viernes, 14 de noviembre de 2008

Los hijos de los exiliados


Cómo están en el ABC esta mañana. No les gusta que el gobierno se gaste 40 millones de euros en buscar a hijos y nietos de exiliados. Tampoco le gusta, se lo escuché a un político con cargo importante, que los dineros, de todos, se dilapiden en buscar fosas por las campiñas españolas. Es normal. Lo que les carga es que los impuestos, “su” dinero –que para eso quien más pone es el más rico-, se tiren por el retrete, tan solo, para agradar a unos cuantos, que no son ellos. La guerra bien ganada quedó. Y no es acto de justicia ni cristo que lo crió. Siempre he pensado que uno no es solo de la localidad de donde pace. Si no, también, de la localidad donde sus abuelos sufrieron, vivieron y crearon. No en vano, los nietos, llevan siempre ese poso cultural. Vivas o no en el lugar de tus antepasados, éste va dentro de ti. Va dentro de ti porque se inyecta vía parental, en carne viva. Las canciones, las tradiciones orales, las historietas familiares, los modos de hacer las cosas, las expresiones, el modo de ver la realidad y vivas, o no, en el lugar de donde sean tus abuelos, cuando tragas pan y se te queda en la garganta, es que te has “añurgao”. Para un nieto ser del lugar de donde son sus abuelos es un orgullo, y punto. Lo vea el cenutrio o no lo vea. En nuestra España, escindida por el odio, muchos españoles tuvieron que salir de su tierra para poner sus pies en otra. Tragedia no superada hoy todavía, por mucho que algunos así lo quieran. Siempre sostengo que la victoria de unos no vino acompañada de justificación moral. De un lado se colocó el pueblo semi-analfabeto, o analfabeto del todo, buscando venganzas de secular raigambre. De otro, fue el ejército español, traído del África y organización sistemática, ordenada para ganar una guerra e imponer un sistema de terror. No es lo mismo. Los españoles que salieron eran tan españoles como los que se quedaron y, por tanto, sus nietos también lo son. Ese es el razonamiento. Y lo es de justicia. Y la justicia no tiene precio. A los de “la derecha”, porque hay que seguir hablando en estos términos tan del XX, les calza el hecho, porque ven en ello que los motivos son, además, electorales y, encima, se pone dinero para ello. Dinero recaudado para ser “gastado” en algo que no les conviene. ¿Y qué? Los nietos de españoles son españoles como los que más. Máxime si el motivo por el que salieron fue por una brutal guerra en el campo de las ideologías que revoloteaban por el ambiente y de unos problemas, netamente españoles, en el que seguramente ellos no tuvieron toda la responsabilidad. Si hay españoles fuera que de nuestro territorio que aún no están reconocidos como tales es de justicia que así se reconozcan. Porque los derechos y la restitución de lo que es de Justicia es absolutamente necesaria. La transición a la democracia no estará totalmente finiquitada hasta que esto sea así.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Carta a los liberales de liberalismo.org

He leído vuestro argumentos sobre los impuestos y sus efectos perversos. Según vosotros, estos causan una reducción del incentivo a la producción. Con ello quieres decir que a más impuestos, para los más opulentos, éstos reducen su afán inversor y constriñen sus ganas de crear riqueza. No estoy de acuerdo con tus proposiciones de que los impuestos desincentiven el crecimiento económico. Todo esa historieta teórica me suena a cuento chino y de lo que se trata es, simplemente, de justificar los deseos que los plutocratas tienen de asegurar sus cuartos bajo la faltriquera propia. Les carga eso de que los dineros vayan al Estado para que se dilapiden, se malgasten y se tiren, por parte de unos cuantos políticos desaprensivos, ineptos, y, según vosotros, moralmente reprochables. A mi toda esta teoría que os soltáis me suena a rollo macabeo: de filosofillos que han estudiado en las facultades de economía y empresariales. Esto es: bárbaros del especialismo que, por un motivo u otro, quieren prepararse para directivos, como mejor forma de vida. No me extraña, por tanto, que gentes como vosotros hayan sido los causantes de la actual crisis. Por más que leo vuestros blogs y vuestras webs, como liberalismo.org, no encuentro por donde cogerlas, pues tenéis un cacao sobre el liberalismo y lo liberal de padre y muy señor nuestro. Es el liberalismo para que las santas narices del más poderoso haga y deshagan. Es cierto, con los impuestos, que el margen de beneficios se estrecha a corto, pero, a la larga, los beneficios se siguen dando. Si no se dieran, no habría ningún negocio. A la vez, con ellos, se hace una sociedad algo más justa. Es cierto que los políticos pueden adolecer de inmoralidad a la hora de gestionar los recursos, pero éstos, al menos, como se deben al voto de la población tratan, de alguna manera, de beneficiar a los más. El empresario, para el cual en verdad preconizáis la libertad -que no para otros-, solo busca en beneficio de los menos: de él mismo. Esto tiene parte de bueno, en eso tenéis razón, pero también tiene mucho de malo si no se le paran los pies. Porque, a lo que a mi me parece, lo que propugnáis es un liberalismo para unos pocos: los que atesoran un patrimonio más que holgado. Esos que, como no saben donde hechar el dinero, invierten en arte de una manera especulativa. Con los impuestos, abogadillos de ricos, en mi opinión, el mundo se equilibra y, por tanto, las tensiones sociales se apaciguan algo, que también es positivo, aunque no es el argumento principal. El argumento principal es la Justicia. Por eso estoy a favor de la tasa Tobin, por ejemplo. Tu postura al tanto de la libertad, permíteme decirlo, se encuentra sesgada, en mi opinión. Le falta veracidad, autenticidad, y está influenciada ideológicamente del mismo modo que el pensamiento marxista lo está. Leyendo vuestras Webs, filosofillos, os la dáis de sabios y se os ve el plumero de mentecatos. Hiláis una ristra de argumentos descojonantes, como uno que dice que no se puede ser "liberal" y de "izquierdas", mostrando un desconocimiento mostrenco de las ideas políticas de este país: cenutrios. Desde un plano ético, preconizar de la libertad se refiere a la libertad de todos, no de unos pocos, me imagino, porque, si no, vaya fundamento de la moral más pusilánime que tenéis. Habláis, por otro lado, de que los vuestro no es ideología, !válgame!. En cambio, todo el pensamiento de la izquierda si que lo es. !Vaya tonterías más grande que tenemos que escuchar por parte de estos jovenzuelos egresados de las facultades de económicas del Opus! Parece que con lo que topamos es con la concepción de la libertad. Creo que olvidan los "liberales" de tu escuela algo esencial que no tienen en cuenta: la larga evolución sociológica en las relaciones de trabajo. Vaya, diréis, ya estamos con lo mismo. Pues si y no. Vuestra óptica se encuentra sesgada de todas todas, y no tiene en cuenta miles de variables humanas y, por ello, sois jóvenes barbaros que de la vida sabéis una mierda. En especial ignoráis la diferente condición de entre quien detenta la propiedad -al que consideráis "individuo", con argumentos no tan alejados de la realidad- y de quien solo posee, como bienes principales para comer y mantener su casa, así mismo. Es cierto que detrás de esas corporaciones se encuentran unos "individuos", desaprensivos a más no poder. Puestos de poder a los cuales vosotros aspiráis. Y conseguiréis algunos: los que seáis del Opus con más facilidad. El poder negociador, como digo, de uno, el empresario - que no sabemos si es "individuo" o no- no es el mismo que del otro, el empleado. A su vez, una vez efectuado eso que se denomina "contrato de trabajo" existe una verdadera relación asimétrica. Uno tiene el Poder de dirección y el otro la obligación de obedecer. Por tanto la libertad no es la misma ni tiene el mismo rasero. Si con la libertad que propugnáis no contrataseis a nadie, os lo guisaseis y lo comiséis: olé vuestro huevos. Y no es que estemos en contra de "la empresa", o "el empresario", monaguillos del Instituto Empresa. Lo que solicitamos es su control. Que estos esten al servicio de la sociedad, y no la sociedad a su servicio, que es lo que éstos ¿individuos? suelen considerar. Por que como dicen en mi pueblo: “quien no tiene dinero: pone el culo por candelero”. Vuestro concepto de libertad es muy diferente al mío, por tanto: que ponga el culo vuestra madre. Para mi la libertad es subirme a un risco de la sierra de mi pueblo y mirar mi valle. Ahí si que hay libertad "individual", siempre que no dependas del cacique de turno, como ocurrió en otros tiempos. Esto es: No tener quien me mande y no mandar a nadie. Eso si que es libertad, y no el coño que vosotros propugnáis. Me imagino que para vosotros, “los liberales austriacos” -vaya pedantez-, ese concepto también puede valer, pero os va más la libertad del porsche, ignorantones de vida, y "el utilitarismo". Ala ala, que osdivirtías en vuestros saraos, que yo soy feliz en el campo. Convendrás conmigo que existen diferencias sociales entre la libertad de quien puede dictar lo que se debe hacer, que por regla general suelen ser esos "individuos" para quienes propugnáis la libertad -vuestros papas y tios que financian el ESIC- y de quien no. Para vosotros, los “liberales austriacos” o como rayos os defináis, la libertad consiste en que, si tienes dinero, impongas tus condiciones de mercado libremente. Valiente concepto de la libertad. Libertad para someter los santos huevos de unos sobre los de otros. No creo en utopías y tengo una concepción muy negativa del ser humano, que, de hecho, se mueve por la codicia, como asevera razonablemente Adam Smith. Los impuestos son un límite a la codicia vuestra. Porque, lo tengo claro. La codicia busca el Poder: y el poder consiste en imponer, libremente eso sí, la visión del mundo de quien posee perras a quien no las posee dinero. Porque ya se sabe quien no posee dinero: le dan por el culo. Digo que tu concepción adolece de veracidad por varios motivo, estos filosóficos, para que veáis que también sabemos ser crípticos: Vosotros, adláteres del ICADE, no partís de una concepción de la realidad como algo completo y, por tanto, de la verdad. Tu mismo te defines como “filósofo austriaco”. Un filósofo busca la verdad, de por sí, sin etiquetas. Pero vosotros salÍs de los centros de adoctrinamiento navarros, que para más INRI son cristiano. Seréis calvinistas. Siempre he pensado que para el verdadero filósofo las etiquetas significan visiones sesgadas y, por tanto, no son auténticas, veraces. Eso le pasó a las corrientes continentales del idealismo, a los marxistas y a las filosofías liberales austriacas: filosofía esta última de pacotillas, pues solo tiene en cuenta "la maximización" económica en el comportamiento humano. Pues vaya birria de humano que tenéis en la cocorota. Es más considero que tanto el marxismo como la liberal concepción del homo oeconómicus (concepción muy reducida del ser humano y de la libertad, como digo) son filosofías falsas. Ambas tratan de justificar teóricamente, con un aparato denso, prolijo, y que no entiende ni su puta madre una concepción de la realidad que, en último término, lo que busca es tratar de justificar lo que las majaderías que a uno le enseñan de niño en sus casas y en vuestros colegios de pago cristianísimos. Elogiáis la libertad del individuo, en cambio, obvias algo esencial: que lo que propugnas es “libertad de empresa”. Y las empresas no son "individuos", ni compararse puede una cosa con la otra. Confudís, eso sí, "individuos" con personas. Personas son las que viajan en patera desde el Africa, que también tienen derecho a la libertad, y no solo los "individuos" que dirigen vuestros negocios hispanos de entretegidas redes sociales del Opus. Por eso mi concepción de “libertad” difiere de la tuya, y por tanto somos liberales en un sentido muy diferente. Libertad, para mí, es equilibrar las diferencias socioeconómicas entre los individuos, para que así, cuando se negocie –en el libre mercado- haya una mayor paridad. Las circunstancias reales de muchas personas es que no son libres porque no tienen un duro, ni dos reales y medio, ni posibilidades para obtenerlos. Acusáis de vagos a los que tienen menos y vosotros, como tenéis más, os creéis más trabajadores. De eso nada, el trabajo y la riqueza no están tan relacionadas como vosotros argumentáis buscando justificación cristiana: !fariseos!. Váis a vuestros colegios del Opus, a vuestras escuelas de negocios del Opus: y así salen las majaderias que contáis, que solo buscan vuestro "propio beneficio", justificando que eso es bueno para todos. Pero para vosotros, liberalillos, más. Existen muchas más variables que no queréis reconocer, porque no os conviene Si esa circunstancias no se analiza, dichas teorías no valen para acceder a lo que se pretende: la verdad. Y sin búsqueda de verdad no hay filosofía. Hay manipulación. Y eso es lo que hacéis con vuestras revistas, con vuestros periódicos, con vuestros colegios, con vuestras universidades...

martes, 11 de noviembre de 2008

Alcalá de Henares: un paseo por la historia de España




Es gratificante volver a Alcalá de Henares los Domingos por la mañana. Todo su casco histórico, hace años cerrado al tráfico, se convierte en peatonal y los madrileños de la capital, aprovechándolo, acuden en tropel para disfrutar de la vieja ciudad complutense. Parece que se han dado cuenta que a su vera tenían una ciudad patrimonio de la humanidad y, por fin, la han descubierto para venir a tomar las cañas y, a la vez, disfrutar de un recinto histórico cultural sin parangón en Europa. Me es muy difícil significar aquí todo el amor que siento por esta ciudad, los largos paseos que por sus calles he dado y como me interesé por cada piedra. Me es muy difícil significar aquí, además, qué es Alcalá de Henares y porqué merece la pena visitarla. El día que concedieron el título de Patrimonio de la Humanidad a Alcalá de Henares, mi pequeña patria, lo recuerdo bien: caminaba yo solitario hacia la Magistral cuando las campanas de la universitaria Iglesia, privilegio compartido con la de Lovaina, comenzaron a repicar en un sonido ensordecedor. Me llegó al corazón. Y a los oídos, por supuesto. Yo había conocido a Alcalá de Henares antes de su recuperación, cuando se convirtió en cinturón obrero y dormitorio en el desarrollismo de los años 60 y 70, y recordaba los vetustos edificios viejos hechos añicos, sin comprender que había ocurrido allí. Los ojos se inundaron de alegría, pues confirmo que más méritos no podía albergar una pobre ciudad de ladrillo humilde, centro cultural europeo del XVI, derrumbada entre cenizas. Ejemplo de “civitas dei”, fue sucesivamente aniquilada por la barbarie, la sinrazón y las bombas. Recorrer Alcalá de Henares es recorrer toda la Historia de España, en toda su amplitud, con lo bueno y con lo malo, con sus tragedias, con sus horrores y con sus éxitos. De las pobres gentes azotadas por la incuria y, a la vez, el explendor. La cultura y el drama: Las dos Españas. Esas dos Españas que luchan denodadamente en sus calles. Calles donde albergaron las tres culturas: la judía, la árabe y la cristiana. El barroco, después de Trento, quiso apaciguar la herejía que se cernió sobre la ciudad y media España: el erasmismo, la crítica feroz al clero inculto e inmoral. Trento, poco tiempo después, cambió los aires de San Idelfonso: los conventos, con todo su poder económico, trataron de copar el espacio urbano, colocando sus espadones y cúpulas con el objeto teatral de salir a la calle, imponiendo su religiosidad a la urbe. Si la Universidad representó la luz de la Reforma española y, por tanto, del Renacimiento español, los conventos trajeron la oscuridad de los claustros, que rodearon la obra cisneriana del humanismo cristiano, atosigándola por todos su flancos. Al frente el edificio de los Jesuítas, congregación creada por un cocinero del Hospital de Antezana, llamado San Ignacio de Loyola. Por los costados, la cúpula de la magdalena, metiéndose en el campo de visión en el patio de los filósofos, o de los gorrones, con muy mala uva y con toda intención. En el campo alcalaíno laten, humildemente, todas las tensiones de la España.Y que en 1936 estallan sus ráfagas en las paredes de la Magistral, como testimonio indeleble, o no tanto, de lo que somos. Alcalá de Henares se convierte en el lugar estratégico de la defensa de Madrid. Tres batallas se desenvuelven a su derredor: Jarama, Guadalajara y Madrid. El ejército republicano, dirigido por el general Pozas, y las huestes de “El campesino” se hospeda en los conventos viejos, desamortizados por Medizaval, que vienen a descansar del frente. Alcalá de Henares es la pequeña Roma: su casco histórico alberga la mayor densidad por metro cuadrado de conventos, que sirven de cuarteles, y sus maderas sirven de calefacción. Los chatos y los moscas despegan del aeródromo, en defensa de Madrid, y en el espacio aéreo surcan los Heinkel. Las bombas caen sobre Alcalá. En la plaza de Cervantes se excava un refugio, el palacio Arzobispal, la joya de Alcalá, arde, pues numerosos documentos se encuentran allí albergados. Desde el cerro de la Vera Cruz, lugar imaginario de la barroca idea religiosa de ciudad de Dios, como la que dibujó el Greco para Toledo, se contemplan las columnas de humo de Alcalá y, a lo lejos, de Madrid. Pero ¿Quién se iba a acordar de la pobre Alcalá, patria de Azaña, y alma mater? ¿Quien se iba a acodar que la joya del humanismo español, la biblia políglota complutense se editó allí? Ni de que su imprenta produjo los libros de Erasmo, difundiendo las ideas de la Reforma. Nadie. Por eso, cuando sonaron las campanas de la Magistral sonreí feliz. La vieja y pobre Alcalá se lo merecía.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Reflexiones caminado hacia el quiosco


Para enterarse de algo de todo esto que es la política es preciso tener en cuenta nuestra condición de animales tribales. Es algo así como cuando íbamos al colegio y animábamos, los del 5º A, al equipo de nuestra clase, y los de 5º B eran, poco más o menos, que una clase inferior de humanos. Otra de las cosas que son necesarias saber para entender de esto de la política -yo de políticas no entiendo, dice uno: pero estos del PSOE nos llevan a la ruina. Acabásemos. El que de política no entiende, !maria-manuela me escuchas! – es entender lo que la política tiene de Gran Hermano, el programa de televisión. En fin. Uno de los hechos más importantes de la semana, en materia política, ha sido el apoyo del presidente de turno de la Unión Europea para que España se siente en una de las silla de la cumbre internacional del G-20, con voz y voto. La clave de todo esto se encuentra en que en la “refundación del capitalismo”, como algunos dicen llamarlo, la voz de Europa tenga un peso mayor, con independencia que el debate ideológico interno europeo. Esto se merece una congratulación por parte de todo. El Partido Popular, como viene siendo costumbre desde hace unos 9 años para acá, por decir una fecha, anda más perdido que una tortuga en un garaje. Que la voz de Europa suene fuerte en las reuniones económicas es, como digo, una buena noticia. Si los del 2 de Mayo anduvieran más atinados en ver como anda el mundo, en vez de seguir dando al mamporro, a los tam-tam, y poniendo el viejo disco en el gramófono de la España Cañí, advertirían el hecho histórico de que Francia ceda su silla a España para sentarse en ella. Viajamos en el mismo barco, esta vez, los franceses, los españoles, los alemanes y los ingleses. Bye, Bye Trafalgar. Ortega, autor primero de la idea de Europa, estaría por fin contento. Los del PP, siempre tan desacertados en todo, enarbolando viejos patriotismos de pandereta, moño y moldeado, andan, como digo, que no se enteran de la jugada. No en vano adoptó su lider de entonces la más equivocadas de las decisiones posibles: buscarse como aliado a los neocons de Bush, teniendo una perspectiva, una vez más equivocada, de la política internacional. El ejemplo del presidente francés da una muestra por donde deben ir los tiros de reconstrucción del Partido Popular español, y dejar el viejo discurso de derechas recalcitrantes, por otro mas actual. Nada nos sorprendió a muchos en como se las gastan y así lo dijimos: para los que son más fuertes, les beso las botas, a los que son más débiles dos opciones: o que nos las besen o buen puntapié. Esas son la viejas derechas españolas. No otra cosa con más cabeza. Ese es su virus. Y si hablo de reconstrucción es porque sus pilares ideológicos están enfermos de esa enfermedad vírica que ataca los edificios. Nada nos puede sorprender ya. “En el PP hay algunos cobardes anónimos que reman en contra”, dice Cospedal. Aquí atrás un comentarista importante de los del bombo dijo que dentro de la derecha había mucho socialdemócrata encubierto. Cosa que es cierta. Personas que militan en el PP porque de chicos no les explicaron bien las cosas y han andado toda su vida sin saber de que va el rollo éste. Y que ahora empiezan a dudar. Gentes del PP, por qué no, que nacieron en colchones de helecho, y no termino de entender como vieron las cosas y miraron las plumas de sus colchones. Pero no es solo eso lo que les pasa. En fin, no se si me he ido por las ramas o a por uvas. Pero todo eso es lo que he pensado esta mañana, mientras iba a comprar el periódico al quiosco. En fin, que los del ABC se levantan esta mañana exasperados: ni pizca de gracia les ha hechos que el Sarko haya ayudado a Zapatero y, a la vez, no terminan de digerir lo del Obama. Muestra de esto último son los chistes tipo Berlusconi que no tienen ni pizca de gracia. De lo primero leáse su artículo sobre el proteccionismo. Lo que les digo. Perdidos y sin rumbo. No se dan cuenta los nuevos aires que revolotean, gracias a Dios, por el nuevo mundo y no son capaces de entender las razones morales por las cuales todos los miembros de la reunión, excluyendo a Bush, que ha hecho lo indecible porque España no estuviese sentado en ella, soliticitaban que España se sentase en la mesa. Los artículos de ABC de hoy sobre Obama y las críticas a Sarko van unidas en su interpretación

jueves, 6 de noviembre de 2008

Algo sobre la educación: ética dialógica

Un amigo, excelente conversador de política, tras excelentes vinos y copiosas cenas, y yo, hemos mantenido un debate al tanto de la Guerra Civil española. Hecho histórico de singular importancia y profundas heridas. Somos desde estas páginas conscientes de la importancia de aquella conflagración fraticida, a la que debemos respetar por los daños e historias familiares que hicieron sufrir a muchos compatriotas. Sirva como ejemplo aquel conflicto para recordar en lo que la política nunca se debe convertir. Al análisis sosegado de los hechos y el respeto por el diálogo entre las nuevas generaciones es preciso; en especial se hace necesario el uso de la razón ética para entablar conversaciones fuctíferas sobre ella. En especial, debemos barrer todas las pre-concepciones, esas que recibimos siendo niños, y que nos colocan una malla, al que esto escribe el primero, en nuestra mollera, y que nos hace ver los hechos con el cristal axiológico que nos implantaron durante nuestra educación (Leáse familiar, escolar -pública, privada -), tan importante para las que, posteriormente, van a ser nuestras opiniones. Soy un defensor a ultranza de "la educación pública". En un tiempo se pensó que esta sería el motor fructífero que traería la "regeneración" política, siempre tan necesaria en este país. Por suerte ya se ha ganado mucho, pero no lo suficiente. El debate sobre la educación pública-privada es inacabable, y eso tiene mucho que ver con las relaciones de Poder político que posteriormente vendrán a darse, y sobre la retícula con la que se comprenderán determinados hechos. Somos de los que pensamos que la educación debe servir, ante todo, para poner en tela de juicio todas nuestras concepciones axiológicas. Que nos sirva para comprender de donde vienen todos nuestros valores. Los sociólogos lo llaman "proceso de socialización"; algo más amplio es el concepto, similar, que usan los atropólogos, como "endoculturización". Comprender la naturaleza de este singular e importante proceso social es muy esclarecedor. Una vez conocidos de donde vienen nuestros valores, y puestos en tela de juicio, estamos más libres (objeto último de la educación) para posicionarnos políticamente -entendiendo la política como participación de la vida pública comunitaria-. Aún más: definiendo la política, para el futuro, como el lugar de la convivencia democrática, el argumento, el diálogo. Es lo que diversos autores, tales como Adela Cortina, ha denominado ética dialógica.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El marxismo es una religión

Aquí atrás expresé una idea: “La religión no es un humanismo”. En clara referencia a Sartre que sostuvo, al contrario, que el existencialismo es un humanismo, con argumentos que comparto. Ahora añado uno nuevo: “el marxismo es una religión”. Parece mentira que a las altura de milenio en el que andamos debamos mantener, aún, tales argumentos. Somos de los que pensamos que no vivimos en el mejor de los mundos posibles, aún: de que el hombre es un lobo para el hombre y que, por añadidura, esto es un valle de lágrimas. Si que pensamos que otro mundo es posible, pero de muy difícil práctica, máxime si son las ideologías las que se imponen. Neo-liberalismo, como epitome de la globalización y, en sentido contrario, anti-globalización. La postura ética, o la ética en sí, va más allá de esas cuestiones y su uso, cuando es tratado por las ideologías es muy sospechosa. Ideología consiste en interpretación de la realidad en base a una serie de postulados teóricos que, de por sí, hierran. Fallan. Aparecen como verdaderos, no siéndolos. El marxismo adoleció de ello. Primero: su pensamiento está conformado por el odio. Segundo: su interpretación de la historia es errónea. Tercero: Su análisis social adolece de una simplicidad sin parangón: El análisis de la evolución de la Historia, como lucha de clases, es del todo erróneo. Antropólogos más recienten, como Marvin Harris, analizan la evolución social a través de una asimilación más correcta del materialismo Hegeliano a como lo hace Marx. El materialismo cultural esta más acertado en el análisis. Y eso que Hegel, y su filosofía de la historia, son del todo criticables. Cuarto: el Marx economista falla en su teoría del valor. La teoría del valor se sustenta en que el valor de las mercancías es la del valor de trabajo simple incorporado. Falso. El valor de las mercancías es la satisfacción o utilidad que adquiere de ellas en comprador. Si Marx trata de montar su artificio sobre un error, todo lo que viene después el falso. La teoría de la plusvalía, por ejemplo. La doctrina marxista de que existe una fuerza cósmica llamada materialismo dialéctico es mera mitología. Sin embargo, sus errores teóricos no habrían importado tanto de no haber sido porque su principal deseo es ver a sus enemigos castigados, y a tal fin le importaba poco lo que le sucediera a sus amigos. Marx pensaba que el conflicto de clases siempre ha sido el movimiento de la historia y del cambio social, hasta que sus seguidores resulten victoriosos, tras lo cual la gente vivirá feliz por siempre jamás, como al final de un cuento de hadas. Sin embargo, lo que le inspiraba Marx no era la justicia: era el resentimiento. Como los desvalidos, argumenta, son más, y, por añadidura, están resentidos es la clave de la inestabilidad. Sin embargo, la motivación de este movimiento no estriba en un principio de justicia positivo, sino en un principio negativo de odio. No creo que a partir de tal principio sea posible crear un buen orden social. Marx no tuvo en cuenta otros factores extra-económicos para determinar la política y pensaba que eran solo los económicas las que influyen en la historia. Esto es: la codicia. Falso. Junto a la codicia, la rivalidad, la vanidad y el amor al poder, son, después de los instintos básicos, los principales hostigadores de cuanto sucede en política. Y de estas no están exentas, tampoco, los regímenes socialistas. Si el resentimiento es la base del marxismo y del primer socialismo. Dónde se sitúan “la izquierda democrática” o, socialistas no marxistas, cuyo afán es construir convivencia, si los marxistas lo que tratan es de manifestar su odio de resentidos de tal forma que si, alguna vez, llegan al poder lo que hacen es comportarse con los que antes “oprimían” en “oprimidos”. Si las izquierdas se comportan de esa manera pierden toda la autoridad moral que sus nobles principios pueden sostener. El único paraíso posible es el dique que “los ciudadanos” impongan a “los plutocratas”. El marxismo, guiado por el resentimiento, no puede eliminar la opresión de los oprimidos: para hacerlo se valen, también, de la opresión. Por ello adolecen de justificación ética y de toda razón.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Las declaraciones de Doña Sofía y el Opus

¿Quién se esconde detrás de las declaraciones de Doña Solía a una periodista y publicadas en libro? ¿Desliz de la casa real? ¿Error? ¿Que moto nos quieren vender con todo esto? ¿No les parece raro algo?. En fin seré breve: Ni las declaraciones de la reina han salido de la nada ni estás han tan sido inoportunas para algunas personas y sin estudio previo, por parte de otras, de lo que iba a ocurrir. Ya les comenté quienes son los demiurgos de la política en este país, donde se encuentran y como manejan los hilos: El Opus Dei. Que la bomba de ETA en un Universidad de esta institución y las publicaciones, bomba, de las opiniones de Doña Sofía se hayan dado simultaneamente no son hechos tan inconexos como pueden parecer, para entender lo que se cuece en la política de este país y las bisagras del poder. ¿A la casa Real se les ha colado Pilar Urbano? ¿Cómo que han aprobado la publicación desde dentro? ¿No les huele mal? Muchos no conocen, de verdad, como son las casa donde reside el poder en este país. Yo sí. Nadie ha comentado que Pilar Urbano pertenece al Opus y que la secretaria de la reina, Laura Hurtado de Mendoza, pertenece a la Obra. Para las familias que manejan el poder en España los últimas modernidades de la casa real no gustaban: no gustaban los posibles divorcios de infantas, matrimonios y consuegros divorciados... las familias que manejan el poder en España necesitaban saber la opinión de la Reina y orearla: la opinión de la reina es la opinión del Opus. ¿Coincidencias? El libro publicado sobre las opiniones de la reina, afirmo, va dirigido a un público específico, el Opus; y si de paso sirve para que el resto de la población sepa cual son las ideas que debe regir el en Poder, mejor. No es cuestión de ser detective privado o no; se encuentra en mirar las cosas con claridad y desvelar lo que que ocurre de verdad. Quien no lo vea: peor para él. Se las meten dobladas y tan contentos. A poco que se reflexiones sobre porqué se publica un libro con las opiniones de la reina, opiniones que coinciden en un 100% con la doctrina del Opus, está claro. Es sabido que la "casa real", no la familia real, está dirigida desde el Opus y por el Opus.¿ Nunca se han preguntado quien es la casa real? o ¿Quién escribe los discursos de rey? Respuesta: "La casa real". ¿Quién es "la casa real"? Respuesta:"la casa real" está compuesto por uno grupo de secretarios/as que son reconocidos miembros del Opus. Que salga ahora la reina "sacando" estas opiniones no son por generación espontánea. Así, se ha creido oportuno por "la casa real". Voces disidentes del Opus estaban molestos con algunos comportamientos.¿Quién puso al rey como rey? ¿Franco? Como sabemos el régimen tuvo dos fases. En una de ella Franco ni pinchaba ni cortaba. ¿No lo sabían? ¿A que cuento viene hablar la reina de los masones en el libro sobre ella? Y asegurar que ni ella ni su padre ni sus hermanos eran masones. Que algún familiar suyo si que lo fue, pero lejano. ¿Está claro no? ¿No son los masones el coco del Opus? Doña Sofía puede opinar de lo que quiera. La reina de España: no. Principalmente porque en este país la función política del rey, en el fondo, es tan solo una: ser el superior jerarquico militar de todos los generales. La historia de España ha enseñado que un militar solo hace caso a otro militar. Por eso, su deber, por el bien del país, es no ponerse de acuerdo con la opinión de unos "generales" sobre la de otros. La reina no puede opinar si ella misma no puede estar sometida a crítica. El Opus ha preferido, aún sabiendo el daño que podía causar a la imagen de la reina socialmente, lanzar este libro, para mantener calmados a su gran grupo de presión, que como digo, no es mayoría, pero que está compuesto por los William Raldolf Heast que viven en este país.

jueves, 30 de octubre de 2008

Zanjando las reflexiones sobre la guerra civil española




Voy a dejar zanjados por hoy mis artículos sobre la nefanda Guerra Civil española dejando claro mi reflexión histórica sobre ella. Creo que es importante que los jóvenes, aquellos que hemos nacido todos en un régimen democrático hablemos de ella, con respeto, pero sin apasionamientos, pues se pueden extraer importantes lecciones. A medida que pase el tiempo todo se irá viendo más claro. Así, los que hoy sostienen determinada postura deberán abandonarla en el futuro. El hecho sintomático, sirva de ejemplo, es que en el último número de la Aventura de la Historia, especial 10 aniversario, haya escogido los 10 momentos gloriosos de la historia española y los 10 momentos trágicos. En los gloriosos sitúa a la II república. En los nefastos: el 18 de Julio. Recomiendo la lectura de dichos artículos. Muchas plazas de muchos pueblos llevaron como nombre dicha fecha deplorable. Si muchos españoles se levantaran de sus tumbas, como dijo Luis Buñuel, y se levantaran a leer los periódicos y revistas, y leyeran ésta, se llevarían un soponcio. Según Julio Arostégui, catedrático de historia contemporánea de la UCM, la Guerra Civil española fue una tragedia inútil: los presupuestos de los alzados estaban condenados históricamente. El mundo occidental de la segunda mitad del siglo XX no podía ir contra el el liberalismo, argumenta. El régimen condenó a España y a los españoles a viajar en el furgón de cola. Cuentan nuestros mayores que, simplemente, se vivía, como se vivía, porque así eran las cosas. Pero las boinas, las trochas, los mulos, las patatas con arroz para comer y cenar, día sí y día también, los colchones de helechos, las noches a candil... no fueron una cosa como para estar muy orgullosos. Orgullosos de quienes lo sufrieron sí. Orgullosos de quienes se lo hicieron vivir: no. La ubicación geográfica de España solo conlleva una sola postura: la democracia liberal y el estado social. Todo intento de retrasarlo llevaría al atraso total, como ocurrió. La sublevación militar que acabó con la vida de la II república separó la historia de España de la de los países de su entorno, señala certeramente Julio Arestégui. Según este autor la sublevación tuvo unos responsables claros: una conspiración liderada por militares, arropados por terratenientes, pequeños propietarios y sectores de la Iglesia. Pero, lo que es más importante, supuso una tragedia inútil: los presupuestos ideológicos de quienes se levantaron estaban destinados a la derrota más allá de su victoria por las armas. Se subieron al carro del fascismo, erróneamente. El único carro posible en el mundo occidental de la segunda mitad del siglo XX es el del liberalismo, la democracia y la soberanía de un pueblo para decidir su destino. La II república, como régimen político, como sistema de reglas, auspiciaba tales valores. Otra cosa era que dentro de ese sistema había españoles escasamente demócratas: Azaña, Besteiro y pocos más, como señala un tal Jesús Cano, de Plasencia, en dicho número de la revista, en una carta con acertado razonamiento. Ello nos permite llegar a la conclusión siguiente: la democracia, el liberalismo, el estado de Derecho, el estado social eran los únicos requisitos necesarios, más allá de 1939, para mejorar la calidad de vida de los españoles. Eso no lo entendieron ninguna de las facciones, por ello Ortega callaba en un silencio-¿ para que hablar a los borricos?- malentendido. No es posible hablar de futuribles: los hechos fueron los que fueron, y no otros. Ahora bien, congratular como gloriosos lo que no fue – y hasta tiempo reciente así ha sido en muchos lugares con nombres de calles y plazas ignominiosos – y condenar a determinado régimen, como hacen algunos nostálgicos de la dictadura sobre la II república, confundiendo el contenido del continente, es deplorable. Existe un partido político en España que está condenado en su futuro si no cambia de actitud y discurso en esta materia. Principalmente porque está confundido sobre ella y a generaciones nuevas, todas ellas nacidas en democracia, no les puede vender que aquel pasado dictatorial fue una Arcadia feliz.

martes, 28 de octubre de 2008

Sobre historia y revisionismo. La guerra civil española


Nos comentan los historiadores que el larguísimo secuestro de la historia contemporánea por parte de la dictadura ha tenido efectos devastadores sobre la historiografía autóctona. Para empezar, el triunfalismo, desde “la victoria”, la condena y el oscurantismo de los tiempos que precedieron la sublevación militar de 1936, hizo que buen número de estudiosos se fueran a fases más lejanas: Como quien dice, al siglo de Oro. Los nuevos historiadores, egresados de las aulas universitarias candentes de los 60, dieron una visión con una nueva óptica. Había que recobrar los hechos olvidados: rescatar lo que fue la II República, desempolvar los discursos políticos perdidos, como los de Azaña, Largo Caballero, Ortega. Analizar los hechos y causas acudiendo a fuentes directas y claras y advertir la literatura, el periodismo y las artes de la época. Todos estos estudiosos trataban de develar lo que había permanecido oculto, tergiversado, a la mayoría de los españoles. Claro es que este nuevo discurso, característico de muchos de los profesores de Historia durante la transición y el primer gobierno socialista de la monarquía parlamentaria, cambiaba el discurso hasta entonces escuchado a los ideólogos de régimen dictatorial. La transición democrática, inicidada tras la muerte del dictador, llega a una nueva fase tras la derrota del PSOE y victoria del PP. Aparece un nuevo cuño de historiadores, que por ahora no califico, revisionistas de la Guerra Civil, de alero franquista, tradicionalista, y de ideología nacional-católica que trata de contrarrestar la opinión pública ambiente por parte de los historiadores de la transición ( J. Nadal, A. Carreras, C. Sudriá, García Delgado, Maluquer de Motes, Gabriel Tortella o Francisco Comín – ambos profesores reconocidos y conocidos por mí, y su obra compilada “la economía española del siglo XX”). Éstos escritores re-revisonistas bajo las dos legislaturas de gobiernos de la derecha, trataron de contrarrestar los argumentos esgrimidos desde las cátedras universitarias y de ofrecer argumentos que apoyasen las versiones oficiales de los hechos en el triunfalista y legítimo regreso de la derecha al poder. Apareció su verdadera faz tras la segunda victoria. Los César Vidal y Píos Moras dieron rienda suelta a su “victoria”, por fin democrática – ténganlo en cuenta-, a la vez que salían al mercado las Mariquitas Pérez, se reeditaban las mal llamadas enciclopedias Álvarez, los “cuéntame como pasó” contaba milongas de anestesia colectiva de la familia Alcantara y “el cine de barrio”, feliz recordación de nuestro cine patrio de niños prodigio, copaban las parrillas de la televisión pública. Yo creo que se pensaban que la centro izquierda burguesa e intelectual, progresistas aburguesados, como los llaman algunos con cierto desdén, pero en verdad gentes formadas e informada no los estaban observando con ojo crítico. No debemos, sin embargo, usar una crítica simplista a los hechos destacados por estos ideólogos, de muy popular proyección y alta cifra de ventas. Sobre lo que cuentan si sirve, desde un punto de vista histórico, para observar como las derechas interpretaban los hechos de aquella II República y los motivos que dio lugar a la sublevación y a la escisión de la sociedad. Todos sabemos que la República no fue una Arcadia feliz y que la actitud política de quienes la debían llevar a un buen puerto democrático no era posible. José Ortega y Gasset publica “la rebelión de las masas” en 1930 la más esclarecedora disección de los tiempos que se avecinaban. En eso acordamos todos. La postura de Ortega, con su frase mil veces repetida: “ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinidades maneras que el hombre tiene para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral”, es esclarecedora del artazgo que supuso la sinrazón a la que nos llevaban una manada de indocumentados y mal formados españoles en materia política. Los más radicales, a ambos lados, trataron de copar la política; siendo cierto que, además, la sociedad estaba fuertemente dividida. Hablo siempre de Ortega porque me parece que este fue uno de las pocas cabezas lúcidas y personas en verdad pacífica y demócrata que se mantuvo en la tribuna de oradores. Hasta que no lo soportó más y decidió callar, cuando se dio cuenta que el, por si sólo, no podía salvar la circunstancia española. Si Ortega descansa en su Yo parece que tiene un motivo: estaba solo. En fin, hay que rescatarle. En 1925 escribe en El Espectador una disección sobre el fascismo. Eso demuestra el interés que en la sociedad española habían despertado los hechos italianos; por ello, no es creíble suscribir, con Pío Mora, que la CEDA fuera una derecha de moralidad impoluta y que todos sus componentes fueran la “gente de bien”. La experiencia ya nos muestra en que consiste la “gente de bien” y que bajo, su faz, se encuentran botarates radicales como los que más. La postura de Pío Mora sobre los hechos que desencadenaron la guerra civil no la voy a calificar de errónea, pues los hechos son los hechos más la percepción que de ellos tenga una parte numerosa, importante, e incluso mayoritaria, de la población. Con la experiencia que nos da la contemplación de los hechos sociales y políticos mas recientes, como la victoria socialista penúltima, y la interpretación que dieron los ideólogos, periódicos, políticos y opinadores de la derecha bien sirve para interpretar y re-interpretar – dando vueltas por conocer los porqués de la sinrazón- como entendió la derecha la victoria del Frente Popular en 1936. Tengo en mis manos un número de la Aventura de la Historia (revista que pertenece a la editorial de El Mundo), pero que hay que reconocerle visos de objetividad, y el libro de Pío Mora “los mitos de la guerra Civil”. Ambos abiertos por el análisis que se hace del escándalo del estraperlo. Solo queda interpretar una cosa, conocidos como se interpretan los hechos por parte de los diarios: Pío Mora es un falsante. Por eso, para mí, no es creíble del todo lo que nos cuenta hoy el ABC. La interpretación de los hechos de diciembre de 1930 y de 1934 como justificadores del golpe de estado dado en 1936, como una posible acción preventiva destinada a salvar la patria, no sirve como justificación moral al golpe de estado.

Los masones, los cátaros y el contubernio


Es curiosa la interpretación que hace Pío Mora de los “pronunciamientos” militares del XIX. Se une con dichas interpretaciones a la postura oficial del régimen militar franquista: !El contubernio masónico! !por fin sabemos a que se referían con él! Por lo que se ve ello era la masonería algibiense: que tenía, según ellos, algún predicamento entre los militares hispanos dentro del ejercito. Vaya, hemos tenido que ver a Iker Jiménez, y su cuarto milenio, para enterarnos los españoles quien era el coco. Por poco hay que remontarse a los cátaros y los caballeros templarios para entender a lo que se refieren César Vidal, Pío Mora y la caterva de inquisidores de Trento. !España católica bastión contra la herejía de el Languedoc! Acabásemos. Y ellos: los salva-patrias. Y los generales que se pronunciaban en el XIX: masones. Herejes. Curiosa interpretación: más esotérica que la astrología egipcia. Lo que maquinan los curas ¿eh? Cuando el diablo no tiene que hacer mata moscas con el rabo. Tenemos razonamientos más de cajón, como que si había pronunciamientos era por un solo motivo: el voto de unos, los de la acción, nunca servía para derrocar a los otros, los de la reacción y, van, ahora, como entonces, y nos salen con el coco de los masones. La línea de los argumentos de estos impostores intelectuales a brocha gorda, que tratan de justificar lo injustificable, es el siguiente. Deploran la revolución francesa, como Jose Antonio Primo de Rivera, y el invento éste de que los ciudadanos, por medio del voto, elijan a los representantes políticos. Les horroriza. Por ello acusan de heresiarcas a los franceses, en conjunto, por hacerse atea. La masonería, según ellos, se encuentra detrás de todo. Una secta secreta de amplio poder y predicamento que se remonta al cisma de occidente, cuanto menos, a los papas, a los antipapas, al misterio de la sábana santa, al santo grial y a “en busca del arca pérdida”. Esa secta se encuentra detrás de un brazo político, los jacobinos, donde milita nuestro terrible Robespierre. Por linea directa estos nunca cambian, y veleile, sencillo, escuchen: En el siglo XIX los jacobinos se llamaron liberales exaltados, luego “progresistas” y por fin republicanos. Eran pocos, no señala Pío Mora, pero disponían de núcleos activos en el ejército, y con ello dieron numerosos golpes militares: “los pronunciamientos”. Por eso vinieron los salva-patrias con “el alzamiento” contra los del “pronunciamiento”. Agárrense los machos y destrocense las meninges. Tuvimos a Calvino, tuvimos a Lutero, estaban los Jansenitas, y los Eramistas y una caterva de herejías reformistas de amplio predicamento contra las que luchar, de sobra conocidas, y van, y nos señalan, a los cátaros de Iker Jiménez, al misterio sagrado, a Indiana Jones y el templo maldito, la última cruzada, los misterios de la catederal y el Iacobus de Matilde Asensi como los responsables de todos los males del mundo moderno. Que misterios tiene esto de la política. Y lo curioso es que, en las iglesias de muchos pueblos, colocan el símbolo que usaban estos majaderos.

domingo, 26 de octubre de 2008

Carta de Ussía: Venganza. Contestación de Jake

Siento aquí escribir tan largo. Pero es que presentar argumentos significa leer y escribir. Pongo aquí una carta de Ussía en la Razón que me han remitido y la contestación la doy en otro post.
1) La venganza.
Le voy a contar la terrible venganza de mi madre contra el demostrado responsable del asesinato de su padre, Pedro Muñoz-Seca Alfonso USSÍA En «Público», el periódico de los troskistas con «Jaguar» descapotable, escribe la señorita García. No tengo el gusto y me presento inmediatamente: Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Encantado. Cumplido el trámite, me apresuro a decirle a la señorita García que sus deseos de venganza no son dignos de elogio. La señorita García está feliz con las cosas de Garzón y le apetece vengarse de alguien, aunque no lo tenga definido. «Sin ser habitualmente partidaria de la venganza -escribe-, debo reconocer que deseo que siga vivo alguno de los dirigentes de la Falange que busca el juez Garzón». Aunque la señorita García no sea «habitualmente partidaria» de la venganza, demuestra ser bastante partidaria, si bien no «habitualmente», lo que magnifica su sensibilidad. Desea que siga vivo «alguno», no le importa quién, para satisfacer sus deseos de venganza por medio de la espada justiciera de un juez que está jugando con la prevaricación, y lo que es peor, con los muertos. La familia de Federico García Lorca ya le ha advertido que podría querellarse con don Baltasar por «profanación» si se empeña en exhumar sus restos. Y la señorita García coincidirá conmigo en que la familia del gran poeta granadino vilmente asesinado no es franquista, sino todo lo contrario. «Sé que este sentimiento no me honra -insiste la señorita García-, pero no vean cómo me animan». Además de la redacción, hay que mejorar los sentimientos y los ánimos. Lo que anima a la señorita García es una venganza a ciegas. Quiere un falangista, un Gobernador Civil durante el franquismo o un simple soldado de la Guardia Mora para que Garzón lo empapele y ella se sienta a gusto. Hay gente mejor y más ejemplar en sus olvidos que la señorita García. Hay miles de personas, que están vivas, que no se han vengado del responsable principal del asesinato de sus familiares, que por casualidad, está vivo también. Me refiero a los asesinados, también vilmente, en Paracuellos del Jarama, por poner un ejemplo cercano a la redacción del periódico en el que escribe la señorita García. Allí fueron asesinados ocho mil personas, ocho mil inocentes, entre ellos niños de 12 y 13 años fusilados por ser culpables de un tremendo delito. Ser hijos de militares. Entre aquellos ocho mil inocentes, de los cuales César Vidal aporta más de cinco mil nombres en su libro sobre Paracuellos, estaba también un señor de 57 años, que no hizo jamás mal a nadie, padre de diez hijos y también escritor, como García Lorca. Antes de fusilarlo lo torturaron, quizá por escribir «La Venganza de Don Mendo», una comedia en verso que todavía triunfa en los escenarios. De esos diez hijos, la segunda de mayor a menor, era mi madre. Y le voy a contar la terrible venganza de mi madre contra el demostrado responsable del asesinato de su padre, Pedro Muñoz-Seca. «Si alguno de vosotros os encontráis con Santiago Carrillo, no lo saludéis». Eso nos dijo a sus hijos, que también éramos diez. Y nos hemos vengado casi todos, entre otras razones porque nada hay más fácil que no saludar a una persona cuando no se quiere. Pero lo nuestro es particular. Lo que tiene que saber la señorita García, es que durante treinta años, y viviendo el máximo responsable de la matanza en España, ningún familiar de los asesinados ha intentado vengar a sus muertos. Y ahí sigue Carrillo, vivo y homenajeado. Al menos, en este caso, la señorita García, habría de reconocer que no ha estado afortunada.
2)Contestación de Jake
La Guerra Civil española fue un hecho brutal. Es muy posible que no se hable con claridad y sin apasionamiento de ella hasta dentro de muchos años. Tal vez nuestros hijos. Está muy claro que la capacidad escritora de Alfonso Ussía y de la muchacha que escribe para el diario público son muy diferentes. Son como un huevo y una castaña. Eso no quiere decir que, en verdad, los argumentos que emplean uno y otro no sean semejantes. Por parte de Alfonso Ussía muestra en verdad que el consejo de su madre acerca de la venganza lo respeta, pero no termina de sentirlo, pues una cosa es lo que escriba y otra lo que sienta. Y muestra que eso de que Carrillo esté vivo y homenajeado, que es como decir que “y coleando”, no le hace tampoco mucha gracia. La guerra civil, repito, fue una característica de lo que hacen las masas cuando se revelan. Las masas fueron un claro ejemplo de los vientos airados que cruzaban el mundo en la primera mitad del XX. Masas fueron los fascismos y los bolcheviques; y ninguno tenía, ni entonces, ni ahora, justificación moral. Fascismos y bolchevismo eran la misma cara de la misma moneda. Dicho esto: la actitud de la persona a la que se refiere Ussía no parece muy correcta. Sin embargo, la respuesta que nos coloca el periodista no difiere en su fondo con el argumento de la que quiere contrarrestar, por mucho que domine la forma literaria. Ni tiene mayor razón para ello. Son dos caras de una misma moneda y siempre he considerado que las dos caras eran igual de horribles. Alfonso Ussía no tuvo necesidad de encontrarse con Carrillo. Carrillo no estaba en España, a diferencia de los que ocupaban, estos sí, los billetes de 100 pesetas. Y por cierto: Carrillo no dio un Golpe de Estado. Los personajes son parecidos, pero no iguales. Si Ussía, en vez de citar a César Vidal (que cuenta la historia a su alero, como Pío Mora) y hubiese citado a otros como Palafox, Edward Malefakis, Gabriel Tortella o muchos otros hubiese ganado en objetividad. Objetividad imposible en él, puesto que le mataron a su abuelo. Pero abuelos muertos hubo en ambos bandos, en uno más que en otros, por cierto. El señor Ussía, como digo, aparenta seguir retorciéndose y la palabra venganza la espeta, repito con la boca chica y eso que, hay una diferencia esencial entre él, que le mataron a un abuelo, y los que le mataron al abuelo en sentido contrario. El, y los suyos, pudieron seguir “vengándose” años de varias maneras, a diferencia de los contrarios: perorando en sus periódicos y únicos medios permitidos por ellos, en las homilías de sus iglesias, ocupando todos los puestos de poder, encarcelando a los disidentes, enchufando a sus amigos, colocando a sus cuñados, yernos de fusilados, en la Agencia EFE o en ARRIBA, o en los puestos de la Universidad, por ser fiel al régimen, así como de otras muchas maneras, como, por ejemplo, ocupar puestos en las empresas e industrias del “desarrollismo”, y no continuo, pero hay muchas formas más de venganza que se usaron. Es un argumento habitual de los de la derecha acusar a los de la izquierda de que estos tengan también dinero, y hasta jaguares descapotables. Aunque yo creo que la diferencia está en los valores que se defiende: o mas solidarios, o mas insolidarios. Porque ya se sabe, se sea de derecha o de izquierda, el que no tiene dinero pone el culo por candelero; así que es muy loable que aquellos que tengan también dinero defiendan ideas socialdemócratas, o de izquierdas. O es que se creen los de derechas que los de izquierdas le van a dejar el culo en pompa a ellos y, por tanto, también el dinero. Por más que leo el libro de Pío Mora, por ejemplo, o de César Vidal no dejo de encontrarles tachas en la objetividad: se acusa “al marxismo” o “al anarquismo” como responsables directos de alzamiento nacional de los que vinieron a salvar la patria. Incluso, dicen, hubo organización de pronunciamientos por parte de ellos. Pero el hecho indubitable es que no los dieron. Quien lo dio fue un grupo de generales. Tampoco justifican estos “historiadores” algo más importante: que detrás de esos ismos políticos se encontraba una realidad más importante. Que la riqueza y el poder político durante todo el siglo XIX y primeros del XX se encontraba en manos de unos pocos y que, además y más importante, la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población era infima. Llamele usted X, pero no me mee encima y me diga que está lloviendo. Y aún así. El pronunciamiento militar, en verdad jacobino, lo comenzó quien lo comenzó. Y no otro. Y señor Ussia: yo siento a usted mucho que a su abuelo lo mataran en la Guerra y que al máximo responsable no esté en la cárcel. Lo mismo va a ocurrir con los de sentido contrario. Carrillo, al menos, negoció para colocar una democracia en la España de la Transición, por muy comunista que fuese. Los dirigentes del “alzamiento” hicieron siempre lo contrario, hasta el fin de sus días. La cosa cambia.

jueves, 23 de octubre de 2008

Cumbre internacional



Es cierto que hay miles de cosas de las que no entiendo ni papa. Por ejemplo: hay una profesora de Derecho Internacional Público en la Universidad de Oviedo que es un hueso. Esa asignatura, como quien dice, no la aprueba ni el tato. Y es que yo no me explico para que tanta importancia en formar en tan complicada erudición a nuestros jóvenes para que luego, en materia internacional los políticos que nos vienen a tocar por desgracia – que habían de ser modelos morales y arquetipos de sabiduría- son una irrisión. Eso nos debería hacer llegar a una conclusión: nos gobiernan los tontos. La aseveración no es infundada, habida cuenta de la década que llevamos. Es cierto: más que democracia, había que llamarla tontocracia. Ésta deriva de plutocracia, que como todos sabemos significa gobierno de los ricos. ¿Cómo hacen los ricos para gobernar? Muy fácil: se hace todo los posible para hacer tontos en masa. La televisión es una manera. Hay más maneras, como la educación en colegios privados, por ejemplo (me refiero a la masa de ellos egresados, no a las excepciones que, si cabe, suelen ser más críticos que ninguno. Leáse Ortega, por ejemplo). Eso explica que se coloque al tonto más tonto gobernando al mundo y al tonto más tonto del suelo patrio poniendo sus pies en la mesa. Porque, visto a toro pasado la que nos han montado unos y otros está claro que no tenían la cabeza buena. Y lo peor es la actitud de niños de colegio, cuando lo que está en juego no es cualquier cosa. Es el orden económico internacional. Poca cosa, dirán ustedes. “Todo es por tanto pillo que hay en la política pulpitante. Yo que Dios mandaría a los ángeles que reventaran a todos esos que en los papeles andan inventando víctimas , al cuento de jorobarnos a los pobres de tanda. Limosnas hay, buenas almas hay; pero liberales por un lado, el Congrieso dichoso, y por otro las congriegaciones, los mentigos y discursiones y tantas cosas de imprenta, quitan la voluntad a los más cristianos... Lo que digo: quieren que no haiga pobres, y se saldrán con la suya. Pero pa entonces yo quiero saber quién es el guapo que saca las ánimas del Pulgatorio... ya se pudrirán allá las señoras almas sin que la cristiandad se acuerde de ellas, porque... a mí que no me digan: el rezo de los ricos, con la barriga bien llena y la carne bien abrigada, no vale... por Dios vivo que no vale” (Misericordia). Si señora: así se habla. A esta la ponía yo a dirigir los designios de la economía mundial. Y de buen seguro que mejor lo haría que los cafres que nos han tocado en desgracia. No se piensen ustedes que el granjero de Wisconsin tiene un argumento mas clarividente que el de esta señora. No, no. Si no, a cuento de qué podría haber llegado a gobernar Bush en norteamerica. Y resulta, ahora, que la política internacional es un cúmulo de niñerías. Como si la cosa no fuera seria. Hace poco, antes de que saliera a la palestra, les hablé yo ya de Bretton Woods, en un artículo pasado sobre economía. Ahora se ha vuelto a poder de moda. Las cosas que se están jugando son muy serias y, por eso, España y Zapatero está haciendo todo lo posible en estar en la cumbre financiera próxima. Rajoy, en esta materia, apoya al presidente del gobierno, aunque bien se sirve de hacer oposición, hablando sobre política internacional y determinado desaires, porque los EEUU quieren claramente dejar a España fuera. Eso no pasaría si los gobernantes no fueran tontos de capirotes, como son. Animales tribales. Porque como señala nuestro antropólogo "español" (lo lo lo lo lo lo lo ló) más reconocido, el Sr. Jauregui, eso es lo que somos los humanos: animales tribales. Por eso los EUA tienen más totems que los trobiandeses,. Y eso que amo a América. Espero que hayan leído los periódicos y se hayan percatado de los que hace poco les hablé sobre economía. Los europeos queremos que haya un nuevo Bretton Woods. No se lo crean: aquello será una jaula de grillos. No merecerá la pena ir. Yo creo que si mandásemos allí a la señá Benina, a la Bularda y a la Caporala, las que a la puerta de San Sebastian se apostaba a mediados de otros siglos se entenderían mejor que los majaderos que van a ir.

martes, 21 de octubre de 2008

Una fosa entre los piornos




Es un hecho significativo el siguiente: los cerebros lavados abundan. Las cabezas mondas y lirondas llenas de mentiras, de falsedades, de interesados mensajes, de oprobiosos valores y de sentencias morales deplorables son legión. Unida a tal reflexión, a redoble, se añade lo que sigue: Impera la amnesia colectiva. Amnesia interesada, abominable. Castración colectiva. Se ha tratado por todos los medios de inocular a generaciones enteras el adocenamiento vergonzoso, persistente, atroz, tras el conflicto bélico civil español. Un silencio como los asolados y fríos páramos castellanos. Son nuestros males castizos, que perduran. Es hora que reflexionemos, desde un plano ético, estético, moral sobre la singular batalla contra los molinos de viento de un singular idealista: el Juez Garzón. Todo lo estético que pueda ser una fosa común. Todo lo estético que pueda ser una reflexión de Jung. O de Kubrick. Hace tiempo que escribí un artículo para un periódico sobre este caballero de la justicia. Hoy me reitero. Muchos españoles hemos sidos herederos directos de épocas ominosas. Unos lo fueron de la Restauración. Otros lo hemos sido del franquismo. Franquismo que colea, como lagartija, a la sombra de la enciclopedia Álvarez. Generaciones de españoles a los que se les engañó, se les mintió, se les ocultaron verdades sabiendo lo tiernos que son los niños. No es dudoso afirmar que por aquellos tiempos por el aire revoloteaba la adultera inmoralidad: civil y política. Aquellos males son aún hoy día más que visibles. Ojeemos los periódicos. Oigámosles: Se encuentran en La Razón, en el ABC, en el PP. “Si aguardamos un poco – nos espetaba Ortega – llegará la historia con su divina capacidad de trasfigurar las cosas poniéndolas en su debida perspectiva”. Pero llevamos demasiado tiempo esperando. Dos generaciones de cerebros lavados son muchos cerebros. Muchas gentes. Muchos borregos, algunos inocentes de su borreguez. Otros no. Una España oscura: una España de boinas, de trochas, de tenderos, de orden, de curas, de mulos. De falsas águilas en verdad despeñadas. De odiar al campo, equivocando el odio. Lo que se odiaba era la miseria. Silencio. Tiempo de silencio. A los españoles se les ocultó una guerra. No es extraño, por tanto, que algunos no quieran abrir heridas, en la política interesada por velar con mentiras y con tierra lo que aquella sinrazón fue. Los tecnócratas del Opus, tras los planes de estabilización de 1959, ofrecieron una coartada de desarrollismo para añadir humo a una guerra, para ellos periclitada, por ganada. Una guerra de hermanos contra hermanos, les contaron los salva-patrias: los de la Victoria. Sin embargo, en este país, y no hace tanto, se mató por política – la ciencia de la convivencia-. Y la cosa no es baladí. En un pueblo alto, cerca del cielo, el más alto de Extremadura aconteció un hecho para mí significativo. No tanto si las lagrimas de una madre no hubieran estado a punto de rodar. Todo aquello, hasta ahora, se había contado como una anécdota familiar, sin aparente trascendencia. La interesada ignorancia velaba los hechos para no interpretarlos como debían. Los recuerdos eran más agradables: son de escuela nacional-católica, de maestros en mesa camilla con brasero, a regla y palmeta y canción de cara al sol a la entrada de clase. La anécdota se trasforma en historieta. Pero no lo fue. Fue algo más serio. Corre el año 1936, en época de carnavales, y un señor labriego, con varios hijos pequeños – y en especial una niña, la más pequeña y pizpireta flor -, se disfraza de Azaña. Yo soy Azaña, reza en un cartel que se pega al cuerpo. El Frente popular había ganado las elecciones. Hoy yo lo sé: no estudié, por suerte, la enciclopedia Álvarez. Quien me refirió esta historia, si que estudió con aquel libro que no nació para ser libro y, por tanto, lo ignoraba. Poco tiempo después aquel labriego y a su hijo mayor le obligan a cavar una tumba. La suya propia. Aquella niña pequeña es testigo de la escena. El delito del labriego era el de ser de izquierdas. Por suerte no se cumplió la pena capital , pese a tener ya sus pies dentro de una tumba. La que bien pudo haber sido una fosa perdida en perdidos pueblos de España. Una tumba al lado de unas matas aceradas y oscuras, al frente de unos piornos, junto a un barranco de un día límpido. Es posible que los llantos de aquella niña flor, que vio las carabinas apuntando a su padre y a su hermano, apaciguasen a sus vecinos que hacían ademán de verdugos. No lo sé. La niña flor fue pragmática: con los años se volvió de parte de los que apuntaban. Su hija, casi también. Sino fuera porque, quizá, se dio cuenta que su abuelo pudo haber sido un desaparecido de los que ahora buscan, en una zanja perdida en un pueblo perdido de España. Una lágrima rodó. Era su abuelo, el que ella conoció; cuando ni ella, ni él, pudieron no haber existido más allá de 1936. Por fin reconoció una cosa: por fin entendió la cruzada idealista de Garzón. Y la gente de la que hablo son gente cercana, de aquí; gente sencilla e inocente.

lunes, 20 de octubre de 2008

La conciencia progresista y la trampa de la liquidez.





Suele ser habitual entre los muchos tertulianos en mismo bar de la derecha, amigotes de partido y oyentes de la COPE que de economía se enteren de la misa la media. Por no decir que nada, para ser más justos a la realidad. Es una cosa que yo vengo denunciando desde hace tiempo. Los que me leen lo saben. Hace tiempo que avisé, por ejemplo, sobre los furibundos látigos que son las combas curvadas de la oferta y la demanda. Que estas, dejadas al libre albedrío, pegan zurriagazos chuscos. Nada: como si hablase a las paredes. Es natural, sabiendo esto, que me pusiera de uñas ante los comentarios para barraganes intelectuales que se sueltan en la COPE o el diario La Razón. Comentarios lanzados para chabacanos, ignorantes, indocumentados y borregos educados por la enciclopedia Álvarez. Esos mismos que van a misa y que no se preguntan porqué del culto se celebra como se celebra y de donde vienen la retahíla de rezos y sarta de textos bíblico-teológicos. Como digo: de la misa la media. Somos muchos, en cambio, los que veíamos que las tesis de algunos clérigos vestidos de economistas, como Milton Friedman, adalid del libre mercado, eran una pura falsa. Friedman representaba la postura contra reformista del hereje Keynes. Y los monetaristas se hicieron legión. No me refiero a la legión de ignorantes que escuchan la COPE y aplauden sus eruptos. A esos con los latiguillos “España se hunde”, el coco del contubernio judeo-masónico, que sigue lanzando César Vidal, y que ni Dios sabe que significa, o el “Váyase usted González” en que aún se han quedado les vale. No se si han leído alguna vez a Friedmam. Pero si de verdad lo han hecho se darán cuenta que sus textos parecen la homilía de un sacerdote dominguero. En este caso contra la intervención del Estado, cual satanás, en el sacro santo libre mercado. Friedman bajó a la calle de la política como divulgador desde las aúlicas cumbres de la teoría económica, lanzando una nueva fe religioso económica: los monetaristas. Los Jesuitas ultras de la economía. Los caballeros del libre mercado. Unos nuevos Jansenitas. Hoy recuerdo cuando desperté de aquel sueño. Los marxistas lo llaman “toma de conciencia”, puede ser: cuando los curas, metidos a economistas, en radio intereconomía abrazaban dicha corriente de los monetaristas. Gato encerrado. Olor a podrido. ¿Los católicos abrazando a Calvino? Mucho me quieren, mucho te quiero (y que si los publicanos, la carta a los corintos, romanos y fariseos), pero no me toques los dineros. O dineros a rebosar a bolsillos llenos. Mucha hipocresía. El caso es que ahora dan el premio Nobel de economía a Paul Krugman por decir y denunciar lo que era de cajón. Lo que ven los ciegos bíblicos. Que la política monetaria a piloto automático hace que los flags no se activen cuando hay fuerte turbulencias. Que el aumento de la oferta monetaria sirve de bien poco en fases de recesión. Lo único que vale, demostrado, y no hace falta que venga ningún Krugman a decirlo, es la intervención del político manejando los mandos de la nave: el Estado. O es que se habían pensado ustedes, adalides de las liberaciones, que en nuestras plutocracias, si el timón no lo maneja la política fiscal o la regulación, en las manos visibles de políticos elegidos al menos en las urnas, éste viene a caer en las manazas de los plutocratas, invisibles solo para oyentes de la COPE, lectores de La Razón, y otros medios de comunicación, en las “manos invisibles” adamnianas de los jerarcas del Opus. Grandes capitales con el afán humano de monopolizar los mercados. Verdadera y única racionalidad económica que sostiene reverendo Friedmann. Lugar por donde hace aguas toda su teoría económica normativa. Es elogioso que ELPAÍS de este domingo se hayan publicado los artículos de Krugman ¿Quién es Milton Friedman? Pero más interesante ha sido, sin duda, la entrevista a Luis Ángel Rojo, nuestro más conspicuo economista keynesiano. Éste ya pasa de explicar, al estilo Krugman, lo que ya todos sabíamos. Directamente despotrica contra Greenspan, el FMI, o el BCE sin pelos en la lengua. Cuando una cosa se sabe que va a pasar y luego pasa no hay lugar para las explicaciones. Es el lugar de llamar ineptos, hipócritas, fariseos y borregos a quienes lo sean. Y así lo hace Luis Ángel Rojo. Parece que todos los economistas están de un agorero que es para echarse a temblar. Así Josep Piqué, uno de los pocos con materia gris que había en el PP, pone sus manos en la cara, compungido !No existe mercado interbancario!, y nos dice esto: “ la teoría – expresada en términos muy cautelosos por Keynes, hace tres cuartos de siglo – sobre la demanda infinitamente elástica de dinero, sea cual sea su precio, recobra su actualidad”. La trampa de la liquidez. Acabásemos. Tanto tiempo escuchando a los clérigos que nos acordamos de los sabios,cuando truena. Friedman por el retrete: eso hace Piqué. Pero, aún así, Piqué no termina de reconocerlo del todo. Así, ofrece una propuesta interesante: que el gobierno avale los prestamos del interbancario. Muy buena, en eso estoy de acuerdo. Como papá estado no tiene dinero para dar dinero (liquidez) a los bancos, reconociendo que Keynes tenía razón y que Friedman no fue mas que un cretino vende ideas, papá estado se sentará al lado como avalista de los bancos cuando se firmen los prestamos entre ellos. No se si son conscientes de esto. Pero se sigue queriendo que papaito acuda como avalista de los ineptos timoneles y plutocratas, a la vez que se sigue pidiendo que, al pobre, ni agua.

jueves, 16 de octubre de 2008

Algunas notas sobre un asunto de actualidad universal: la globalización


Son estas tierras valxeritenses un buen lugar para filosofar. La amenidad de sus arroyos, la claridad de sus fuentes, la suave brisa que recorre sus laderas, así como la insolación, ni mucha ni poca, tanto en la solana y en la umbría, invitan a pensar con tranquilidad. Digámoslo de una vez: sirve para alejarse del mundanal ruido de las ciudades, con sus cláxones, sirenas de ambulancias, coches celulares, hospitales abarrotados, parques llenos, cafeterías repletas. El arrullo de las fuentes, si estas son frescas, bien sirven para reflexionar sobre el mundo y sobre la vida; sobre lo que hay, o sobre todo lo contrario. Es verdad que es preciso, sin embargo, tomar este lugar con una visión cosmopolita. En una actitud de viajeros planetarios y, por que no, en una actitud burguesa. Toda la actitud burguesa que puede tener un campesino. El aire de la ciudad nos hace libres, se decía antiguamente; hoy el aire que se respira en ellas está contaminado. También se dice, muy acertadamente, que la filosofía es una enfermedad que se contrae viajando. Pero, por lo pronto, yo me encuentro aquí, junto a una fuente de agua fresca – y no metafórica -. Viajeros, exiliados, vagabundos, expedicionarios… forasteros por antonomasia, extranjero desconocido: “… de tu andar de aquí para allá, y de que filosofando recorriste tantas tierras por ver cosas”. Desde antiguo se consideró la sabiduría como “cosmopolita”. Ciudadano del mundo. Que es, como quien dice, ciudadano de ninguna parte. En la fuente me hallo. Dándole vueltas a esto de la globalización, con un interés claro: desentrañar lo que en el mundo ocurre. ¿Existe en verdad una definición de Globalización? ¿Convivimos en una aldea global? ¿Son la Globalización y la Anti-Globalización sendas ideologías?

domingo, 12 de octubre de 2008

De la economía al reloj de esfera negra de Sartre.


Texto homenaje a la izquierda burguesa e intelectual; a la que algunos llaman con desdén progres-aburguesados.


Tal y como les dije el otro día, iba a continuar hablando sobre economía. Solo que, con un pequeño matiz: las cosas dan vueltas y de un hilo sale otro, y de otro: otro. Para comprender lo que ocurre en el mundo, si es que somos capaces de ello, hay que hilar muy fino. Incluso así es fácil pincharse y eso, de por sí, no es malo: es un síntoma de que, al menos, estamos hilando algo. Hay muchos otros que se encuentran en la inopia, que es como decir que ni hilan ni cardan la lana. Viven, que no es poco. Y hacen bien, porque no preguntarse por el sentido de las cosas y descansar en vidas sencillas es muy virtuoso. No lo es en cambio cuando el que vive en la inopia se convierte en borrego. A los borregos: palos. Hace poco el premio Nobel de Literatura, José Saramago, daba un rapapolvo a las izquierdas, las cuales han quedado dormidas los últimos años. En eso tiene bastante razón, pues atrás quedaron los gloriosos años que dieron con el Mayo de 1968, la revolución de los claveles, la lucha contra Franco en la clandestinidad de las UCM, las películas de Jean Luc Godard, los libros de primo levi, y las críticas sociales de los hermanos Taviani (como su película Padre, padrone)… Hablo de la burguesía izquierdista e intelectual que el mayo francés impregnó al mundo. La crisis del petróleo, como digo, cambió un modelo paradigmático en los patrones de cambio internacionales y dio lugar a tres décadas de signo neoliberal. Tres décadas, la de los 80, 90 y principios del nuevo milenio que ha apaciguado a la juventud contestataria burguesa y de izquierdas y que en la década de los 60 y los 70 bullían en las Universidades Europeas. El rapapolvo a las izquierdas debe ser sonoro: tres décadas de neoliberalismo, de Thacher, Bush, Wall Street, y la hoguera de las vanidades (Tom Wolfe). En lo intelectual triunfaron los Friedmman y los Hayek, en norteamérica los neocons, que con su fundación FAES Aznar quiere expandir cerca de los lugares donde nació la Institución Libre de Enseñanza. Y se hicieron fuertes intelectualmente en España, através de las facultades de economía y empresariales. Una nueva cultura del éxito. Una cultura que se enfrenta al hedonismo del que, y se que pocos me conocían así, soy partidario: soy un eudamonista desde bien pequeño. Desde que aquí, en España, a principio de los ochenta, teníamos un programa infantil-juvenil digno de aplauso: La bola de cristal. Uno de sus personajes, la bruja avería, hacia una acertada disección ¡Viva el mal! ¡Viva el Capital! Una oposición intelectual de izquierdas se hace precisa. No porque no adoremos las cosas virtuosas de la técnica moderna, los teléfonos móviles, los PC portátiles, la Internet… y otros ingenios del mundo globalizado, sino porque es preciso que ese capitalismo sirva para mejorar la vida en el mundo. Su máximización necesita de determinados diques que lleven el agua a un mundo mejor para más gente: diques intelectuales puestos a los mercados. Una crítica de las que no podemos pasar por alto es la que nos lleva este mundo globalizado en lo económico. La globalización consiste en que los capitales, los dineros, no tienen fronteras: no se le piden pasaportes. En cambio a las personas, para pasar de país, e instalarse en otro si que se les exige. Eso constituye una moral con doble rasero. Es preciso que volvamos a comprarnos la pipa de Bertrand Russell y ponernos el reloj de esfera de Sastre. La izquierda intelectual debe recuperar el lugar moral que le corresponde y defender todo lo que en ella es esencial: el pacifismo, el socialismo individualista, la mordacidad y la ironía contra las religiones e ideologías políticas absolutistas, la militancia racionalista. Y, por supuesto, las contradicciones, que, filosóficamente, son lo más educativo de todo (Savater).

De la economía al reloj de esfera negra de Sartre.

Texto homenaje a la izquierda burguesa e intelectual; a la que algunos llaman con desdén progres-aburguesados.


Tal y como les dije el otro día, iba a continuar hablando sobre economía. Solo que, con un pequeño matiz: las cosas dan vueltas y de un hilo sale otro, y de otro: otro. Para comprender lo que ocurre en el mundo, si es que somos capaces de ello, hay que hilar muy fino. Incluso así es fácil pincharse y eso, de por sí, no es malo: es un síntoma de que, al menos, estamos hilando algo. Hay muchos otros que se encuentran en la inopia, que es como decir que ni hilan ni cardan la lana. Viven, que no es poco. Y hacen bien, porque no preguntarse por el sentido de las cosas y descansar en vidas sencillas es muy virtuoso. No lo es en cambio cuando el que vive en la inopia se convierte en borrego. A los borregos: palos. Hace poco el premio Nobel de Literatura, José Saramago, daba un rapapolvo a las izquierdas, las cuales han quedado dormidas los últimos años. En eso tiene bastante razón, pues atrás quedaron los gloriosos años que dieron con el Mayo de 1968, la revolución de los claveles, la lucha contra Franco en la clandestinidad de las UCM, las películas de Jean Luc Godard, los libros de primo levi, y las críticas sociales de los hermanos Taviani (como su película Padre, padrone)… Hablo de la burguesía izquierdista e intelectual que el mayo francés impregnó al mundo. La crisis del petróleo, como digo, cambió un modelo paradigmático en los patrones de cambio internacionales y dio lugar a tres décadas de signo neoliberal. Tres décadas, la de los 80, 90 y principios del nuevo milenio que ha apaciguado a la juventud contestataria burguesa y de izquierdas y que en la década de los 60 y los 70 bullían en las Universidades Europeas. El rapapolvo a las izquierdas debe ser sonoro: tres décadas de neoliberalismo, de Thacher, Bush, Wall Street, y la hoguera de las vanidades (Tom Wolfe). En lo intelectual triunfaron los Friedmman y los Hayek, en norteamérica los neocons, que con su fundación FAES Aznar quiere expandir cerca de los lugares donde nació la Institución Libre de Enseñanza. Y se hicieron fuertes intelectualmente en España, através de las facultades de economía y empresariales. Una nueva cultura del éxito. Una cultura que se enfrenta al hedonismo del que, y se que pocos me conocían así, soy partidario: soy un eudamonista desde bien pequeño. Desde que aquí, en España, a principio de los ochenta, teníamos un programa infantil-juvenil digno de aplauso: La bola de cristal. Uno de sus personajes, la bruja avería, hacia una acertada disección ¡Viva el mal! ¡Viva el Capital! Una oposición intelectual de izquierdas se hace precisa. No porque no adoremos las cosas virtuosas de la técnica moderna, los teléfonos móviles, los PC portátiles, la Internet… y otros ingenios del mundo globalizado, sino porque es preciso que ese capitalismo sirva para mejorar la vida en el mundo. Su máximización necesita de determinados diques que lleven el agua a un mundo mejor para más gente: diques intelectuales puestos a los mercados. Una crítica de las que no podemos pasar por alto es la que nos lleva este mundo globalizado en lo económico. La globalización consiste en que los capitales, los dineros, no tienen fronteras: no se le piden pasaportes. En cambio a las personas, para pasar de país, e instalarse en otro si que se les exige. Eso constituye una moral con doble rasero. Es preciso que volvamos a comprarnos la pipa de Bertrand Russell y ponernos el reloj de esfera de Sastre. La izquierda intelectual debe recuperar el lugar moral que le corresponde y defender todo lo que en ella es esencial: el pacifismo, el socialismo individualista, la mordacidad y la ironía contra las religiones e ideologías políticas absolutistas, la militancia racionalista. Y, por supuesto, las contradicciones, que, filosóficamente, son lo más educativo de todo (Savater).

viernes, 10 de octubre de 2008

Esperanza Aguirre y los liberados sindicales


Los hechos acaecidos en Madrid tras la inauguración de diversos hospitales son del todo deplorables. Me refiero, por supuesto, a los vituperios lanzados contra los políticos inaugurantes, Guemes y Esperanza, así como el posterior señalamiento de los increpadores como liberados sindicales. Es cierto que dichos políticos iban con cara de foto puesta, de demagogos, y con la falsa sonrisa hipócrita colocada en los labios y que , los otros, los del sentido contrario, iban con el afán de que la foto les saliese movida. Y, claro, eso no les gustó a los primeros. Aún así pienso que no es de recibo ninguna de las dos actitudes: ni la cacerolada, incluidos bochornosos insultos, ni la posterior actitud deslegitimando a los increpantes por el hecho de ser “liberados sindicales”. Éstos trataron, como digo, de chafar la propaganda a la que nos acostumbran los políticos y luego, éstos, los políticos, han tratado de hacer una habitual maniobra de botes de humos, enfadosa retirada con ataque y en una interesante táctica de distracción. Que los hechos sean deplorables en ambos sentidos no quiere decir que ambos tengan la misma calificación moral. Uno de los hechos ha consistido en un “alboroto”, una “trifulca”, un “boicot”, tal y como se extrae de los medios tales como el ABC y otros medios propios de la derecha. El otro de los hechos es aún mucho más grave: La deslegitimación de la actividad sindical. Así, se ha aprovechado para atacar el engorroso y caro sistema de mantener a los “liberados sindicales”. Hecho que justificaría la propia tesis de ineficacia de “lo público” frente a “lo privado”. Una retirada con veneno. Los aplaudidores, los forofos y los ultras se pondrán a dar saltos como monos de una manera muy parecida, por cierto, del que critican, al ver como los suyos, los de su equipo, han planteado una buena contra. Pero no se si ustedes de dan cuenta de lo serio que es el asunto, como para que nosotros, los ciudadanos responsables, dejemos paso a que los borricos suelten sus rebuznos, berridos y válidos, los cuales se oyen en estéreo: a izquierda y derecha. La cosa es grave, como digo. Nuestro sistema de convivencia democrático no consiste, tan solo, en unos “partidos políticos” que reciben votos en unas elecciones generales. Nuestro sistema democrático es mucho mas complejo que eso. Los sindicatos forman parte del sistema democrático de forma tan importante, si no más, que los partidos políticos. No voy a hacer un análisis jurídico ahora, pero tengan en cuenta que el “derecho a la libertad sindical” y el “derecho de huelga” no son derechos menores y su protección es máxima. No voy a pasar, tampoco , a explicar el proceso largo de juridificación del sindicato ni su historia. Quede dicho, sin embargo, que el sindicato tiene una función clara de contrapeso del Poder, dentro de un sistema democrático. La democracia liberal pasó por diferentes fases en cuanto a su consideración del sindicato, pero se ha mostrado que sus contrapesos sirven para equilibrar y limitar los poderes varios. En todo esto hay mucha miga que me imagino que ustedes intuyen. Las declaraciones del consejero Güemes descalificando a los “liberados sindicales” le califican a el mismo. Por cierto, y me pregunto, ¿Cuándo ejerce Esperanza Aguirre sus funciones como presidenta? A nadie se le oculta que son otros quienes, desde detrás, ejercen ese Poder: a ella le es imposible ejercer dichas funciones, porque está en todas las inaguraciones, saraos, fotos... lugares donde lo que mas se hace es posar y trabajar, bien poco. Pero esto precisaría de un artículo mucho más largo que dejaré para otro día.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Sobre laicidad positiva, siguiendo a Bertrand Russell.



El ABC, desde que volvió a la moral tridentina de la más alambicada tradición contrareformista española y tras dejar atrás una interesante época humanista, está haciendo acopio de argumentos teológicos: Hace tres días atacaba al laicismo invocando a mismísimo libro de Job, ayer, en “la tercera” trataban de la “laicidad positiva” y hoy, una vez más, nos dan la lata con “la iglesia, a pesar de todo”. El artículo sobre la laicidad positiva me pareció del todo interesante, si no fuera porque la realidad francesa donde se expuso no tiene nada que ver con lo que se cuece a estos lados de los Pirineos. Allí, en Francia, la separación Iglesia-Estado llegó ex abrupto a causa de un proceso revolucionario sanguinolento y que una vez conseguido han caminado por sendas separadas. Aquí ha sido otro cantar. El caso es que nos vienen dando la matraca y ya tres días seguidos se van haciendo muchos para que no les demos, como ciudadanos, la consiguiente respuesta a su tesón. Hace nada ponían a parir a esa ola de laicidad que, como una peste vesánica, inunda la cristiandad: y, en especial, la más ortodoxa de sus provincias. El feudo del Opus. Aquí atrás Estado nacional-católico. Y, ahora, hasta el cardenal Rouco aboga por la “laicidad positiva”, ignorando que allí, en Francia, pueden plantarse cosas que aquí no valen. Francia posee un Estado laico y nadie lo cuestiona. España no. Precisamente el día anterior el propio periódico de los prelados lo ponía en cuestión con el artículo referido. Eso no es lo peor: en las cabeceras del Poder judicial, político y militar se sientan ultra-católicos convencidos. No somos aquí, en estas páginas, conformes a esa laicidad positiva y menos para un país como España; tener conocimiento de la historia de las religiones, de los propios postulados religiosos, sus argumentos – en especial de la tradición judeo cristiana – no es objetable. Al contrario: El conocimiento es, en verdad, una actitud moral: un deber ético. El respeto a la moral católica, por otro lado, esta en paridad a cualquier otra moral y así debe ser respetada por el Estado. Para todo lo demás !Ya está bien!: En la TVE nos desayunamos los domingos con tertulianos apostólicos ínfimos. Este domingo, sin ir más lejos, un “especialista” que había estudiado la figura Dios y Jesucristo en el cine, ponía a parir, literalmente, a Bergman acusándole a él de intrascendente !Válgame Dios! !Bergman intrascendente! El argumento que presentaba es que el director mostraba su duda existencial sobre Dios. Tacharlo de intrancesdente es una falacia cuando el propio director no es que crea en el Infierno: es que lo muestra. El infierno está en este mundo ¿hace falta irse más lejos?. La teología de estos sujetos dominicales es la de los borregos y los rebaños: la que se nutre del miedo compresible a la muerte para ejercer la política en el ámbito de este mundo. El nuestro: el de los vivos. Ya está bien: se hace necesaria una oposición que haga frente a esta gente. Los intereses eclesiásticos se sitúan en las esferas del Poder y, por ende, en el Estado y se pasean por el como Pedro por su casa. La situación en otros países no es menos halagüeña. Que en Estados Unidos la candidata republicana a la vicepresidencia sea una ultra “creacionista” lo dice todo. Es un hecho cierto que estos poderes religiosos no tendrían escrúpulos en considerar como ciudadanos de segunda clase a quienes nos oponemos a la religión tradicional, a diferencia de lo que hacemos nosotros con ellos, y es un hecho, aún más cierto, que su campaña frente al laicismo, que no pretende otra cosa que la separación entre Iglesia y Estado, perseguirían, como siempre han hecho, a los que no piensan como ellos. La creencia religiosa no sirve, como argumenté en mi artículo el cristianismo no es un humanismo, para resolver el esencial misterio que abruma al ser humano. Que aboguemos los laicistas por limitar el Poder a las instuciones religiosas no implica que nosotros seamos intrascendentes: no lo somos. Y Bergman menos, como expuso este fin de semana un ignorante ultra católico en un programa en la televisión Pública española. Ignorante es quien habla sin saber de lo que habla: y este señor lo fue. Así de claro. Bergman pone en entredicho, usando una lógica aplastante, el dogma de Dios como Summnun Bonunn: y eso es lo que les jode. No otra cosa. No ha habido director de cine más trascendente que Bergman: puesto que no solo no se pregunta por Dios sino que, a la vez, lo escruta. Actitud esta humanísima. Ni siquiera Dios puede librarse del escarperlo humano: es, como dirían los escolástios, consustancial a sí mismo. La religión no resuelve el problema de la trascendencia, la de la primera causa. Borges siempre lo ha dejado claro en su metafísica circular ¿ilógica?, también trascendental. Bertrand Rusell no lo explica con claridad. Este sabio, como otros que se pusieron el solfa tras la crisis de la modernidad, a principios del siglo XX, se cuestionó esta tesis, otra vez escolástica, del medioevo, leyendo la autobiografía de Jhon Stuart Mills: “Mi padre me enseñó que la pregunta ¿Quién me hizo? No puede responderse, ya que inmediatamente sugiere la pregunta ¿Quién hizo a Dios?”. Es como decir que el mundo descansa sobre un elefante, añade, y éste sobre una tortuga. ¿Y la tortuga?. El siglo XX, señores, supuso la crisis a la modernidad, que por hoy no voy a explicar lo que es. Lo dejare para más adelante. Esa crisis de la modernidad surgió como un imperativo humano; mientras curas y prelados han quedado mas anticuados y añejos que una abadía benedictina, mandando quemar los libros, las ideas, las reflexiones que van contra sus dogmas ferreamente inoculados en su niñez. Dios, señores, no explica el mundo. No lo resuelve. El siglo XX estuvo ahí para someter a crítica esa postura milenaria. Eso no implica, por tanto, que no seamos intrascendentes. El Dios cristiano forma parte de la mentira institucionalizada por Apolo: esa es la genealogía de la moral. Pero si ustedes quieren vivir con su mentira, vivan. Dios no les pertenece en exclusiva. Menos le permite que su mentira quiera ejercer el Poder dentro de instituciones que son de todos. Entiendo la postura del “laicismo positivo”, puesto que frente a él, se argumenta, que vendrán otros a imponer otra moral diferente y, acaso, peor. Eso no nos parece cierto, teniendo en cuenta, como es , que toda la religión se ha sustentado, como señala acertadamente Russell, en dos pilares: el miedo y el odio. Me imagino que iguales se puede llegar a ser: peores no. No es necesario acudir a un templo ni escuchar a un eclesiástico, mal formado, para encontrarse con Dios. Repito: nadie tiene el monopolio de Dios. Y los falsos e hipócritas, menos. Jugar con la inocencia de la gente y su deseo ingenito a rogar a Dios, a Theos, o a un Ser Trascendental, para imponer una moral y copar los puestos de Poder choca sobre los principios de una ética basada en el hombre