jazzbird. Posteriormente Eastwood hizo un homenaje a John Huston, en “cazador blanco, corazón negro”, y la crítica hacía reverencias, como pingüinos, al paso de Eastwood. Gracias Clint.