jueves, 7 de agosto de 2008

Paseando por la escuela de Atenas



La filosofía, es sabido, no es realmente el título académico ni los estudios que se imparten en facultades y escuelas. Vivir como filósofo es optar por un estilo de vida: es una decisión moral. Desde tiempos antiguos esto ha sido así; vivir como filósofo hoy en día en nuestro mundo se hace realmente difícil, sino imposible, o de locos, como veremos. La filosofía, repito, no es un cúmulo de conocimientos o una sabiduría almacenada: tiene más que ver con una actitud que con unos conocimientos. Por ello, no es necesario viajar al pasado y revistar lo que los antiguos filósofos clásicos escribieron; ni zarandajas, ni notas al pie de página. Ya lo dijo Cervantes para su Quijote. Los personajes cervantinos tienen más de filósofos que la caterva de egresados ciruelos que salieran de las aulas salmantinas o complutenses. Letrados no eran, no: figúrense, si no, a Sancho, que por no saber, no sabía leer o escribir. Pero Sancho, como Don Quijote, buscaban un objetivo: ser justos en sus acciones. No son los libros, repito por tercera vez, lo que hace al filósofo filosofo lo que lo hace, a quién lo es, es querer llevar una vida de búsqueda del bien y la verdad. Así, como suena. Yo creo que pensamiento más loco no puede haber en el mundo. Los filósofos, creo, se terminaron en la antigüedad clásica. Hacer renacer la actitud de esos tiempos de gloria, no sabemos en el fondo si legendarios, fue lo que trataron de hacer los personajes Cervantinos, que vivieron como filósofos. Estoicos las más de las veces, es cierto; pero sabios, al fin y al cabo, por su actitud. Si ya por los tiempos herrumbrosos de la edad de oro llevar a cabo esa actitud vital de búsqueda de la verdad y del bien llevaba aparejado el calificativo de “locura”, ¿cuanto más lo puede ser hoy?. Hoy ya no es de locos, es casi imposible. Aunque haber, los hay. La figura imaginada por muchos, es cierto, del estudiante de filosofía de hoy en día es la de, en el concepto nacido hacia la década de los 60 del siglo XX, la de “la contracultura”, lo más parecido a un hippy, el que se bañaba en el barro de Woodstock, y esa imagen ha llegado a muchos; cosa que no es del todo cierta: si la búsqueda no es de una buena vida, de pegarse la vida padre, bajo los ideales de búsqueda de lo que es justo no se es un filósofo. Para ser un filósofo se necesita un muy importante requisito añadido: la libertad. Sin ella, el filósofo, no lo es. Pero ¿Es realmente posible la libertad? Y yo contesto que sí. Pero, la libertad es un atributo de unos pocos elegidos o, más bien, un atributo de unos pocos que eligen el camino de la libertad. Camino difícil y lleno de espinas. Camino complejo si tenemos en cuenta que la vida, la “realidad radical”, como quería Ortega, consiste en un continuo proceso humano de lobos hominem ad homine: El que coge la sartén por el mango, el que evita que se la cojan, el que arrea el sartenazo, y el que, indefectiblemente, recibe los palos. Elegir y encontrar el camino hacia el lugar donde la sartén no te aporree la cabeza es muy difícil: de tal modo ¿Puede ser filósofo quien no tenga medios económicos suficientes como para no depender de nadie? Para ser filósofo se necesita independencia económica e incluso diría, ser elegante: esto es saber elegir. El más insigne filósofo español, Ortega, no era de los que se caía en los pozos mirando la luna; era un burgués, bien vestido y liberal. Así que deshechemos la idea de que el filósofo es un harapiento: aunque es cierto que Diógenes era un ejemplo diferente. La moral del Epicuro tampoco estaba mal, por cierto. Pero repito, la decisión de ser un filósofo y, además, conseguirlo esta vedado a muy pocos: puesto que es una vida exlusiva de hombres -o mujeres- excelentes.

lunes, 4 de agosto de 2008

De vueltas con el cine de John Ford (II): el “hombre tranquilo” (The quiet man). Una parábola sobre “el hombre hecho”.


Estoy dando muchas vueltas sobre como empezar este artículo. De varias maneras he tratado, dándole a las teclas, de idear una frase con la que dar comienzo al texto. Es curioso como muchas veces, cuando voy andando por la calle, desgarbado, alto, y algo chepudo, suelo estar en mi mundo, lo que se dice en Babia, y allí, se me ocurren unos textos que a mí me parecen maravillosos. Sin embargo, cuando me pongo a las teclas todos esos argumentos y cavilaciones que tuve en el parque no hay manera de hacerlos volver. Ortega, que era un tipo muy sabio, hubo de haber pensado mucho, no me cabe la duda de ello, y que siendo, como era, un escritor de la circunstancia, mucho de lo que pensaba o pensó se le escapaba, que no a él, advierto, sino a nosotros. Me imagino a Ortega cuando escribió sus “meditaciones del Quijote” en las florestas que rodean El Escorial y todo lo que en su cocorota bullía: de Nartop, Coen, los Neokantistas, no entiendo ni papa a los alemanes, para dar culminación a su pensamiento con el famoso inicio e inunda toda su obra: "yo soy yo y mi circustancia...". En fin. El caso es que hoy vuelvo a la carga con mis escritos en el blog éste de las “noches valxeritenses” tras el paro estacional y vuelvo, ¿Por qué no?, sobre el cine de John Ford. Por suerte he tenido la psoibilidad de conocer y reconocer la filmografía de importantes cineastas y que, pese a joven –soy un cinéfilo empedernido-, disfruto con los clásicos. Esto no quiere decir que desconozca el cine que hoy en día se hace y no esté al tanto de lo último de Jhonny To o Wong Kar-wai – cine por cierto, al que me está siendo muy difícil acceder últimamente-. Que los jóvenes hayan desechado ese viejo cine, que hoy llamamos clásicos, es una verdadera pena porque en el se recogen enseñanzas muy interesantes para la vida, o el difícil “arte de vivir”, que es en definitiva sobre lo que trata la ética. Lo curioso del caso es que los jóvenes – y ya hablo como un viejo carcamal- tampoco es que se preocupen mucho por las creaciones culturales de su entorno: les parece que el mundo empieza cuando ellos empiezan y que antes que ellos no hubo nada. Es simpático verlos en fiestas escuchando esas músicas que hacen ton-ton-ton-ton todo el rato; lo simpático del caso es que yo, aquí atrás, era muy similar a ellos. El caso es que hoy quiero hablar de el “hombre tranquilo” (The quiet man), película de John Ford, y que no estaría mal que algunos de éstos que están dando el salto de la pubertad a la madurez aprendan algo. Algunos hombres maduros también lo necesitan, que quede claro, porque el salto que hay que dar para convertirse en hombres, por decirlo de algún modo, -y no me refiero al sexo sino a hombres con todas sus consecuencias-, aunque ya lo hayan dado, a lo mejor lo han olvidado. El “Hombre tranquilo”, huelga decirlo, es una obra maestra, - otra más de las innumerables del tuerto que “sólo” hacía Westerns -. La película tiene un tono de comedia y huye del drama que tan bien había cultivado Ford con “la uvas de la ira” y “qué verde era mi valle”, y este tono de comedia puede descolocar a los más jóvenes. Sin embargo la hondura humana con la que son retratados los personajes es para persignarse ante un altar en alabanza al Dios de los cineastas nortemericanos. Vean ustedes como un hombre en apariencia poco leído, bruto y cascarrabias, como parecía Jhon Ford, era un sabio: el humanista Jhon Ford. No quiero entrar por hoy en las ideologías del cine de Ford, como bien se hace en el fenomenal dossier que la revista vetusta “Dirigido Por” en los últimos tres números: pero no hay duda que Ford era un tipo muy difícil de encajonar ideológicamente, cosa que le pasa hoy en día un tanto a Eastwood. Aparentemente su mundo es un mundo de Derechas, pero el trato que da a sus personajes, el cariño hacia ellos y su comprensión, le hacen parecer un liberal. En fin, no era eso a lo que iba. Iba a otra cosa: al “El hombre tranquilo” y su cine. El cine de Jhon Ford era un cine adulto; era un cine, cuando éste se encontraba en su juventud, hecho, repito una vez más, para adultos: para hombres hechos. Todo lo contrario del cine comercial de hoy el día. “El hombre tranquilo” es una parábola ética, una parábola moral sobre el hombre adulto: sobre el hombre que se hace pero , sobre todo, sobre el hombre hecho. Ese es el protagonista de esta película. Los Hombre tranquilos son hombres curtidos y esos hombres son hombres con cicatrices que se hacen sobre la experiencia, sobre los golpes. Hombres que necesitan de la comunidad, de volver a sus raíces, a sus tradiciones, al lugar de sus antepasados de volver a un lugar donde pocos conozcan sus cicatrices y se resguarde de ellas. Esas cicatrices, las que hacen a los hombres ser hombres, suelen ser cicatrices morales: reflexiones éticas sobre comportamientos y responsabilidades pasadas. Eso le pasa al protagonista de “el hombre tranquilo”: y por eso es lo que es, un hombre tranquilo. Sean Thorton es cualquiera de nosotros: de los hombres hechos y que necesitan de Innisfree y de una Mary Kate. “En Connecticut los hombres se hacen con el fuego del acero de las fábricas (…) y con otras cosas…con otras cosas”, le dice Sean Thorton a uno de sus amigos. Mucho de los cineastas actuales, que usan el flash back como una ruleta de feria, debería aprender de los clásicos: en esta película hay, en mi opinión, uno de los mejores flash-back del cine. No voy a desvelar cual es su contenido. Un flash back fantástico que desvela de donde le proviene la cicatriz moral de Sean Thorton. Me pasaría hablando horas sobre esta películas. Por ahora solo quiero reflexionar sobre los hombres hechos, los hombres tranquilos: los sabios.

martes, 10 de junio de 2008

Algunos se alegran de la Huelga contra el ZP


Esta mañana he oído a un militante o simpatizante del PP que el "paro de los transportistas" se hace contra el gobierno de Zapatero, al que responsabiliza de que el ciclo económico vaya a la baja. Contestaba a unos operarios de Urbaser que, mientras limpiaban las calles tras las pasadas fiestas, decían que la crisis se veía venir desde hace mucho tiempo, que lo de la vivienda no era ni medio normal. El pepero, airado, echaba sapos y culebras por la boca y vino a dar conmigo, vulgar transeunte a la espera de cruzar un semáforo, mientra despotricaba contra Zapatero y defendía a los pobres camioneros, a los cuales, animaba a seguir con su paro y se fastidiara el ZP. Yo callaba. El semáforo se puso en verde y le dije: vayase usted a la mierda y déjeme en paz (y aunque soy de natural pacífico, estando como estoy, sumamente enfadado, a punto no le dije lo que me parecía que era: un imbécil, si no algo peor). Soraya Sáez de Santamaría dice, también, que el paro (no hablemos de huelga, puesto que no lo es) es contra Zapatero; he visto a otros, burros como semovientes, alegrarse de la "huelga" contra el gobierno: el causante de que todo suba. El tipo, lo noté enseguida, creía que efectivamente esto era una huelga -esto es: la que hacen los obreros en las fábricas-; este tipo salió en el 88, como muchos decís, hecho un basilisco en la huelga contra los contratos basura y para derrocar un gobierno. El tio bruto, enmascarandose de obrero (cuello azul) no tuvo otra educación que la de los moros, las Navas de Tolosa y tal. Logicamente no le conteste ¿Para que hablar con un animal? En fin que este zopenco - cada cosa es lo que es, que dijo Aristóteles- obrero metalurgico toda su puta vida es más facha que el bigote de del Generalísmo: Imbécil y por cuenta ajena, que es lo peor, igualito que el otro de más arriba. Me gustaría saber cuantos del PP de los que habitan en el Valle apoyan la "huelga" que estan haciendo los patronos propietarios como están apoyando los de su partido en toda España, por ser una "huelga" contra Zapatero: me gustaría que se descubrieran y nos digan si comparten la postura de sus compañeros, así veríamos todos lo que piensan al respecto. Por que digo yo: ¿Si la huelga es contra Zapatero? Como dicen -y se que lo dicen la mayoría de los peperos en las ciudades: en el valle no tendrán redaños a decirlo y congratualrse por ello- porqué las pobres Sumburst que no se hayan rajado se van a terminar por cocer esta semana. Digo yo que qué les han hecho las Sumburst a los transportistas: Que contesten, a ver, os alegra la huelga contra el ZP éste responsables de que esta gente se hayan comprado caminones cuando no debía. Que los vendan: ¿No es una economía de mercado? Pues es lo que tiene el mercado: ¿No apoyan ustedes al PP, los liberales? pues cománse mercado y metánse los camiones por donde les quepa.

Estos señores reclaman 1) Precio mínimo por porte para cubrir gastos. Toma ya: y el del bar pide que le entren 50 personas al día, y que las Lays valgan 6 euros, y yo pido que la cereza valga 6 euros el Kilo, y los fruteros que les cueste la cereza 0.1 centimo y la vendan a 6 el cuarto de kilo. Lo que piden los transportistas es una medida interventora del gobierno en los mercados. Y los del PP, los liberales, les palmean, hipócritas, porque le hacen una huelga al Zapatero. Pues sepan ustedes liberales de boquilla que la doctrina liberal según principios que ustedes dicen defender, impide intervenir en el mercado. El problema es que ustedes no son liberales: son otra cosa. Y cuando a las cosas se les llama por su nombre no son insultos. Y un cenutrio es un cenutrio. Y si tuvieran algo más que serrín en la cabeza, como tienen, no se satisfacerían de una "huelga contra Zapatero" como la del 88 contra Gozález. Aquello fue una huelga como Dios manda, esto es una hijoputada. Aunque me alegro que sean tan ignorantes y se alegren de lo que hacen los transportistas, así les apreciaremos como se merecen.

lunes, 9 de junio de 2008

Huelga de transportistas


Mi opinión respecto a la huelga de los transportistas es la siguiente: es una "huelga irresponsable", que tira piedras sobre su propio tejado. Si ya de por si los datos de coyuntura económica presagian o de hecho muestran un descenso del crecimiento, una "huelga de transportistas", totalmente ilegal, puede ayudar a que los datos macroeconómicos sean peores: se dañan así propio. La Huelga, en sí, ho debe llamarse así: es más bien un "cierre patronal" o lock-out, puesto que no la hacen "trabajadores por cuenta ajena" sino patronos airados. Las llamadas "huelgas tapón" son tras jurisprudencia repetida calificadas como ilegales: en sentido propio un "cierre patronal" tapón es un un acto ilegal y antijurídico y por ellon solicito a las agrupaciones de cooperativas y asociaciones de productores de cereza que reclamen por daños u perjucios contra los convocantes de tal huelga ¿Dónde está Asaja ahora? ¿Dónde están los de siempre? En ningún lado porque me tienen hastiado y hasta los cojones de tanto asqueroso e hijodeputa. Los transportistas se quejan de que el precio del petróleo sube: como empresarios que son, ya se podían haber olído, cuando ganaban dinero a espuertas y se compraban pisos y casas, que el ciclo económico cambiaría y que, mejor que hubieran comprado una tonelada de petróleo, como hicieron los especuladores -los verdaderos causantes de todas las crisis económicas-, que un nuevo camión. Vamos que ningún patrono, propietario de empressas de transporte de mercancias y de materiales de construción no me da ninguna pena ni me muestro solidario con él en esta "huelga" patronal, que tiene más un marcado caracter político, que solidario para el mejoramientro del bienestar social común, verdadero significado y justificado sentido de las huelgas obreras, las cuales hicieron un mundo mejor. La "huelga", además de política, ilegal, injustificable es lo peor que puede ser: es inmoral. Los transportistas se las deban felices transportando ladrillos, montando empresas de materiales, promocionando viviendas... y se han jodido que no ganaron las elecciones: que le vamos hacer: así son los del PP. Nunca han dejado de ser de otra manera. Por eso no los quiero ni en pintura.

martes, 13 de mayo de 2008

El sheriff, el pistolero y el empresario tardofranquista: la ley del oeste en Coslada.

Muchos pesarán que aquello de lo que hablo es pecata minuta y que mis apreciaciones son peregrinas, cuando no sacrílegas, para con el poder constituido, fáctico, fatídico, o velado, que es el que realmente mueve los hilos. Pero en un pin, pan, pum, aparece por doquier: se desgrana y rebotan el suelo las cuentas del collar que estallan en el gres. Pero no pasa nada: la mano negra, el velado demiurgo que mueve los hilos, recogerá las piezas y las volverá a colocar a su antojo. En fin, que de lo que hablo se encuentra a la orden del día: es de ética, de moral y de política. Y "la ley del oeste", todo junto: Ven ustedes de lo que les vengo hablando de modo repetido. No voy a esconder que soy muy conocedor de la zona cosladeña: en mis años mozos bebí litros de alcohol en el centro Urugay, que corrieron por mis venas -pues siempre me ha gustado la parranda-, y bien se de lo que me hablo. Vengo repitiendo lo del Western, como si eso fuera alejado de lo real y va, y resulta, que hasta en esta ciudad ribereña del Jarama tenían un “Sheriff” que impartía su ley: la ley del Oeste. No puedo entrar mucho en ello, por falta de tiempo, pero todos saben que en esa ciudad no solo imperaba la ley que este señor imponía. “La mano”, Il capo, es otro. En el pasado era “un pistolero”, esto es una chapuzas con tino, estilo al pocero, que formaba una cuadrilla; en los años 70 fue montando su imperio. Esos empresarios del tardo-franquismo que añoraban la paz social del "jefe de empresa" y que no conoce más ley que la de sus santos huevos: léase el peregrino empresario español que de poner ladrillos, pasa a tener empresas de materiales, camiones, camioneros, floreros, matones, policías a su cuenta, personas, calles, negocios, concesionarios de vehículos, objetos con forma de persona, con carne y ojos que les ríen las gracias. Han pillado el Sheriff: detrás de el se encuentra el señor Chisum, que, como un cerdo, chapotea en el “el barro” o “el barrizal”. Pero fíjense ustedes: no es solo éll que me resulta molesto, sino la panda de energúmenos insufribles que le ríen gracias. Más atrás me decían que mi actitud no es política, y en eso debo discrepar enérgicamente; es un deber inexcusable imponerse a esos “pistoleros” que no tienen más ley que la que ellos dictan. En Coslada saben muy bien de lo que hablo, y no es Ginés de Paparilla, sino los cerdos que chapotean con en cemento. Soy un pesimista lúcido, el cerdo seguirá disponiendo su ley a la ciudad. Posiblemente, cuando vuelva la Derecha al poder, le impondrán la medalla el mérito al trabajo, pues de ser un albañil pasó a dirigir una ciudad y a tener un imperio a su lado: son los “amos de Coslada” (Busquen en Google). Los conozco bien, les he olido el aliento alguna vez, y no tienen más que mierda dentro, aunque se laven en lavabos con grifos de oro.

sábado, 10 de mayo de 2008

Duelo en alta Sierra: hablemos del Western, de la vida, de cine y de la dignidad de todo ser humano.


Hasta hace bien poco me había suscrito a un debate político infructuoso, alejado de mis verdaderas intenciones vitales, y por ello algunas de mis entradas primeras trataban sobre esta materia bella, si se habla con gentes que procuren el bien común, o truculenta, como puede ser condición habitual de aquellos que procuran que sean los intereses particulares y egoístas los que se impongan. Por suerte he abandonado tan infecunda y árida materia: la política me interesa como lugar de análisis ético y nada más. Por ello, mis últimas entradas están relacionadas con lo que mas me gusta: el Cine. Ese lugar mítico por donde desfilan los tipos y personajes encerrados en el encuadre y que, unas veces de manera sencilla y otras de manera compleja, sirven para reflexionar sobre el “ser humano”, su integridad moral, su dignidad, o, en suma, de vida. A la par de ser, por supuesto, un entretenimiento muy virtuoso la más de las veces. He de comunicar a mis lectores que no soy crítico de cine, tampoco filósofo, ni profesor, ni político, ni nada por el estilo. En todo caso, podría definirme, motu propio, como un agricultor: un hombre sencillo de campo que gusta de los campos abiertos, del sol, del viento suave y de los bellos paisajes que la naturaleza nos propone, nada más: algo así como un outsider. No es de estrañar que sea un apasionado del Western. Pese a la humildad de mis proposiciones, trato de reflexionar sobre los meandros de la virtud, la Verdad, y la difícil reflexión acerca del bien y del mal; asuntos de los que trataba el más cinematográfico de los géneros. Es difícil que cuando escriba mis críticas sobre Cine mis lectores se encuentren sesudas reflexiones que añadan lo que dijo Wittgenstein, o sobre la postura Sartriana, es un decir, de un personaje o la influencia de Shopenahuer en el director, como hacen muchos cuando escriben y que incluso yo, en alguna ocasión, he caído: como si hiciera falta añadir, para parecer hombre leído y culto, lo que otros dijeron, para casi no exponer para nada reflexión propia, clara y diáfana, tal y cómo uno propio piensa; si uno se repite con otro, pues se repite y no pasa nada. Esto quiere decir que el que esto escribe es consciente de sus limitaciones, pero que, no por ello, tenga nada que decir que no sea verdad. Muchos días tengo el privilegio de contemplar la belleza del paisaje valxeritense que me rodea desde varias atalayas privilegiadas a diferentes altitudes, pero, hasta hace poco, miré cara a cara, a los ojos, de cerca y dentro de una urna de cristal al “ser humano” en un trabajo realmente duro que me marcó. Por ello, sí, reconozco mis limitaciones, pero soy consciente, como muchos personajes del paisaje westeriano, de que tomar determinadas decisiones morales son vitales: vitales para cada cual y que, añado, nuestra calidad de personas se pone en juego cada vez que elegimos. Puede parecer exotérico, pero para mí no lo es tanto: es la raíz de lo que ocurre en el Western y fundamental para desentrañarlo. Como señaló Truffaut el cine se encuentra muy cerca de la vida. La vida y el cine se comunican. Busco respuestas y, eso al menos, creo que es lo esencial o importante: significa que existen preguntas. El cine es un ejercicio práctico de filosofía, y no es extraño que muchos “amantes del saber” sean, a la vez, "amantes del cine": ver buen cine ayuda a la frónesis (!vaya! ya introduje un terminejo), esa sabiduría práctica puede aplicarse a casos concretos y particulares. Muchas películas viejas significaban la rememoración inveterada de las viejas tragedias griegas, como muchos saben, y las reglas de la estética y la poética que afamados filósofos dispusieron pueden ser aplicables cuando visionamos una buena obra cinematográfica. La gracia que tiene el Cine, y el particular el Western, género del que especialmente me apasiona – me gustaría ir mezclando comentarios sobre películas viejas y actuales-, es que no necesitan tanta frónesis, fenomenología Neokantismo, si me apuran, y ni tanta gaita para hablar de cosas sumamente importantes: la rectitud, la buenas obras, la moralidad en el uso de las armas, el deber y su cumplimiento, la vida en comunidad, la simbiosis del hombre y la naturaleza… y miles de cosas más de la que nos hablan los Westerns sin tanta entelequia, holismo o inmanencia. El Western era un género, la más de las veces, realizado por hombres duros y sencillos que se debatían con sencillez en complejas cuestiones morales: por eso disfruto del género. Subrepticiamente, entre relichos, polvo, desierto y balas el Western habla de personas de una manera calmada y sencilla, y sin tanta etiqueta epistemológica. Muchos me llevarán la contraria, lo sé, pero prefiero un buen Western, como camino hacia la verdad, a leer, por ejemplo, "Lenguaje, verdad y Lógica", de Ayer: soy así de rústico (aunque no crean que tanto). Sé que para muchos, especialmente jóvenes, estas películas viejas les resultan difíciles de visionar en la eterna altura de los tiempos que suelen despreciar lo de más atrás: sin embargo, siempre habrá locos de las praderas que descubran lo maravillosas que estas películas eran. Y que en una galopada recortada tras la puesta del sol hay más "amor al saber", según yo creo, que en sesudas diatribas y conferencias de renombrados intelectuales. Cojamos por ejemplo “Duelo en alta Sierra” de Sam Peckinpah, rodada al viejo estilo Fordiano e influida poderosamente por los Westerns de Boetticher. La película es formidable; viene aquí a cuento el lirismo que el autor le imprime, tal y como ha subrayado la crítica desde su estreno, pero en especial, para mí, se encuentra en la “dignidad” en el personaje interpreta Joel McCrea. Más abajo hablé sobre como Jhon Huston trataba sobre “el fracaso”; ahora, sin embargo, es preciso hablar sobre la “dignidad” de los que muchos presuntos “fracasados” pueden llegar a experimentar cuando lo que hacen lo hacen, simplemente, porque es lo correcto. La película de Peckinpah reflexiona sobre esto y sobre otras muchas cosas, como he dicho, como saben hacerlos los sabios de veras: con sencillez, con libertad y sin tanta orquesta especulativa. Joya del cine.

viernes, 2 de mayo de 2008

"Promesas del Este": un film noir de David Cronemberg


David Cronemberg: "Soy un documentalista de los aspectos más oscuros del alma humana"



Promesas del Este, último film de David Cronemberg, es una excepcional pelicula. Y digo esto de excepción con argumentos de peso: es raro, hoy en día, encontrar un film de “cine negro” con las características de Promesas del Este. De hecho, añadiría que hoy en día es difícil encontrar películas de la calidad de ésta. Muchos jóvenes se están habituando a un artificio audiovisual lleno de aspavientos formales que nada añaden a la historia narrada y eso es algo que muchos estamos aburridos de señalar: las cámaras que filman la escena parecen las aspas de un molino, ahora llamados video-clips musicales. Estas cámaras mareantes olvidan lo esencial del plano: lo que yo llamo la “metafísica del plano”. Por ello encontrar una película de las características de Promesas del Este es, como digo, muy difícil. Es difícil encontrar, también, una película al estilo noir, donde se reflexione sobre los límites difusos entre “el bien” y “el mal” y, en suma, sobre la moralidad de los actos de los personajes: eso se consigue aquí. La película trata sobre el funcionamiento de las mafias rusas en occidente. Los juegos de moralidad de los personajes son lo más importante del film, donde los intérpretes están escogidos con buen tino y, de hecho, es un pilar importante dentro de la película. En definitiva, que la recomiendo. Al tanto de esta película hago las siguientes reflexiones que me suscitan sobre la violencia y la moralidad y que, quizá, solo pueden ser entendidas tras verla, y tras conocer, un poco, el camino habitual del que esto escribe.

Más abajo reseñé algo sobre No es un país para viejos y, en especial, sobre la podredumbre humana que mucho cine de hoy en día refleja ya sin aspavientos y, sí, con mucha víscera. La violencia siempre ha sido un referente para el Cine desde sus inicios. Sin embargo, ahora es demostrativa: atroz. Yo diría que hasta, en cierto punto, cargante: campea dentro del campo lo que antes era elíptico . Pero es que, sin duda, la violencia explícita que ejerce el ser humano sobre otro no es algo inusual y lo encontramos a cada Credo que se reze; ciertamente, la violencia se encuentra alejada, en una frontera sutil, del común, de las personas corrientes. Una frontera de cristal muy permeable, donde definir lo que está bien y lo que está mal es sumemente dificil. Lo que ahora nos parece mal, enlatado dentro del campo que la cámara recoge, aplastándolo, puede ser que, mañana, nos convierta a nosotros mismos en personajes ubicados tras el cristal. En Promesas del Este, de David Cronemberg, queda explicitado en la conversación que mantienen Nikolai (Viggo Mortensen) con Anna después de que esta última entrega el Diario probatorio de una violación en una hamburguesería. El mundo corriente se encuentra, allí, en la mayoría de las mesas que ocupan ese establecimiento de comida rápida: un mundo del que formamos parte; pero lado oscuro del alma humana se encuentra traspasando el umbral de la hamburguesería, o no tanto, o allí al lado: en cualquier recoveco, sentado junto a nosotros, de frente, en el umbral, como digo, o en el la basura antropomórfica. Como dice David Cronemberg: la violencia es violencia. Nota muy alta para esta película que nos relata los mecanismos de actuación de las mafias rusas; no puedo entrar hoy, por falta de tiempo, sobre más aspectos; sin embargo, la moralidad, como siempre ocurre en el buen cine, es la que se pone en juego: Dilemas morales y la pregunta sobre la justificación de la violencia en un film noir de todas todas

Promesas del Este y Davi Cronemberg

David Cronemberg: "Soy un documentalista de los aspectos más oscuros del alma humana"

Más abajo reseñé algo sobre No es un país para viejos y, en especial, sobre la podredumbre humana que mucho cine de hoy en día refleja ya sin aspavientos y con mucha víscera. La violencia siempre ha sido un referente para el Cine. Sin embargo, ahora es demostrativa: atroz; yo diría que hasta, en cierto punto, cargante. Pero es que, sin duda, la violencia explícita que ejerce el ser humano sobre otro no es algo inusual; ciertamente se encuentra alejado, en una frontera sutil, del común: de las personas corrientes. En Promesas del Este, de David Cronemberg, queda explicitado en la conversación que mantienen Nikolai (Viggo Mortensen) con Anna (Naomi Watts) después de que esta última entrega el Diario probatorio en una hamburguesería. El mundo corriente se encuentra en la mayoría de las mesas que ocupan ese establecimiento de comida rápida; el lado oscuro del alma humana se encuentra traspasando allí al lado: en cualquier recoveco, en el la basura antropomórfica. Y como dice David Cronemberg: la violencia es violencia. Nota muy alta para esta película que nos relata los mecanismos de actuación de las mafias rusas; sin poder entrar sobre en más aspectos, la moralidad, como siempre ocurre en el buen cine, es la que se pone en juego: Dilemas morales y la pregunta sobre la justificación de la violencia.

No es país para viejos: áridos recovecos de la existencia.


No hay manera más imbécil de tirar el dinero como pagar para ver una película doblada. Pues eso: me ha pasado a mí. Nunca clamaré tanto contra nada como contra esta nefasta costumbre a la que los pacatos censores del franquismo habituaron a la población haciendo doblar las películas. Esto tuvo importantes aspectos negativos que no voy a señalar ahora: pero más negativo aún es que, a sabiendas, vaya uno y cometa la tontería de pagar la entrada. Hace poco residía en una ciudad donde, al menos, muchos estrenos de películas satisfactorias se podían ver en V.O.S. Sin embargo ahora no me queda otra y si las quiero ver en pantalla grande me las debo tragar doblada. Creo que la solución está en los proyectores lumínicos para el salón de la casa, en una nueva cinefilia del DVD y de home cinema. Digo todo esto porque hube de ver “No es país para viejos” de los hermanos Coen, en versión doblada y no fue, tan solo, el dinero lo que más me fastidió, sino, más bien, lo de no poder disfrutar de una buena película, como a mi me pareció que es ésta, en toda su integridad. La sensación y emociones que se sienten por primera vez al ver una película son para un cinéfilo importantísimas: pues parte de esas sensaciones las perdía al ver la película doblada. Pero en fin, el error lo cometí yo y nadie más. “No es país para viejos” supone una un film árido, rodado en un paisaje árido, telúrico, como es el alma de muchos humanos, sino de la humanidad toda. Soy un nihilista, que le voy a hacer, desde que un trio de personajes decidieron invadir Irak y por algún que otro motivo más que no viene a cuento. El desierto en esta película, una vez más, cobra protagonismo metafórico es un personaje brutal: Anton Chigurh. La película destila cierto clasicismo que la versión doblada no me permitió destilar, aunque no del todo se podría calificar así, sino cierto aire “indie” o “sundance”. Aunque eso no es lo que me importa. Lo que me importa es la aridez moral del personaje interpretado por Javier Bardem que no es secundario, si no principal, que interpreta. Personaje que puede ser extrapolable a la sociedad toda, al orden mundial y a la sociedad americana en particular: la inmoralidad total en la que consiste el asesinato de otra persona. El papel del Sheriff, interpretado por Tommy Lee Jones, se convierte ya no solo en un personaje crepuscular, sino en una verdad insoslayable: los viejos sheriff del Far West nada pueden hacer en un mundo poblado de psicópatas. Y es que Antón Chigurh no es un psicópata al uso: es una oscura rémora de lo que se cuece en el mundo y de los mandamases que tratan de dirigirlo, desvirtuando los viejos valores de los viejos vaqueros. No es de extrañar, como nos señala uno de los personajes, que por aquellos lugares desérticos ocurriera el famoso duelo de O.k. Corral entre Earp y los Clanton: lo viejos héroes han desaparecido y es el lugar de la nada, de la violencia. Efectivamente, No es un país para viejos: sino un país para locos. Y el país es el mundo todo. De una manera sucinta, destaco dos momentos en Off: El resultado del enfrentamiento entre Chigurh y Brolin y, dejándonos en ascuas, aunque prediciendo la conducta amoral del asesino, tras el encuentro entre éste y la esposa de Brolin.

martes, 29 de abril de 2008

Jhon Huston: "filosofía de la voluntad" dentro de una "filosofía sobre la vida"




No soy yo de los hustonianos, aunque creo que por razones diferentes a las que dieron los cahieristas. Reconozco, sin embargo, que la visión del mundo que tenía Jhon Huston no difiere del todo de la que yo mantengo: no es a ello a lo que me refiero. Señala Angel Quintana (Dirigido por… nº 345) que Huston, señaladamente, era más un cineasta de la voluntad que del fracaso. Defiende este crítico lo siguiente: que la “voluntad” que tienen los personajes que pueblan sus filmes constituyen una, aunque sea pequeña, victoria moral, pese a sus indefectibles “fracasos”. La figura del “fracasado” me resulta especialmente interesante y es, por ello, el interés que me mueve para escribir aquí sobre ello. Son muchos los personajes que, al final de sus vidas, o terminan derrotados o, más bien, tienen una sensación pareja; sin embargo, es cierto como dice Quintana, que “la aventura”, pequeña o grande, cuya etiología cosntituye la búsqueda de un éxito o un fracaso, significa la victoria para Huston suficiente que dignifica a sus personajes. Victoria que casi siempre les suele negar al final, castigándoles injustamente con el fracaso. En parte esa injusticia es la que le repochan sus detractores y bien quedó reflejado por Eastwood: Huston se constituye, salvo en una sonada excepción, en un demiurgo, en un Dios de la ficción, sumamente severo. Quizá eso era lo que les molestase en cahiers, no lo sé. Las razones, las mías, por las cuales no soy un ferviente hustoniano se encuentra, quizá, en la irregular carrera del director, donde abundan buenas películas con mediocridades, por alimenticias que sean, muy indignas. Eso sí, reconozco que “Moby Dick” o “Fat City” son dos grandes películas y, como casi todo el mundo, reconozco que Dublineses es una obra maestra, por motivos que ya desvelaré más adelante. Y aunque disfrute holgadamente con los escasos minutos de “The red Badge of Courage” y tenga a la “Reina de África” como un clásico perdurable detesto a más no poder muchas cintas de Huston: “Moulin Rouge”, “Annie”, “Evasión o Victoria” entre ellas. Aunque en todo esto hay mucha unanimidad y no descubro ningún mediterraneo. Fíjense: reconozco como más magistral una película que trata de retratar al director, como “Cazador Blanco, corazón negro” de Eastwood, que casi ninguna – a excepción de Dublineses- de sus películas. Pero no es mi intención, sin embargo, hacer un juicio, positivo o negativo, de su filmografía, sino, más bien, efectuar alguna exégesis de los que yo considero importante: la relación, o aportación, que el cine puede mantener con la vida y, por tanto, con la propia filosofía: si entendemos, de alguna manera, la concepción de “la vida”, como quería Ortega, como una metafísica o, mejor dicho, como “realidad radical” del ser humano. Repito: el Cine, como arte para entender la Vida y, por tanto, la Verdad se me hace sumamente interesantes y, por ello, hablo de Cine en páginas de filosofía, moral y ética. El universo hustoniano - aunque a algún cahierista de los de viejo cuño les pueda molestar- existía: este director –aún con una “puesta en escena” criticable, con alguna razón, por numerosos críticos- trataba de plasmar su visión del mundo en sus filmes, unas veces con mejor o y otras cpn peor resultado. Y, en parte, hablar de Huston como cineasta de “la voluntad” o cineasta de “el fracaso” es señalar eso. Para Huston, repito, los perdedores, frente a otros autores, se fraguan con “el fracaso”: sin embargo estos se salvan, moralmente, por “la voluntad” aventurera. Esto es muy interesante para obtener reflexiones morales vitales para cada cual. Es “El tesoro de Sierra Madre”, pese a todo, un importante fiasco, al menos para el que esto suscribe; sin embargo hay una parte del diálogo durante la película que me gusta singularmente. Es el momento en que los tres buscadores de oro hablan, a la luz de la lumbre, sobre sus sueños y el lugar perenne donde buscar la felicidad. Uno de ellos, el más joven, rememorando, expresa cual es éste: plantar frutales, tener su propio huerto suficiente para él y los suyos, participar en la vida colectiva de la población en los tiempos de recolección. Nada sabemos si, al final, cumpliría su sueño: solo sabemos de su fracaso parcial ante la búsqueda del oro; fracaso, esta vez, consecuencia de la vil transformación que el polvo brillante causa a uno de sus compañeros. Señalaré que el subrayado redundante, como muchos han dicho, entre otras más cosas, se carga la película. Sin embargo, el diálogo aportado me parece extraordinario por cuestiones personales. Pese a no ser yo un Hustoniano, como he dicho, si soy un Eastwoodiano. El retrato que Eastwood hace de Huston me parece magistral en “cazador blanco, corazón negro”: la explicación de porqué los personajes de “la Reina de Africa” no fracasan en su aventura en esta única película que gusta a los anti-hustonianos me parece soberbia. No quisiera apretujar demasiado los contenidos aquí expuestos, pues necesitaría más espacio, y tampoco quiero cansar a mis amigos de la tertulia cinéfila: ellos saben que yo tengo mi jardín de Epicuro y que, como el protagonista del Tesoro de Sierra Madre, yo si cumplí mi sueño, tras ver la miseria humana –esto no lo saben tanto, pero ya se lo explicaré, pues no es bueno guardarse nada bajo la faltriquera, que luego se somatiza y se sufre de contracturas y dolores varios-; en otra ocasión, por tanto, las relaciones entre “el elefante”, de corazón negro, cazador blanco y “la ballena” de Moby Dick. Sirva la fotografía del elefante de más arriba para iniciar una reflexión más amplia sobre Dios, sobre la vida y sobre la naturaleza. Por lo pronto suspendo mi blog por un periodo éste que puede ser comprendido sin más ni más a poco que se piense: hasta la vista amigos.

lunes, 28 de abril de 2008

¿Qué es ser liberal?: la vieja carraca de los obispos buscando otro son.


Vengo dando la matraca farandulera ya no sobre el viejo concepto decimonónico del liberalismo si no, más bien, sobre el adjetivo espiritual de “liberal” aplicado a las personas “individuales”. Entrecomillo estas palabras no por razones superfluas. Pero es que la empanada que se están comiendo en los diarios conservadores, en especial ABC, que, a fin de cuentas, es casi el único que merece alguna credibilidad y respeto, no se porqué – yo creo que, quizá, sea porque llevo leyéndolo, junto con el El País, desde que tenía quince años-, está siendo formidable y añadiría que pasmosa. Antes de las elecciones no había un alma, quizá excepto yo, que hablase del término; pero como se han dado de bruces con una derrota electoral andan buscando cascabeles y gatos, y, lo que es peor, que no saben si el cascabel es campanillo ni el número de patas que tiene un gato son tres o cuatro. Lo que si veo de seguro es que, cada dos por tres, el ABC se desayuna con una columna o editorial a tanto de lo liberal: te deum laudamos. La vieja carraca de los obispos buscando otro son. Sentemos las bases de una vez, al menos, para los políticos que me leen y empiecen a reflexionar, sea por una vez, de algo: Gregorio Marañón era liberal; y añado aquí un párrafo para que ustedes se den cuenta, más que nada, de como habla un señor liberal: vayan aprendiendo, señores del ABC, que creo que andan tan perdidos como muchos en sus bases. A ver si, que a mi me parece que no, este párrafo que suelta Marañón se parece en algo a los que, de aquí hace nada, salían a las calle defendiendo la familia y enarbolando la bandera de un españolismo tan rancio, foclórico de fino moldeado, como carpetovetónico. Como para que traten ahora de mantener argumento de liberal, como hace las FAES, y que no ha sido, hasta ahora, más que la inveterada actitud consuetudinaria de la Derecha española de mover los cencerros. Aquí va: “Las gentes timoratas- algunas muy respetables- que tiemblan ante la imaginaria desaparición de la familia, porque las costumbre del hogar cambian y los Gobiernos, como ahora en España, incluyen el divorcio entre sus leyes, olvidan que la columna vertebral del progreso humano está fundamentalmente vinculada a este otro progreso de la pareja sexual y, por lo tanto, de la vida familiar. Ésta perderá, sin duda –o acabará de perder- su solemne estructura patriarcal y se convertirá en algo más elástico y ligero. Pero el creer que va a anularse es tan pueril como suponer que una casa va a hundirse porque se tiren por la ventana los trastos viejos y se substituyan por otros, nuevos y simples; que, a la larga, acaban por encontrarse más cómodos. El miedo de la sociedad pacata a que desaparezca la familia y se hunda el mundo cada vez que éste da un estirón (una revolución) esa tan antiguo como la creencia de la venida del Anticristo, del fin del Universo etc. Leyendo el estudio sobre Rosseau, en los Essais critiques de Amiel, recordábamos que una de las preocupaciones del gran revolucionario del siglo XVII era, precisamente, el peligro en que, según él, se encontraba la sociedad, porque, decía, “la familia está comprometida, no existe vida doméstica verdadera, la galantería es una práctica universal y casi un honor el adulterio”. Ahora, casi dos siglos después, nuestros obispos católicos se lamentan de lo mismo y con las mismas palabras que el pensador ginebrino. Ni entonces ni ahora, ni nunca le pasará nada fundamental a la familia” (Marañón dixit 1932, en Amiel, un estudio sobre la timidez). El caso es que los obispos de 2007 siguen dándole a la pianola per seaca saecolorum:!tamborilero toque usted otro son! Pero como no andan muy convencidos tienen que buscar a columnistas que les expliquen los términos, pues ven que las izquierdas les han tumbado una vez más y algo debe pasar que no terminan de entender muy bien. Benino Pendás, profesor de Historia de las ideas Políticas, les da una clase magistral y les dice hoy en la Tercera del ABC lo siguiente: “Sí, pero no olvide usted la pregunta reiterada: ¿qué es ser liberal? Vamos con las señas de identidad. A día de hoy, significa adoptar criterios de centro-derecha, esto es, moderación sin extremismo; preferencia del orden espontáneo sobre la ineficacia estatal; confianza en los individuos libres e iguales y desprecio de la tribu y sus discursos identitarios; tolerancia y respeto hacia el adversario; buen estilo en las formas y austeridad en los contenidos; creencia en el valor moral de la libertad y el imperio de la ley; escepticismo sobre los dogmas que quieren «obligarnos a ser libres». Piense el lector si cumple estos requisitos. De lo contrario, debería reflexionar. No obstante, puede quedarse tranquilo: tampoco son liberales unos cuantos que dicen serlo. ¿Hay algún libro recomendable? Cuidado con los títulos envenenados. Dos obras bajo el rótulo «liberalismo» pueden decir con toda naturalidad cosas contradictorias. Comparen a David Boaz, recién editado por FAES, con John Gray, publicado hace mucho por Alianza. El primero es liberal de verdad; el otro utiliza en vano ese nombre prestigioso, como es frecuente por lo demás en los Estados Unidos. Allí, como saben, llaman liberales a los socialdemócratas, aunque algo conservan de su ilustre progenie: sus rivales son los comunitaristas y los nuevos republicanos. (Y ya comprenden que hablo de filósofos, y no de candidatos presidenciales). Un buen tema para que lo estudien en la fundación del PSOE y aprendan a ser coherentes.” Yo añado en sentido contrario que, mejor, lo estudien en el PP. Muy buena ha sido, por otra parte y por señalar algo, la de "piénsese el lector si cumple estos requisitos": mejor que lo piensen los de las FAES que ahí están abrazando un "liberalismo" calvinista en lo económico tan solo, pero en todo lo demás: cencerros. Esta organización está liderada, entre otros, por un señor ex-presidente, que pertenecía en su juventud a la asociación falangista de la UCM: habla de liberalismo, para lo que les interesa, pero, para nada, saca la aristocracia intelectual, el porte honorable y la distinguida actitud moral que un aunténtico liberal posee. A lo más, sale, y no crean que a hurtadillas ni nada, sino a las bravas, el baturro de turno hablando de camareros fetén y serviciales que, a él mismo, le dan mil vueltas: en lo profesional, en lo humano y, hasta, en lo liberal.No he leído el libro de David Boaz, pero estoy seguro que no llega a Marañón a la altura de las suelas y dudo mucho que este autor sea “liberal”, perteneciendo a las FAES, del mismo modo a que lo era nuestro más insigne médico humanista: Y es ya estoy cansado, aburrido y corrido de tanta incuria como abunda, de veras. Para mucho me daría el tema, pero no quiero cansar al personal. Sin embargo, mucho me temo que esto de querer abrazar la derecha el liberalismo puede ser como lo que ocurrió tras la segunda victoria electoral de Aznar: Cuando acudieron en tropel los antiguos con la enciclopedia Álvarez bajo el brazo, los nacionalcatólicos, la curia, los nostálgicos del cara al sol, y de Pepe Pinto y el Mariamanuela me escuchas que yo de vestidos no entiendo, a copar los puestos eventuales en las administraciones y en la TVE. Y sino, lean en la misma edición la columna de Juan Manuel de Prada de ese mismo día y el Matrix progre. No me extraña que el partido de Rosa Díez UPyD esté acogiendo a un buen número de disidentes liberales en un partido, creo que el único, hecha para una horma de hombres y mujeres que de hecho así se sientan: veo que mis amigos de la tertulia política ya van hilando más fino. Y es que, no se dan cuenta estos señores carpetovetónicos de la derecha, que el "liberalismo" es un cosa, que les duela o no, que traído a colación hoy en día es recalificarlo con el sufijo neo-, por corresponder a ideologías vetustas con nuevos predicamientos referidos, sin más, al tintineante pecunio cayendo en las arcas de los de siempre; sin embargo, el calificativo de "liberal" añadido a persona, se refiere, más bien, a una actitud moral extraordinaria, digna, tan solo, de unos pocos elegidos: aristócratas que lo son, simplemente, por ser mejores.

domingo, 27 de abril de 2008

Alicia detrás del espejo ¿Relato de un perturbado?


Disculpen ustedes este largo prólogo expuesto antes del fondo, sobre Alicia, que voy a exponer: Creo que, hasta la fecha, voy dejando claras muestras de cuales son mis intereses y aficiones habituales; entre ellas, claro está, se encuentra el Cine, la filosofía, los aspectos morales de la política, las artes, como reflejo y búsqueda de lo poliédrico e inexcrutable que el ser humano es, o, entre otras materias más, la historia. Sin embargo, hasta la fecha, no he hablado de otra afición interesante recientemente descubierta: El teatro. Es el teatro, en especial a partir del siglo XIX, un entretenimiento, digámoslo de verdad, muy burgués; por ello, quizá, quedó relegado antaño y ligado a una minoría selecta que acudía a opulentas salas de estilos neoclásicos y, hasta diría, de lujo rococó - eso no quiere decir, por supuesto, que me refiera a las obras clásicas griegas o el teatro barroco del XVI -; sino, más bien, que era adecuado acudir de galas, sombrero de copa, capa para los hombres y pieles para las señoras y en calesa lucida a los teatros decimonónicos. Hoy en día no es muy habitual acudir al mismo, y, desde el inicio del cinematógrafo, para las clases obreras les era más sencillo y comprensible el lenguaje de las imágenes. Si es cierto que en pequeñas ciudades de provincias, en realidad como centros burgueses que son – como contrapuestos al campo – las salas de Teatro siguen siendo una de las actividades culturales más importante. No señalo esto de burgués con ningún ánimo despreciativo, ni mucho menos, pues, a fin de cuentas, no es mala vida la de un burgués: lo que persigue éste es llevar una vida confortable y eso no es, en sí mismo, mala opción vital. De hecho, yo considero que no hay mejor vida que la burguesa y, dentro de ella, liberal: cual es, sino, el mejor modo que poder dedicarse en las horas ociosas del día a la vida contemplativa, subrayado con el aire de libertad que las ciudades medianas exhalan, para buscar la verdad de mejor modo. En eso, como en otras cosas, se equivocaban los marxistas. No en vano la vida especulativa, o teorética -theoría- nace del otium que es, en contraposición, el tiempo libre que no ocupa el nec-otium. Hecho este introito, quizá más largo de la cuenta, diré que el domingo acudí a un pase infantil muy interesante en el que se representaba una versión teatral, hecha para niños, del mítico libro de Lewis Caroll, Alicia a través del espejo, cuya puesta en escena estaba a cargo de Jaroslaw Bielski. Salvo por algún defecto de sonido, achacable a la sala, he de reconocer que la escenografía y vestuario, a cargo de Agatha Ruiz de la Prada, me han parecido excelentes. La revisión del clásico, algo olvidado ya en mis anaqueles, me ha producido un agradable placer sensorial a ojos y oídos y, a la vez, me ha permitido reflexionar sobre Alicia y este relato aparentemente infantil y ya mítico. Por lo pronto, la adaptación de Bielski la he encontrado edulcorada, aunque bien es cierto, que este tenía como pretensión dirigirse a un público infantil, y que, para nada, entra de lleno en el que, a mi parecer, era el espíritu de Caroll. Sobre esto no tengo nada que decir, pues yo soy de la opinión de que las adaptaciones, más bien y muy rara vez, han de buscar el espíritu primigenio, sino el novedoso que el director quiera darle a la escenificación. La obra de Lewis Carroll has sido sometido a múltiples estudios psicoanalíticos, los cuales yo, por ahora, desconozco, sin embargo, viendo esta mañana la obra teatral noté, luminosamente, algo oscuro en Alicia a través del espejo: algo me descuadró subitáneamente. Busco en la biografía de Caroll y no dejo de encontrar en ella puntos controvertidos. Como digo la adaptación teatral a la que asistí, trataba de Alicia experimentando un camino simbólico desde el paso de la infancia a la adolescencia: tiene que desprenderse de la infancia y entrar en un mundo que empieza a formar parte de sus deseos. Sin embargo, la obra de Carroll no me parece eso: me parece más bien, todo lo contrario la visión de un hombre maduro que añora la infancia y que, quizá, trata denodadamente por no salir de ella, o de volver, o de, quizá, el mundo interno de un hombre que se aferra a una niñez ya incomprensible para él: por ello hay algo de perturbado en ello, de irracional. No me extraña que este libro fuera cabecera de los surrealistas: a las claras denota los caracteres del amour fou. De hecho yo creo que es, a las claras, una obra casi surrealista. Y no digo surrealista por un solo motivo: hoy he llegado a pensar, y no se lo tomen a mal los carrollistas si es que los hay, es que en este señor había algo turbio. Las acusaciones de pederastia que, de un modo u otro, se han tratado de velar, no del todo, no dejan de encontrar argumentos favorables en la biografía de Lewis Carroll y una posible historia Clínica, como la que Marañón hizo de Amiel se hace pertinaz. Digo esto porque viendo esta mañana la representación teatral de Alicia a través del espejo descubrí un interesante cuento sobre el paso de un estadio evolutivo. Sin embargo, viajé a mi niñez mentalmente, y descubrí que yo siendo niño y para mí el cuento de Alicia en el país de las maravillas me pareció aterrador: era, de verdad, uno de los pocos cuentos o historias que me causaban miedo ¿No les pasaba a ustedes lo mismo? Opino que no es éste, para nada, un cuento infantil. El mundo fantasioso de un niño, para el cual la realidad toda es un misterio, no es irracional, como bien saben los psicólogos evolutivos. El mundo de Alicia, en cambio, si lo es: por eso, por su irracionalidad adulta, los niños sufren terror con esa historia. Solo una mente atormentada, incapaz de sobreponerse a lo que en su fuero interno es un irracional paso de estadio evolutivo, hubiera sido capaz de escribir un cuento infantil terrorífico de veras. Porque, repito, Alicia en el país de las maravillas es el mundo interno de un ser depravado: precisamente en eso consiste el surrealismo y, cinematográficamente, en cierta medida, el expresionismo. Que Lewis Carroll se sintiese turbado por la verdadera Alicia, niña para quien escribió el cuento, es un misterio que, quizá, no se desvelará nunca. Su actividad como fotógrafo de niñas y las muestras de destrucción intencionada de muchas de ellas son otros indicios plausibles.

Sonata de Otoño, Climenestra y Electra


Sé claramente que es lo que me gusta del cine de Bergman: ello no quiere decir que, cada vez que revisito alguna película suya, ésta me vuelve a dejar estupefacto y, hasta diría, tumefacto: carne momia, arrasado, descompuesto, desconsolado, circunspecto y roto. Si no quieren llegar a tener esa sensación para después de ver una película, se lo aconsejo, no vean a Bergman: descárguense la última americanada y así en paz y, después, gloria. Habrán pasado un rato entretenido, a lo más, e insustancial, como seguro. Eso no ocurre con el cine de Bergman: prepárense para vivir el verdadero terror cinematográfico, el de las relaciones humanas desnudas: el develamiento del interior humano, la conflictiva psique de lo que el ser humano es: el propio infierno vital. No me extraña que Max Von Sydow dijera sobre Bergman que éste era una de los intelectuales del siglo XX que más sabían sobre el ser humano: eso es cierto, por lo menos para mí. En fin, que ayer volví a ver una de esas películas de Bergman, titulada Sonata de Otoño; dice Jose Antonio Navarro, interesante crítico cinematográfico que: “todo en el largometraje es perfecto formal y dramáticamente, pero en absoluto genial, vivo”. De ello yo discrepo enérgicamente, ¡protesto!. Voy a asegurar una barrabasada, aunque yo creo que con razón: la mejor película del noventa y nueve por ciento de los directores actuales vivos queda a años luz de esta Sonata de Otoño. Ya se que no soy objetivo: a mi el cine de Bergman me subyuga. Por lo pronto, y yo creo que a cualquiera que busque es su psique le puede pasar lo mismo, no es difícil encontrar en su cine las propias heridas que le horadan: como ese instrumento, no se como se llama ahora, que es como una manivela y que en su punta, como las roscas de un tornillo, se clavan en la carne propia. Lo curioso del asunto, de las relaciones humanas casi todas, las que analiza Bergman, es que esa herramienta lacerante suele ser movida por alguien. Esto viene a concluir algo, para mí, esencial en el cine de Bergman: quien causa el daño psicológico último, el causante, no es solo el propio, uno mismo, sino que, habitualmente, es una mano prensil la que mueve, unas veces punto a punto, otras efusivamente, la manivela. Es el daño que se causan, impunemente, las personas; u muchas veces, las más, las del propio ámbito: las familiares. En “secretos de matrimonio” el director sueco ahonda el bisturí en las relaciones de pareja: de acuerdo. Pero yo encuentro que el escarpelo bergmaniano ahonda en las heridas más dolorosas, más cercanas, más intima, si ustedes quieren, las de la propia sangre. Tres son, para mí, en especial las películas tales: El silencio, Gritos y Susurros y Sonata de Otoño. No voy a entrar en la brutal “Gritos y Susurros”, donde dos hermanas que se odian a más no poder cuidan a otra moribunda; y, al final, esta última tiene como explicación de la felicidad un balancín en el bosque otoñal donde se mecen las tres hermana, balanceadas por una cuarta persona, llamada bondad y desinterés. Bergman nos deja claro después de todo, donde se encuentra la clave de tan brutal conflicto fraticida: en Climenestra, en la madre y en el juego, real o imaginado por las propias hermanas, que esta juega. En “el silencio” vemos el efecto aterrador ya en ausencia total de Climenestra: Bergman nos muestra la incomunicación entre unas hermanas que viajan a un extraño país sumido en una guerra física, que es el infierno psíquico interior que desemboca en la humanidad toda y su nihilismo aterrador. El silencio no es solamente el de Dios y que tanto aterraba a Bergman: el silencio es, además, al que los humanos, entre sí, se someten lacerándose psíquicamente. Yo puedo ver, creo que quizá por heridas propias que no vienen a cuento, la continuidad entre estas tres películas que refiero. En Sonata de Otoño el conflicto entre Climenestra y su hija estalla por completo. En este caso las hermanas han desaparecido, pero sin embargo, el enfrentamiento desconsolado es, simplemente, brutal, descorazonador, sin esperanza. Es muy natural que, para muchos, el cine de Bergman sea insufrible, aunque para mí sea formalmente prodigioso, como dijo Unamuno al tanto de su Abel Sánchez: “las gentes huyen de la tragedia cuanto ésta es intima”. Y es que, las Climenestras llegan a ser atroces, pues se dedican a mover, posiblemente de una manera involuntaria -y no se de que modo moralmente reprobable-, de una manera realmente dañina la manivela que horada el cuerpo royendo la parte más débil de la "persona": su equilibiro afectivo y emocional. Y es un circulo repetido, circular y eterno que los griegos estudiaron de modo mayestático: Es la tragedia de Electra.

sábado, 26 de abril de 2008

Miscelánea escrita por un buscador fluvial


Voy a decir sobre mí algo que hasta la fecha nunca había dicho: soy un buscador fluvial. No voy a ocultar a nadie que he recorrido sendas fluviales de belleza inusitada. Desde sabios ríos fronteros, hasta las cristalinas aguas del Xerete. No sin más aprendí a nadar, e hice mi bautizo en la vida, en muchos sentidos, en las aguas luminosas de fondos transparentes; como también, he de decir, que luengas caminatas he hecho sobre arcillosa ribera de lento, oscuro y profundo río de peligrosos torbellinos. Conocedor soy, y bastante por cierto - más que nada por ser yo un andador nato y por pillarme, como quien dice, a tiro de piedra-, de aquella cuesta del Zulema que dista poco de la gran Compluto. Lugar en el que, como refiere Cervantes, por boca del señor cura, se encuentra encantado el moro Muzaraque que cabalgaba en cebra o alfana. Aquel río, frontera de cultura, y de sabio recorrido por humanistas ciudades fue por mi pateado en mi niñez y, en alguna ocasión, como diablura hube de subir al Zulema por donde el polvorín militar se encuentra, cruzando el puente nuevo y divisando los pilares que, posiblemente, fueron derruidos con ocasión de los zambombazos que “El Empecinado” expelía contra en invasor que profanó nuestros templos, vituperó nuestros cálices, destruyó tumbas magníficas y ocupó nuestras sagradas plazas. Buscador de río soy, como he dicho; y en las riberas donde los enamoradizos Elicio y Erastro sometían a desdenes a una hermosísima pastora Galatea y a otras ninfas preciosas yo salté a la comba. Cuenta Borges en su relato El inmortal que en el último volumen, de los seis que existen, en cuarto menor de la Ilíada de Pope, se halló un manuscrito del que, al parecer, el tribuno Marco Flamino Rufo, aventurero fluvial se embarcó en la búsqueda inusitada de los vericuetos sombríos del alma humana: Otro es el río que persigo, replicó tristemente, el río secreto que purifica de la muerte a los hombres. Ríos famosos hay muchos: ríos metafóricos también; otro, sin duda celebérrimo, es el río congoleño que recorre el viejo marinero Marlow en busca de Kurtz en el corazón de las tinieblas. Francis Ford Copolla, el director de cine, ahondó en las simas profundas, oscuras, negrísimas del corazón humano y encontró “el horror”: no hay nada más terrorífico. Por ello, digo, soy un buscador fluvial: un buscador que precisa de aguas cristalinas: las aguas del Jerte; río Xerit. Río angosto, río claro: como angostas son las simas espirituales que nos atenazan a los simples mortales: su claridad desentumece frente a las frondas turbias y profundas de ríos industriales. Esos ríos de “desierto rojo”: ríos deshumanizados y desconsolados que nos pintó Antonioni. En otros ríos claros me bañe vestido en claras noches de estrellada visión, aunque más que nada por turbios elixires que me hicieron temerario o loco: sonoro resfriado pillé. Pero sí, es cierto, soy un buscador fluvial. He visto el horror y la podredumbre moral: necesito un río de aguas cristalinas, diáfano y luminoso.

viernes, 25 de abril de 2008

All about Espe (Todo sobre Espe)



He de reconocer que Esperanza Aguirre es una gran actriz. Como es obvio, su interpretación más conocida y famosa ha sido la de Eva Harrigton, claro está, interpretado en el mundillo de la política: Se acuerdan ustedes de la cara de corderillo desangelado que ponía cuando los intrépidos reporteros del Caiga quien caiga la sacaban a las pantallas domingueras de después de misa. Igual, igual que cuando Eva, al desnudo, acudía a los camerinos de la gran Margo Channing en la famosa película all about Eve de Manckievicz. Fíjense, que ocurrencia, pensando sobre ello se me ha ocurrido una escena para el Guiñol: La vicepresidenta de la Vega haría de Margo en su camerino y, por supuesto, Eva, Eva, la gran Eva, sería Esperanza Aguirre. Extraordinaria película, de veras, ¡Vaya guión! Como la vida misma. Es sin duda una de las maneras que una mujer puede tener para ocupar el estrellato: sólo que, a mí, no me gusta: has estado muy bien, Eva, pero yo no me preocuparía tanto del corazón: siempre puedes poner ese trofeo en su lugar. La sinopsis de la historia es muy sencilla: Una perdedora apasionada por el mundo de la política asciende mediante la manipulación y el juego sucio, hasta conseguir su objetivo. Y arrampla con todo lo que se pone a su paso: extraordinarios políticos, como Gallardón, y buenas personas, como Rajoy. De todas formas: ¿De qué otra manera podía ser en un partido donde sus demiurgos son encopetados señores de la COPE, los Lyonel Barrymore de las finanzas y, por último, los senadores McCarthystas que dirigían la TVE? Ya lo digo yo: de ninguna manera. Así que esta señora se merece un reconocimiento. La idolatría y la ambición ocupan el centro de gravedad de Eva, como he leído, en torno al cual giran los sentimientos, la necesidad de ver reconocidos los méritos y de compensar la debilidad con el amor del público. Qué necesidad tiene Esperanza de ser amada: a pesar de formar parte de un juego sin otra regla que la de manipular al prójimo con la finalidad de alcanzar el estrellato o de mantenerse en una posición influyente. Aunque, claro está, a mí me gusta más ver a una ministra embarazada arengando a las tropas y mandando sobre rancios generales Gravinas, Cosmes Churrucas o Alcalás Galianos: valientes marineros de nuestra armada Invencible que fueron desarbolados, desmantelados, apresados y hundidos en el Desastre. Algo habitual, por cierto, de nuestra derecha ¿Cerril? secular: aquella que inyectaba soflamas en los estólidos periódicos del momento, el contraposición a los otros patrioteros del mismo tono propiedad de William Raldolf Hearst, con el objeto de hacernos a la mar en nuestras nueces de madera rumbo a Cuba.

Pero bueno, eso es otro tema, el de hoy es el de Eva-Esperanza. Esta señora, ¿Liberal?, que firma acuerdos maquiavélicos con Monseñor Rouco (el poder de las Ondas valetudinarias en las tiendas tradicionales, que aún quedan, de Pontejos). Acuerdo suscrito en la Comunidad de Madrid, por lo pronto, del que discrepo enérgicamente. Ven ustedes los que les vengo diciendo sobre las teocracias: pues, sí, estos señores jerarcas purpurados quieren colocar digitalmente hasta sus sacerdotes en los comités éticos de los Hospitales. ¡Macarena! Y porqué me opongo a ello: lo expreso sucintamente porque necesitaría más espacio, pues, entre otras miles de cosas, porque estos señores sacerdotes no están preparados para debatir o aconsejar sobre materias de la vida: por lo menos así lo veo yo. Su formación no es la adecuada para debatir temas éticos: pues estos señores no saben de vida de la misa a la media. Por lo pronto, su formación escolar se hizo en seminarios donde, sobre todo, faltaba la mitad – y para mi más bello elemento- de la vida: Las Evas, no solo las Esperanzas Aguirres, sino las Carmen Chacón y otras muchas y admirables mujeres les faltaron como compaeñras de pupitre: Esas que, como les han inoculado, nos hicieron, gracias a Dios, morder de la manzana de la Ciencia del árbol del bien y del mal. La verdad es ques estos señores de la Derecha no tienen término medio, o le gustan las Mamma Chicho, como a Berlusconi, - luego eligen las tipo Esperanza Aguirre como esposas-, o las deploran del todo. Cásense ustedes, señores curas, (que les diría Erasmo) y tengan prole: así sabrán más sobre la vida y dejen a los especialistas y sabios auténticos, los filósofos, que debatan sobre las materias éticas. Y es que, repito, un sacerdote, además de saber poco sobre la vida, su formación a rasgos generales es ínfima y sesgada (eso, es cierto, no quiere decir que haya sabios entre ellos, que sin duda que los hay: pero estos han de ser llamados a los comités éticos no por nombramiento del jerarca de turno, sino por su reputada y demostrada sabiduría reconocida por la sociedad toda). En fín, Graduados en Sigüenza, que es como quien dice en la Universidad con menos nivel de nuestra España humanista. Los contenidos teóricos que se imparten se han quedado, como poco, en San Agustín, y a lo más, en Santo Tomás: vamos que Scoto y los nominalistas ya son demasiado moderno para ellos. Eso, en cuanto a su asignatura principal, la Teología, porque el resto de contenido curricular son: las oraciones y las letanías; filosofía y letras también estudian, sí, pero no lo suficiente: Mantengo que solo los profesionales de las Ciencias que han reflexionado sobra la deontología y los filósofos pueden estar en comités éticos: los sacerdotes no. No están preparados para ello. Vean ustedes sus contenidos formativos: 4 años de Teología: Biblia, fundamentos de la fe, Dios, Jesucristo, la Iglesia, el hombre, los Sacramentos, la Moral cristiana, la Espiritualidad, Hª de la Iglesia, Liturgia, Derecho Canónico, Pastoral, Catequesis, etc. : me alegro que Zubiri –filósofo por el cual llegué a Ortega- se casase. Preparados están, eso sí, pero no para debatir sobre cuestiones éticas para el común de la humanidad, pues les faltan otras materias más imprescindibles para debatir sobre cuestiones morales pero, sobre todo, otras experiencias vitales humanas más amplias que las homófobas de los seminarios. Están preparados, más bien, para colocar los cencerros que más abajo dibujé a los que se dicen liberales. Con perdón si molesto, pero a estos señores les falta algo esencial para la vida: les faltan las EVAS; Esperanza Aguirre es un ejemplo de EVA, sí, pero hay más, muchas más: ¡Y lo que se pierden es morrocotudo! Así que no me hablen ustedes de ética.

jueves, 24 de abril de 2008

"Los comulgantes" y "la Verguenza": al tanto del cine de Ingmar Bergman



La busqueda de la Verdad usando la imágen cinematografica:

Se que para algunos de los que me leen la política no es una de sus principales preocupaciones; antes al contrario, yo creo, como muchos, que la vida pública no está referida solo a esa politización tan infecunda promovida por los medios de comunicación, precipitándose en la novísima pantalla plana. No: para muchos no deja de ser hasta un run-run molesto en las sobremesas. Por ello, trato de hablar de cine, pues para muy buenos amigos míos esta si que es una materia interesante. Por eso, hoy, voy a hablar de cine, de filosofía y de Ingmar Bergman. Me es muy difícil hacer una presentación adecuada del que, para mí, es esa máscara llamada Ingmar Bergman. Si, de veras, existe un cine intelectual este es el del director nacido en Upsala; aunque, es cierto, debemos reconocerlo, su cine no es miel que puedan todos degustar. Si es posible afirmar, en cambio, que, a poco que se muestre un mínimo de interés mayor por las preguntas que por las respuestas, puede sorprender a algún desprevenido y que, éste, sea atrapado “dentro del campo” Bergmaniano, como es mi caso. Te doy la enhorabuena si así lo consigues: has entrado en el círculo de la filosofía moderna. Y es que, para mí como para muchos otros, Bergman es, más que un director de cine, un pensador profundo; podría, además, decir que este es uno de los pensadores más interesantes del siglo XX. Por qué digo esto: pues porque Bergman usa un lenguaje nuevo para hablarnos del mundo, de la realidad y del hombre: el lenguaje del cine. Todos los filósofos importantes del XX se valieron del viejo instrumental del discurso verbal, desde Husserl, Ortega, Sastre o Heidegger; pero en especial con los estudios de “filosofía del lenguaje”, con Wittgenstein a la cabeza, se valieron del discurso milenario de la escritura, de la elucubración, del, digámoslo de una vez, de escribir a la luz de la vela en las noches: el lenguaje escrito como forma para emitir el pensamiento. Sin embargo, el director sueco se valió de un artilugio moderno para entonar su discurso: la “linterna mágica”, el cinematógrafo. Además de una nueva “forma” para dar cauce al pensamiento, la del creador de imágenes, utilizó, añadiéndole nuevos contenidos, el inveterado “arte” como el instrumento para reflexionar sobre la Verdad. Bergman es mucho Bergman: mucha tela marinera; su obra, compleja, es muy difícil de analizar aquí, en este espacio. A lo más podemos interesarnos por él, para, en el futuro, ir manoseando su filmografía. Ya he recibido llamadas de amigos que gustarían de ir a un café para hablar de Bergman: nada me agradaría más que ello. Descubrir a Bergman es como ir, un día, paseando por los anaqueles de una biblioteca o por los puestos instalados con ocasión de la feria del libro y, distraído, coger o comprar alguno a la buena suerte. Y, de pronto, quedar atrapado en su seno. Esa, yo creo que no hay otra, es la manera de estudiar: quedar atrapado en un autor. Entrelazado en él como esas plantas cuyos troncos van haciendo soga: unir una mente con la de otra. Si eso se consigue la percepción de la realidad se hace más amplia: ya no ves sólo con un par de ojos, sino que las miradas se multiplican, se fragmentan y, entonces, se acerca uno a esa Verdad que es más búsqueda que encuentro. En el cine de Bergman, el cual es muy difícil, como digo, sintetizar aquí, hay algo de mistérico, de terrorífico, de atroz, de desasosegante, de brutal: de infernal. Veamos, síganme, entrelácense conmigo: No es, tan solo, la reflexión teológica, heredera del pensamiento religioso oscuro y atroz de los fríos del septentrión y la vara flexible del sacerdote luterano a las posaderas, sino de reflexión sobre este mundo, el de aquí, el de las relaciones humanas destructivas: esa es, quizá, “la angustia” Bergmaniana y su azoramiento. Recientemente Benedicto XVI ha vuelto a situarnos el infierno como un lugar físico. Bergman, sin ese afán de infalibilidad, también nos situaba el infierno en un lugar físico: este mundo. No son, quizá, ni “los Comulgantes” ni la “Vergüenza” las dos obras maestras por las que yo recomendaría iniciarse en este universo fecundo, si no otras como “Fanny y Alexander” o la prototípica “el séptimo sello”; pero si creo conveniente hablar de ellas ahora. En la primera, los comulgantes, se habla de la pérdida de la fe en Dios, a través de un sacerdote Unamuniano, si ustedes me lo permiten expresarlo así. En la segunda nos habla del infierno de este mundo: en la Guerra. La cámara se vuelve fría, contemplativa de un horror, en una falsa sugestión de objetividad: detrás de ella hay alguien que mira, que contempla fríamente el horror infernal al que los hombres, la humanidad, puede llegar. Stanley Kubrick hizo algo similar en la “chaqueta metálica”. Esa cámara hiperobjetiva es Dios; un Dios que ha dejado al libre albedrío a los humanos y siente Vergüenza ante lo que ve por el visor de su cámara. Dios es el demiurgo, el creador, sin embargo, solo mira, es el ojo de una cámara, que no interviene. De aquí viene la pregunta, si Dios mira, pero no interviene, e intuimos que siente Vergüenza, en el caso de existir, por lo que ve, ¿Podemos juzgar su moralidad? Amigos míos: hablemos de cine en las tardes plúmbeas de los oscuros fríos. ¿Quedamos?

miércoles, 23 de abril de 2008

Empanada liberal: perdón por un cariñoso denuesto


Como andan las cosas por el partido de la Derecha: ya he venido yo repitiéndolo como un Robinson Buñuelesco: llamaba a Dios, le buscaba por los descampados y los áridos recovecos y, tan solo, me encontraba con el eco reverberante repetido que chocaba contra las lomas fronteras. Les llevo diciendo yo a mis amigos de tertulia política (me meto en cada berenjenal), hablándoles de liberalismo y de “liberal” desde hace ya algunos meses, y va, y resulta, que ahora aparece por los periódicos estólidos de hoy en día, léase ABC. Periódico que hace unos meses era una maravilla leerle, y que, ahora, cuando ha vuelto para con el Concilio, se andan haciendo banderas con el viejo y vetusto “liberalismo”: hasta hace poco las banderas que se sacaban eran, tan solo, las salmantinas y ¡Olé!: no tenían más chicha. Y, ahora, repito, al leer a los columnistas y comentadores varios de nuestros periódicos más suculentos, se está dando la matraca al concepto; hasta se habla de Don Gregorio Marañón: Hombre, ¡por fin! Hasta las editoriales de hoy de aquél periódico que Eduardo Dato trató de dar ventaja en una liberal “intervención” estatal para perjudicar a el Imparcial o a el Liberal, dirigido por el suegro de Marañón, pero en especial al añorado diario el Sol; editoriales de aquél periódico, repito, que hoy el día anda con el run-run del liberalismo como si hubieran despertado de un sueño, no si sé si dogmático, pero rancio, un rato largo. Leía yo hace unos meses durante la campaña electoral los editoriales de estos periódicos y, la verdad, eran para mear y no echar gota - creo que un análisis más profundo ya le he hecho en artículo cercano a éste- sobre la clara postura inequívoca sobre la Derecha y el contenido inamovible de su postura secular invariable. Sin embargo, agradezcámoslo, ahora nos situamos en la empanada liberal: acabásemos. La empanada es gorda: los dirigentes populares, como he leído, se reparten entre “el liberalismo social” y “la socialdemocracia liberal”, mientras algunos otros dirigentes locales, hombres a quienes admiro, no saben por donde se andan, más perdidos, con respeto, que un zapato bajo la cama, haciendo chistes entre carlistas y liberales. Se armó la empanada: lo predije ¿Verdad?. Pues sí: Gregorio Marañón era liberal, como liberal era Ortega y Gasset; no así Unamuno, que en su juventud abrazó el socialismo para después agarrarse a la reflexión teológica existencial, tras leer a Spencer, y que casi podríamos decir que él abrió como nueva senda en el ensayo filosófico español, así como su postura casticista; postura que le valió un enconado debate con Gassett, aunque esto es otro tema más interesante. En fin, eso es lo de menos, como digo: liberales luminosos son esos dos primores de las Ciencias y las Letras que yo he referido más arriba: Marañón y Ortega. Sin embargo, señores que me leen, en una carta que remitió Marañón a Unamuno le espetó, sin más ni más, el largo peligro que corrían los tiempos venideros porque sonaban los cencerros de la “Derecha cerril”. Sí, sí, como lo oyen, Marañón, ese encumbrado Liberal y admirado, huelga decir, por mí (estoy leyendo un ensayo de Marañón sobre Don Juan en estos precisos momentos), decía, a sí, a las claras, lo repito porque me causa placer: “Derecha cerril”, cencerreante, tolón, tolón. Vamos que no soy yo: que conste. Y es que, ahora, repito una vez más, tratan de sacar la bandera del liberalismo tal y como yo les llevaba señalando hace mucho, cuando ellos lanzaban el sombrero de Rafael Farina, las banderas salmantinas pisoteadas en las aguas encharcadas tras el éxtasis de la bandolera, y, siguiendo con los Toros, el “Salamanca tierra mía”. No se lo tomen a insulto, de veras, es más bien un tironcillo de orejas cariñoso: como si sacara mi mano de la membrana endoplasmatica de mi PC –no crean que me copio de Ortega, es que me viene como anillo al dedo – para darles un sonado, pero cariñoso, cachete. Vamos, vamos: lea usted un poco más. Es cierto que algunas veces me puedo mostrar iracundo con mi verbo y me enciendo como una tea ante personas que no se lo merecen; y es cierto, también, pueden ser muchos los denuestos que se pueden lanzar cuando, en verdad, son verdades como roscas y que a muchos les causa zozobra y cara de pocos amigos para cuando me ven: pero es que, amigos míos –si lo quieren ser- que me lean, lo de “derecha cerril” no lo he dicho yo sino más altos señores. Es cierto que no todos son así y que ustedes, precisamente, no son de ese lugar de donde suenan los cencerros, por eso no se den por aludidos: no en vano, se está poniendo en el horno microondas la “empanada liberal”, que con orgullo digo que yo predije hace más de un lustro.


Releyendo a Marañón

http://www.abc.es/20080423/opinion-firmas/releyendo-maranon_200804230248.html

vuelve la burra al centro:

http://www.abc.es/20080423/opinion-firmas/vuelve-burra-centro_200804230248.html

El liberalismo no es pecado:
http://www.abc.es/20080423/opinion-editorial/liberalismo-pecado_200804230248.html