El pensamiento de Ayn Rand es extraordinario y un carácter idiosincrásico de lo que es el pensamiento del presente y la realidad, así como lo conflictivo del pensamiento, que es situado y debido a experiencias. Criticó sobre todo el modelo económico ruso de economía planificada y capitalismo de Estado, así como la aberración y excrecencia cultural a la que llegó la "revolución rusa". No es, por tanto, extraño que Rand defienda el egoísmo racional, el individualismo y el capitalismo laissez faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano vivir como ser humano, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. En consecuencia, rechazaba absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión. Hay vídeos de la postura radicales de Ayn Rand, acerca –y contraria- a la religión, así como su postura militante para con el capitalismo de mercado. Todo lo que abra el melón del pensar la realidad bienvenido sea, en estos tiempos en los que se vuelve a tener una necesidad voluptuosa de ideas.
En las cálidas noches valxeritenses, junto a las frescas gargantas durante el estío: No nos hemos sumergido en los profundos y oscuros recovecos del alma humana. Plácidas, cálidas: noches valxeritenses. Bitácora.
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jueves, 27 de noviembre de 2014
Ayn Rand: Una filósofa en defensa del capitalismo.
El pensamiento de Ayn Rand es extraordinario y un carácter idiosincrásico de lo que es el pensamiento del presente y la realidad, así como lo conflictivo del pensamiento, que es situado y debido a experiencias. Criticó sobre todo el modelo económico ruso de economía planificada y capitalismo de Estado, así como la aberración y excrecencia cultural a la que llegó la "revolución rusa". No es, por tanto, extraño que Rand defienda el egoísmo racional, el individualismo y el capitalismo laissez faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano vivir como ser humano, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. En consecuencia, rechazaba absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión. Hay vídeos de la postura radicales de Ayn Rand, acerca –y contraria- a la religión, así como su postura militante para con el capitalismo de mercado. Todo lo que abra el melón del pensar la realidad bienvenido sea, en estos tiempos en los que se vuelve a tener una necesidad voluptuosa de ideas.
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miércoles, 12 de noviembre de 2014
PRESOCRÁTICOS VII. CLASES DE QUINTIN RACIONERO
La sencillísima clave de Parménides
¿Qué es la sabiduría?
la identidad entre el ser y
el pensar. Que el ser (las cosas, la realidad) es y son igual a lo que se
piensa. Esa es la verdad. ¿Qué es la mentira? Que el ser (las cosas, la
realidad) no es idéntico a lo que se piensa. Así saber es saber lo que las
cosas son de verdad. No saber es pensar que las cosas son lo que no-son.
¿Cuál es la labor de la filosofía?
Pensar lo que las cosas son. (vía de la verdad)
Y se opone a: la verdad de los dioses
antropomorfos y a la verdad de los discursos retóricos humanos (política) porque estos piensan las cosas que no-son.
¿Quiénes son los filósofos?
Reyes-sabios que siguen la vía de la verdad: la
identidad entre ser y pensar. Los que deben tener la soberanía o arché.
Hay que comprender que el gesto filosófico es un
gesto autoritario en Parménides. La diosa a-letheia sin rostro conocido es una
figura abstracta y fantasmagórica de la verdad. La crítica a los dioses
teológicos y a los hombres: esa es la crítica que realiza el gesto filosófico.
Incluso a los pitagóricos, rechazados también en Parménides, que son rechazados
también por retóricos: excluidos de la figura del saber, como los dioses del
olimpo. Una figura del saber tiene un carácter imperativo de seguir una vía y
prohibir otra. En ese gesto hay que notar
1) La analogía de un Parménides instaurando el
programa de la filosofía como los tiranos-sabios: reclamados para que den
leyes: Dar Leyes. Parménides fue convocado para dar leyes en su ciudad. Así,
paralelismo de dar leyes a la ciudad y a la racionalidad es un asunto meta
político.
2) La soberanía es la soberanía de la verdad, no
de los dioses ni de los hombres. La noción de que pensar-ser es un proceso
regido, tramado y vinculado a los mecanismos de la verdad. Hay muchos modos de
verse con lo real hay un solo modo de regir la verdad: pero es la identidad del
ser y el nous-pensar sobre la que se sustenta la filosofía.
Tiene un flanco débil: La crítica de Gorgias. Es
una crítica fácil. Parménides afirma que la realidad se ajuste al pensamiento
es una idea de ser análoga a las leyes de la racionalidad (necesidad, falta de
movimiento), como discurso de la racionalidad. La identificación del logos con
el logos lógico. Leyes lógicas del pensar sobre el ser.
Pero Gorgias lo critica muy bien. El ser no-es, el
ser no pude conocerse, en caso de conocerse no puede trasmisible.
En Parménides el saber es una acción práctica,
como modo de praxis, pues: una elección de vida racional (la vida filosófica)
que es un gesto onto-praxeológico, pues. Vivimos en la racionalidad porque siendo
un modo de vida, es un acontecimiento práctico: porque queremos vivir en ella. Aceptado
esto por ineficaz la crítica sofística pues se trata de una elección, hay una
aporía que en cincuenta años, en el siglo mitad V y principios del IV, se
discuten todas las acciones de la raíz, la arqueología de nuestro mundo.
Aceptando que es un acto soberano de la voluntad
de la verdad, elección pues (vivir según la verdad), sigue pendiente la
cuestión: ¿Quién propone la identidad del ser-pensar? ¿El ser? ¿El pensar?
Si es “el ser” como consecuencia extravagante es
que la realidad es independiente de nuestras percepciones: y “el ser” como
infinitud e inmovilidad que choca con el sentido común. (Zenón) se plantean
unos textos aporéticos (como el de la flecha o del Aquiles y la tortuga) y que
apelan al sentido común. Se plantea como problema de máximos: “la realidad se
impone al pensar”: el imperativo está por lo que las cosas son. Esto choca con
el sentido común, por aprecio al sentido común.
La impresión general es que hay que hacerlo
asimilable a los fenómenos, a la experiencia. Los herederos de la tradición
post-parmenidea son los que apuestan que el ser es lo determinan la identidad:
Anaxágoras, Empédocles, Demócrito. Que el planteamiento de Parménides es ontológico
A fin de que el mundo no sea un disparate, y sea compatible con los fenómenos
lo que se hace es implosionar al ser. No
se trate de que el ser explote y se expanda, sino que el ser entra hacia
dentro. Así lo hace Empédocles. Es difícil saber quién es Empédocles, pues hay
dos Empédocles: hay un Empédocles órfico que implica no saber quién o qué es el
Empédocles llegado aquí. Pues hay un Empédocles post-parmenídeo y hay otro, órfico,
que no. Empédocles es para nosotros una gran interrogación. Para Racionero son
personajes diferentes. El Empédocles post-parmenídeo plantea la prioridad del
planteamiento ontológico: esto es, prioridad al ser. El ser se dice de cuatro
maneras: los elementos (tierra-aire-fuego-aire) y cada elemento es un ser
completo. Les corresponde a los elementos describir al ser y su diferenciación
respeta los elementos de la necesidad, la muerte, la no-muerte. Como
condiciones del ser, y el nous pasivo, procesos estructurales para los
fenómenos: amor y odio. Así hay diferencias, que producen fenómenos pero que no
son engañosos y en términos parmenídeo sí lo son. La mezcla, en la física
jónica, es el instrumento que permite salvar el argumento ontológico y la
subordinación del pensar. Lo que hace la mezcla es que cuando hay amor entre
los elementos hay un bloque: Lo Uno. Cuando hay discordia separación y no hay
realidad ninguna. La realidad que percibimos es la de los tiempos de espera: amor
relativo ni odio total. Así aparecen los fenómenos que debe ser recogidos por
el pensar en su condición unificada, como cuatro formas análogas del ser y
plurificadas, que explican los fenómenos. Este es un tratamiento de la
tradición siciliana (Agrigento). Empédocles, según la tradición, es el padre de
la retórica, dicen, con el fin de contentar a los que criticaban acerbamente
que la idea de que no hay más soberanía que el conocimiento de la verdad y este
conocimiento es quien justifica al conocimiento. Que es circular. Empédocles
debe situarse entre los autores intermedios que quisieron reconciliar
Parménides con la paideia siciliana donde se fraguo la ilustración griega. Pero
el gesto es poco convincentes: En el Empédocles órfico de las purificaciones no
hay fuerzas cosmológicas, no convence a nadie. La dificultad Parménides tiene
que ser resuelta por la implosión del ser, la fragmentación del ser y la
pluralidad. Su libro de las purificaciones es, quizá, el que haga que se le
considere así: en la nueva religión órfica. Si la identidad entre pensar-ser
privilegiar el elemento ontológico consiste en convertir una
pluralidad-multiplicidad combinable con la unidad del ser. Ese es el camino son
los físicos jónicos, con dos tradiciones:
1) Tradición
cualitativa y 2) la cuantitativa.
En 1) Anaxágoras (tradición cualitativa). Fue a
Atenas, amigo de Pericles y condenado por “asebeia” (impiedad) por decir que el
sol y la luna no son dioses: que los dioses no son dioses. Algo típico de los filósofos.
Empédocles implosionan el ser ad infinitum. Los elementos tienen una entidad
cualitativa muy alta para sustituir al ser. Son entidades que se autodefinen y
excluyen de un vaciamiento de significado. Anaxágoras hace explotar al ser,
pero sin darle atribuciones. El ser infinitamente dividido es el conjunto de
partes que lo forman semejantes y análogas porque todas parten de la
participación del ser: eso son las homeomerías. Es el término que Aristóteles
dijo de Anaxágoras: pero Aristóteles de Anaxágoras da gato por liebre: el ser
se dice pluralmente, sin embargo pero traicionado el espíritu al confundir las
partes con lo semejante: Los iguales son partes. La pluralidad no es sino está
tramado con la extensión, al hablar de un pluralismo cualitativo. No sabemos si
el ser es una división del ser en partes, partes iguales (interpretación
aristotélica). Si sabemos habiendo dividido el ser en muchas infinitas unidades
y cualitativamente diferenciadas partes, la jugada de Anaxágoras es que quien
organiza esas partes es el nous. En una prioridad ontológica del ser, el nous
se manifiesta como potencia ontológica. El hombre es una combinación de esas
unidades, somos constituidos por ese nous, que el nous es un atributo del ser.
Una potencia cosmológica. El Nous es propio del ser, un atributo del ser Por lo
tanto el proyecto de la filosofía entendida como ontología se cumple. ¿Cómo se
puede pensar una pluralidad cualitativa que genere por combinación entidades
extensas? ¿Cómo se puede atribuir el
nous a las entidades plurales como proyección de un fenómeno de un combinado
previamente conformado que es el ser humano? En el momento que el nous es
propio del ser la sacralidad ya no está en el dios sino en el nous. Por eso se
le acusó de impiedad. Anaxágoras está rodeado con los sofistas, pero que
sostiene otra cosa: que el arché se encuentra en el nous. Y que solo puede ser
percibido por el hombre y que este se pueda proyectar hacia la pluralidad.
1) La
cuantitativa (Leucipo y Demócrito). En Abdera ofrece una respuesta a la aporía
parmenídea pero que evita las perplejidades. Si se divide el ser hay que dividirlos
cuantitativamente. El ser es una potencia de realidad de la physis: y es un
material y, por tanto, parte extensas. Los átomos al juntarse forman cuerpos.
Platón les critica por cultivar la polimatía (conocimientos variados. Exigían
el conocimiento de medicina, matemáticas para conocer el mundo. Las combinaciones
no son obras del ser o inteligencia del ser. Son combinaciones no teleológicas.
El pensar desaparece de la construcción ontológica y solo es un reconocimiento.
El pensar es un atributo de la subjetividad que permite el reconocimiento de la
estructura general del universo, pero no está organizada por ninguna inteligencia,
sino que es el azar. La necesidad es la repetición del azar y la inteligencia
refluye. Se insiste en que el que pone la identidad es “el ser”.
¿Pero y si pensamos que el responsable de la
identidad es el pensar? En la historia del
pensamiento griego es un momento solemne. Es una torsión fundamental. El ser es
un atributo del pensar. Es lo que se juega en el debate de la ilustración. Los
sofistas dicen que no: que la postura sofista criticar la noción de identidad
de pensar y ser. Y Sócrates recoge el pensar desde el pensar y no desde el ser.
Les recoge el guante y nace Sócrates. No niega la identidad pensar y ser: pero
se pone en el pensar, no en el ser.
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filosofía
lunes, 3 de noviembre de 2014
La Teología implícita en El Capital
IN GOD WE TRUST
Metáforas teológicas en Marx II
«Estos tienen un mismo propósito, y
entregarán su poder y
su autoridad a la Bestia [...] y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la Bes-tia, o el número de su nombre» (Apocalipsis 17,13 y 13,17;texto citado en El Capital, I, cap. 2 [1873])
La única ciencia es
la Teodicea (Hegel) (...) y el capitalismo es Moloch
Esta frase sobre la ciencia única la escribió Hegel en
una carta escrita a un amigo suyo. Quiere decir esto que lo único que importa
como conocimiento es el conocimiento de lo que es justo y por tanto divino. Ese
el significado de teodicea en sentido espistémico. Del griego Diké, justicia, y
Theos, la divinidad inmanente a la naturaleza. El objetivo de Hegel en la
Lógica es, ni más ni menos, que esa búsqueda. Una onto-teología, pues: la
representación de Dios en su esencia anterior a la construcción de la
naturaleza y del espíritu finito. Si tenemos en cuenta que Marx lo que hace es
darle la vuelta a la Lógica de Hegel, podemos decir que lo que Marx hace es la
descripción de Moloch: El Dios fenicio que se traga a los hijos primogénitos.
Esto es: El Capital, como devorador de humanos, al cual se sacrifican en el
trabajo. La descripción de Marx es, ¡Oh sorpresa!, teología pura y dura: El
capital como descripción del anti-Dios, del fetiche, del Anticristo. Algo ya
suficientemente estudiado es que Marx bebe del pietismo, como doctrina
teológica en amplio desarrollo en Alemania, donde recibió las doctrinas del
anti-cristo y de la prioridad de la praxis (pág. 13). La tesis lógica de Marx
es la siguiente (Dussel pág ss.): 1)PMa(premisa
mayor): si un cristiano es capitalista. 2)
PMe(premisa menor): y si el capital es la «Bestia» del Apocalipsis, el «demonio
visible» 3) Conclusión: dicho cristiano se encuentra en contradicción práctica.
Por cristiano está refiriendo al
Luterano, el puritano. El cristiano, pues, se encontraría en una contradicción:
porque en el ejercicio de su praxis diaria en el sistema capitalista involucraría
éticamente una acción satánica, demoniaca (pág. 15). Si esto es así hay cuatro
maneras para evadirse de ello. 1) Asumir el cristianismo y rechazar el
capitalismo 2) Afirmar el capitalismo y rechazar el cristianismo (ocurre pocas
veces, pero ocurre). 3) Inventar una religión fetichizada, con el nombre de
cristiana, modificada para que no fuera contradictoria con el capital (lo que
hay). O 4) Interpretar la Economía para que no resulte contradictorio con el
cristianismo más auténtico y profético. Lo que no han entendido los exegetas de
Marx es que el cristianismo que criticaba Marx teólogo era el 3): la religión
fetichizada, que es la crítica que lanza Marx. A la religión fetichizada y anti-profética.
Claro, como decía Justino en el siglo II, si nos llaman ateos, claro que lo somos
de esos supuestos dioses. Lo que muestra Marx en El capital es que el
plus-valor es impago. Y por tanto es no-ético. El capital intentará ocultar
dicha eticidad asegurando que “crea la ganancia desde sí mismo, desde la nada”.
Lo otro que intentará demostrar Marx es que el capital hará una interpretación
ideológica y encubridora, fetichizada, de la esencia no ética del capital: y se
tornará como Absoluto. Esto es: corta de raíz y oculta el fundamento de su
esencia, y lo hace desaparecer: La enajenación de trabajo, que es la fuente del
valor. Así, El capital de Marx aparece como una obra teológica de primer orden:
Lo que Marx tratará de demostrar (y lo logra) es que el sistema capitalista es
la Bestia del Apocalipsis, Moloch, Mammon, Baal (Pág. 18); y junto a las
categorías económicas, en paralelo, hay una teología metafórica en El capital
que, para quien se haya sumergido de lleno en la obra, no tiene ya duda de
ello. Y las metáforas, afirma Dussel, vienen concatenadas con una Lógica
determinada, como una teología implícita. El Dinero en su figura de siervo,
afirma Marx, en la que se presentó como simple medio de circulación se vuelve
de improviso soberano y dios de las mercancías. Curiosamente lo mismo que dijo
san Pablo (2,6-7); usando Marx el Nuevo Textamento de forma muy sutil y versada
(pág. 19).arx no dirá que Dios ha muerto, como dijo Nietzsche: sino que afirmará
que está vivo y coleando. En los billetes de Dólar lo dice bien claro:
"In God we trust". En el Dios dinero. No otro es el Dios norteamericano y
no otro es el Dios para muchos, y no lejanos.
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Enrique Dussel,
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Marx
LAS METÁFORAS TEOLÓGICAS DE MARX (Dussel)
I
Junto con la lectura de El Capital, voy a ir haciendo lectura de esta obra de Enrique Dussel: “Las metáforas teológicas de Marx”, lo hago por necesidad comprensiva: para hacer una lectura actual de Marx y una lectura “fuerte” del mismo. Dussel inicia el libro con estas palabras: Este libro, comenzado antes del 9 de noviembre de 1989, día de la «caída del muro de Berlín», poco o nada debió cambiar lo ya escrito. La pertinencia de Marx crecerá en el futuro, ya que se manifiesta como el gran crítico del capital, más aún si éste pretende ser el Poder triunfante a finales del siglo XX. Su carácter fetichista sin contrapartida lo manifiesta más monstruoso y causa directa de la miseria de gran parte de la Humanidad, en el «Sur» (el llamado Tercer Mundo), en especial desde la destructora guerra del Golfo Pérsico, desde el 15 de enero de 1991, por el control del petróleo. Esperamos que este libro pueda colaborar para una relectura distinta dela obra de aquel gran pensador, filósofo y economista del siglo XIX. Contra lo que piensa el teólogo polaco, Josef Tischner, Marx no sólo no ha muerto, sino que generará nuevo impulso al pensar crítico filosófico, económico y aun teológico.”
Un libro esclarecedor, y yo diría que necesario, para leer a Marx es “Las metáforas teológicas de Marx”, de Enrique Dussel. Pues los teóricos marxistas posteriores a Marx fueron incapaces de leerle en todas su amplitud. Una amplitud que solo puede ser conocida si se tiene en cuenta que Marx viene de tradición rabínica, que su madre fue judía toda la vida, y él nieto de rabinos. La lectura de El Capital está repleta de metáforas teológicas, las cuales han sido mal interpretadas o ni siquiera eso: se han pasado de largo; por ello, para leer a Marx hay que saber teología y conocer cuál es el pensamiento semita y cuales eran las corrientes teológicas en la Alemania (seminario de Tubinga) de su tiempo: en especial el pietismo, que era ya una teología de la praxis. Enrique Dussel aúna esos conocimientos en esta obra. Y es que, efectivamente, las frases teológicas en el Capital son abundantes. A su vez Marx es un gran conocedor, como decimos, del pietismo de Wuerttemberg. Max Weber en su obra sobre la ética protestante acusa a Marx de algo que no es cierto: la concepción materialista como explicación del capitalismo, olvidando los caracteres espirituales. Dussel nos muestra la falsedad de esa aseveración de Weber. Marx, como alemán, es un conocedor claro y heredero de la aufklärung (denominación de ilustración del movimiento racionalista del siglo XVIII en Alemania); que en Hegel se manifiesta con una visión optimista de la Historia: consiste en el desarrollo del Absoluto mismo: la Heilsgeschichte o Historia de la Salvación y la afirmación de la bondad de la naturaleza humana; y que en un proceso profundamente influenciado por la posición semi-pelagiana (en el sentido de que la acción humana dialécticamente merece la gracia de Dios) del pietismo de Wuerttemberg, pues. Un movimiento en contra del Dios Luterano abstracto y lejano. Y la doctrina de simul justus et peccator: Al mismo tiempo justo y pecador] que sumía al creyente en un inmovilismo, que llevaba a una vida espiritual estéril, resignada y fatalista, que, de paso, justificaba la dominación de los príncipes luteranos sobre el pueblo de los pobres (¡No es la religión católica española sacerdotal de la misma esencia que cayó aquel luteranismo de la prédica!). Marx fue alumno de Bruno Bauer y su ayudante y si Bauer no es expulsado de la Universidad posiblemente Marx hubiera sido un profesor de teología. La imposibilidad y frustración de esa carrera teológica en Marx posibilitó que Marx hubiera de ganarse la vida como periodista. Y en esa experiencia conocer las condiciones de vida reales (materiales) de los pobres obreros de Renania. Que el mundo es organizado bajo una estructura de “pecado original” cuál es la pobreza de aquellos que producen precisamente vida y que aquellos que se apropian de ese excedente lo hacen por gula y egoísmo puro y duro de Midas modernos. Así, esa experiencia es la que le permite y le lleva estudiar la Economía Política Inglesa posteriormente, cuando ya en el centro del capitalismo mundial es consciente que se filosofa (intento de comprender lo real) para cambiar lo real - valga el pleonasmo- en esa influencia del pietismo alemán como praxis. Spener, fundador del pietismo, dijo que la realidad de la religión no consiste en palabras, sino en hechos. El libro de los apóstoles lleva por título esclarecedor: Praxis Apóstolon. ¡Qué casualidad! Siendo Marx el filósofo de la praxis por excelencia. ¿Marx teólogo? Se preguntan algunos: Pues, sí Marx Teólogo. Marx era un tipo de una cultura apabullante: Teología y Filosofía (pero de la de nivel). Economía Política por razones de necesidad. Idiomas: Alemán, Francés, Inglés. Estudió español para leer El Quijote en español, y ruso para entenderse con los populistas rusos. Y lo que hay en Marx no es otra cosa que un objetivo teológico o una teología de la praxis: explicación de la pobreza en los nuevos sistemas económico-productivos nacientes.
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domingo, 2 de noviembre de 2014
Lectura de El Capital: Los nadie como un a-logon para el capital.
VIII
¿Cuándo surge el capital? Para
Marx el modo de producción capitalista solo surge cuando el poseedor de los
medios de producción (entendemos por medios precisamente lo que es preciso para
conseguir el fin, que es la producción de mercancías –esto es herramientas y
maquinaria y que según Marx es “trabajo muerto” y trabajo vivo; entendiendo que
trabajo, como venimos diciendo, es vida subjetivada y, por tanto, el trabajo vivo el generador
del valor, que una vez subsumido en el capital es "trabajo muerto"-)…cuando el poseedor de los medios de producción, digo, y de vida
encuentra en el mercado al “trabajador libre” como vendedor de su fuerza de
trabajo (pág. 123). Pero, recordemos otra vez, el “trabajador libre” era una
minoría muy pequeña en Grecia y en Roma; en la llamada Edad Media casi
inexistente. Se constituye en un fenómeno en Europa de la Edad Moderna y tras
las revoluciones burguesas a finales del siglo XVII. Y es en el siglo XIX
cuando se empieza a operar el cambio. Que en el siglo XX ya se considera como “natural”
(aunque no debería, porque la causa –y es un aviso a navegantes despistados- de
que el siglo XX haya sido tan sanguinario son porque esa relación no es tan “natural”
como se pretende). ¿Cuál es el valor de la fuerza de trabajo? Avisemos que
valor, otra vez, es trabajo vivo y que fuerza de trabajo es el productor de
valor. Por lo tanto el valor de la fuerza de trabajo es el trabajo socialmente
necesario para la conservación y reproducción de la fuerza de trabajo. Usando
las determinaciones construidas. Aparentemente parece un concepto vago y sin
sentido: sin embargo ha sido una concepción importantísima para el desarrollo
de la Antropología Social y Cultural y el estudio de clanes, etnias, sociedades
y grupos humanos. Porque en una sociedad equivalencial su desarrollo social y
cultural depende del trabajo vivo empleado para la reposición social y su
mantenimiento (creación de vida y medios de vida). En el sistema capitalista se
sigue una rueda continua que consiste en trasformar dinero por capital
(plus-valor apropiado). En cambio, “el propietario de la fuerza de trabajo es
mortal” (pág. 125) el objetivo último que perseguiría el capital es la
regeneración perfecta de esa fuerza de trabajo. Pero la demografía sigue otras
leyes, que la Antropología Social y Cultural también ha descubierto gracias a
Marx y Engels. En estos momentos –en términos mundiales- sobra fuerza de
trabajo para los niveles de apropiación de excedente que consideran en su razón.
Y en eso el capital opta por el cierre de fronteras o la invisibilidad de los
nadies y de los nada. Esos nadie son un a-logon para el capital.
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