domingo, 24 de agosto de 2008

Beatos intransigentes



Ahora sale la beatería intransigente con un nuevo argumento. Quieren imponer las normas del rebaño, no se si decir borregos, al prójimo, mientras, nosotros, los laicistas – que tampoco quiere no decir cristanos- pretendemos que cada cual viva como según sus convicciones le dicten, religiosas o no, y van, y dicen, que les insultamos cuando les llamamos “beatos” y les decimos “intransigentes”. Estos señores fariseos, hipócritas de la mala baba, gentuza se pone de uñas han desoído el mandato divino que Jesús dejó en las Bienaventuranzas. Se molestan porque les llamamos intransigentes y beatos, y no se dan cuenta que ellos son los mismismos fariseos a los que Jesús lanzó duras palabras: ¡ Ay, de vosotros fariseos hipócritas, que recorréis tierra y mar para hacer un prosélito; y, una vez conseguido, lo hacéis dos veces más digno del infierno que vosotros! . ¡Desdichados, perdidos, ciegos! La putrefacción de vuestras almas, encenegadas de cuantos vicios y maldades desdoran al linaje humano, sale de vuestras bocas con toda esa inmundicia que habláis, haciendo política desde lo púlpitos, desde las radios, y corrompe hasta el ambiente que os rodea. Pero aún tenéis tiempo para enmendaros, que ni aún los inicuos empedernidos como vosotros están cerrados a los caminos del arrepentimiento, ni secas las fuentes del perdón. No os descuidéis, no, que el daño de vuestras almas es grande y profundo. Aborreced la iniquidad que os rodea, ¡falsos! ¡Mentirosos! ¡Beatos intransigentes!, Sabed que el que expiró en la Cruz soportó afrentas y dolores, dio su sangre y su vida por redimiros del mal…Porque el sufrió y murió por gentes como Vosotros ¡falsos! ¡Mentirosos! ¡Beatos intransigentes! ¡Curas, clérigos! ¡Dejad la política para los ciudadanos! Y así, quizá, exculparéis vuestros pecados. Pero no, no lo haréis, queréis acariciar el Poder; os gusta la pompa, os gusta el boato: os gusta imponer vuestras convicciones a los ciudadanos. ¡Hipócritas! Ahora decís que os insultamos, beatos intransigentes, ¡fariseos!, ¡No habéis entendido aún que la política es de los ciudadanos! ¡Sacerdotes de la mala baba! y buscaréis la beatificación por mártires. No, vivid como queráis, beatos intransigentes e hipócritas. Os molesta que la Iglesia no esté en el Estado, en la escuela: queréis tener representación en ella. Queréis imponer vuestra manera de ver el mundo a los demás, por ley y SÍ: os llamamos “beatos intransigentes”… porque es lo que sois: No comprendéis que vuestro reino no es de este mundo y os metéis a hacer política: misión que no os corresponde ¡fariseos! ¡arderéis en las llamas del infierno por vuestros pecados!... A Dios.
Ahora sale la beatería intransigente con un nuevo argumento. Quieren imponer las normas del rebaño, no se si decir borregos, al prójimo, mientras, nosotros, los laicistas – que tampoco quiere no decir cristanos- pretendemos que cada cual viva como según sus convicciones le dicten, religiosas o no, y van, y dicen, que les insultamos cuando les llamamos “beatos” y les decimos “intransigentes”. Estos señores fariseos, hipócritas de la mala baba, gentuza se pone de uñas han desoído el mandato divino que Jesús dejó en las Bienaventuranzas. Se molestan porque les llamamos intransigentes y beatos, y no se dan cuenta que ellos son los mismismos fariseos a los que Jesús lanzó duras palabras: ¡ Ay, de vosotros fariseos hipócritas, que recorréis tierra y mar para hacer un prosélito; y, una vez conseguido, lo hacéis dos veces más digno del infierno que vosotros! . ¡Desdichados, perdidos, ciegos! La putrefacción de vuestras almas, encenegadas de cuantos vicios y maldades desdoran al linaje humano, sale de vuestras bocas con toda esa inmundicia que habláis, haciendo política desde lo púlpitos, desde las radios, y corrompe hasta el ambiente que os rodea. Pero aún tenéis tiempo para enmendaros, que ni aún los inicuos empedernidos como vosotros están cerrados a los caminos del arrepentimiento, ni secas las fuentes del perdón. No os descuidéis, no, que el daño de vuestras almas es grande y profundo. Aborreced la iniquidad que os rodea, ¡falsos! ¡Mentirosos! ¡Beatos intransigentes!, Sabed que el que expiró en la Cruz soportó afrentas y dolores, dio su sangre y su vida por redimiros del mal…Porque el sufrió y murió por gentes como Vosotros ¡falsos! ¡Mentirosos! ¡Beatos intransigentes! ¡Curas, clérigos! ¡Dejad la política para los ciudadanos! Y así, quizá, exculparéis vuestros pecados. Pero no, no lo haréis, queréis acariciar el Poder; os gusta la pompa, os gusta el boato: os gusta imponer vuestras convicciones a los ciudadanos. ¡Hipócritas! Ahora decís que os insultamos, beatos intransigentes, ¡fariseos!, ¡No habéis entendido aún que la política es de los ciudadanos! ¡Sacerdotes de la mala baba! y buscaréis la beatificación por mártires. No, vivid como queráis, beatos intransigentes e hipócritas. Os molesta que la Iglesia no esté en el Estado, en la escuela: queréis tener representación en ella. Queréis imponer vuestra manera de ver el mundo a los demás, por ley y SÍ: os llamamos “beatos intransigentes”… porque es lo que sois: No comprendéis que vuestro reino no es de este mundo y os metéis a hacer política: misión que no os corresponde ¡fariseos! ¡arderéis en las llamas del infierno por vuestros pecados!... A Dios.
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Potemkin - Las escaleras de Odessa (Einsenstein 1925)





YouTube - Battleship Potempkin - Odessa Steps scene (Einsenstein 1925)

Bueno, esta no es que sea tan solo una de mis preferidas: es que está unánimente reconocida como una de las mejores escenas de la Historia del Cine. Sólo hay que disfrutarla. Sobran los comentarios.

Grupo Salvaje: - un paseo hacia la muerte-





YouTube - Wild Bunch - Final Shootout

Y que me dicen de este final de Grupo Salvaje, la obra maestra de Pequinpah y ese paseo hacia la muerte de Holden, Borgnine y su grupo, con todo el tiroteo final. A quien no se le ponga los pelos como escarpias cone esta secuencia es que no ama el cine: es el final de una clase de hombres, y de un tipo de Cine los pistoleros míticos del Western. Holden muere con las pistolas enfundadas, las ametralladoras hacen desaparecer lo que fueron estos caballeros errantes con códigos y honores propios. Los cuatro saben que van a morir, pero no pueden dejar a uno de su grupo: son los códigos irrompibles de un género difunto. Pocos saben cual es la sutileza de los planos: que se lo digan a Pequinpah y ese revolver enfundado y a la risa final. Otra para enmarcar

Blade Runner - Time to die




YouTube - Blade Runner - Time to die - Spanish Sub -


Por supuesto, añado esta bella escena de la obra maestra de Ridley Scott, blade runner; el monólogo final es para enmarcarlo en bellas letras: un bello poema sobre la vida y el amor a la misma. He visto cosas que vosotros no podriaís creer. Naves de ataque ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-C brillando cerca de la puerta de Tanhausser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo. Es tiempo de morir. Ni que decir tiene que soy de los que sostiene que los Blade Runners son también replicantes, aunque, como comentaré en una entrada que sobre esta película haré, creo que son todos los humanos replicantes. ¿Porqué nos han dado tan corto tiempo de existencia? ¿Es el amor nuestro valor más preciado? la escena de amor entre los protagonistas másculino y femenino nos pone sobre la pista: solo los que son capaces de amar a otros se revelan contra el tiempo impuesto. Cuando se descubre esa experiencia - que por otra parte revela que el Blade runner es un replicante- se busca la inmortalidad, la rebelión contra el Él y la aceptación de que es tiempo para morir: time to die. Chapeu por esta obra maestra, que desgraciadamente muchos desconcen por no saber ver películas subtituladas.

Senderos de Gloria (Kubrick)




YouTube - La patrulla infernal (1957) - Stanley Kubrick

Esta secuencia de "senderos de Gloria", de Stanley Kubrick, está considerada como una oda al travelling. La película es magistral desde el principio hasta el fin y elegir escena es casi imposible: hay tantas, tales como la escena final, donde una joven alemana canta una canción alemana a los soldados franceses: son carne de cañón, como ellos; carne para la picadora en un mundo donde los que mandan les mueven sus intereses particulares: mientras los corderillos esperan a cuchillo que los masacren, tan solo porque un General quiere llevarse una estrella más. Se enarbola una bandera, la del patriotismo: ¿Para qué?

El séptimo sello







Inicio aquí una nueva sección en la cual incluyo las que son mis preferidas escenas del Cine. Son muchas las secuencias, sin duda, que me han entusiasmado. Aquí dejo esta de "El séptimo sello". Para admirar esta escena al completo habría que ver la canción que los comediantes cantan al completo y que en paralelo nos muestra la relación adúltera de la esposa del herrero con uno de los comediantes, como exaltación a la vida, al comer y beber y a los placeres corpóreos. Términada esta exaltación a la vida, Bergman nos hace un travelling que acerca la cámara a los rostros horrorizados de los comediantes, que ven acercarse la caravana de los mortificados. Una escena de horror existencial a la muerte de aquellos que piden que cese el Apocalpsis traidos por la peste. Posteriormente engarza con una consecución de planos atroz de una procesión de personas que se mortifican y azotan. En fin: Genial, como no podía ser menos por parte de Bergman.

Rua do Gasol


Excelente partido de la selección española de baloncesto; en especial de Rudy, que ha volado como Mr. "air" sin achantarse un ápice y fantástico Ricky Rubio que apunta muy alto; los Epi, Sibilio, Romays y compañía se merecen un respeto cariñoso, pero estos vigardos de la democracia, esta generación sin complejos se merecen una sonoro aplauso. En cierta medida tiene razón un compañero mío al tanto del xenofobo ramplantante, lo que pasa que el racismo (éstos negros apisonadora de largos músculos USA, que corren, como se decía, más que el pepino de alguno) nos mantienen callados, no sea que algún sopapo nos deje sentado. A los otros, a los que van en neumática cruzando los mares, ante esos: gallitos y raciales mostrando nuestra superioridad hispana, granjeada en las cantinas marineras de Cádiz !daremos a los inglezes por el culo! entonaban los lobos de mar viejos y perros. Entoavía semos imperio. Y llegaron los ingleses por barlovento y nos dejaron hechos unos zorros. Mal de España, la puta que los ha pario al almirante Nelson y me calzó a Villeneuve y al Godoy, que no se ponía el sol en Ezpaña. España salmantina y Olé, Rafael Farnina y el sombrero cordobés y en Santiago de Compostela, la rua de Franco hasta el obradorio, que pa eso Franco nos hizo pensar que recuperariamos las Filipinas y, los pobres, se quedaron como los últimos de Cuba. Propongo una muy señalada propuesta que a los del PP de Galicia no les hace una miaja de gracia: Cambiar la "rua do Franco" de Santiago por "rua do Gasol". Me dijo un gallego, muy gallego él, viejo, calvo y más franquista que el Monseñor Obispo, cuando el Albariño ya calentaba nuestras sienes, que en ese tema no entrara; siendo cierto que él era más parecido al señor milite y yo, salvando las diferencias, mas Gasolista, por diferecia de centimetro. Y Olé, me dije: viva la madre que nos parió a los nuevos españoles. Yo le dije si señor, con su pan se lo coma y allá se lo haya, que Españoles como usía, mediocres, chiquininos y bolondros los hay a pares, en Galicia o en Salamanca, pero que estan fuera de sitios y que España, lo que se dice España buena, se encuentra en el albariño, en la tinta de Toro, en las vierias y hasta, si se pone, en las cerezas del Jerte. Pero yo me quedo con la "rua de Gasol" para Santiago. Mejor andaríamos por ella todos, y más contentos, que los que invertebran España son, en fondo, los que menos valen, como ud. señor borrico.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La serrana de la Vera: un paseo por el mito. (Ensayo)






La Casa
de Don Pedro de Carvajal

No son estos días de estío adecuados para el caminar sereno; el otoño, viene mejor. El viajero no quiere, sin embargo, perderse la ruta famosa que nos lleva por la sierra de Tormantos hasta el lugar donde la serrana de la Vera tuvo su morada mítica. Recuerda de niño cuando su abuelo le señalaba con el dedo: mira, allí, allí está la cueva de la serrana. Apura el café. La mochila tiene el peso adecuado: bocadillo de tortilla, un par de latas de refresco y agua. Por la noche comprobó la previsión del tiempo: sol y moscas; sin embargo, el viajero comprueba que la mañana está densa, húmeda, fresca y oscuros nubarrones se fijan en la sierra. Vuelve a casa y coge ropa de abrigo: el viajero es previsor. El viajero quiere trasladarse al pasado y lo logra, mientras los primeros agricultores salen para el campo en sus automóviles de trabajo; algunos cargados con gruesas gomas negras; otros con azadas, gumias, calabozas y, como herramientas más modernas, como la mochila, necesaria para aplicar los herbicidas. Es de noche cuando entra por las calles de Garganta de la Olla. El viajero ha traspasado el umbral del tiempo: se haya en el siglo XVI o en el XVII, no lo sabe bien. Voces furiosas suenan en la plaza pública y una partida de hombres, medrosos, con las teas aún encendidas, se prestan a salir en busca de un proscrito; el viajero se lava la cara: la plaza está vacía. Enlaza por una calle que a mano izquierda de la plaza se haya y llega a una esquina. La calle está vacía: una discusión altera el silencio; un padre y una hija discuten. Se sabe que es un padre por varios motivos: uno de ellos es que llora, otro de ellos, el principal, porque grita: ¡Hija! ¡Hija! ¡Hija!. El viajero supone una disputa familiar; se detiene, aunque no es de los que guste de entrometerse en lo ajeno; el viajero mira su reloj: son las 6. Las voces de la plaza se hacen más audibles. Canta un gallo. Y un hombre embozado, menudo, diríamos que hasta de baja estatura, sale corriendo de la casa en disputa, tras portazo sereno; el hombre porta una tea, mientras sus pasos resuenan y desaparecen hacia las voces de la plaza. El viajero ha quedado oculto por las sombras que la mañana aún no han descubierto y un llanto de mujer ahogado, casi imperceptible, queda suspendido desde el interior de una casa cerrada a cal y canto. El viajero sigue su trayecto calle arriba, sereno, confiado y enciende el primer cigarro de la mañana: no debía fumar, lo sabe.


Inicio de la ruta de la serrana de la Vera por el puente de San Salvador

La de Poserrano, Pozas y Valtorete son las tres fuentes que esperan al viajero; sabe, además, que estos boscajes veratos son frescos: crecen los helechos, y, además, los musgos cubren las piedras graníticas desprendidas. En cualquier lugar hay un regato, una sombra, un lugar donde rellenar la cantimplora, desabrocharse los zapatos, soltar la mochila, fumar un pitillo y meter los pies en agua; el paisaje es boscoso: lo conoce bien. Empieza a despuntar el alba. La singladura puede ser difícil, le consta, pero prefiere no ir pertrechado de móvil. Él es así. Lo habitual es recorrer la ruta cuesta abajo: iniciar en la localidad de Piornal el camino, recorrer la altiplanicie serrana, por la zona de los helechales, donde se solazan los piornalegos, y, posteriormente, bajar el puerto por la angosta trocha; sin embargo, el viajero es un buscador, un buscador fluvial, añadiría: no en vano, él mismo así se define. Aunque nada tiene que ver, claro está, el ser un buscador fluvial para que éste ande cuestas arriba siguiendo rutas recónditas de mitos pasados: Sin embargo el viajero, argumenta, trata de recorrer la “ruta de la serrana” tal y como alguna vez debió de hacerlo, en caso de ser ella la serrana de la vera, la doncella –tal vez-, Isabel de Carvajal. El viajero no es verato, pero se conoce bien las trochas, caminos, sol y brisas tormanteñas: no hay cuidado. Al pasar por el puente, bajo el cual una cristalina garganta verata fluye aguas abajo, el viajero siente que, otra vez, el reloj que mide el tiempo le juega una mala pasada. Hay menos luz, pese a ser más de mañana y pese a que un segundo gallo se alborota. El bosque parece más oscuro, más frondoso, más sombrío. El viajero mira hacia atrás, al cercano pueblo de Garganta de la Olla que acaba de atravesar; sin embargo el pueblo está envuelto en tinieblas. La luz eléctrica que iluminaba las calles han desaparecido y el viajero solo escucha el rumor agradable y fresco de la garganta cercana y, más a lo lejos, las voces nocturnas, alborotadas, que escuchó aquí atrás, en la plaza del pueblo. De la calle estrecha aparece una legión de sombras masculinas con teas encendidas. El viajero se aparta hacia un lado, para no estorbar y los deja pasar. La comitiva encendida no para en mientes del viajero: es invisible a ellos; no en vano es un buscador de otro tiempo. Ahora bien ¿Qué busca? El viajero no lo sabe, pero lo digo yo: El viajero es un buscador, simplemente. La comitiva va enfebrecida, nerviosa; el viajero le parece que son labradores, hombres del pueblo los que, detrás de una partida de caballeros ataviados con negros ropajes, que denotan autoridad municipal, y de ciudades populosas cercanas, infiere el viajero, acompañan hasta el puente a los caballeros. La autoridad eclesiástica queda bendiciendo a los que parten y los villanos, detrás de él, quedan a la expectativa. El viajero observa todo, ya alejado del puente unos metros y, a su vera, pasan los caballeros oscuros que van de caza; tenebrosos corceles de ánimas espectrales. Cerca queda el campanario del pueblo, que empieza a hacerse visible en la mañana, aún no emite su sorda campanada: se encuentra a la expectativa, como el viajero.

El padre de Isabel de Carvajal

El viajero es alguien misterioso; él, asimismo, se define como un buscador fluvial. ¿Quién es el viajero? Escuchémosle, el nos lo relata: “Voy a decir sobre mí algo que hasta la fecha nunca había dicho: soy un buscador fluvial. No voy a ocultar a nadie que he recorrido sendas fluviales de belleza inusitada. Desde sabios ríos fronteros, hasta las cristalinas aguas del Xerete”. El viajero inicia el ascenso de la ruta. Los caballeros ya pasaron raudos y el ruido que los cascos de sus corceles se hijo imperceptible. Los campesinos se dieron media vuelta, todos, excepto uno, que sigue, con los ojos perdidos, mirando los ya más claros contornos de Tormantos. El viajero lo reconoce por sus ojos y lo mira; sin embargo el campesino, que tiene la mirada perdida, se haya inmóvil. Dos movimientos continuos en un lugar parado por el tiempo: el viajero sigue la senda que le lleva por la ruta serrana y el viajero, a la vez, se encuentra mirando a un padre de ojos perdidos.

La serrana de la Vera: un mito hispánico del siglo de Oro.

El viajero sigue el camino recién emprendido; viste calzado cómodo, de aventurero, pantalón corto y camisa; el peso de la mochila le molesta poco. Atrás quedó Don Pedro de Carvajal. El día está plúmbeo, como si quisiera llover, por ello la vegetación está exultante; el viajero sigue meditabundo, y admira la granítica vertiente que, de estos lados, empiezan a divisarse en lo alto de la serranía. La serrana de la Vera: mito hispánico, se desarrolló por estas trochas, por estos vergeles veratos. Tres mitos hispanos tuvieron su nacimiento por casi las mismas fechas: La Celestina, Don Juan y Don Quijote. ¿Existe alguna relación entre ellos y la Serrana de la Vera ? El viajero aún no lo sabe, pero lo intuye: es un buscador. Mitos hispánicos únicosm, irrepetidos, sustanciales. Estudiados repetidamente en las dos pasadas centurias: siglos XIX y XX. Largo es el listado de eruditos. Mitos ontológicos, necesarios para conformar el ser de España. No es raro, por tanto, que Menendez Pidal, Americo Castro, Pérez de Ayala, Ortega y Gasset o Gregorio Marañón intensifiquen sus estudios; menor es la atención prestada, sin embargo, a la “Serrana de la Vera”. Sin embargo, ¿que tiene el mito de la serrana como eminentemente hispano? Eso es lo que el viajero trata de dilucidar en su caminata por la ruta ¿Por qué su interés?

El corral de Zapateros

Hoy en día la ciudad de Alcalá de Henares se encuentra muy cambiada, pero bien puede decirse de ella que fue un modelo de ciudad barroca; el acceso está sembrado de rotondas viarias donde, cada mañana, se amontonan cientos de vehículos en inhóspita madrugada. Pero hubo otros tiempos donde en ella rivalizaban estudiantes con manteos de colores; las riñas entre bandos eran habituales y por las noches la ronda del Rector de San Idelfonso salía por las calles en búsqueda de truhanes, pendencieros y alborotadores varios que, con mal vino, se daban cita en el “callejón del peligro”, junto a “la posada de la Parra”. Justamente enfrente de ésta se encuentra una casa pobre, por su entramado, y gloriosa, añadimos, por siempre conocida como “la casa de la Calzonera”. La calle, llamada del Comercio, larga y soportalada - entonces con columnas redondas de piedra decorada en vivos colores con ocasión del Corpus -daba a la plaza del mercado, hoy en día conocida como de Cervantes; junto a los edificios municipales con sede en las viviendas colindantes y justamente enfrente del torreón de la calle del arco, hoy desaparecido, había su entrada por un portón desvencijado y un pasillo viejo y maloliente a un corral de comedias. Veamos que ocurre en él: los estudiantes, con sus manteos, y los villanos, con sus trajes de época, parecen prestar atención a lo que los actores dicen. Silencio oigámosle. Habla Giraldo:

Pues por la fe de hombre honrado

que no lo hagáis, que aunque estoy

viejo, padre de hijos soy

;y si el cielo no me ha dado

varón que pueda volver

vida arrestando y honor

por las ofensas, señor,

que vos me podáis hacer,

una hija me dio el cielo

que podré decir que vale

por dos hijos, porque sale

a su padre y a su abuelo;

que fuera de la presencia

hermosa, tan gran valor

tiene, que no hay labrador

en la Vera de Plasencia

que a correr no desafíe,

a saltar, luchar, tirar

la barra, y en el lugar

no hay ninguno que porfíe

a mostrar valor mayor

en ninguna cosa de éstas,

porque de las manifiestas

vitorias de su valor

tienen ya gran experiencia

que es su ardimiento bizarro

.De bueyes detiene un carro,

de un molino la violencia;

corre un caballo mejor

que si en él cosida fuera,

y en medio de la carrera

y de la furia mayor,

que parece que al través

a dar con un monte viene,

suelta el freno y le detiene

con las piernas y los pies

.Esta mañana salió

en uno al monte a cazar,

y casi todo el lugar

tras ella, que la siguió siempre que a caza ha salido,

por verla con la escopeta cómo los vientos sujeta,

que ningún tiro ha perdido

al vuelo, de tal manera

que no hay ave que la aguarde

ni todo el furioso alarde

de los brutos.


El viajero sigue su camino cuestas arribas; recuerda su vieja ciudad de Compluto y sus largos paseos por ella; ciudad por luengos años olvidada, ruinosa, vilipendiada y ultrajada. Ya volveremos a ella, pues en su corral de comedias tiene lugar un acontecimiento singular: se representa el primer acto de la comedia de Vélez, la serrana de la Vera.


Las últimas estribaciones de Gredos


Fue Unamuno quien trato de buscar la tradición eterna; en “en torno al casticismo” es un libro ejemplar en ese aspecto. El viajero lo recuerda, mientras sigue su camino, por las trochas serpenteantes. La luz ya ilumina con nitidez el camino y, a lo lejos, el campanario de Garganta de la Olla se ve inhiesto, al fondo, sobre el caserío. El pueblo queda arropado por la vegetación frondosa y fresca que lo rodea. Los viajeros de hoy en día no son como los de antes, piensa el viajero, que, durante unos momentos, hace un descanso para tomar el resuello y contemplar el pueblo serrano, inhóspito en otro tiempo, de Garganta. Es aún temprano para tomar el café que caliente se mantiene en el termo; sin embargo, se dice, un vasito no le vendrá mal. La mañana, pese a ser agosto, está fresca. El viajero se sienta sobre una piedra, tranquilo, no tiene prisa; observa el pueblo, la vegetación y divisa la carretera, situada en la ladera que arropa a Garganta de la Olla, contraria a la que él se encuentra, y que va camino del cercano Yuste. El lugar despide un alo de leyenda, un alo de otro tiempo; no le es difícil al viajero trasladarse a otra época. El viajero escruta el terreno: al fondo el pueblo, metido en la olla, circundado por la vegetación espesa y encima, granítica, inmensa las últimas estribaciones de Gredos, de altitud considerable, con la Cuerda de los Infiernillos, el Collado de las Yegüas y, al otro lado, el Glacial de la Serrá. Buen lugar, se dice, para los aficionados a las montañas.


Unamuno recorre la Vera

Unamuno, como viajero, con su traje impecable oscuro, sus anteojos, alto, algo desgarbado, viene montado en un caballo que le trae desde Navalmoral. Es don Miguel, por entonces, una de las autoridades intelectuales hispanas y hace viaje por el suelo patrio buscando la raíz, el lugar, de un problema ontológico, vital: es el problema de España. No será él tan solo quien recorra tierras extremeñas; posteriormente, Marañón visitará las Hurdes; la visión surrealista a ese problema, sobre el ser de lo Español, la pondrá otro genio, un intelectual del cinematógrafo: Luis Buñuel. Pero sigamos con Unamuno, mientras nuestro viajero sigue sentado en una piedra musgosa, contemplando el pueblo de la Vera, las selvas que lo rodean, y la mole granítica que se abre al este; el pueblo, según los ojos que contempla el viajero, ha quedado enclavado en otro tiempo. No ve el recinto deportivo que hoy en día existe, ni las construcciones modernas que ya lo rodean; tan solo el caserío antiguo y, rodeándolo, un inhóspito bosque de robles y, como los vio Don Miguel, poderosos castaños encadenados. Llega Unamuno a la Vera de un modo peculiar y visto de lejos parece confundirse con Don Quijote. El trote es suave, pero aún así, las maletas que trae consigo, sobre los lomos del caballo, vibran y se balancean, dejando aire; va el catedrático desgarbado, lentes, y sombrero, esta vez, claro, sobre la montura. Se seca la cara con un pañuelo y divisa a lo lejos, las montañas cada vez más cercanas; montañas tristes, montañas bellas; montañas serenas de apacibles viajes en tren, montañas que pasan, que se dejan a la vera, en un viaje a vapor. Publicó Unamuno “Por tierras de Portugal y España” en 1911; unos años antes, bastantes, había publicado “En torno al casticismo”. Es problema que le acosa es de raíz generacional, como nos hizo ver Ortega: una búsqueda del alma castellana, de la tradición eterna del presente. Unamuno es otro buscador. El viajero se pone en pie, a lo lejos divisa la llanura que se extiende hasta otros montes más lejanos: son las sierras de las Villuercas y los ibores; llega don Miguel, a caballo, desde las mismas, pasando por los campos de Arañuelo, por pimentonales, donde bravas, pequeñas y coloradas extremeñas hunden la cerviz. Don Miguel cruza el río y nuestro viajero continúa su caminata entre helechos frescos. Un avión, en lo alto, rasga el aire, rompiendo el cielo. Sí señor, se dice el viajero, el mundo necesita de Quijotes.

Una ciudad del Barroco

Es la ciudad de Alcalá de Henares una gran desconocida; vieja señora de ladrillos derruidos que, hasta hace poco, mostraba un paisaje desolador. Sin embargo, cuando corre el siglo XVI y XVII es una de las ciudades más populosas del suelo hispano; a sus muros llegan estudiantes, y profesores, de todas partes. Unos buscando la justicia foral, otros, de veras, para reconstruir la ideal comunidad platónica que Cisneros quiso crear. Y, dirán ustedes, ¿Qué tiene que ver la serrana de la Vera con la ciudad ribereña del Henares? Y yo les digo, no más, que en estos momentos, en uno de los corrales de comedias tiene lugar la dramatización de Vélez; y esto no es peculiar que así sea, pero lo peculiar si es, en cambio, que se representa en esta ciudad otro drama peculiar: el debate, el germen, de lo español. No es el nacimiento de Cervantes, ocasión circunstancial; es otra cosa. Alcalá de Henares sigue siendo una gran desconocida todavía hoy. Para visitar Alcalá y sus parajes hay que cortar la ciudad en dos, con línea a media altura de sus edificios y admirar su caserío a esta altura; así se puede presenciar en drama del que hablamos. Las calles son largas, racionales, tiradas a cordel y su anchura es canóniga con la altura media de sus edificios; aparece siempre a la vista, en perspectiva renacentista, una cúpula, un espadón o un pináculo que caen al medio, dramatizando, teatralizando la vía pública. El drama de lo español se vive a voladizo y, a pie de calle, se disfraza con estudiantes ilustres que patean sus calles: Lope de Vega y Calderón entre ellos y, por una puerta, un corral de comedias con suelo empedrado con cantos del Henares. Alcalá de Henares vive a salto entre dos épocas: Renacimiento y Barroco. Renacentista es su Universidad y su trazado racional, funcional, del siglo XVI; en sus imprentas se imprimen, en masa, las obras reformistas por excelencia: a Erasmo. Alcalá se constituye en centro erasmista, humanista, y la crítica al clero se manifiesta con un anónimo Lazarillo del Tormes, donde pesquisas últimas hacen llevar a Alfonso de Valdés. No es eso, sin embargo, lo que nos interesa aquí. Lo que nos interesa es un enfrentamiento arquitectónico en las alturas complutenses; cambia el siglo y la reforma ha sido confinada, y Erasmo es considerado un heresiarca: corren nuevos tiempos y una comisión de profesores de San Idelfonso acuden a Trento, a defender las verdades de la fe católica, y, entre ellas, a imponer dogmas católicos, ante la vida disipada y venérea que los nuevos tiempos han acarreado. El drama es de interés para entender no solo la época sino, más allá, los mitos y leyendas que conformaran lo español. Si el siglo XVI fue un siglo luminoso, por las referencias a los clásicos, de inspiración humanista y cristiana, el siglo XVII amanece con un cambio de signo: la Contrarreforma. Es ahora pronto para adelantar su contenido. Veámoslo, sin embargo, de una forma arquitectónica. En la fachada de San Idelfonso hay figuras clásicas: Perseo hacia un lado, Palas Atenea a otro, portando sendos símbolos erasmistas. El poderío de San Idelfonso, en cambio, debe ser limitado y, en altitud, aparecen pináculos conventuales con el objeto de restarle poder. Las calles se teatralizan y las fachadas telones de los conventos saltan a la calle como símbolo del poderío de la contrarreforma.

El pueblo y los genios

No es solo el teatro barroco donde el drama de la Serrana de la Vera constituye su única génesis como mito hispánico; mito, como luego hemos de ver, de singular alcance. Nace en determinada época como producto de la misma; en él tiene su razón de ser y alcanza un determinado éxito. Sin embargo es imposible deslindarlo de su paraje natural. La serrana de la Vera, es cierto, tiene que ver con una cultura determinada de la que es germen; pero el lugar, en Tormantos, donde dejar sentadas sus proezas vienen muy a pelo. El viajero sigue con la subida verata hacia la meseta serrana donde, dicen, tuvo la serrana su cueva y el entorno, es cierto, es lugar para la magia, es lugar para los mitos. Pero por ahora nos hayamos en el Barroco, época de Oro de las letras hispana, donde surgen nuestras más fecundas leyendas y nuestros más importantes mitos. Dice Gregorio Marañón que la mente de los grandes creadores, es decir, pueblo y los genios, obedecen a razones espirituales profundas; este es, no otro, el objeto de este ensayo breve sobre el mito de la Serrana de la Vera. Este es, sin duda, un claro ejemplo de cómo esta aseveración mañaroniana cobra sentido, junto a otras. Para la Serrana, como para Don Juan, todo fue obra del ambiente español de aquellos años, y no pudo serlo de ningún otro. Aquellas fueron épocas de crisis, de tensión, de cambio… épocas gloriosas, de sufridas vidas, e importantes tensiones religiosas encrespadas, que se baten el cobre en el alma espiritual de un pueblo, dirimiendo el alma de lo hispano.

martes, 12 de agosto de 2008

YouTube - charlie parker - sessions II

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Gratos recuerdos me han evocado los ritmos cálidos de Bob Marley, gracias a una amiga. El día está húmedo, cargado, denso; una fina lluvia caía esta mañana por las sierras valxeritenses; lo justo para refrescar las sienes de mi cuerpo sudoroso; en casa, al caer la tarde, el bochorno, las cálidas nubes pesadas… y una hamaca… y Bob. Todo sigue siendo falso, una enorme mentira, excepto el calor, la hamaca y los ritmos de Jaimaca; me preparo un Gin-Tonic. Hielo. Burbujas. Limón. Y Bob. Y el mundo es una mentira. Los hielos chocan contra el cristal del vaso, la Ginebra se refresca, la gaseosa susurra su verdad… Y Bob, a mi lado, hablandome al oido: “So much Trouble in The World”. El mundo es una mentira… solo Bob: el y yo. Y mi Gin-Tonic. No necesito nada más que viajar…viajar…viajar… Ahora dejo esta maravilla de Charlie Parker en estas cálidas noches valxeritenses. Que disfrutéis.

!Ay! Si los políticos fueran como Sancho gobernando la ínsula de Barataria.

!Ay! Si los políticos fueran como Sancho gobernando la ínsula de Barataria.

don Quijote: «ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes», II.32.41.

Sancho Panza escribe a Teresa Panza: «De aquí a pocos días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo», II.36.14.

Cuando Sancho Panza le expresaba sus escrúpulos por su falta de preparación: «buen natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga; encomiéndate a Dios y procura no errar en la primera intención», II.43.21.

Con este artículo quiero dar contestación a un amigo, espero que él me permita llamarle así, de los que se han dedicado a la política, como suele decirse, ejerciendo cargos públicos: sin dejar de encomiar su labor como hombre público y sin dejar de valorar los buenos hombres y mujeres qua hay trabajando en los municipios, a este amigo, como digo, le vi un tanto molesto cuando les decía que, por regla general –no olvidar que digo regla general- muchos de los que se dedican a la política (en especial me refiero a la política local, aunque también abundan, y mucho, en la política nacional –y si no leer mi artículo sobre el debate Solbes-Pizarro) son politiqueros de tres al cuarto, sumamente mediocres. Eso sí reconozco la dificil tarea encomendada a los Sanchiles (buenos gobernantes), los cuales, haber, los hay y sé que muchos más de los que algunos creen que yo creo que hay ; entronco también con el comentario que hago a Ginebra en el anterior artículo y que les dije a unos politiqueros, estos sí, de sentido ideológico contrario al de mi amigo, para que vean que reparto por igual a los de un partido como a los de otro. En fin, la respuesta, junto con mis argumentos, que le he dado es la siguiente: Como lo que allí escribí lo escribí antes y tu me respondiste aquí, puede haber habido un malentendido y puedes haber creído que seguía dándole a la manivela el asunto que, para mí, estaba ya zanjado y tan amigos. Me alegra debatir contigo; y es muy posible que sean más los puntos en común que los puntos discordantes. Debido a que me das respuesta a mis argumentos, con apabullante precisión y razón suficiente, he decidido contestarte; principalmente las reflexiones que hago son particulares y que han tardado un largo tiempo vital en llegar a ser las que son. Éstas aparecen como punta de Iceberg y pueden parecer, si de mí lees tan solo lo que está entrecomillado, que te lleves una falsa impresión de mi pensamiento y su mayor o menor profundidad. Ginebra me conoce bien y circunstancialmente iban dirigidas mis apreciaciones a ella, que podía entender todo el sustrato de lo que digo y porqué lo digo. Mis “noches valxeritenses” surgen como un modo de participación política en lugares que, a mí entender, la política sigue pareciendo carpetovetónica. Y suelo usar mucho esta palabra porque, efectivamente, la política ha quedado enclavada en los años de Maricastaña que viene a ser en la Restauración Canovista y el pucherazo. Me preguntas en que me baso para hacer semejante afirmación y no hace falta irse lejos. Me gustaría que conocieras todos los argumentos que suelo emplear y verías que cercanos y cálidos son. No estoy del todo de acuerdo en la función política que canalizan “los políticos” (como si no fuéramos todos los humanos “animales políticos”) que expresas; esto no deja de ser un precipitado socio-cultural de larga tradición y complejo proceso. Soy político en la medida de que soy ciudadano y, por ello, no menos importante que cualquier concejal o Alcalde; ejercer la política no es coto exclusivo de los que aquí llamamos políticos: la política es más compleja de lo que los atribulados políticos ejercen, puesto que la vida pública, en palabras de Ortega “no es sólo la política, sino, a la par y aun antes, intelectual, moral, económica (…); comprende todos los usos colectivos e incluye el modo de vestir y el modo de gozar” y hasta repito con él “ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que un hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral”, agregando, “hoy en día las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías” (¡Y eso lo decía en 1929!). Como veo que me has dado respuesta sin conocer, poco o mucho, lo que pienso y sin saber porqué digo lo que digo te comento, repito, que mis “noches valxeritenses” consiste en hacer un esfuerzo por ejercer una democracia directa fuera de “los partidos políticos”, organizaciones que han tratado de politizar la vida pública, creyéndose que la política es de ellos; y cuando hablo de politizar hablo de la falta de “minorías selectas” y la tendencia “al particularismo”: tendencia de cada grupo, clase o región a buscar insolidariamente su propio interés sin atender el bien común; verdaderos motivos, hoy como ayer, de una politización partidista y soez: por ello estoy con lo que dice Adela Cortina, catedrática de filosofía moral: “Desgraciadamente, porque entiendo que el principio de la democracia debería ser el protagonismo de los ciudadanos. Los ciudadanos tienen que darse cuenta de que la democracia es el gobierno del pueblo y que los políticos tienen que ser unos coordinadores de las sugerencias, los proyectos y las ilusiones de la sociedad”. O es la politización de la vida pública lo que más cansa. No. La vida pública son las celebraciones conjuntas, como las fiestas y tradiciones de un pueblo, las creaciones culturales de una localidad, las reuniones, tertulias, juegos, cafés; y, diría ahora, la politización no es lo que enturbia las relaciones sociales: a todos nos interesa el "bien común". Ese es el objeto compartido de dos ciencias prácticas: la política y la ética. Lo que cansa, lo que aburre es otra cosa: la partidización. Dice Adela Cortina, Catedrática de ética y Filosofía política lo siguiente, argumentos que comparto: "La razón es que cada partido ve en los grandes temas una cantidad de votos, por eso hacen propuestas que lo diferencien del adversario, y con ese punto de partida resulta imposible alcanzar acuerdos. Si los partidos mayoritarios buscan la diferencia y no el consenso, es debido a que tienen la falsa idea de que encontrarlo significaría que los ciudadanos tendríamos dificultades a la hora de decidir a quién votar, porque no distinguiríamos entre unos y otros. Se ha llegado a tal extremo en la sociedad que, si una idea propia coincide con la del PSOE o el PP, te dicen que perteneces a uno u otro partido. Hasta ahí llegan las cotas de animadversión, y se ha de explicar que digan lo que digan unos u otros, eso no influye en mí, porque lo pienso yo, que tengo capacidad para ello". De todas formas, por si te puede interesar, te señalo lo que dejé escrito en otra parte, sobre la para mí una forma de organizar la vida pública que es lo que es la política mas que nada: para mí, la verdadera vertebración del Estado se efectúa en la política municipal o local. Nada me gustaría más que en los pueblos tan politizados en intestinas, calamitosas y cainitas debates políticos entre vecinos se hablase de Política en mayúsculas. Repito: para mí la auténtica vertebración del Estado se efectúa en los municipios y comarcas. Ahí es el mejor lugar para elegir a los mejores representantes de los ciudadanos y donde son los ciudadanos los que hacen la política. Elegir a los mejores no significa escoger al que más sabe (el intelectual tiene otras funciones más relacionadas con la pedagogía política y moral de los gobernantes que con el propio gobierno), no, repito, no es elegir al que más sabe, sino elegir al más “sabio”. El más sabio puede ser una persona, como Sancho Panza, que sepa poco de leyes y poco de letras: pero en cambio tiene la virtud del político: la de ser “buena persona”. Cosa esta que es dificilísima: entre miles, o millones, se pueden contar con los dedos de una mano las buenas personas que hay. En fin, creo que los representantes locales y comarcales tendrían que ser los que acudieran a las cámaras nacionales, pero no como representantes de todos, sino como representantes de sus comarcas y localidades: así la política se hacía de abajo, desde el ciudadano –siendo un ciudadano el político – hacia arriba. Sería a través de elecciones locales o comarcales como ser elegiría a un gobierno supra territorial, y no a través de elecciones generales. La convivencia nacional actual no está fundamentada de esta forma: sino que va de arriba hacia abajo. Mientras que en mi postura son los ciudadanos los que efectúan el sosteniendo del estado con sus fuerzas hacia arriba, en la forma actual los ciudadanos son aplastados por el estado que ejerce su empuje hacia abajo. Y repito, cuando hablo de regla general, lo digo porque la experiencia me ha hecho ver que eso es así: no quiere decir que lo veas de otro modo. Sin embargo yo ya tengo algo de estoico y mucho de Epicuro, por eso me quedo en mi jardín, que le tengo, y hago la política, esa realidad de la cual te crees, equivocadamente, que solo “los políticos” pueden hacer algo: pues hay otras formas de hacer política, como participado en las fiestas del pueblo y hablando con todos los vecinos y no llevándose mal con ninguno, sean cenutriamente de izquierdas o de Derechas. Y el que aquí escribe es liberal hasta la médula, como lo era Ortega o Ayala o Marañón –mis escritores preferidos, y progresista como Galdós –otro de mis preferidos. Buenas tardes.

domingo, 10 de agosto de 2008

meditaciones del Quijote


Inicio, con este artículo, una serie de meditaciones sobre la obra de Ortega y Gasset y nada mejor que hacerlo que con su primer libro: meditaciones del Quijote. Me mueve a ello, como el propio Ortega señaló, el amor intellectualis que usó Spinoza. Creo que la mejor manera de adentrarse, o introducirse, en una disciplina cualquiera es la de coger algún autor importante y desentrañar su pensamiento y su obra de cabo a rabo, sin dejar flecos, con constancia; y preciso que iniciarse con Ortega para el pensamiento filosófico es una oportuna propedéutica. Principalmente así lo creo porque Ortega, además de pensador, era un excelente escritor. Son muchos los que le han puesto esta tremenda tacha a Ortega: Ortega, decían, no es filósofo, es escritor. Dándose poca cuenta sus detractores de que las circunstancias dentro de las cuales se debatía Ortega era una: España. Y que España tenía una amplia tradición literaria y, en cambio, una limitada tradición sistemática filosófica. Posteriormente, en su obra ¿Qué es filosofía?, se felicita por haber conseguido que los españoles se interesaran por la filosofía, siendo él un profesor de filosofía in partibus infidelim, en tierra de infieles. Así que es casi ocioso justificar que su primer libro tuviese por título meditaciones del Quijote. Uno de los libros más importantes de filosofía escritos por un español y publicados por un español se etiqueta en sus lomos como una reflexión del Quijote, la más celebrada cima de la literatura universal, que tiene su inicio vital aquí, en tierras manchegas. Por ello, hay que rebatir a los detractores de Ortega de la siguiente manera: la forma de filosofar de Ortega es a través de la literatura y, en especial, usando la forma literaria: el ensayo. Ninguna otra forma le hubiera valido para filosofar en España. Sus detractores, como vengo repitiendo, asumían que en Ortega no había filosofía y sin embargo, detrás del prólogo y en su reflexión sobre Cervantes y el Quijote toda una teoría de la realidad. Fue necesario la publicación de las lecciones de filosofía que impartió en un famoso teatro madrileño, en uno de sus libros eminentemente filosóficos, para que se dieran cuenta que en Ortega había sistema; pero ese sistema solo emerge por inmersión, valga la aparente contradicción, para contemplar el Iceberg del que nos habla Marías en bloque. Quiero señalar que para adentrarse en la filosofía Orteguiana, como de cualquier otro autor, no es posible aprehenderla bajo los esquemas y resúmenes: hay que sumergirse y mirar con escafandra marina para contemplar tanto lo que asoma como por lo que se oculta. La importancia de meditaciones del Quijote, un ensayo, una obra literaria que como tal busca la belleza –y por tanto la verdad- es mayúscula: porque todo el pensamiento Orteguiano se encuentra en él dibujado. Ya no sólo por el archirepetido inicio, sino, fijémonos, por otras pinceladas: “Héroe es –nos dice- quien quiere ser el mismo”. Es esencial comprender que la filosofía no solo se encuentra en los sistemas filosóficos; Ortega se estrelló, reconozcámoslo, en los sistemas filosóficos, hasta el tanto que creo que la forma de filosofar continental, el idealismo Neokantiano, en boga por los tiempos de estudiante de Ortega, el jóven Ortega no entendió, como se dice, ni papa. O no se si tanto, pero embrollado hubo de parecerle un rato largo. Así que decidió pensar al estilo español y que mejor que usar el ensayo como modelo de reflexión. Precursor del ensayo fue Montaigne, pero fue sin duda Ortega –junto con otros de su generación, como Gregorio Marañón – quien lo dota de sustancia íntima intelectual en grado sumo. La filosofía es amor al saber, amor a la verdad y no en vano así la conceptualiza Ortega en sus meditaciones del Quijote: “la filosofía es la ciencia general del amor”. Y entroncando con la tradición ensayística, el amor intellectualis, el ensayo es el género literario que mejor expresa tal emoción, pues en él siempre podemos encontrar el “laberinto de entretejidas voces” del que nos hablaba Borges. Se puede tachar de falta de originalidad, es cierto, pero el juego lúdico del ensayo, por selección, hace que se ponga de manifiesto uno de sus elementos básicos: el “yo” subjetivo en la inextricable avalancha de objetos culturales, que suponen “la circunstancia”. El método elegido para filosofar por Ortega no pudo ser más consecuente con su filosofía; que feliz noticia que el hubiera elegido, y además muy conscientemente, dicho método; pues si de lo que trataba era rebatir a los sistemáticos neokantianos, que no eran auténticos, porque eran, principalmente, aburridísimos, como quien dice sin sangre, sin ebullición, sin temple, que mejor que el ensayo para filosofar en tierra de infieles.

sábado, 9 de agosto de 2008

Una filosofía neoliberal de las relaciones laborales.




Como andan los tiros por las relaciones laborales: las relaciones del oeste. Un oeste un tanto incierto, me parece, pues los que tiran a matar siempre son los mismos y los que van desarmados, como quien dice sin paga, son los de siempre. Se impone un modelo de relaciones laborales que yo llamo de crisis, de recesión. Éste, por si ustedes no entienden de la materia, que yo sí, es el siguiente: Monto un chiringuito (inmobiliario, por ejemplo), hago dinero, lo meto en la maleta, hago las inversiones oportunas a nombres diferentes a mío, cierro el chiringuito… y pum, pum…: una filosofía neoliberal de las relaciones laborales. Cuando a Aznar, en su día un hombre pragmático, sin ataduras ideológicas, le pusieron en el Poder los que le pusieron: los dos grandes complejos económico-financieros (BBV-La Caixa – con Repsol, Gas y Telefónica-, por un lado, y Santander/BCH, por otro) andaban buscando una recesión como la que se tercia hoy en día. Lo que le han fallado han sido sus estrategas, y por ello han andado a la deriva. La filosofía es bien sencilla, y arto estoy de saberla, por escuchar la radio inter-economía, y por conocer a algún que otro de sus reverendos. Materias económicas que entroncan con el interés que tengo sobre lo moral y su filosofía: la ética en los negocios y en las relaciones laborales. Eran tiempos del empresario, la moral del tiburón: el empresario no es un desalmado social, con crean, y en cuanto dispone de su ámbito adecuado (gastos públicos paupérrimos, impuestos ligeros y contrato civil para el de trabajo) está más que interesado, el benemérito, en colaborar en beneficio de la comunidad -¡Qué buenos son, los señores empresarios, qué buenos son que nos dan de trabajar!-. En “buen capitalista” había sido despreciado hasta entonces, y sus hijos y sobrinos, corifeos suyos y con masters en el IE, abandoreleando el “alabaré” los domingos, día de nuestro señor, había sido despreciado hasta entonces: y sólo espera que vuelvan las condiciones favorables, que majos, para desarrollar su tarea social: a partir de ahí las recetas liberales auguran mayor crecimiento económico, mayor riqueza y más empleo. Vamos, los mismos argumentos que comentan el cenutrio del Land Rover, el de la viserilla, el de la camisa de cuadros de canal siete en sus tertulias al fresco entre afines en cualquier pueblo de política carpetovetónica, todos ellos expertos en análisis balances, cuentas de explotación, apalancamientos financieros y ratios de solvencia. La primera medida que se tomó fue eliminar el horripilante y bochornoso contrato de aprendizaje que permitía ser aprendices a maromos con canas. Solución: nuevo contrato para fomentar “la contratación indefinida”. Modo: “despido por causas objetivas” más barato: decovin deconvan de la vera vera van dijo el padre en la cocina ¿Cuántos dedos tengo encima?... dos reales y medio: “pa” cuando cierre el chiringo. Ahora vean ustedes la jugada: vieron la del chiringuito ¿Verdad? –lo llaman franquicia de “Don Piso”, por poner el caso- y ya saben lo de la maleta ¿Me copian?. Y ¿Qué se ve? Al joven hipotecado con ojos de corderillos degollado, hasta hace poco con callos en los pies de patearse tanta calle, al que se le hace la siguiente propuesta: Mira chaval o aceptas una semanilla de indemnización por despido procedente, y a tu casa, tan contento, o ya sabes, por una birria cochina de 33 días por tres cochinos años inicias procedimiento, pero cuando llegues, yo ya habré desaparecido, así que vete al FOGASA y espera año y medio. Respuesta del corderillo recién degollado: venga la semanilla. Lo que les digo una filosofía neoliberal de relaciones laborales. Anda y que les den. Algunos de los neoliberales, que se dedican a hacer punto, a escuchar la cadena COPE, y leer la Razón, mientras esperan que entre alguien a su negocio moño en ristre, suplican que se les tenga lástima, pobrecillos, que sus tres viviendas no encuentran quien las alquile: que los sociatas no miren tanto por los menesterosos y “los probes”, dicen los caritativos, y a ver si alguien mire por ellos, que van a tener que cerrarle el grifo a la hija, la que estudia en los mejores colegios de Wisconsin, Matachuset: leáse Opus College del corazón sangrante de Jesús Dios padre me perdone.

jueves, 7 de agosto de 2008

Paseando por la escuela de Atenas



La filosofía, es sabido, no es realmente el título académico ni los estudios que se imparten en facultades y escuelas. Vivir como filósofo es optar por un estilo de vida: es una decisión moral. Desde tiempos antiguos esto ha sido así; vivir como filósofo hoy en día en nuestro mundo se hace realmente difícil, sino imposible, o de locos, como veremos. La filosofía, repito, no es un cúmulo de conocimientos o una sabiduría almacenada: tiene más que ver con una actitud que con unos conocimientos. Por ello, no es necesario viajar al pasado y revistar lo que los antiguos filósofos clásicos escribieron; ni zarandajas, ni notas al pie de página. Ya lo dijo Cervantes para su Quijote. Los personajes cervantinos tienen más de filósofos que la caterva de egresados ciruelos que salieran de las aulas salmantinas o complutenses. Letrados no eran, no: figúrense, si no, a Sancho, que por no saber, no sabía leer o escribir. Pero Sancho, como Don Quijote, buscaban un objetivo: ser justos en sus acciones. No son los libros, repito por tercera vez, lo que hace al filósofo filosofo lo que lo hace, a quién lo es, es querer llevar una vida de búsqueda del bien y la verdad. Así, como suena. Yo creo que pensamiento más loco no puede haber en el mundo. Los filósofos, creo, se terminaron en la antigüedad clásica. Hacer renacer la actitud de esos tiempos de gloria, no sabemos en el fondo si legendarios, fue lo que trataron de hacer los personajes Cervantinos, que vivieron como filósofos. Estoicos las más de las veces, es cierto; pero sabios, al fin y al cabo, por su actitud. Si ya por los tiempos herrumbrosos de la edad de oro llevar a cabo esa actitud vital de búsqueda de la verdad y del bien llevaba aparejado el calificativo de “locura”, ¿cuanto más lo puede ser hoy?. Hoy ya no es de locos, es casi imposible. Aunque haber, los hay. La figura imaginada por muchos, es cierto, del estudiante de filosofía de hoy en día es la de, en el concepto nacido hacia la década de los 60 del siglo XX, la de “la contracultura”, lo más parecido a un hippy, el que se bañaba en el barro de Woodstock, y esa imagen ha llegado a muchos; cosa que no es del todo cierta: si la búsqueda no es de una buena vida, de pegarse la vida padre, bajo los ideales de búsqueda de lo que es justo no se es un filósofo. Para ser un filósofo se necesita un muy importante requisito añadido: la libertad. Sin ella, el filósofo, no lo es. Pero ¿Es realmente posible la libertad? Y yo contesto que sí. Pero, la libertad es un atributo de unos pocos elegidos o, más bien, un atributo de unos pocos que eligen el camino de la libertad. Camino difícil y lleno de espinas. Camino complejo si tenemos en cuenta que la vida, la “realidad radical”, como quería Ortega, consiste en un continuo proceso humano de lobos hominem ad homine: El que coge la sartén por el mango, el que evita que se la cojan, el que arrea el sartenazo, y el que, indefectiblemente, recibe los palos. Elegir y encontrar el camino hacia el lugar donde la sartén no te aporree la cabeza es muy difícil: de tal modo ¿Puede ser filósofo quien no tenga medios económicos suficientes como para no depender de nadie? Para ser filósofo se necesita independencia económica e incluso diría, ser elegante: esto es saber elegir. El más insigne filósofo español, Ortega, no era de los que se caía en los pozos mirando la luna; era un burgués, bien vestido y liberal. Así que deshechemos la idea de que el filósofo es un harapiento: aunque es cierto que Diógenes era un ejemplo diferente. La moral del Epicuro tampoco estaba mal, por cierto. Pero repito, la decisión de ser un filósofo y, además, conseguirlo esta vedado a muy pocos: puesto que es una vida exlusiva de hombres -o mujeres- excelentes.

lunes, 4 de agosto de 2008

De vueltas con el cine de John Ford (II): el “hombre tranquilo” (The quiet man). Una parábola sobre “el hombre hecho”.


Estoy dando muchas vueltas sobre como empezar este artículo. De varias maneras he tratado, dándole a las teclas, de idear una frase con la que dar comienzo al texto. Es curioso como muchas veces, cuando voy andando por la calle, desgarbado, alto, y algo chepudo, suelo estar en mi mundo, lo que se dice en Babia, y allí, se me ocurren unos textos que a mí me parecen maravillosos. Sin embargo, cuando me pongo a las teclas todos esos argumentos y cavilaciones que tuve en el parque no hay manera de hacerlos volver. Ortega, que era un tipo muy sabio, hubo de haber pensado mucho, no me cabe la duda de ello, y que siendo, como era, un escritor de la circunstancia, mucho de lo que pensaba o pensó se le escapaba, que no a él, advierto, sino a nosotros. Me imagino a Ortega cuando escribió sus “meditaciones del Quijote” en las florestas que rodean El Escorial y todo lo que en su cocorota bullía: de Nartop, Coen, los Neokantistas, no entiendo ni papa a los alemanes, para dar culminación a su pensamiento con el famoso inicio e inunda toda su obra: "yo soy yo y mi circustancia...". En fin. El caso es que hoy vuelvo a la carga con mis escritos en el blog éste de las “noches valxeritenses” tras el paro estacional y vuelvo, ¿Por qué no?, sobre el cine de John Ford. Por suerte he tenido la psoibilidad de conocer y reconocer la filmografía de importantes cineastas y que, pese a joven –soy un cinéfilo empedernido-, disfruto con los clásicos. Esto no quiere decir que desconozca el cine que hoy en día se hace y no esté al tanto de lo último de Jhonny To o Wong Kar-wai – cine por cierto, al que me está siendo muy difícil acceder últimamente-. Que los jóvenes hayan desechado ese viejo cine, que hoy llamamos clásicos, es una verdadera pena porque en el se recogen enseñanzas muy interesantes para la vida, o el difícil “arte de vivir”, que es en definitiva sobre lo que trata la ética. Lo curioso del caso es que los jóvenes – y ya hablo como un viejo carcamal- tampoco es que se preocupen mucho por las creaciones culturales de su entorno: les parece que el mundo empieza cuando ellos empiezan y que antes que ellos no hubo nada. Es simpático verlos en fiestas escuchando esas músicas que hacen ton-ton-ton-ton todo el rato; lo simpático del caso es que yo, aquí atrás, era muy similar a ellos. El caso es que hoy quiero hablar de el “hombre tranquilo” (The quiet man), película de John Ford, y que no estaría mal que algunos de éstos que están dando el salto de la pubertad a la madurez aprendan algo. Algunos hombres maduros también lo necesitan, que quede claro, porque el salto que hay que dar para convertirse en hombres, por decirlo de algún modo, -y no me refiero al sexo sino a hombres con todas sus consecuencias-, aunque ya lo hayan dado, a lo mejor lo han olvidado. El “Hombre tranquilo”, huelga decirlo, es una obra maestra, - otra más de las innumerables del tuerto que “sólo” hacía Westerns -. La película tiene un tono de comedia y huye del drama que tan bien había cultivado Ford con “la uvas de la ira” y “qué verde era mi valle”, y este tono de comedia puede descolocar a los más jóvenes. Sin embargo la hondura humana con la que son retratados los personajes es para persignarse ante un altar en alabanza al Dios de los cineastas nortemericanos. Vean ustedes como un hombre en apariencia poco leído, bruto y cascarrabias, como parecía Jhon Ford, era un sabio: el humanista Jhon Ford. No quiero entrar por hoy en las ideologías del cine de Ford, como bien se hace en el fenomenal dossier que la revista vetusta “Dirigido Por” en los últimos tres números: pero no hay duda que Ford era un tipo muy difícil de encajonar ideológicamente, cosa que le pasa hoy en día un tanto a Eastwood. Aparentemente su mundo es un mundo de Derechas, pero el trato que da a sus personajes, el cariño hacia ellos y su comprensión, le hacen parecer un liberal. En fin, no era eso a lo que iba. Iba a otra cosa: al “El hombre tranquilo” y su cine. El cine de Jhon Ford era un cine adulto; era un cine, cuando éste se encontraba en su juventud, hecho, repito una vez más, para adultos: para hombres hechos. Todo lo contrario del cine comercial de hoy el día. “El hombre tranquilo” es una parábola ética, una parábola moral sobre el hombre adulto: sobre el hombre que se hace pero , sobre todo, sobre el hombre hecho. Ese es el protagonista de esta película. Los Hombre tranquilos son hombres curtidos y esos hombres son hombres con cicatrices que se hacen sobre la experiencia, sobre los golpes. Hombres que necesitan de la comunidad, de volver a sus raíces, a sus tradiciones, al lugar de sus antepasados de volver a un lugar donde pocos conozcan sus cicatrices y se resguarde de ellas. Esas cicatrices, las que hacen a los hombres ser hombres, suelen ser cicatrices morales: reflexiones éticas sobre comportamientos y responsabilidades pasadas. Eso le pasa al protagonista de “el hombre tranquilo”: y por eso es lo que es, un hombre tranquilo. Sean Thorton es cualquiera de nosotros: de los hombres hechos y que necesitan de Innisfree y de una Mary Kate. “En Connecticut los hombres se hacen con el fuego del acero de las fábricas (…) y con otras cosas…con otras cosas”, le dice Sean Thorton a uno de sus amigos. Mucho de los cineastas actuales, que usan el flash back como una ruleta de feria, debería aprender de los clásicos: en esta película hay, en mi opinión, uno de los mejores flash-back del cine. No voy a desvelar cual es su contenido. Un flash back fantástico que desvela de donde le proviene la cicatriz moral de Sean Thorton. Me pasaría hablando horas sobre esta películas. Por ahora solo quiero reflexionar sobre los hombres hechos, los hombres tranquilos: los sabios.

martes, 10 de junio de 2008

Algunos se alegran de la Huelga contra el ZP


Esta mañana he oído a un militante o simpatizante del PP que el "paro de los transportistas" se hace contra el gobierno de Zapatero, al que responsabiliza de que el ciclo económico vaya a la baja. Contestaba a unos operarios de Urbaser que, mientras limpiaban las calles tras las pasadas fiestas, decían que la crisis se veía venir desde hace mucho tiempo, que lo de la vivienda no era ni medio normal. El pepero, airado, echaba sapos y culebras por la boca y vino a dar conmigo, vulgar transeunte a la espera de cruzar un semáforo, mientra despotricaba contra Zapatero y defendía a los pobres camioneros, a los cuales, animaba a seguir con su paro y se fastidiara el ZP. Yo callaba. El semáforo se puso en verde y le dije: vayase usted a la mierda y déjeme en paz (y aunque soy de natural pacífico, estando como estoy, sumamente enfadado, a punto no le dije lo que me parecía que era: un imbécil, si no algo peor). Soraya Sáez de Santamaría dice, también, que el paro (no hablemos de huelga, puesto que no lo es) es contra Zapatero; he visto a otros, burros como semovientes, alegrarse de la "huelga" contra el gobierno: el causante de que todo suba. El tipo, lo noté enseguida, creía que efectivamente esto era una huelga -esto es: la que hacen los obreros en las fábricas-; este tipo salió en el 88, como muchos decís, hecho un basilisco en la huelga contra los contratos basura y para derrocar un gobierno. El tio bruto, enmascarandose de obrero (cuello azul) no tuvo otra educación que la de los moros, las Navas de Tolosa y tal. Logicamente no le conteste ¿Para que hablar con un animal? En fin que este zopenco - cada cosa es lo que es, que dijo Aristóteles- obrero metalurgico toda su puta vida es más facha que el bigote de del Generalísmo: Imbécil y por cuenta ajena, que es lo peor, igualito que el otro de más arriba. Me gustaría saber cuantos del PP de los que habitan en el Valle apoyan la "huelga" que estan haciendo los patronos propietarios como están apoyando los de su partido en toda España, por ser una "huelga" contra Zapatero: me gustaría que se descubrieran y nos digan si comparten la postura de sus compañeros, así veríamos todos lo que piensan al respecto. Por que digo yo: ¿Si la huelga es contra Zapatero? Como dicen -y se que lo dicen la mayoría de los peperos en las ciudades: en el valle no tendrán redaños a decirlo y congratualrse por ello- porqué las pobres Sumburst que no se hayan rajado se van a terminar por cocer esta semana. Digo yo que qué les han hecho las Sumburst a los transportistas: Que contesten, a ver, os alegra la huelga contra el ZP éste responsables de que esta gente se hayan comprado caminones cuando no debía. Que los vendan: ¿No es una economía de mercado? Pues es lo que tiene el mercado: ¿No apoyan ustedes al PP, los liberales? pues cománse mercado y metánse los camiones por donde les quepa.

Estos señores reclaman 1) Precio mínimo por porte para cubrir gastos. Toma ya: y el del bar pide que le entren 50 personas al día, y que las Lays valgan 6 euros, y yo pido que la cereza valga 6 euros el Kilo, y los fruteros que les cueste la cereza 0.1 centimo y la vendan a 6 el cuarto de kilo. Lo que piden los transportistas es una medida interventora del gobierno en los mercados. Y los del PP, los liberales, les palmean, hipócritas, porque le hacen una huelga al Zapatero. Pues sepan ustedes liberales de boquilla que la doctrina liberal según principios que ustedes dicen defender, impide intervenir en el mercado. El problema es que ustedes no son liberales: son otra cosa. Y cuando a las cosas se les llama por su nombre no son insultos. Y un cenutrio es un cenutrio. Y si tuvieran algo más que serrín en la cabeza, como tienen, no se satisfacerían de una "huelga contra Zapatero" como la del 88 contra Gozález. Aquello fue una huelga como Dios manda, esto es una hijoputada. Aunque me alegro que sean tan ignorantes y se alegren de lo que hacen los transportistas, así les apreciaremos como se merecen.

lunes, 9 de junio de 2008

Huelga de transportistas


Mi opinión respecto a la huelga de los transportistas es la siguiente: es una "huelga irresponsable", que tira piedras sobre su propio tejado. Si ya de por si los datos de coyuntura económica presagian o de hecho muestran un descenso del crecimiento, una "huelga de transportistas", totalmente ilegal, puede ayudar a que los datos macroeconómicos sean peores: se dañan así propio. La Huelga, en sí, ho debe llamarse así: es más bien un "cierre patronal" o lock-out, puesto que no la hacen "trabajadores por cuenta ajena" sino patronos airados. Las llamadas "huelgas tapón" son tras jurisprudencia repetida calificadas como ilegales: en sentido propio un "cierre patronal" tapón es un un acto ilegal y antijurídico y por ellon solicito a las agrupaciones de cooperativas y asociaciones de productores de cereza que reclamen por daños u perjucios contra los convocantes de tal huelga ¿Dónde está Asaja ahora? ¿Dónde están los de siempre? En ningún lado porque me tienen hastiado y hasta los cojones de tanto asqueroso e hijodeputa. Los transportistas se quejan de que el precio del petróleo sube: como empresarios que son, ya se podían haber olído, cuando ganaban dinero a espuertas y se compraban pisos y casas, que el ciclo económico cambiaría y que, mejor que hubieran comprado una tonelada de petróleo, como hicieron los especuladores -los verdaderos causantes de todas las crisis económicas-, que un nuevo camión. Vamos que ningún patrono, propietario de empressas de transporte de mercancias y de materiales de construción no me da ninguna pena ni me muestro solidario con él en esta "huelga" patronal, que tiene más un marcado caracter político, que solidario para el mejoramientro del bienestar social común, verdadero significado y justificado sentido de las huelgas obreras, las cuales hicieron un mundo mejor. La "huelga", además de política, ilegal, injustificable es lo peor que puede ser: es inmoral. Los transportistas se las deban felices transportando ladrillos, montando empresas de materiales, promocionando viviendas... y se han jodido que no ganaron las elecciones: que le vamos hacer: así son los del PP. Nunca han dejado de ser de otra manera. Por eso no los quiero ni en pintura.

martes, 13 de mayo de 2008

El sheriff, el pistolero y el empresario tardofranquista: la ley del oeste en Coslada.

Muchos pesarán que aquello de lo que hablo es pecata minuta y que mis apreciaciones son peregrinas, cuando no sacrílegas, para con el poder constituido, fáctico, fatídico, o velado, que es el que realmente mueve los hilos. Pero en un pin, pan, pum, aparece por doquier: se desgrana y rebotan el suelo las cuentas del collar que estallan en el gres. Pero no pasa nada: la mano negra, el velado demiurgo que mueve los hilos, recogerá las piezas y las volverá a colocar a su antojo. En fin, que de lo que hablo se encuentra a la orden del día: es de ética, de moral y de política. Y "la ley del oeste", todo junto: Ven ustedes de lo que les vengo hablando de modo repetido. No voy a esconder que soy muy conocedor de la zona cosladeña: en mis años mozos bebí litros de alcohol en el centro Urugay, que corrieron por mis venas -pues siempre me ha gustado la parranda-, y bien se de lo que me hablo. Vengo repitiendo lo del Western, como si eso fuera alejado de lo real y va, y resulta, que hasta en esta ciudad ribereña del Jarama tenían un “Sheriff” que impartía su ley: la ley del Oeste. No puedo entrar mucho en ello, por falta de tiempo, pero todos saben que en esa ciudad no solo imperaba la ley que este señor imponía. “La mano”, Il capo, es otro. En el pasado era “un pistolero”, esto es una chapuzas con tino, estilo al pocero, que formaba una cuadrilla; en los años 70 fue montando su imperio. Esos empresarios del tardo-franquismo que añoraban la paz social del "jefe de empresa" y que no conoce más ley que la de sus santos huevos: léase el peregrino empresario español que de poner ladrillos, pasa a tener empresas de materiales, camiones, camioneros, floreros, matones, policías a su cuenta, personas, calles, negocios, concesionarios de vehículos, objetos con forma de persona, con carne y ojos que les ríen las gracias. Han pillado el Sheriff: detrás de el se encuentra el señor Chisum, que, como un cerdo, chapotea en el “el barro” o “el barrizal”. Pero fíjense ustedes: no es solo éll que me resulta molesto, sino la panda de energúmenos insufribles que le ríen gracias. Más atrás me decían que mi actitud no es política, y en eso debo discrepar enérgicamente; es un deber inexcusable imponerse a esos “pistoleros” que no tienen más ley que la que ellos dictan. En Coslada saben muy bien de lo que hablo, y no es Ginés de Paparilla, sino los cerdos que chapotean con en cemento. Soy un pesimista lúcido, el cerdo seguirá disponiendo su ley a la ciudad. Posiblemente, cuando vuelva la Derecha al poder, le impondrán la medalla el mérito al trabajo, pues de ser un albañil pasó a dirigir una ciudad y a tener un imperio a su lado: son los “amos de Coslada” (Busquen en Google). Los conozco bien, les he olido el aliento alguna vez, y no tienen más que mierda dentro, aunque se laven en lavabos con grifos de oro.