
En las cálidas noches valxeritenses, junto a las frescas gargantas durante el estío: No nos hemos sumergido en los profundos y oscuros recovecos del alma humana. Plácidas, cálidas: noches valxeritenses. Bitácora.
martes, 18 de noviembre de 2008
Vuelve Keynes

sábado, 15 de noviembre de 2008
Reflexiones sobre “lo de Bolonia”: misión de la Universidad.

He estado comentando en otros foros mis reflexiones sobre lo que ha venido en llamarse, en el ámbito estudiantil, “lo de Bolonia”. He de señalar, para quien no lo sepa, que las entradas de mis noches valxeritenses no nacen, de modo expreso, para ser vertidas en ellas. Por regla general son fruto del debate en otros foros. Suelen ser una parte de mis reflexiones. Soy de los que considera, con Ortega, que cuando se habla se habla de “uno” para “otro”, y que ese “otro” varía según las “circunstancias”. En este caso el debate se establece con Marcos Santos Gómez, profesor de la Universidad de Granada de filosofía de la educación, al cual agradezco sus intervenciones. Por tanto, con el fin de recoger lo que digo, y pienso, en diferentes sitios idee este blog, para que no quedara perdido lo que escribo por allí. Al tanto de “lo de Bolonia”, extracto lo que sigue: Estoy pez sobre “lo de Bolonia”, por ello leeré: a ver si me aclaro algo. Ahora bien, antes de saber algo sobre esto que los escolares cuentan de ir a la huelga, y al preguntarles sobre por qué motivo, te espetan: “por lo de Bolonia” , y se quedan tan panchos, reflexionaré sobre la Universidad y el espíritu crítico y el fundamento moral para participar, o no, en dichas movilizaciones. En especial argüiré sobre que sobre “el espíritu crítico”, y el poco fomento que se hace de él en numerosos lugares: la Universidad entre ellos. Aunque agradezco que haya profesores, como es el caso de Marcos Santos Gómez, que así lo hace. Esto de no darle a la cabeza de un modo adversativo, y crítico, entre los jóvenes me está resultando, a mi particularmente, bastante molesto: máxime si el lugar donde debería hacerse no se hace. Yo llegué a una conclusión, posiblemente equivocada, que consistía en que en la Universidad no se enseña a pensar. Pensar consiste en tener espíritu crítico: leer para contradecir lo que se lee. De hecho así se ha desarrollado la filosofía. Es cierto que doy por hecho que una vez, en los departamentos y tras las tesis doctorales, si se empieza “a pensar”, y en grado sistemático, gracias, creo yo, a que se escribe. Animar a los alumnos a leer, pero sobre todo a escribir, es uno de los mejores ejercicios filosóficos que se pueden hacer. Este de los blogs es una buena manera, pues copia el modelo filosófico de pensamiento: el diálogo. Aunque adaptado a nuestro mundo. La crítica que sostengo es que a “los alumnos” de un modo genérico – y por regla general- no se les incita a pensar: a contradecir lo escrito o pensado por otro. Se exponen sistemáticamente las ideas por alguien expresadas y, después, estas ideas se deben volcar a un examen escrito que suelen ser una birria. No sé qué dirá Bolonia sobre esto, ni como se adaptan a la barbaridad que supone no crear espíritu crítico y, en especial, las ganas ingénitas de saber sobre el todo en general, y no sobre cosas en particular tan solo. Porque esto del “pensamiento único” tiene relación con esto que digo. Por mi pasada experiencia advertí como alumno que la Universidad se machacaba a aquellos alumnos que son incapaces de memorizar textos, pero que sí eran capaces de ponerlos a parir, argumentando contra ellos con razonamientos interesantes. Uno de las obras que trataron sobre la educación universitaria fue “Misión en la Universidad” de Ortega y Gasset; sería interesante debatir como esta regulación de Bolonia se adecua a lo que Ortega señalaba allí y en otros escritos. La “barbarie de especialísimo” fue una de las reflexiones más conocidas de Ortega, en ella argüía contra la formación en “especialidades” cual daba lugar a especialistas que saben mucho sobre muy poco y que no saben nada sobre todo. Eso era, según Ortega, una barbaridad que daría lugar, ante la falta de “Universidad” en el conocimiento, que las opiniones sobre todo fuera hecho por bárbaros especialistas. Es el mal de una Universidad sin humanidades y, vaticinaba, la sociedad gobernada por las masas y, en último término, por los necios. El caso de Bush puede ser paradigmático, como en otro tiempo fueron los Lenin, los Hitler o los Mussolini. Pero es que lo que debemos negarnos de redondo es a cosificarnos, como nos enseña Kafka, y ser engranaje de una sociedad funcional. Las relaciones de Poder tienen mucho que decir sobre porqué este problema, llamémosle así, que en la Universidad se produce. Yo no se si Bolonia tiene en cuenta esto, o si promueve el barbarismo o, en cambio, defiende una “Universidad” que sea tal y no “particularismo”. Y el tipo de personas que va a formar. Una Universidad que rechace el humanismo va aviada. La película de Robert Wiene, el Gabinete del Doctor Caligari, es muy esclarecedor sobre todo esto que hablamos, porque supone una reflexión sobre “la verdad” y sobre “la manipulación”. Después de leer algunos artículos de periódico sobre “lo de Bolonia”, comento los siguiente: La “libertad” y “el libre pensamiento” son una de las más difíciles actitudes de los humanos. Puede parecer fácil, pero sabemos, de verdad, que no lo es. Este es un privilegio de muy pocos -pero que muy pocos- escogidos. Uno de mis libros de mesilla es Introducción a la Pedagogía de Fritz Martz. Esta autor señala, poco más o menos, que el objeto de la educación es “la libertad”: la trasformación de los que aún no son libres en libres. Bellas palabras. Los Antropólogos culturales han estudiado como la “Universidad” se constituye en un elemento más que sirve para reproducir el entramado social de Poder en nuestras culturas plutocráticas. Soy muy escéptico y pesimista: tengo una visión muy negativa del ser humano. Y así todo: lo amo. Nuestras sociedades son plutocracias, como señala Saramago. Ellos son los demiurgos de este mundo. Los demás: marionetas movidos por sus hilos. El espíritu crítico consiste en abrir los ojos y, buenamente, pegar un puñetazo en la mesa. ¡Pero bueno! ¡Ya está bien! ¡A mí no me la dais! Pero, ¿qué se necesita para ello? Una cosa: independencia económica. No depender de nadie. El que no “depende” de nadie es el único que habla libremente. ¿Cómo se come eso? ¿Cómo crear instituciones que conjuguen dos cosas: la “Universidad” y la “Libertad? Es muy complejo. En España la conjugación de estas palabras vienen de lejos: Giner de los Ríos es uno de sus exponentes y su “Institución Libre de enseñanza” la creación de una institución que trató de conjugarlas, en su espíritu regeneracionista. Él estaba hasta el gorro de que su trabajo fuera dependiente del socaire político. La Universidad española anduvo así mucho tiempo, y los ejemplos de Unamuno o Zubiri son ejemplares. Ahora bien cómo conseguir, según mi opinión, conjugar “educación”, “espíritu crítico” y “libertad”, para que la educación sea digna de ese nombre. De una manera: que los alumnos sean el centro de dicha institución. Si esto no es así: los plutócratas están moviendo los hilos. Revelarse contra ello es moralmente admirable. Si “lo de Bolonia” consiste en crear una Universidad al servicio de unos “ajenos” (llámese “sociedad” o “empresa”) lo que está bien es actuar contra ello por amor propio. Yo no quiero decir que la sociedad, o la empresa, se beneficien de lo que la Universidad debe crear –hombres libres-, sino que la Universidad debe centrarse en sus alumnos. Todo lo que no sea así es incorrecto y, por tanto, es un deber protestar. Dar el puñetazo en la mesa. Pocas han sido las instituciones Universitarias libres, que yo conozca. Aún así, se podía debatir, como es posible que, aún así, la Universidad haya tenido tanta relevancia social. O si no la ha tenido. O si sí. La vetusta universidad cisneriana, durante la vida de su fundador, es uno de los pocos ejemplos que conozco de libertad. En ella mandaban los estudiantes, gracias al respeto a que su fundador se granjeó, y por ello fue motor del humanismo cristiano, la reforma y el renacimiento en España. De veras fue una universidad libre, aunque por poco tiempo. ¿Qué Universidad queremos? ¿Qué tipo de ser humano se quiere crear? Pero, más importante, ¿Qué clase de persona queremos ser? ¿Queremos ser libres? Pues a la faena.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Los hijos de los exiliados
Cómo están en el ABC esta mañana. No les gusta que el gobierno se gaste 40 millones de euros en buscar a hijos y nietos de exiliados. Tampoco le gusta, se lo escuché a un político con cargo importante, que los dineros, de todos, se dilapiden en buscar fosas por las campiñas españolas. Es normal. Lo que les carga es que los impuestos, “su” dinero –que para eso quien más pone es el más rico-, se tiren por el retrete, tan solo, para agradar a unos cuantos, que no son ellos. La guerra bien ganada quedó. Y no es acto de justicia ni cristo que lo crió. Siempre he pensado que uno no es solo de la localidad de donde pace. Si no, también, de la localidad donde sus abuelos sufrieron, vivieron y crearon. No en vano, los nietos, llevan siempre ese poso cultural. Vivas o no en el lugar de tus antepasados, éste va dentro de ti. Va dentro de ti porque se inyecta vía parental, en carne viva. Las canciones, las tradiciones orales, las historietas familiares, los modos de hacer las cosas, las expresiones, el modo de ver la realidad y vivas, o no, en el lugar de donde sean tus abuelos, cuando tragas pan y se te queda en la garganta, es que te has “añurgao”. Para un nieto ser del lugar de donde son sus abuelos es un orgullo, y punto. Lo vea el cenutrio o no lo vea. En nuestra España, escindida por el odio, muchos españoles tuvieron que salir de su tierra para poner sus pies en otra. Tragedia no superada hoy todavía, por mucho que algunos así lo quieran. Siempre sostengo que la victoria de unos no vino acompañada de justificación moral. De un lado se colocó el pueblo semi-analfabeto, o analfabeto del todo, buscando venganzas de secular raigambre. De otro, fue el ejército español, traído del África y organización sistemática, ordenada para ganar una guerra e imponer un sistema de terror. No es lo mismo. Los españoles que salieron eran tan españoles como los que se quedaron y, por tanto, sus nietos también lo son. Ese es el razonamiento. Y lo es de justicia. Y la justicia no tiene precio. A los de “la derecha”, porque hay que seguir hablando en estos términos tan del XX, les calza el hecho, porque ven en ello que los motivos son, además, electorales y, encima, se pone dinero para ello. Dinero recaudado para ser “gastado” en algo que no les conviene. ¿Y qué? Los nietos de españoles son españoles como los que más. Máxime si el motivo por el que salieron fue por una brutal guerra en el campo de las ideologías que revoloteaban por el ambiente y de unos problemas, netamente españoles, en el que seguramente ellos no tuvieron toda la responsabilidad. Si hay españoles fuera que de nuestro territorio que aún no están reconocidos como tales es de justicia que así se reconozcan. Porque los derechos y la restitución de lo que es de Justicia es absolutamente necesaria. La transición a la democracia no estará totalmente finiquitada hasta que esto sea así.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Carta a los liberales de liberalismo.org
martes, 11 de noviembre de 2008
Alcalá de Henares: un paseo por la historia de España

Es gratificante volver a Alcalá de Henares los Domingos por la mañana. Todo su casco histórico, hace años cerrado al tráfico, se convierte en peatonal y los madrileños de la capital, aprovechándolo, acuden en tropel para disfrutar de la vieja ciudad complutense. Parece que se han dado cuenta que a su vera tenían una ciudad patrimonio de la humanidad y, por fin, la han descubierto para venir a tomar las cañas y, a la vez, disfrutar de un recinto histórico cultural sin parangón en Europa. Me es muy difícil significar aquí todo el amor que siento por esta ciudad, los largos paseos que por sus calles he dado y como me interesé por cada piedra. Me es muy difícil significar aquí, además, qué es Alcalá de Henares y porqué merece la pena visitarla. El día que concedieron el título de Patrimonio de la Humanidad a Alcalá de Henares, mi pequeña patria, lo recuerdo bien: caminaba yo solitario hacia la Magistral cuando las campanas de la universitaria Iglesia, privilegio compartido con la de Lovaina, comenzaron a repicar en un sonido ensordecedor. Me llegó al corazón. Y a los oídos, por supuesto. Yo había conocido a Alcalá de Henares antes de su recuperación, cuando se convirtió en cinturón obrero y dormitorio en el desarrollismo de los años 60 y 70, y recordaba los vetustos edificios viejos hechos añicos, sin comprender que había ocurrido allí. Los ojos se inundaron de alegría, pues confirmo que más méritos no podía albergar una pobre ciudad de ladrillo humilde, centro cultural europeo del XVI, derrumbada entre cenizas. Ejemplo de “civitas dei”, fue sucesivamente aniquilada por la barbarie, la sinrazón y las bombas. Recorrer Alcalá de Henares es recorrer toda la Historia de España, en toda su amplitud, con lo bueno y con lo malo, con sus tragedias, con sus horrores y con sus éxitos. De las pobres gentes azotadas por la incuria y, a la vez, el explendor. La cultura y el drama: Las dos Españas. Esas dos Españas que luchan denodadamente en sus calles. Calles donde albergaron las tres culturas: la judía, la árabe y la cristiana. El barroco, después de Trento, quiso apaciguar la herejía que se cernió sobre la ciudad y media España: el erasmismo, la crítica feroz al clero inculto e inmoral. Trento, poco tiempo después, cambió los aires de San Idelfonso: los conventos, con todo su poder económico, trataron de copar el espacio urbano, colocando sus espadones y cúpulas con el objeto teatral de salir a la calle, imponiendo su religiosidad a la urbe. Si la Universidad representó la luz de la Reforma española y, por tanto, del Renacimiento español, los conventos trajeron la oscuridad de los claustros, que rodearon la obra cisneriana del humanismo cristiano, atosigándola por todos su flancos. Al frente el edificio de los Jesuítas, congregación creada por un cocinero del Hospital de Antezana, llamado San Ignacio de Loyola. Por los costados, la cúpula de la magdalena, metiéndose en el campo de visión en el patio de los filósofos, o de los gorrones, con muy mala uva y con toda intención. En el campo alcalaíno laten, humildemente, todas las tensiones de la España.Y que en 1936 estallan sus ráfagas en las paredes de la Magistral, como testimonio indeleble, o no tanto, de lo que somos. Alcalá de Henares se convierte en el lugar estratégico de la defensa de Madrid. Tres batallas se desenvuelven a su derredor: Jarama, Guadalajara y Madrid. El ejército republicano, dirigido por el general Pozas, y las huestes de “El campesino” se hospeda en los conventos viejos, desamortizados por Medizaval, que vienen a descansar del frente. Alcalá de Henares es la pequeña Roma: su casco histórico alberga la mayor densidad por metro cuadrado de conventos, que sirven de cuarteles, y sus maderas sirven de calefacción. Los chatos y los moscas despegan del aeródromo, en defensa de Madrid, y en el espacio aéreo surcan los Heinkel. Las bombas caen sobre Alcalá. En la plaza de Cervantes se excava un refugio, el palacio Arzobispal, la joya de Alcalá, arde, pues numerosos documentos se encuentran allí albergados. Desde el cerro de la Vera Cruz, lugar imaginario de la barroca idea religiosa de ciudad de Dios, como la que dibujó el Greco para Toledo, se contemplan las columnas de humo de Alcalá y, a lo lejos, de Madrid. Pero ¿Quién se iba a acordar de la pobre Alcalá, patria de Azaña, y alma mater? ¿Quien se iba a acodar que la joya del humanismo español, la biblia políglota complutense se editó allí? Ni de que su imprenta produjo los libros de Erasmo, difundiendo las ideas de la Reforma. Nadie. Por eso, cuando sonaron las campanas de la Magistral sonreí feliz. La vieja y pobre Alcalá se lo merecía.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Reflexiones caminado hacia el quiosco

jueves, 6 de noviembre de 2008
Algo sobre la educación: ética dialógica
lunes, 3 de noviembre de 2008
El marxismo es una religión
domingo, 2 de noviembre de 2008
Las declaraciones de Doña Sofía y el Opus
jueves, 30 de octubre de 2008
Zanjando las reflexiones sobre la guerra civil española
martes, 28 de octubre de 2008
Sobre historia y revisionismo. La guerra civil española

Los masones, los cátaros y el contubernio

domingo, 26 de octubre de 2008
Carta de Ussía: Venganza. Contestación de Jake
jueves, 23 de octubre de 2008
Cumbre internacional
Es cierto que hay miles de cosas de las que no entiendo ni papa. Por ejemplo: hay una profesora de Derecho Internacional Público en la Universidad de Oviedo que es un hueso. Esa asignatura, como quien dice, no la aprueba ni el tato. Y es que yo no me explico para que tanta importancia en formar en tan complicada erudición a nuestros jóvenes para que luego, en materia internacional los políticos que nos vienen a tocar por desgracia – que habían de ser modelos morales y arquetipos de sabiduría- son una irrisión. Eso nos debería hacer llegar a una conclusión: nos gobiernan los tontos. La aseveración no es infundada, habida cuenta de la década que llevamos. Es cierto: más que democracia, había que llamarla tontocracia. Ésta deriva de plutocracia, que como todos sabemos significa gobierno de los ricos. ¿Cómo hacen los ricos para gobernar? Muy fácil: se hace todo los posible para hacer tontos en masa. La televisión es una manera. Hay más maneras, como la educación en colegios privados, por ejemplo (me refiero a la masa de ellos egresados, no a las excepciones que, si cabe, suelen ser más críticos que ninguno. Leáse Ortega, por ejemplo). Eso explica que se coloque al tonto más tonto gobernando al mundo y al tonto más tonto del suelo patrio poniendo sus pies en la mesa. Porque, visto a toro pasado la que nos han montado unos y otros está claro que no tenían la cabeza buena. Y lo peor es la actitud de niños de colegio, cuando lo que está en juego no es cualquier cosa. Es el orden económico internacional. Poca cosa, dirán ustedes. “Todo es por tanto pillo que hay en la política pulpitante. Yo que Dios mandaría a los ángeles que reventaran a todos esos que en los papeles andan inventando víctimas , al cuento de jorobarnos a los pobres de tanda. Limosnas hay, buenas almas hay; pero liberales por un lado, el Congrieso dichoso, y por otro las congriegaciones, los mentigos y discursiones y tantas cosas de imprenta, quitan la voluntad a los más cristianos... Lo que digo: quieren que no haiga pobres, y se saldrán con la suya. Pero pa entonces yo quiero saber quién es el guapo que saca las ánimas del Pulgatorio... ya se pudrirán allá las señoras almas sin que la cristiandad se acuerde de ellas, porque... a mí que no me digan: el rezo de los ricos, con la barriga bien llena y la carne bien abrigada, no vale... por Dios vivo que no vale” (Misericordia). Si señora: así se habla. A esta la ponía yo a dirigir los designios de la economía mundial. Y de buen seguro que mejor lo haría que los cafres que nos han tocado en desgracia. No se piensen ustedes que el granjero de Wisconsin tiene un argumento mas clarividente que el de esta señora. No, no. Si no, a cuento de qué podría haber llegado a gobernar Bush en norteamerica. Y resulta, ahora, que la política internacional es un cúmulo de niñerías. Como si la cosa no fuera seria. Hace poco, antes de que saliera a la palestra, les hablé yo ya de Bretton Woods, en un artículo pasado sobre economía. Ahora se ha vuelto a poder de moda. Las cosas que se están jugando son muy serias y, por eso, España y Zapatero está haciendo todo lo posible en estar en la cumbre financiera próxima. Rajoy, en esta materia, apoya al presidente del gobierno, aunque bien se sirve de hacer oposición, hablando sobre política internacional y determinado desaires, porque los EEUU quieren claramente dejar a España fuera. Eso no pasaría si los gobernantes no fueran tontos de capirotes, como son. Animales tribales. Porque como señala nuestro antropólogo "español" (lo lo lo lo lo lo lo ló) más reconocido, el Sr. Jauregui, eso es lo que somos los humanos: animales tribales. Por eso los EUA tienen más totems que los trobiandeses,. Y eso que amo a América. Espero que hayan leído los periódicos y se hayan percatado de los que hace poco les hablé sobre economía. Los europeos queremos que haya un nuevo Bretton Woods. No se lo crean: aquello será una jaula de grillos. No merecerá la pena ir. Yo creo que si mandásemos allí a la señá Benina, a la Bularda y a la Caporala, las que a la puerta de San Sebastian se apostaba a mediados de otros siglos se entenderían mejor que los majaderos que van a ir.
martes, 21 de octubre de 2008
Una fosa entre los piornos

Es un hecho significativo el siguiente: los cerebros lavados abundan. Las cabezas mondas y lirondas llenas de mentiras, de falsedades, de interesados mensajes, de oprobiosos valores y de sentencias morales deplorables son legión. Unida a tal reflexión, a redoble, se añade lo que sigue: Impera la amnesia colectiva. Amnesia interesada, abominable. Castración colectiva. Se ha tratado por todos los medios de inocular a generaciones enteras el adocenamiento vergonzoso, persistente, atroz, tras el conflicto bélico civil español. Un silencio como los asolados y fríos páramos castellanos. Son nuestros males castizos, que perduran. Es hora que reflexionemos, desde un plano ético, estético, moral sobre la singular batalla contra los molinos de viento de un singular idealista: el Juez Garzón. Todo lo estético que pueda ser una fosa común. Todo lo estético que pueda ser una reflexión de Jung. O de Kubrick. Hace tiempo que escribí un artículo para un periódico sobre este caballero de la justicia. Hoy me reitero. Muchos españoles hemos sidos herederos directos de épocas ominosas. Unos lo fueron de la Restauración. Otros lo hemos sido del franquismo. Franquismo que colea, como lagartija, a la sombra de la enciclopedia Álvarez. Generaciones de españoles a los que se les engañó, se les mintió, se les ocultaron verdades sabiendo lo tiernos que son los niños. No es dudoso afirmar que por aquellos tiempos por el aire revoloteaba la adultera inmoralidad: civil y política. Aquellos males son aún hoy día más que visibles. Ojeemos los periódicos. Oigámosles: Se encuentran en La Razón, en el ABC, en el PP. “Si aguardamos un poco – nos espetaba Ortega – llegará la historia con su divina capacidad de trasfigurar las cosas poniéndolas en su debida perspectiva”. Pero llevamos demasiado tiempo esperando. Dos generaciones de cerebros lavados son muchos cerebros. Muchas gentes. Muchos borregos, algunos inocentes de su borreguez. Otros no. Una España oscura: una España de boinas, de trochas, de tenderos, de orden, de curas, de mulos. De falsas águilas en verdad despeñadas. De odiar al campo, equivocando el odio. Lo que se odiaba era la miseria. Silencio. Tiempo de silencio. A los españoles se les ocultó una guerra. No es extraño, por tanto, que algunos no quieran abrir heridas, en la política interesada por velar con mentiras y con tierra lo que aquella sinrazón fue. Los tecnócratas del Opus, tras los planes de estabilización de 1959, ofrecieron una coartada de desarrollismo para añadir humo a una guerra, para ellos periclitada, por ganada. Una guerra de hermanos contra hermanos, les contaron los salva-patrias: los de la Victoria. Sin embargo, en este país, y no hace tanto, se mató por política – la ciencia de la convivencia-. Y la cosa no es baladí. En un pueblo alto, cerca del cielo, el más alto de Extremadura aconteció un hecho para mí significativo. No tanto si las lagrimas de una madre no hubieran estado a punto de rodar. Todo aquello, hasta ahora, se había contado como una anécdota familiar, sin aparente trascendencia. La interesada ignorancia velaba los hechos para no interpretarlos como debían. Los recuerdos eran más agradables: son de escuela nacional-católica, de maestros en mesa camilla con brasero, a regla y palmeta y canción de cara al sol a la entrada de clase. La anécdota se trasforma en historieta. Pero no lo fue. Fue algo más serio. Corre el año 1936, en época de carnavales, y un señor labriego, con varios hijos pequeños – y en especial una niña, la más pequeña y pizpireta flor -, se disfraza de Azaña. Yo soy Azaña, reza en un cartel que se pega al cuerpo. El Frente popular había ganado las elecciones. Hoy yo lo sé: no estudié, por suerte, la enciclopedia Álvarez. Quien me refirió esta historia, si que estudió con aquel libro que no nació para ser libro y, por tanto, lo ignoraba. Poco tiempo después aquel labriego y a su hijo mayor le obligan a cavar una tumba. La suya propia. Aquella niña pequeña es testigo de la escena. El delito del labriego era el de ser de izquierdas. Por suerte no se cumplió la pena capital , pese a tener ya sus pies dentro de una tumba. La que bien pudo haber sido una fosa perdida en perdidos pueblos de España. Una tumba al lado de unas matas aceradas y oscuras, al frente de unos piornos, junto a un barranco de un día límpido. Es posible que los llantos de aquella niña flor, que vio las carabinas apuntando a su padre y a su hermano, apaciguasen a sus vecinos que hacían ademán de verdugos. No lo sé. La niña flor fue pragmática: con los años se volvió de parte de los que apuntaban. Su hija, casi también. Sino fuera porque, quizá, se dio cuenta que su abuelo pudo haber sido un desaparecido de los que ahora buscan, en una zanja perdida en un pueblo perdido de España. Una lágrima rodó. Era su abuelo, el que ella conoció; cuando ni ella, ni él, pudieron no haber existido más allá de 1936. Por fin reconoció una cosa: por fin entendió la cruzada idealista de Garzón. Y la gente de la que hablo son gente cercana, de aquí; gente sencilla e inocente.
lunes, 20 de octubre de 2008
La conciencia progresista y la trampa de la liquidez.

jueves, 16 de octubre de 2008
Algunas notas sobre un asunto de actualidad universal: la globalización
Son estas tierras valxeritenses un buen lugar para filosofar. La amenidad de sus arroyos, la claridad de sus fuentes, la suave brisa que recorre sus laderas, así como la insolación, ni mucha ni poca, tanto en la solana y en la umbría, invitan a pensar con tranquilidad. Digámoslo de una vez: sirve para alejarse del mundanal ruido de las ciudades, con sus cláxones, sirenas de ambulancias, coches celulares, hospitales abarrotados, parques llenos, cafeterías repletas. El arrullo de las fuentes, si estas son frescas, bien sirven para reflexionar sobre el mundo y sobre la vida; sobre lo que hay, o sobre todo lo contrario. Es verdad que es preciso, sin embargo, tomar este lugar con una visión cosmopolita. En una actitud de viajeros planetarios y, por que no, en una actitud burguesa. Toda la actitud burguesa que puede tener un campesino. El aire de la ciudad nos hace libres, se decía antiguamente; hoy el aire que se respira en ellas está contaminado. También se dice, muy acertadamente, que la filosofía es una enfermedad que se contrae viajando. Pero, por lo pronto, yo me encuentro aquí, junto a una fuente de agua fresca – y no metafórica -. Viajeros, exiliados, vagabundos, expedicionarios… forasteros por antonomasia, extranjero desconocido: “… de tu andar de aquí para allá, y de que filosofando recorriste tantas tierras por ver cosas”. Desde antiguo se consideró la sabiduría como “cosmopolita”. Ciudadano del mundo. Que es, como quien dice, ciudadano de ninguna parte. En la fuente me hallo. Dándole vueltas a esto de la globalización, con un interés claro: desentrañar lo que en el mundo ocurre. ¿Existe en verdad una definición de Globalización? ¿Convivimos en una aldea global? ¿Son
domingo, 12 de octubre de 2008
De la economía al reloj de esfera negra de Sartre.

Tal y como les dije el otro día, iba a continuar hablando sobre economía. Solo que, con un pequeño matiz: las cosas dan vueltas y de un hilo sale otro, y de otro: otro. Para comprender lo que ocurre en el mundo, si es que somos capaces de ello, hay que hilar muy fino. Incluso así es fácil pincharse y eso, de por sí, no es malo: es un síntoma de que, al menos, estamos hilando algo. Hay muchos otros que se encuentran en la inopia, que es como decir que ni hilan ni cardan la lana. Viven, que no es poco. Y hacen bien, porque no preguntarse por el sentido de las cosas y descansar en vidas sencillas es muy virtuoso. No lo es en cambio cuando el que vive en la inopia se convierte en borrego. A los borregos: palos. Hace poco el premio Nobel de Literatura, José Saramago, daba un rapapolvo a las izquierdas, las cuales han quedado dormidas los últimos años. En eso tiene bastante razón, pues atrás quedaron los gloriosos años que dieron con el Mayo de 1968, la revolución de los claveles, la lucha contra Franco en la clandestinidad de las UCM, las películas de Jean Luc Godard, los libros de primo levi, y las críticas sociales de los hermanos Taviani (como su película Padre, padrone)… Hablo de la burguesía izquierdista e intelectual que el mayo francés impregnó al mundo. La crisis del petróleo, como digo, cambió un modelo paradigmático en los patrones de cambio internacionales y dio lugar a tres décadas de signo neoliberal. Tres décadas, la de los 80, 90 y principios del nuevo milenio que ha apaciguado a la juventud contestataria burguesa y de izquierdas y que en la década de los 60 y los 70 bullían en las Universidades Europeas. El rapapolvo a las izquierdas debe ser sonoro: tres décadas de neoliberalismo, de Thacher, Bush, Wall Street, y la hoguera de las vanidades (Tom Wolfe). En lo intelectual triunfaron los Friedmman y los Hayek, en norteamérica los neocons, que con su fundación FAES Aznar quiere expandir cerca de los lugares donde nació la Institución Libre de Enseñanza. Y se hicieron fuertes intelectualmente en España, através de las facultades de economía y empresariales. Una nueva cultura del éxito. Una cultura que se enfrenta al hedonismo del que, y se que pocos me conocían así, soy partidario: soy un eudamonista desde bien pequeño. Desde que aquí, en España, a principio de los ochenta, teníamos un programa infantil-juvenil digno de aplauso: La bola de cristal. Uno de sus personajes, la bruja avería, hacia una acertada disección ¡Viva el mal! ¡Viva el Capital! Una oposición intelectual de izquierdas se hace precisa. No porque no adoremos las cosas virtuosas de la técnica moderna, los teléfonos móviles, los PC portátiles, la Internet… y otros ingenios del mundo globalizado, sino porque es preciso que ese capitalismo sirva para mejorar la vida en el mundo. Su máximización necesita de determinados diques que lleven el agua a un mundo mejor para más gente: diques intelectuales puestos a los mercados. Una crítica de las que no podemos pasar por alto es la que nos lleva este mundo globalizado en lo económico. La globalización consiste en que los capitales, los dineros, no tienen fronteras: no se le piden pasaportes. En cambio a las personas, para pasar de país, e instalarse en otro si que se les exige. Eso constituye una moral con doble rasero. Es preciso que volvamos a comprarnos la pipa de Bertrand Russell y ponernos el reloj de esfera de Sastre. La izquierda intelectual debe recuperar el lugar moral que le corresponde y defender todo lo que en ella es esencial: el pacifismo, el socialismo individualista, la mordacidad y la ironía contra las religiones e ideologías políticas absolutistas, la militancia racionalista. Y, por supuesto, las contradicciones, que, filosóficamente, son lo más educativo de todo (Savater).
De la economía al reloj de esfera negra de Sartre.
Tal y como les dije el otro día, iba a continuar hablando sobre economía. Solo que, con un pequeño matiz: las cosas dan vueltas y de un hilo sale otro, y de otro: otro. Para comprender lo que ocurre en el mundo, si es que somos capaces de ello, hay que hilar muy fino. Incluso así es fácil pincharse y eso, de por sí, no es malo: es un síntoma de que, al menos, estamos hilando algo. Hay muchos otros que se encuentran en la inopia, que es como decir que ni hilan ni cardan la lana. Viven, que no es poco. Y hacen bien, porque no preguntarse por el sentido de las cosas y descansar en vidas sencillas es muy virtuoso. No lo es en cambio cuando el que vive en la inopia se convierte en borrego. A los borregos: palos. Hace poco el premio Nobel de Literatura, José Saramago, daba un rapapolvo a las izquierdas, las cuales han quedado dormidas los últimos años. En eso tiene bastante razón, pues atrás quedaron los gloriosos años que dieron con el Mayo de 1968, la revolución de los claveles, la lucha contra Franco en la clandestinidad de las UCM, las películas de Jean Luc Godard, los libros de primo levi, y las críticas sociales de los hermanos Taviani (como su película Padre, padrone)… Hablo de la burguesía izquierdista e intelectual que el mayo francés impregnó al mundo. La crisis del petróleo, como digo, cambió un modelo paradigmático en los patrones de cambio internacionales y dio lugar a tres décadas de signo neoliberal. Tres décadas, la de los 80, 90 y principios del nuevo milenio que ha apaciguado a la juventud contestataria burguesa y de izquierdas y que en la década de los 60 y los 70 bullían en las Universidades Europeas. El rapapolvo a las izquierdas debe ser sonoro: tres décadas de neoliberalismo, de Thacher, Bush, Wall Street, y la hoguera de las vanidades (Tom Wolfe). En lo intelectual triunfaron los Friedmman y los Hayek, en norteamérica los neocons, que con su fundación FAES Aznar quiere expandir cerca de los lugares donde nació la Institución Libre de Enseñanza. Y se hicieron fuertes intelectualmente en España, através de las facultades de economía y empresariales. Una nueva cultura del éxito. Una cultura que se enfrenta al hedonismo del que, y se que pocos me conocían así, soy partidario: soy un eudamonista desde bien pequeño. Desde que aquí, en España, a principio de los ochenta, teníamos un programa infantil-juvenil digno de aplauso: La bola de cristal. Uno de sus personajes, la bruja avería, hacia una acertada disección ¡Viva el mal! ¡Viva el Capital! Una oposición intelectual de izquierdas se hace precisa. No porque no adoremos las cosas virtuosas de la técnica moderna, los teléfonos móviles, los PC portátiles, la Internet… y otros ingenios del mundo globalizado, sino porque es preciso que ese capitalismo sirva para mejorar la vida en el mundo. Su máximización necesita de determinados diques que lleven el agua a un mundo mejor para más gente: diques intelectuales puestos a los mercados. Una crítica de las que no podemos pasar por alto es la que nos lleva este mundo globalizado en lo económico. La globalización consiste en que los capitales, los dineros, no tienen fronteras: no se le piden pasaportes. En cambio a las personas, para pasar de país, e instalarse en otro si que se les exige. Eso constituye una moral con doble rasero. Es preciso que volvamos a comprarnos la pipa de Bertrand Russell y ponernos el reloj de esfera de Sastre. La izquierda intelectual debe recuperar el lugar moral que le corresponde y defender todo lo que en ella es esencial: el pacifismo, el socialismo individualista, la mordacidad y la ironía contra las religiones e ideologías políticas absolutistas, la militancia racionalista. Y, por supuesto, las contradicciones, que, filosóficamente, son lo más educativo de todo (Savater).
