Mostrando entradas con la etiqueta Alcalá de Henares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alcalá de Henares. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de enero de 2015

Alcalá de Henares. Visita virtual

Una maravilla que perdimos los alcalaínos a causa de la incuria del gobierno ilegítimo que se instauró en 1939 en la ciudad. Durante la guerra fue procelosamente custodiado. Pero al año de tomar posesión de él, las nuevas autoridades se lo dejan quemar. Y en vez de dejarlo para una posible restauración, la joya más importante de Alcalá, junto con la cisneriana, es desmantelada por completo. No dejando en él casi nada. Terrible pérdida. 






Alcalá de Henares: un museo al aire libre de cultura y "Humanismo" español. 

Alcalá de Henares, una ciudad mágica, una ciudad españolísma. Con esta pequeña reseña en vídeo se muestra de donde le vienen los collares al galgo. Mi ciudad:Y una gran pasión por la cultura que se respira en ella: La ciudad de mi niñez, juventud y primera madurez: donde mamé la pasión por el cervantismo, por la Universidad Cisneriana y su obra humanista, la pasión por las culturas y el mestizaje español, el azañismo, los debates teológicos de sus aulas, el erasmismo, el conflicto del "Humanismo cristiano" y "la Contrareforma", la imprenta y los libros herejes, la impresión de "El Lazarillo", de "El Enchiridon", de "la Biblia políglota", de los traductores trilingües de sus aulas, de Quevedo, de Góngora, de Santa Teresa, de San Juan, de San Ignacio, Nebrija, de Mateo Alemán . Ciudad de cultura, toda la ciudad es un museo al aire libre que derrocha cultura, cada esquina, cada bocacalle es un un lugar de historias: el callejón del peligro, la posada de la parra, el colegio de los Irlandeses, San José de Caracciolos, Colegio del Rey, Jeusitas, Patrio trilingüe, Patrio de Santo Tomás de Villanueva. Todo la ciudad es un entramado de recitaciones y reparaciones: de latín, griego y hebreo. En definiva: una pasada de ciudad.


viernes, 7 de noviembre de 2014

CUANDO EL HUMANISMO CRISTIANO SE LLAMABA ERASMO DE ROTTERDAM




Se convirtió en un nómada siempre en busca de mecenas y viviendo del aire (1). No necesitaba un hogar: leer y escribir buenos libros, no ser dueño ni súbdito de nadie, este era su ideal de vida. Erasmo creía que la vida de Cristo no podía seguir en manos de los clérigos: “El aldeano debe leerla detrás del arado, el tejedor en su telar”. Pensaba que la Vulgata, la única aprobada por la Iglesia estaba plagada de errores. Y se convirtió en un filólogo prodigioso e incomparable: decidió acometer la traducción del griego apoyándose en seis manuscritos diferentes. Hizo una traducción al Latín. Creyó en una Europa de cultura y religión compartidas donde todo el mundo dominaría el Latín; la patria local sería sustituida por otra supranacional: las guerras se superarían; fue un teórico del pacifismo humanista. Demasiado para una Iglesia copada por seres despiadados y feroces que no podían entender aquello de los Adagios repicaban en: Dulce bellum inexpertis o Querella Pacis. Prohibido y amordazado. En Alcalá de Henares la “contrarreforma” consistió en acabar con lo que para ellos era “herejía”. La más bella herejía cristiana de todos los tiempos. En 1933 la misma Iglesia anti-eramista preparó para España la peor de las tragedias. La iglesia de la contrarreforma y militante se organizó políticamente para imponer manu militari su versión del cristianismo. La misma Iglesia que acalló a los herejes más cultos que ha podido haber: los seguidores de Erasmo. Hablaban latín, hebreo y griego, leían directamente la Biblia, la cual traducían y comentaban; producían libros magníficos. Y se deleitaban con unos adagios cultísimos. En la imagen el patio trilingüe: lugar de enseñanza del griego, latín y hebreo de la Universidad cisneriana. Fotografía mía.


(1) Revista Filsofía Hoy. Número 37. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Alcalá de Henares: un paseo por la Historia de España




En recuerdo de Alcalá de Henares; y orgulloso de ser alcalaíno y español hasta las trancas, como lo fueron Cervantes y Manuel Azaña; una ciudad donde la cultura y las calles son todo una: Góngora, Quevedo, Mateo Alemán, Jovellanos, Moratín, San Ignacio de Loyola, Nebrija, Cisneros, Erasmo, Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Fray Luis de León, Francisco de Quevedo, Lope de Vega o, actualmente, el papa Francisco, pasaron por sus aulas o fueron rectores en colegios universitarios o tuvieron una significación axial para con la ciudad; cuna de reyes y emperadores, o lugar de encuentro en la I entrevista de Colón y los Reyes Católicos, que se desarrolló en el Palacio Arzobispal, en Alcalá; el capítulo del Temple, o aquel santo de Alcalá, San Diego, en cuyo honor se fundó la ciudad norteamericana. Alcalá de Henares es sinónimo de cultura, de teología, de tensas recitaciones y reparaciones doctrinales: tomistas contra escotistas, escotistas contra nominalistas: nunca una Universidad Española alcanzó aquel nivel ; la imprenta escupiendo libros prohibidos y herejes. Las cazas de brujas y la picota. Los profesores erasmistas quemados. !Oh! Alcalá tu si que sabes lo que es este país condenado y del demonio.
ALCALÁ DE HENARES: UN PASEO POR LA HISTORIA DE ESPAÑA

Es gratificante volver a Alcalá de Henares los Domingos por la mañana. Todo su casco histórico, hace años cerrado al tráfico, se convierte en peatonal y los madrileños de la capital, aprovechándolo, acuden en tropel para disfrutar de la vieja ciudad complutense. Parece que se han dado cuenta que a su vera tenían una ciudad patrimonio de la humanidad y, por fin, la han descubierto para venir a tomar las cañas y, a la vez, disfrutar de un recinto histórico cultural sin parangón en Europa. Me es muy difícil significar aquí todo el amor que siento por esta ciudad, los largos paseos que por sus calles he dado y como me interesé por cada piedra. Me es muy difícil significar aquí, además, qué es Alcalá de Henares y porqué merece la pena visitarla. El día que concedieron el título de Patrimonio de la Humanidad a Alcalá de Henares, mi pequeña patria, lo recuerdo bien: caminaba yo solitario hacia la Magistral cuando las campanas de la universitaria Iglesia, privilegio compartido con la de Lovaina, comenzaron a repicar en un sonido ensordecedor. Me llegó al corazón. Y a los oídos, por supuesto. Yo había conocido a Alcalá de Henares antes de su recuperación, cuando se convirtió en cinturón obrero y dormitorio en el desarrollismo de los años 60 y 70, y recordaba los vetustos edificios viejos hechos añicos, sin comprender que había ocurrido allí. Los ojos se inundaron de alegría, pues confirmo que más méritos no podía albergar una pobre ciudad de ladrillo humilde, centro cultural europeo del XVI, derrumbada entre cenizas. Ejemplo de “civitas dei”, fue sucesivamente aniquilada por la barbarie, la sinrazón y las bombas. Recorrer Alcalá de Henares es recorrer toda la Historia de España, en toda su amplitud, con lo bueno y con lo malo, con sus tragedias, con sus horrores y con sus éxitos. De las pobres gentes azotadas por la incuria y, a la vez, el esplendor. La cultura y el drama: Las dos Españas. Esas dos Españas que luchan denodadamente en sus calles. Calles donde albergaron las tres culturas: la judía, la árabe y la cristiana. El barroco, después de Trento, quiso apaciguar la herejía que se cernió sobre la ciudad y media España: el erasmismo, la crítica feroz al clero inculto e inmoral. Trento, poco tiempo después, cambió los aires de San Idelfonso: los conventos, con todo su poder económico, trataron de copar el espacio urbano, colocando sus espadones y cúpulas con el objeto teatral de salir a la calle, imponiendo su religiosidad a la urbe. Si la Universidad representó la luz de la Reforma española y, por tanto, del Renacimiento español, los conventos trajeron la oscuridad de los claustros, que rodearon la obra cisneriana del humanismo cristiano, atosigándola por todos su flancos. Al frente el edificio de los Jesuítas, congregación creada por un cocinero del Hospital de Antezana, llamado San Ignacio de Loyola. Por los costados, la cúpula de la Magdalena, metiéndose en el campo de visión en el patio de los filósofos, o de los gorrones, con muy mala uva y con toda intención. En el campo alcalaíno laten, humildemente, todas las tensiones de la España.Y que en 1936 estallan sus ráfagas en las paredes de la Magistral, como testimonio indeleble, o no tanto, de lo que somos. Alcalá de Henares se convierte en el lugar estratégico de la defensa de Madrid. Tres batallas se desenvuelven a su derredor: Jarama, Guadalajara y Madrid. El ejército republicano, dirigido por el general Pozas, y las huestes de “El campesino” se hospeda en los conventos viejos, desamortizados por Medizaval, que vienen a descansar del frente. Alcalá de Henares es la pequeña Roma: su casco histórico alberga la mayor densidad por metro cuadrado de conventos, que sirven de cuarteles, y sus maderas sirven de calefacción. Los chatos y los moscas despegan del aeródromo, en defensa de Madrid, y en el espacio aéreo surcan los Heinkel. Las bombas caen sobre Alcalá. En la plaza de Cervantes se escava un refugio, el palacio Arzobispal, la joya de Alcalá, arde, pues numerosos documentos se encuentran allí albergados. Desde el cerro de la Vera Cruz, lugar imaginario de la barroca idea religiosa de ciudad de Dios, como la que dibujó el Greco para Toledo, se contemplan las columnas de humo de Alcalá y, a lo lejos, de Madrid. Pero ¿Quién se iba a acordar de la pobre Alcalá, patria de Azaña, y alma mater? ¿Quien se iba a acodar que la joya del humanismo español, la biblia políglota complutense se editó allí -pieza fundamental para que Lutero escribiera la suya y el movimiento del cristianismo lector de la Biblia se hiciera imparable en el Norte de Europa? ¿Quién se iba a acordar que aquí nació el mundo Moderno y el desarrollo del norte europeo, gracias a que los traductores en Alcalá tradujeron la Biblia del griego y del hebreo, comparando todos los textos disponibles. Cisneros quería, como Erasmo, un cristianismo culto, lector, y que acudiera a las fuentes puras del cristianismo. No la vida monacal, el escolasticismo, el olvido del ejemplo de Cristo, los ritos, el enclautramiento, la celosía o el celibato.Y lo hicieron para toda Europa, sí, aquí, en Alcalá -que acudió a la verdadera fuente del crisitianismo, la biblia, gracias a la políglota complutense-. El catolicismo luminoso, el ideal caballeresco cristiano que propugnaba Erasmo de Rotterdam en la más eramista de las ciudades españolas: El Enchiridión, los coloquios, los adagios, el Elogio escupido en las imprentas de Alcalá: leídos por el pueblo llano, por los laicos, por los seglares, por el público culto y el bajo. Sin Erasmo y sin Alcalá no habría Lazarillo ni Cervantes. Y que aquí, en España, se significó en el atraso posterior, la de las élites eclesiásticas, los votos de obediencia, la de los sacerdotes, los monjes, las cofradías, el barroco, la sangre y los pasos de procesión de la España clerical y dogmática -que imposibilitaba leer la Biblia a los fieles haciéndoles incultos, muy a diferencia de lo que en Europa ocurría. Alcalá de Henares fue la Universidad que más teólogos envió a Trento: !cuarenta! después de haber quemado a erasmistas, luteranos y calvinista; Ni de que su imprenta produjo los libros de Erasmo, difundiendo las ideas de la Reforma. Nadie. Por eso, cuando sonaron las campanas de la Magistral sonreí feliz. La vieja y pobre Alcalá se lo merecía.

domingo, 9 de enero de 2011

Historia de Alcalá de Henares. La Revolución en Alcalá de Henares I. Primeros momentos.

Alcalá de Henares, 21 de Julio de 1936

Entre los días 20 de julio y 21 de julio de 1936 se desarrollaron en Alcalá de Henares los hechos de rebelión militar que desencadenaron el posterior ambiente revolucionario que estalló de seguido. Ya por la tarde del 21 de julio empezaron los asesinatos. Alcalá de Henares era aún en 1936 una ciudad conventual: su ratio de conventos por metro cuadrado urbano no es superado por ninguna ciudad europea. Su desarrollo urbano durante los siglos XVI y XVII consistió en un conflicto teológico entre dos visiones de Poder dentro del cristianismo: la Reforma y la Contra-reforma; los ideales canónicos de su desarrollo urbano se fundamentaban en la idea de "civitas dei" barroca: sobre todas las calles de la ciudad planea la visión del cerro de Ecce Homo, lugar imaginario de la cruz de Cristo que preside la ciudad. Los hechos que se desarrollaron desde el 21 de julio de 1936 son el ejemplo revolucionario que vivió la España leal. Como resumen primero diremos que en Alcalá de Henares fueron asesinados víctimas de la represión entre 1936 y 1939 ciento veinte nueve vecinos, la mayor parte militantes de la CEDA y clérigos y canónigos. El número de vícitimas supuso el 34 % del clero regular y secular exisitente en la ciudad en 1936 que, quitando militares y presos - unos 2.167- tenía 11.900 habitantes. Alcalá de Henares fue bombardeada en 15 ocasiones durante el conflicto, resultando muertas sesenta y nueve personas. Los listados con nombres y apellidos pueden consultarse. Sin embargo, vamos a describir el inicio de la situación revolucionaria que se vivió en Alcalá de Henares, que de antigua "civitas dei" pasó a ser una ciudad de retaguardia, esencial para las maniobras militares y debido a su gran capacidad de alojamiento cuartelero y conventual, lugar de descanso de tropas, así como centro carcelario. En los primeros momentos murieron los cadetes Antonio Jurado Martínez y el alférez Isidro de Pablo, ambos del regimiento de zapadores, que fueron acribillados al salir de los cuarteles, pese a que no habían tomado parte del movimiento subversivo: fueron los primeros que salieron por las puertas. Consecutivamente fueron asesinados en esos primeros momentos revolucionarios del día 21 de julio de 1936: Pedro García Azcaray, Tomás Plaza Maín, Pablo Herrero Zamorano, Marcial Plaza Delgado, José Plaza Torres, todos ellos coadjutores, capellanes, párrocos o sacristanes y tres padres escolapios. Las tropas fueron licenciadas ipso facto, las cárceles liberadas, a cuyos presos se les dio armas obtenidas de los cuarteles abandonados. Inmediatamente comenzaron las detenciones y paseos de los miembros derechistas de la ciudad, que eran llevados a las cárceles, recién vaciadas. Se entró en los conventos y en los templos, que fueron saqueados una vez desalojados, y que fueron incendiados en muchos casos por la multitud. No es difícil de imaginar la situación de esas primeras horas si se conoce el número de conventos de Alcalá, con las monjas en la calle, las puertas abiertas de par en par, y los milicianos, y vecinos, entrando en las mismas, sacando vasijas, cruces, bancos y haciendo piras en las plazas conventuales tan habituales de Alcalá. Los milicianos entraban en los comercios, requisando los alimentos, y cargándolos en camiones y coches, a cambio de unos vales. Las autoridades reiteraban la orden de ilegalidad de los registros y las detenciones, pero su aplicación era nula. La multitud subió al ayuntamiento y tomó el estandarte del Batallón de Ingenieros que los sublevados había izado. La bandera fue paseada por las calles. La Iglesia magistral es incendiada el mismo 21 de Julio de 1936, derrumbándose la bóveda, que cae sobre la tumba del Cardenal Cisneros, cuyos restos fueron profanados. La Iglesia de Santa María la Mayor fue pasto de las llamas, al igual que la ermita de la Virgen de Val o la ermita del Cristo de los doctrinos, monumento Nacional. La Iglesia de los Jesuitas ya había sido atacada con anterioridad a la contienda, pero volviéndose a sacar objetos, lienzos, como las pinturas de Angelo Nardi, ardieron en piras en la calle libreros. Así como la desaparición de las reliquias importantes como las Sagradas Santas Formas. De los oficiales que secundaron la sublevación, hubo juicios y dieciséis de ellos fueron o bien víctimas, como los dos cadetes, o condenados y ejecutados por tribunales militares con posterioridad. Seis de ellos, en una memoria selectiva, aparecen en la lápidas de Caídos por Dios y por España.

sábado, 8 de enero de 2011

Historia de Alcalá de Henares: 21 de Julio de 1936. El fracaso de la sublevación.



Estado en el que queda la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares, tras el incendio intencionado del 21 de Julio de 1936. Foto tomada desde la epistola, junto a la sacristía.


Alcalá de Henares, 21 de Julio de 1936

En continuación a la entrada anterior. sobre el 20 de Julio de 1936 en la ciudad complutense.

Quedaba, pues, la situación de Alcalá de Henares el día 20 de Julio de 1936 de la siguiente forma: Alcalá de Henares se encuentra en manos de oficiales sublevados que acaban de insubordinarse a sus mandos, a los que han dado muerte -o herido gravemente-. Encerrados en calabozos los que ayer eran compañeros de armas: tomados el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos - situado en la calle Libreros esquina con la calle El Bedel-, y la estación de tren. Dos nidos de ametralladoras: uno en el Palacio Arzobispal, desde donde se controla la calle de San Juan, calle de Santiago, calle de Sandoval y Rojas y la plaza de las Bernardas. Otro nido en la torre de San Justo, desde donde se divisa toda la ciudad, y todas las puertas de la ciudad, debido al enclave estratégico de la torre en el diseño urbanístico de la ciudad. Con los cuarteles sublevados, toda la ciudad está tomada. Los sublevados no controlan el aeródromo, que se sitúa en las cercanías de Alcalá, donde hoy está el Hospital y el campus politécnico. El 21 de Julio de 1936, por la mañana, se forma una columna en Madrid al mando del coronel Puigdendolas, con un grupo de artillería y un nutrido número de milicianos y milicianas. A su vez, desde Madrid, subidos en camiones y coches requisados, llegan al alba milicianos armados de Ventas y Vallecas que han tomado el cuartel de la montaña. Aparcan los coches a las afueras de la ciudad, disponiéndose en orden de guerrilla, y avanzan por la calle del Cardenal Cisneros -antigua de los Bodegones- y por la calle de Sandoval; debido a su inexperiencia, tras algunas bajas, son repelidos, y deciden replegarse hasta el puente de San Fernando, esperando refuerzos. Llaman desde la estación del Norte a la de Alcalá de Henares: - Aquí Estación del Norte. - Tus huevos hijosdeputa. !Viva España!. La columna mixta de Puigdendolas se acerca de forma más lenta a la población, que va dejando retenes en cada puente que cruzan: Jarama, Torrejón, y Torote. Al llegar al Camarmilla - a un kilómetro de la ciudad- el coronel fracciona la columna en tres. Una entrará en la ciudad por el Norte, por la carretera de Camarma - y puerta de Burgos -, la otra por el sur, por el puente del Zulema y- puerta del Vado-, quedando la tercera columna en la retaguardia y a la espera en el arroyo Camarmilla. La columna de milicianos que por la mañana habían intentado el ataque, vuelven a entrar por la puerta de Madrid, junto a un autobús de guardia civiles que pertenecen a la columna mixta. No encuentran resistencia, pues la tropa ha desertado y los oficiales rebeldes han decidido la rendición. La rendición de la plaza fue así: La superioridad de las fuerzas atacantes, que disponían de la aviación del aeródromo, dispuesta a bombardear los cuarteles donde se encontraban ya no solo la tropa, sino familiares de los oficiales, la paulatina deserción de la tropa, que iba desapareciendo, y que efectúa durante la mañana bombardeos intimidatorios. Los oficiales insurgentes mandan al teniente Del Paso a parlamentar con la columna, con dos camionetas de soldados. Pregunta por el camino a dos transeúntes si han visto algo en la carretera. Éstos les dicen que sí: que en paso a nivel hay Guardias Civiles, Guardias de Asalto, Artillería y Milicias. El teniente Del Paso decide volver, y dar parte al comandante Rojo. Éste ordena a los capitanes Massot y al teniente Fernández que acuda a parlamentar con la columna, para descargo suyo, al argumentar que se habían sublevado para no tener que hacer fuego contra fuerzas españolas y evitar bajas en la tropa. Los oficiales se entrevistan con el coronel Puigdendolas, que les manifiesta que todos los jefes y oficiales de la guarnición de Alcalá deben dejar las armas en el cuarto de banderas y presentarse ante la columna en el plazo de una hora. De no ser así, bombardearían la ciudad. Una vez rendida la plaza la columna de Puigdendolas se divide en dos: una va a Guadalajara y la otra al puerto de Somosierra, donde se enfrentan a los hermanos Miralles. El capitán Mohino libera a los comandantes Besga y Fraile. Les entrega las pistolas y les dice: "Tenga Ud. mi comandante, he perdido, pégueme un tiro". Fraile montó la pistola y dio media vuelta. El número de fallecidos durante los días 20 y 21 dentro de la ciudad son de 19: ocho milicianos, dos militares sublevados, siete religiosos, el padre de uno de los sacerdotes asesinados y un sacristán. Como consecuencia de los tiroteos cruzados resultaron muertos los milicianos, Antonio Galán, Ángel Murillo, Antonio Cabañero, Emilio Salabert, Jesús Pozas (Guardia de Asalto) y un soldado del aeródromo sin identificar. Así como un herrador de 68 años alcanzado fortuitamente, llamado Gregorio Jadraque. Sin embargo, la escabechina en Alcalá de Henares vendrá a partir de esos días, a causa de la represión y de los bombardeos, tal y como se irá narrando.

viernes, 7 de enero de 2011

Historia de Alcalá de Henares: El 20 de julio de 1936.

Fotografía de milicianos en la Plaza de Cervantes, tomada unos días después de que la sublevación en Alcalá de Henares iniciada por los oficiales, tal y como se narra en esta entrada, es abortada.

Alcalá de Henares, 20 de Julio de 1936

Alcalá de Henares se vio sumergida en el verano de 1936, al igual que toda España, en los graves sucesos que la incendiaron, por obra y gracia de los militares acuartelados, tal y como se narra en esta entrada, y a quienes, todos los eneros, se les honra en la Pascua Militar. La insurrección fue inconexa de la del resto del país y no tuvo el apoyo de los grupos civiles de derechas. Esta se produjo cuando los oficiales escucharon las proclamas del general Mola por radio Segovia. Éstos pensaron que en pocos días se tomaría Madrid desde Somosierra y que, en caso de no apoyarla, se tomarían duras represalias si no se sumaban a la misma. Nada se sabía en los cuarteles alcalaínos, al mando del teniente coronel Mariano Monterde (Comandante Militar de la plaza y al mando del del 7º batallón de Zapadores- Minadores) y del teniente coronel Gumersindo Azcárate -familiar del político republicano- (al mando del batallón ciclista) de lo ocurrido dos días antes en Madrid, donde  la insurrección había sido sofocada. Así, los oficiales toman decisiones en base a informaciones y desinformaciones sobre la realidad de lo que está ocurriendo en todo el país. El momento cumbre de la sublevación es un hecho trágico acaecido en el cuarto de banderas, donde los oficiales asesinan, o lo intentan, a los mandos de la plaza (el teniente Gumersindo de Azcárate queda gravemente herido, no así Mariano Monterde, que muere en el cuarto de banderas).  El día 20 fue cuando se montó el pitote en Alcalá. Un ejército, el español, habituado a intervenir en la política a su antojo y que, custodios de orden social, optan de destruirlo en un ejercicio por el cual no ha asumido, a dia de hoy, ninguna responsabilidad. Poniendose en entre dicho, de tal forma, el pilar sobre el que se asienta los fundamentos jurídicos de este país. Porque los sucesos de Alcalá de Henares del 20 de Julio de 1936 es una muestra más, por si hacían falta pruebas, que fue el propio ejército, en sus cuarteles, quien montó el desorden en sus primeros momentos, haciendo correr la sangre entre ellos. El 18 de julio, sábado, se cumplen las ordenes de acuartelamiento. Se lleva una radio al cuarto de Banderas, donde se escucha a los gubernamentales, por parte de la tropa y los suboficiales. Los oficiales, en cambio, escuchan, con otro aparato de radio escondido, radio Segovia.  Los mandos de la plaza reciben órdenes de salir con sus batallones a través de Cobeña, hacia la carretera de Brugos, dirección la sierra. Pero, previamente, los oficiales se han reunido, llegando al acuerdo de no salir a luchar contra "fuerzas españolas". Pidieron "órdenes concretas" de lo que se iba a hacer para cumplir la orden. El teniente coronel Azcárete les dice que no tiene porqué darlas. La situación que se plantea en el cuarto de banderas es el siguiente: los mandos de la plaza son fieles al gobierno, los oficiales no. La tropa está al margen de lo que los militarotes están montando en el cuarto de banderas. Los oficiales gritan a sus mandos: !Manos arriba!.   El teniente coronel Monterde se lleva la mano a la pistola, al ver su autoridad menoscabada. Lo mismo hace el teniente coronel Azcárate. Los oficiales empiezan a disparar repetidamente contra sus superiores, resultando muerto el teniente coronel Monterde y herido grave el teniente coronel Azcárate: en la declaración posterior de este último dice que fueron rematados por un oficial que no reconoció. Tomó entonces el mando el coronel Baldomero Rojo, que declaró el estado de guerra y redactó un bando, que fue leído en la plaza de Cervantes. Cada oficial tomó el mando de su compañía y ocupó los lugares estratégicos de la ciudad. El capitán Aguilar sale al patio para arengar a la tropa, y les dice que se ha acabado la anarquía, que van a restarurar el orden, acabando con vivas a España y a la República. El día anterior en Meco, un grupo de falangistas había tomado el ayuntamiento, y militantes de Alcalá junto con otros de Vallecas, sin conocer aún lo que ocurriría en los cuarteles de su ciudad, tomaron la cercana población vecina, apresando a dos falangistas, Celestino Sanz y Eliseo Bayo, que dias después fueron fusilados en el aeródromo. Los oficiales arengan a la tropa como se ha dicho: aún no sabe si apoyan al gobierno constituido o a los sublevados, pues éstos ofrecen vivas a España y a la República. Tampoco saben que los mandos superiores han sido muertos o heridos. No caen en la cuenta hasta que se lee el bando. Cuando el comandante Besga se entera de lo ocurrido en el cuarto de Banderas se lleva la pistola a las sienes, pero fue impedido por los capitanes, que le encierran en el calabozo. El comandante Fraile, directamente, se encierra en los calabozos, junto al capitán de Zapadores, Ramón Castro, por no unirse a los sublevados. De todo esto la población no tiene idea, que en estado de guerra, está indecisa en sus casas. Se colocan ametralladoras en el palacio Arzobispal. Algunos tiroteos en la carretera de Madrid, y con algunos civiles, la noche se plantea en tensa calma, con el alférez Máximo Miguel acampado en el palacio Arzobispal, en un nido de ametralladores y de sacos terreros, cumpliendo órdenes impartidas por unos mandos que acaban de asesinar, a su vez, a los suyos. En ese punto la aviación había bombardeado por la tarde, con la intención de deshacer el nido. El alférez Máximo Miguel no sabe que ha ocurrido: solo cumple lo que se le ordena. El batallón Ciclista, esa tarde, toma Correos y Telégrafos. Se toma, por parte de la 2ª Compañía, la plaza de Cervantes, la calle Mayor y la plaza de los Santos Niños. Desde las ventanas se tirotea a la tropa: dos civiles mueren. La Iglesia Magistral es tomada por el 7º de Zapadores. Los paisanos tratan de hostigar a las tropas con pistolas y fusiles, pero la ametralladora colocada en la torre, habilmente protegida con sacos terreros, repele el ataque. La situación de la tarde es como sigue: El capitán Mohino toma el mando del Batallón de Zapadores, que había estado al mando del comandante Fraile. Sale con la tropa a la calle, con la banda de música y la bandera del batallón. Se dirigen al Ayuntamiento, que lo ocupan, encontrándose en él el Alcalde, Pedro de Blas, y algunos otros concejales del Frente Popular, que son expulsados del Ayuntamiento. Sin embargo, el ex-alcalde Antonio Cumplido, de Izquierda Republicana, y el maestro socialista Pardinas, puede coger un taxi hacia Madrid e informar de lo ocurrido. La única oposición que se encuentra durante ese día, salvo la de algunos vecinos desde sus ventanas, algunos militantes por la carretera de Madrid, y algunos vecinos que se enfrentan en la Iglesia Magistral, es la de los aviones que despegan desde el aeródromo, que se mantiene fiel, debido a que el comandante Gómez Jordana es detenido, quedando al mando el comandante Gómez Spencer. Nidos de ametralladoras en los puntos claves, como el palacio Arzobispal, y en la torre de San Justo. Tomados Ayuntamientos, estación de tren y telégrafos, la ciudad el 20 de julio está tomada por unos oficiales asesinos. La población obrera, las familias derechistas, están en sus casas. Como podemos ver, el 20 de julio de 1936, fue, en Alcalá de Henares, una cuestión de militarotes. Veremos más adelante lo que pasa al día siguiente.

Entrada relacionada:

El incendio del Palacio Arzobispal

martes, 16 de noviembre de 2010

Historia de Alcalá de Henares: EL INCENDIO Y DESTRUCCIÓN DEL ARCHIVO GENERAL CENTRAL (PALACIO ARZOBISPAL) EL 12 DE AGOSTO DE 1939


Fotografía: Daniel Rodríguez Calvo

Desde la lejanía de mi tierra alcalaína, recuerdo cuando, siendo estudiante de bachillerato, asistí a la representación de "las Troyanas", que con éxito había dirigido el profesor de literatura de 3º, recibiendo importantes premios. Entonces yo no sabía que en aquel espacio, y aquellos arcos, eran los del patio de Fonseca. Hoy, con lágrimas en los ojos recuerdo aquella representación, y cobra sentido.... Ahora comprendo el porqué se decidió representar allí. Fueron muchas las tragedias que asolaron la ciudad de Alcalá de Henares durante la Guerra Civil Española. Aparte de las humanas, que fueron muchas, se añaden los destrozos en el patrimonio artístico. La Iglesia Magistral, cuya techumbre quedó desplomada después del incendio del 21 de julio de 1936, dejó una escombrera sobre la tumba del cardenal Cisneros. La casi total destrucción del patio trilingüe tras los bombardeos rebeldes de 1937 o la destrucción por el incendio del 29 de julio de Santa María la Mayor, son alguno de los ejemplos. Sin duda el aspecto de la ciudad hubo de ser desolador. Sin embargo hay un acontecimiento no del todo esclarecido, como fue el incendio de la joya arquitectónica más importante que tenía la ciudad: el Palacio Arzobispal. Un pérdida tremenda difícilmente explicable, no tanto por el incendio mismo, como por la posterior gestión que las autoridades hicieron de las ruinas. Los incendios de las Iglesias fue responsabilidad de las columnas de Puigdendolas, una vez rechazado el golpe que los oficiales insubordinados a sus superiores - el teniente coronel Mariano Monterde, comandante militar de la plaza resultó muerto a disparos y rematado en el suelo por sus oficiales subordinados- han efectuado el día 20 de Julio . Otros muchos destrozos graves fueron consecuencia de los bombardeos a la ciudad por parte de la aviación, con casi un centenar de ataques, que solo en población civil se llevaron 70 vecinos, y que no dejaron calle ni plaza sin su respectivo destrozo, causando un daño irrecuperable al patrimonio artístico alcalaíno . Uno de los edificios peor parados fue el patio trilingüe, actual hostería del estudiante, que quedó destruido en casi su totalidad. Sin embargo la labor de recuperación de todos estos edificios ha sido, tras largos años, y esperas, posible. Lo que no ha sido posible recuperar ha sido el palacio Arzobispal. Este ha sido uno de los grandes dramas, junto a los humanos, que conmocionan a todo alcalaíno que que, una y otra vez, imagina el palacio en su sitio y como debió ser. El drama acrece cuando vemos las fotografías que se realizaron entre 1915 y 1920 por el fotógrafo Mariano Moreno y las comparamos con las que fueron tomadas después del incendio, acaecido el 12 de agosto de 1939. Pocos meses después de que las tropas franquistas hubieron tomado el gobierno de la ciudad. El edificio había quedado reducido a escombros tras el incendio, pero no menos que otros a los que hemos hecho referencia. De hecho las fotografías nos muestran el patio de Fonseca, con la escalera de Covarrubias, o la fachada del Ave María en un estado de destrucción similar a la fachada principal del edificio, reconstruida a finales del siglo XX. En 1947 una fotografía del diario Alcalá nos muestra el torreón mudéjar, del que hoy aún quedan restos, con el estado de patio de Fonseca. Una mezcla de emoción, de ira, de alcalaíno, me subleva. Aparte del descuido con que las nuevas autoridades custodiaron el edificio, acusando del incendio a unos niños que juagaban en el patio de armas, al ver que todas aquellas ruinas podían haber sido recuperadas en parte se une que aquellas autoridades, precisamente, por querer esconder la responsabilidad del incendio, dando poca publicidad del mismo, desinformando de las investigaciones de los mismos, no publicando la catástrofe acaecida del edificio que estaba a su cargo en ninguna prensa nacional (El palacio arzobispal era el edificio renacentista más importante habido en España, monumento nacional a la altura de los más importantes, conviene recordarlo) se sitúa otro hecho más nefasto aún: la gestión de las ruinas nos ha impedido su recuperación, posible en algunos porcentajes importantes, habida cuenta de las fotografías y planos disponibles del edificio. Los destrozos del patrimonio artístico alcalaíno durante la contienda bélica son espeluznantes, donde solo imaginar como hubiera sido Alcalá ya causa desazón: la Guerra Civil le tocó de pleno como a la que más de las ciudades históricas españolas (Los bombardeos se espaciaron durante casi los tres años), y gracias a la Junta de Incautación y Protección del Tesoro, el desastre podría haber sido peor. Inexplicable, si es que algo de todo aquello puede tener explicación, es lo del incendio del Palacio Arzobispal, una vez terminada la Guerra, donde se dejan quemar no solo el edificio sino los archivos de importancia suma para entender la historia española que el edificio albergaba. Como dice José María San Luciano, en un libro de los más importantes realizados hasta la fecha sobre el asunto: "Para desgracia de España y de esta ciudad la dejadez, desidia, desinterés y falta de vigilancia apropiada por parte del Ejercito, que tenía la total responsabilidad del edificio, convertido en cuartel, propiciaron un desastre cuyas circunstancias no han sido investigadas hasta la fecha". Que las autoridades franquistas buscaran un chivo expiatorio que les evitase de sus responsabilidades tenían un motivo claro: En Ginebra se exhibían los tesoros artísticos españoles expatriados y consignados en la Sociedad de Naciones, que tenía su custodia, en la protección que de ellos hizo el gobierno de Valencia. Que el gobierno franquista se hubiera dejado quemar uno de los edificios más importantes del renacimiento español podrían haber sido utilizado como propaganda para que éstos no hubieran sido devueltos. Para el nuevo régimen aquellas ruinas representaban una vergüenza, por eso desmantelaron las ruinas y nos han impedido su recuperación.

sábado, 13 de noviembre de 2010

VISITA A ALCALÁ DE HENARES, MODELO DE CIUDAD UNIVERSITARIA Y CUNA DEL ERASMISMO ESPAÑOL































Alcalá de Henares se constituyó en el siglo XVI en el lugar central del erasmismo español. Fue la imprenta complutense la que tiró más ejemplares de los libros del humanista. Esencialmente, la obra de Erasmo es un brutal monumento literario a la cultura del renacimiento, donde atacó implacablemente la vida conventual y monacal, el clero ignorante y dañino, el fariseísmo en las observancia de las reglas y las ceremonias, junto con un aborrecimiento por la vida frailuna significada como una falsa vida religiosa . El "elogio a la locura" se constituye en uno de los ensayos más brillantes e irónicos de la historia de las letras, por su ataque al papado, a los jerarcas, a los teólogos escolásticos y a las expresiones de la vida y la piedad popular. Frente ello presentó un cristianismo humanista y brillante, con un componente cultural imponente, una sabiduría clásica y latina, cuyo centro son las enseñanzas de Cristo y su ejemplo moral. Alcalá de Henares pugnan en sus edificaciones un conflicto teológico que teñirá de sangre las losas del suelo patrio: el colegio mayor de San Idelfonso, con todos sus colegios y facultades anejos, a un lado, que representa al Renacimiento. Las órdenes religiosas, al otro, que durante el siglo XVII, y después de Trento, tratan de ganar espacio público en la vía, imponiendo cúpulas y espadones que permitan multiplicar el número de perspectivas. De ese modo se construye el entorno urbano de Alcalá de Henares, en un conflicto teológico: Renacimiento-Barroco; que en España significará una pugna que desgajará en dos el país. El erasmismo fue causa de agrias polémicas entre pro-erasmistas y anti-erasmistas que tuvieron sus disputas más interesantes en el entorno universitario complutense. De ahí se irradió por toda la península, convirtiéndose en una de las más interesantes muestras de debate intelectual ocurrido en el suelo patrio. Pero la historia es larga de contar. Por ahora disfruten de estas fotografías e imaginen cómo se desarrolló la vida estudiantil y académica entre los muros de "la ciudad universitaria" modelo primero de ciudad para los estudios. 1.- Las generales, situadas en el Patio Mayor de las Escuelas, el patio trilingue, para el estudio del latin, griego y hebreo. 2.- La plaza del mercado, hoy llamada de Cervantes, dónde sobresalen las cúpulas y espadones del colegio de Málaga y trinitarios; 3.- el monasterio de San Bernardo, como unas muestra de las inumerables edificaciones monacales, claustrales, que pueblan la ciudad, en un espacio conventual total característico del barroco. 4.- La cara Oeste del Palacio Arzobispal, donde, en su día, se encontraba el salón de concilios 5.- Las murallas que circundaban la ciudad en toda su amplitud.











sábado, 6 de noviembre de 2010

Manuel Azaña. Discursos políticos y Ensayos (Lecturas)


Si desentrañar la política republicana es una pasión, este libro se constituye en fundamental. En él se recogen los discursos políticos del que fuera Jefe del Gobierno y, posteriormente, Presidente: El alcalaíno Manuel Azaña. La antología la realiza Federico Jiménez Losantos, personaje conocido tiempo después por ser locutor radiofónico un tanto controvertido. El prólogo, que debió ser escrito en un época de descubrimiento - por parte de la derecha española del político complutense-, advierte del patriotismo y el nacionalismo de Manuel Azaña: Vázquez Montalbán nos recuerda, en su libro la Aznaridad, como José María Aznar, en esa fase donde parecía querer olvidar la camisa azul de sus años mozos en la UCM, decía admirar y leer a Manuel Azaña. No sé si fue Losantos quien le recomendó la lectura en ese giro a lo liberal que quería dar la antigua Alianza Popular de orígenes franquistas. Como si el vuelo de la gaviota fuera algo más que en realidad no fue: todo un cambio ideológico. Sin embargo, en el propio prólogo, que parece comedido, finaliza desbarrando, atacando a los nacionalismos que no enarbolan la bandera española monárquica y, !agárrense!, poniendo como ejemplo el nacionalismo azañista como ejemplo de españolidad. Señor Losantos: el nacionalismo de Azaña no era precisamente el representado por esa bandera que los nacionalismos periféricos tampoco quieren enarbolar. El giro a lo liberal suele ser difícil cuando la camisa azul sigue oliendo por las axilas. En el libro se recogen, como digo, aquellos discursos más célebres del político y, por ello, aparte de su calidad literaria, que es excepcional, sirven para conocer cuál era la interpretación de los hechos políticos más importante de aquellos años, vistos a la luz de un personaje tan excepcional como denostado y desconocido. Los Ensayos también antologados son de una calidad impactante, en especial el que a mi parecer es una de las piezas literarias más impresionantes que he leído: "Tres generaciones del Ateneo". Pieza fundamental para entender como aquel intelectual, nacido de la sociedad civil, pudo llegar a las cotas políticas a las que llegó. Y es que yo creo que lo que hace que Azaña tuviera, y aún tiene, tan mala prensa por todos sus enemigos políticos es por un solo motivo: la inmensidad política de su figura. El político medio español, presente y pasado, queda a la altura del ridículo en su comparanza. Por ello no conviene dar pábulo a tan vesánica figura, no vaya a ser que se descubran las vergüenzas de tan ínfimos representante como pululan, por ser chicle en zapato de alcalaíno. Algunos no tienen reparo en reconocer que lo han leído, como en reparo tampoco tienen en decir que hablaban catalán en la intimidad. Si es cierto el sectarismo de Azaña -era un demócrata radical y un tantico soberbio - no menos cierto es que su talento era tremendo, tanto en el gobierno, mediante las leyes, como en las razones, esto es, en el discurso. Manuel Azaña gobernaba con leyes y razones, de tal modo que un régimen parlamentario, formado por coaliciones de minoría, se sintiése como pez en el agua. De ahí el conocido discurso para la aprobación del art. 26, donde consiguió, de golpe, dar impulso al texto constitucional al conseguir el punto intermedio entre socialistas y lerroxistas. Los discursos políticos dichos desde el gobierno son actos de gobierno. La clave de su habilidad discursiva - el mismo la señala- es como la emoción política. ¿Cuál es esa emoción política que bulle en sus venas? El problema de España. Tan típico de las generaciones del 98, pero que en un integrante de la generación del 17, como lo es Azaña, se plantea con la actitud de búsqueda de solución, de acción. Si la solución no es el preludio de la tragedia. Y la solución planteada por Azaña es la del liberalismo, largamente postergado. Un liberalismo que significaba gobierno de la sociedad civil; un liberalismo que implicaba la libertad del otro como única garantía de la libertad todos. El pirncipio moral de la "autonomía de la voluntad" ilustrada, tan poco, como mal comprendida, por los creadores de la moral teológica. Un castellano claro, preciso, de una sencillez superlativa, con un léxico apabullante, sin barroquismos, que hacía que todo español entendiese perfectamente que era lo que decía, hace que Manuel Azaña traspasase las fronteras de la ideología, que fuese admirado con independencia de partido -siempre de izquierda-, por parte del que le escuchaba. En sus discursos se trasluce una clara observación de los problemas y de la realidad, un conocimiento reflexivo sobre el pasado y un genio político tal que trasformaba las razones en acción política. SI algo le perdía era su radicalismo democrático, y una emoción tal por la revolución liberal, que en el XIX no pudo ser. Y si no pudo ser en el XIX tenía motivos de no ser: ni en el XIX ni en el XX. Estaba presente: Y si era claro que las órdenes religiosas hubieron de ser el freno, no menos lo iban a ser después. Ortega, cuyo conocimiento de la España parece muy por debajo del de Azaña, habló de las pólvoras que llevaba la constitución de 1931. Y llevaba razón. Si la España invertebrada es una divagación, que como nos recuerda Orwell, no sabe a dónde nos lleva este "espíritu elevado" que es el señor Ortega, los discursos y ensayos de Azaña contenían un certero y claro análisis; pero mucho más aún: sus discursos presentan una fina ironía erasmista que Azaña conocía muy bien. No en vano su padre, Esteban Azaña, había historiado la más de las erasmistas ciudades españolas. La ciudad natal de Azaña. El sectarismo radical democrático, la ironía erasmista, la precisión soberbia de un castellano hablado y escrito de modo difícilmente superable serían imperdonables por parte de sus enemigos. Sobre todo porque con esas armas quería coger el Estado y "triturar" el caciquismo de la faz Española. Acorralado por izquierdas y derechas intransigentes, Azaña sentía la emoción política en su seno: y esa emoción era del pueblo español. Un pueblo sojuzgado secularmente por cuatro caciques de pueblo que amañaban las elecciones. De tal forma que España era una ficción política. Dominada por el cura, el médico, el boticario y el alcalde - "los amos", que forman bandería políticas basadas en las clientelas- subvirtiendo un orden liberal, que nunca fue, y que rodeaba la Europa del XIX, con las nuevas y viejas nacionalidades que se iban gestando. Y que en España significo un pacto pacato entre dos Españas que no representaban otra cosa que la ficción de la Restauración. En 1923 escribe Azaña un irónico artículo: caciquismo y democracia. Aquellos dos años que van desde el 14 de abril de 1931 a noviembre de 1933 un hálito de esperanza cruza la vieja geografía española. A partir de aquella fecha se desvanece. Las derechas católicas, organizadas pueblo a pueblo, región a región, de obispado a obispado con una finalidad precisa: Rectificar la república, volver al antiguo sistema. El sistema donde "los amos" volvieran a tener "criados". Esa España mía, esa España nuestra. Si el enconado anticlericalismo que se plantea en aquella España es el germen de un conflicto, no lo es menos el acerado clericalismo que, en sentido contrario, se arma, con razones, sin razones y en todos los sentidos. No menos cierto que es un sentido secular ese punto intransigente de Manuel Azaña, en el que se encuentra en la raíz española. El Lazarillo, El Erasmo que circula en las faltriqueras, aún lado. Y el cura trabucoide, de otro, que organiza las partidas contra el invasor francés desde las sacristías, y prepara la pólvora contra todo aquello que representa la modernidad y el liberalismo. Francia era la patria de Descartes, lugar donde Dios dejó de pensar al Hombre. Lugar donde el Hombre empezó a pensar a Dios. Y Azaña era un francófilo. No era, como pensaba Unamuno, que España era más africana que europea. Era otra cosa: España era el bastión de la catolicidad. Y un régimen que no era católico, que no era católico en su fundamento político, cual es el principio ilustrado de la soberanía nacional, era demasiado áspero, demasiado de todo, para aquellos que pensaban que la soberanía residía en Dios, y en el pacto monarquía-Iglesia. En especial era demasiado para aquellos que había gobernado nuestros pueblos: el Cura, el boticario y el alcalde que, tiempo ha, se apoderó de los comunales y los pastos.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Ética y política en Manuel Azaña




Una de mis preocupaciones intelectuales es la reflexión filosófica en torno a España. Inicio aquí, en exclusiva, un ensayo sobre la obra ética y política de Manuel Azaña, esperando que sea de interés para todos ustedes, mis vecinos, para quien ofrezco este trabajo de investigación.


MANUEL AZAÑA, ÉTICA Y POLÍTICA DE UN REPUBLICANO, UN INTELECTUAL Y UN BURGUÉS

Nació Manuel Azaña en una casa espaciosa, con grandes balcones de acero y cristal, que daban a la calle de la Imagen, en Alcalá de Henares. Una típica casa burguesa en una típica casa complutense: con su zaguán de entrada, que administra el paso a los patios interiores que sirven para dar luz a las estancias. Son las casas de la vieja Alcalá un tanto monacales, unas repúblicas para la reflexión interior, con esos patios empedrados. La de Azaña no era menos, y aunque su fábrica era propia del XIX no así su trazado, más propio de del XVII. El Diseño urbanístico complutense no es comparable a ningún otro: de materiales pobres, ladrillos del Zulema, y poca y mala madera (No así la de Azaña, toda una casa construida por ladrillos nuevos): las viviendas se encuentran en simbiosis con las calles. Las calles se trazan a cordel: son largas, espaciosas, apetecibles para el paseo sosegado. Los cánones renacentistas, clásicos, dictan que la altura de las casas sean igual a la anchura de la las calles. Quiere esto decir que la vieja Alcalá se planificó funcionalmente para albergar en ella una auténtica ciudad universitaria, nacida al efecto, y no como extensión del colegio catedralicio. Esta largura de las calles, esta racionalidad funcional, según los cánones de Vitrubio, hicieron que en el XVII se entablara una feroz lucha por comprar los terrenos mejores para colocar los barrocos conventos y, así, en perspectivas similares a la pintura, dar fin a cada calle importante, a cada cruce, con una cúpula, un espadón, un campanario. La batalla por los terrenos urbanos fue feroz: se trataba de mostrar la religiosidad al exterior de la calle, para mostrar quien manda más y quien más puede. En pleno corazón complutense nació, vivió, escribió y se formó en Joven Manuel Azaña. Servía su casa como espacio de recogimiento y, por tanto, un tanto monacal. Pero al punto que ponía sus pies en la calle los telones y fachadas de los conventos de Trento asomaban en calles y plazas. Anduvo Manuel Azaña por toda la calle del comercio, hoy soportalada y llamada mayor, hasta la calle de los libreros, lugar donde, en cada esquina se colocaban las tiendas donde los estudiantes, con sus manteos, compraban El Quijote, o, perdidamente, El Lazarillo, o alguna obra prohibida de Erasmo. Como ese magnífico los Silenos de Alcibíades, que pasaba de mano en mano, de manteo a manteo, junto al broquel y el arcabuz escondido, y donde se ponía a parir, literalmente, a los príncipes, magistrados, obispos y monjes de la Iglesia, los cuales habían confundido las riquezas, la estirpe y los bienes corporales con los valores cristianos. En la calle libreros hubo una imprenta, de las más importantes de toda Europa, donde sus máquinas escupían vertiginosamente toda la obra de Erasmo, traducida a la lengua vulgar, que por entonces, empezaba ya a ser muy rica –como lo muestra la gramática de Nebrija, profesor viejo de Alcalá-, para difundir lo que se llamó posteriormente el humanismo cristiano. Manuel Azaña, se crió, por tanto, en esas calles donde pugnaban dos Españas: la humanista, la cisneriana, la que propugna la vida cristiana, la de los príncipes de la paz y la de la Reforma, por un lado; y la de Trento, la monacal, la conventual, la que propugna el valor del Poder terrenal de la jerarquía eclesial sobre la tierra: la contrarreforma. Añaza conoció la derrumbada moral de la ciudad siendo un neófito intelectual que pateaba aquellas calles pobres. El casinillo, construido recientemente, y en el Paseo de la Estación, eran sendos ejemplos de los cambios necesarios que la burguesía podía llevar a cabo. Posiblemente viera Azaña que la manera de regenerar la vida social y política de su país fuera la de aquellos burgueses. Sin embargo veía, como Ortega, que la Política estaba copada por los que tomaban café en el casinillo decimonónico de la Plaza de Cervantes, con sus retorcidos bigotes; como esos príncipes de Salina Gatopardianos, , pero, cortos de miras y caracterizados por la inepcia, eran incapaces, ni tan siquiera, de mover los hilos para que todo cambiase para que todo siguiera igual. Aquella fue la infancia de Azaña, en el ambiente regeneracionista, la filosofía de Krause, la crisis finisecular. A la vez Pio XII condena el materialismo, el liberalismo y el socialismo. Se masca la tragedia. ¿Qué influencia tendría la vieja Alcalá para su postura intelectual, ética y moral? Esa es la pregunta que trataremos de responder aquí.
LA CALLE DE LA IMAGEN Y EL PENSAMIENTO ÚNICO
Nació Miguel de Cervantes Saavedra en una humilde casa alcalaína. La que hoy se muestra como casa-museo natal sirve para ver como era una casa acomodada del siglo de Oro, pero nada más. La casa que se visita bien podía ser la del caballero del Verde Gabán, pero no es la de Cervantes... ni la de Don Quijote. La verdadera casa, esa sí, donde Miguel nació está situada al lado de la que se exhibe. No colindante, pues entre medias queda la calle de la Imagen. Esta casa es conocida por los alcalaínos como "Casa de la Calzonera". Documentos hay que atestiguan que era propiedad de los Cervantes en aquella fecha; como hay documentos, gracias a Trento que obligó al efecto llevar anotados los bautizos, de que Cervantes fue bautizado en la capilla del Oídor. También que el propio plumeador, en documento escrito de propia mano, se define como alcalaíno. Esa discusión hace tiempo que quedó zanjada, y todos los cervantistas la dan por sentada con unanimidad. No es a eso a lo que quería referirme. De lo que quería hablar era de esa casa con la cual "la de la Calzonera" es vecina. Es esa otra casa, como digo, de singular importancia. Una casa burguesa y decimonónica, que rara vez no estaba llena de pintadas politizadas de todo tipo, donde nació otro españolísimo. Quijotesco, vilipendiado, ultrajado y maldecido: Don Manuel Azaña. Presidente de la II República española. Es la "calle de la Imagen", en honor al convento de las carmelitas, una singular vía española. El visitante que acude los domingos a Alcalá no suele advertir su importancia: sin embargo, pocos saben lo que laten esos 70 metros que van desde la calle de Santiago a la Mayor. En ella laten, otra vez, las dos Españas. En esa calle nacieron Cervantes y Azaña. Santa Teresa de Jesús, la mística, fue priora de un convento que allí se encuentra, en otro modelo de religiosidad subjetiva e individual: para sí. En ese espacio urbano mínimo, a ras de tierra, late una España: la que habla, la que dialoga, la que escribe, la que razona: Cervantes, Azaña y Santa Teresa. Sin embargo, en esa misma calle, queda bien claro quien es el que manda: la cúpula del convento de la Magdalena, que se alza al cielo, cae al medio de la calle, en perspectiva, con una clara intencionalidad. El de imponerse a todos los demás: el Pensamiento Único, los claustros, Trento, la ignorancia, los que rezan y el oscurantismo. El nombre de la calle es sintomático: habiendo nacido en ella Cervantes y Azaña, lleva como nombre la de un convento. Siempre he dicho que para visitar Alcalá de Henares lo que hay que hacer es admirar las perspectivas. Los puntos hacia los que confluyen los ojos. Allí se encuentran las verdades españolas. El oprobio se sitúa a ras de tierra. Todos los intentos por rehabilitar la figura de Don Manuel Azaña, el político burgués, intelectual y republicano, se hacen imposibles. Es por ello que yo, aquí, voy a tratar de exponer su pensamiento político. Hoy con pequeñas pinceladas. Era Azaña un platónico, un español hasta las cachas, que abogaba por ideas que ahora son del todo arrumbadas: El estado laico, la refacción de España, la reivindicación de la civilización y de la modernidad, junto con la reivindicación de lo humano para el español. Los salvapatrias condenaron a una mente preclara, un defensor de las ideas mediante el diálogo, al ostracismo. Mediante soflamas interesadas, medias verdades y mentiras interesadas que tenían como objeto eliminar una cosa: La verdad, la claridad y el diálogo socrático para alcanzarla. La verdadera realidad en la que vivió Azaña era la de una España que no atendía a esas razones, en una de las mayores perversiones que puede sufrir una democracia: que un gobierno posterior no respete en nada lo realizado por un gobierno anterior, en momentos donde el antagonismo se vuelve atroz y los odios se enconan. Pocos eran los preparados para entender a Azaña. Como pocos son los preparados para entender a Cervantes... y al Quijote. La II república se encontró débil desde el inicio: tratar de separar la Iglesia del Estado era inconcebible para los que mandaban. Eran incapaces de entender, y aún hoy lo son, de que la religiosidad, la confesión religiosa pertenece a la conciencia individual; y que, por tanto, la Iglesia y no el Estado debía atenderla. Ese fue el pensamiento de Azaña que las cavernas eran incapaces de transigir. En momentos como el de hoy, 30 aniversario de la Constitución Española de 1978, el oscurantismo sobre la figura de Azaña es aún cruel, y el Pensamiento Único impera hoy, como siempre. Azaña acabó como todos los que tienen razón y dicen verdades: condenados a beber cicuta. Pero murieron buenos, no como otros, que bajo tierra santa guardan sus huesos. Hablar hoy de una república democrática es como poco una aberración, condenando a los que tienen ese pensamiento y esas ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Repitamoslo: Azaña era un burgués, un republicano y un intelectual. Un español y castellano hasta la médula. Una salva para mi compatriotas Azaña, Cervantes y a todos aquellos que han visto la luz de la filosofía fuera de las cavernas.
ALCALÁ DE HENARES LO ESPAÑOL, Y LA CRISIS FINISISECULAR DE 1898
Siglo XVI

Son las calles de la vieja Alcalá de Henares testigos mudos y doliente de lo “español”. De lo genuinamente español: de eso que hierve en las entrañas y que llora apasionado con un niño muerto en brazos, arrebatado por las balas y por el odio. Ya he señalado en otras ocasiones como esta vetusta ciudad cobra significado de nuestra Historia común. Desde el poblado íbero de Iplacea, pasando por el cruce de caminos romano de "Compluto", y la frontera natural que supone la alcarria del Henares a los reinos de Alá. Sin embargo, su esplendor llegó con la fundación de su Universidad, al socaire de los aires culturales del Renacimiento europeo. La clarividencia de Cisneros, confesor de la Reina, hombre de Estado y Regente del reino católico, previó la reforma necesaria del clero ignorante y zafio. Se acudió a las fuentes claras de cristianismo, a los padres de la Iglesia, y la Biblia fue objeto de estudio humano: el “Renacimiento español”, aunque éste no adquirió el significado que hoy se le da y que no se sustasnció hasta siglos más tarde, es sinónimo de Alcalá de Henares . La gran habilidad de Cisneros fue hacer a Alcalá en todo un centro del saber moderno, único en Europa: La teología se estudiaría, a opción del estudiante, por tres vías diferentes: Escotista, nominalista o tomista. Ésto significaría un símbolo de modernidad en un mundo donde la escolástica medieval había quedado recluida al saber de los monjes en abadías. En sus largas calles, tiradas a cordel, en sus corrales, en sus conventos, hasta hace poco descabezados, hierven las dos Españas. La cultura del Renacimiento, de Erasmo, del humanismo cristiano, de la vuelta a los clásicos de Grecia y Roma, a un lado, y la cultura del Barroco, de Trento, de Felipe II, y, otra vez, de los conventos, al otro lado. Ay! , madre Alcalá. Dos Españas que se gestan para hundir sus pies y darse de palos, como mostraría Goya posteriormente. Por las casas de pupilaje, por las repúblicas de estudiantes, por los colegios complutenses empieza a gestarse España: Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Mateo Alemán, Vives, Nebrija, Valdés, San Juan de la Cruz y el cerro de la Vera Cruz, monte desolado con altiplano, que recuerda el monte de el calvario, presidiendo los colegios. La Vera Cruz, lugar del Ecce Homo, nombre como también se le conoce. Alcalá de Henares se constituye, así, como el ideal de la ciudad de Dios, la Civitas Dei, postrada a los pies de la cruz que se yergue al horizonte, como dibujó el Greco para Toledo, se idealizaba en la que sería ciudad universitaria de sus arzobispos. Después llegó El Barroco: los conventos, si los conventos, se alzan sobre el plano complutense y coparon las perspectivas urbanas. La congregaciones tratan de restar poder a la Universidad: La ignoracia, una vez más, puede al saber. De ahí , de ese conflicto, nacerá Don Quijote, que morira sabio y bueno si haber habitado nunca ningún claustro; mientras, en nuestra ciudad, los conflictos teológicos se debaten en sus aulas, así como las relaciones de Poder dentro de la Iglesia y las herejías. Erasmo, Lutero, al principio. Después Jansenio, y su doctrina de la justificación por la fe, contra los jesuitas, congregación de caballeros cristianos fundados por un sopista de Alcalá: San Ignacio de Loyola. En las calle de Alcalá, los estudiantes, con sus manteos donde ocultan las bocas de fuego y el broquel, se dan a las armas reconstruyendo la guerra de las comunidades y en el callejón de peligro, junto a la posada de la parra, a duelo se baten. Empieza a hervir, humildemente, la que será España en esas calles ilustres que ven pasar los tercios del Rey, que paran en los bodegones. La calle de Santiago matamoros, la más larga, se colocará en pleno barrio árabe y la imponente cúpula de los jesuitas se colocará, desde esa perspectica, en el centro de ella, señalando claramente quien manda allí. En otra perspectiva dará sombra a San Idelfonso. La Alcalá barroca ha derrotado a la Alcalá humanista; las órdenes religiosas, más poderosas, compran los terrenos más caros, en un ejemplo de urbanismo religioso, con el afán de que sus torres, pináculos y campanarios sean vistos desde más ángulos posibles. Dinero, Iglesia, Claustros, Poder e ignorancia. Palas Atenea es prohibida. El Guzmán de Alfarache, el Lazarillo de Tormes, el Buscón y la picaresca de un reino de súbditos que se mueren de hambre, para más gloria de un imperial Rey, se gestan en Alcalá.... En una humilde casa, al lado de la que se muestra como tal, la de la calzonera, nace un niño llamado Miguel. De mayor luchará contra el turco, junto a Juan de Austria, en Lepanto, donde quedará manco. Y hará cosas más grandes. Morirá pobre, lisiado... y con los años pasará a ser el mayor Ingenio de las letras humanas, en la obra más Universal del arquetipo español: El Quijote.

1898

1898: Ha quedado Alcalá de Henares largos años a trasmano; a la retaguardia de lo español. Ser alcalaíno, como Cervantes, como Azaña, el patriota republicano, significa ser español hasta la médula, hasta los tuétanos; pero una clase de español algo diferente: un español lúcido, un español consciente de su ser. Unamuno recorrió la ciudad del Henares cuando ella era ya un solar triste, somnoliento, rural y carpetovetónico. Triste, si triste. Las murallas que envolvían la ciudad se caían a cachos y los edificios que fueron Universidad se derrumbaban y desaparecían. Auquellos antiguos colegios esperaban a los estudiantes que, parecía, nunca volverían. Un triste tren, de vez en cuando, pasaba por un Alcalá decimonónico, donde, en una de sus posadas, se recrea “el sí de las niñas”, de Moratín. La desmortización liberal, el centralismo, la eliminación de los viejos fueros condenaron a la ciudad... pero todavía había cosas peores. Alcalá, modelo de ciudad universitaria para el nuevo mundo, en un mundo colonial basto perteneciente a reyes ineptos y de súbditos que se morían de no comer se convirtió en una pobre ciudad rural de edificios ruinosos: como lo fue toda la España finisecular. Una ciudad donde solo mandaban cuatro: el cacique, el cura, el médico y el boticario. Los que se reunían en el casino a jugar al Mus en el Casino, para hablar de regeneracionismo, pero no mover un dedo, en verdad ! Con lo bien que sabe el anis y el Brandy!A lo lejos, desde el cerro del Ángel, se divisa el caserío, que se derrumba, de cúpulas decrépitas, de relojes parados, de torres caídas y espadones sin campanas. Al atardecer, los braceros hastiados de la siega -su única temporada de trabajo- acudían de los campos; y las mejores familias paseaban por la calle del comercio. Las mujeres con sus vestidos de tul, sus encajes, sus corpiños, sus sombrillas y sus monederos colgando, compran roscas de Alcalá en las tiendas y son chicoleadas por los militares de repmplazo que ahora ocupan los hundidos edificios. Los señores, en el casino, aburridos, juegan al mus y, recostados en sus sillones, hablan de política cuales Menéndez y Pelayos: mucha palabra y pocas soluciones para una España que lleva el paso de un carro. La única industria que hay en esa Alcalá que visitó Unamuno es una fábrica de ladrillos, parada casi todo el año. Mientras, los labriegos, los braceros y los obreros sin trabajo están lampando, mientras las viejas que mean de pie, buscan algún gato o rata para hechar al caldero. Se va haciendo de noche. Llegará la noche. Y la tormenta. Las sombras de “el Viso” dejan la alicaída ciudad, otrora brillante, en penumbra. Alguna vez, algún carro, entra en la ciudad a esas horas y un perro en sus calles, empedradas con cantos redondos, ladra solitario. ¿Qué era España en 1898? Se preguntan todos con tristeza. Las viejas monjas en sus conventos, el ejercito acuartelado en viejos colegios que se caen y las putas. En Alcalá de Henares, mi Álcalá, putas, monjas y militares. Nada más quedaba. Alcalá de Henares: reflejo todo de la España toda, que sufre y llora. Las monjas, con sus garrapiñadas, rezan en los conventos. Sus jóvenes sin dinero para pagar su excedencia, también: es el sorteo de quintas, y los ejércitos se baten en Cuba, en África, y en Filipinas, luchando por una España que nadie sabe lo que es ya. Los que fueron subditos del rey de las Españas, se aburren sin nada que hacer, y sus estómagos vacíos, claman por las tierras circundantes muertas con el afán de trabajarlas Las viejas, en el camino de Guadalajara o de Madrid, se calientan vendiendo a algún despistado transeúnte sus dulces almendras.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Historias de Alcalá de Henares: "El Empecinado" y la batalla del Puente del Zulema


La ciudad de Alcalá de Henares guarda magníficos tesoros escondidos. El viajero que la visita puede quedar desconcertado, al esperar encontrarse una ciudad monumental más impactante, al estilo de otras con mejores piedras, aunque quizá no tan sabias. Pero no se dejen engañar por ello, la vieja Compluto tiene que ser leída entrelíneas para advertir su munificencia. El siglo XVI y XVII marca su época de esplendor. De ahí, hasta nuestros días, presenta una constante humillación, que la lleva a la destrucción de sus honrosos ladrillos de humilde fábrica. El siglo XVII es el siglo de las luces, de la Ilustración, y la vieja Teología, en otros días luz de la verdad católica, ha quedado ciertamente anquilosada. El siglo XIX comienza con una guerra incruenta que destroza los edificios de la vieja ciudad, vituperando los cálices y quemando las reliquias viejas de los templos, que arden por el desdén con que el invasor trata a todo lo que representa a un viejo mundo, anciano y caduco. En el puente del Zulemael Empecinado” tiende una trampa al francés. En las arcillosas cotas, donde hasta hace poco se encontraba el polvorín, se emboscan los valientes españoles, muy goyescos ellos, con sus pañuelos en la cabeza, y parapetados con algunas bocas de fuego de algún alcance mayor. Una escasa artillería, pero hábilmente colocada. El conocimiento del terreno es esencial. La cuesta del Zulema puede convertirse en una trampa mortal para las tropas de Napoleón, adiestradas, bien armadas y disciplinadas. El requisito imprescindible es la sorpresa, la táctica de guerrilla y el golpe de mano. Los españoles son bravos, tercos y brutos. Con los huevos bien gordos. No aceptan que unos soldados que hablan idiomas que no son cristianos ocupen las que hasta ahora eran sus ciudades, se instalen en sus templos y quemen sus reliquias. Para hacer eso ya están ellos. Lo que más les molesta es que les vengan a decir los franceses como han de ser los españoles y María Santísima. La madre que los parió. En Alcalá de Henares siempre ha habido religiosos, clero, monjas y estudiantes. ¡Qué se han creído estos franceses! El día que despierta es magnífico. Las tropas francesas, compuestas por infantería, artillería y caballería, salen ordenadas de la ciudad por la puerta del Vado, en orden y disciplina, como corresponde a un ejército que va a luchar con otro en llanuras bastas. Los cañones son tirados por mulos de carga y los soldados llevan sus mosquetes al hombro. Este ejército está acostumbrado a otro tipo de batalla diferente al que, en breves minutos, se van a enfrentar a orillas del Henares, contra un enemigo fiero, organizado como una pequeña partida de facinerosos y hábilmente colocado sobre el terreno. Máxime cuando el golpe de mano comienza por sorpresa. La sorpresa. “El Empecinado” tiene una vital información, que muy probablemente haya obtenido por algún o alguna espía de la población. En una población donde todos son espías. La infantería francesa saldrá temprano de Alcalá, dirección a las agrestes llanuras que al otro lado de las cotas del Henares se avizoran. Pero para eso hay que subir la cuesta del Zulema, por un terreno escarpado y peligroso. Un buen lugar para una emboscada. Hacia un lado se sitúa el monte del Viso, con su plataforma trapezoide. Al otro lado la desolada cumbre del Ecce Homo, el cerro de la Vera Cruz, que volverá a ser testigo de una batalla contra los infieles, o los ateos, lo mismo dá. Los bravos guerrilleros españoles nada saben de que ese cerro fue testigo de un milagro reconocido. El de la Vera Cruz, cuando fue tomado el castillo del árabe, el Qal,at ab salam, frontera de la cristiandad. Eso por ahora les importa poco. Odian al francés, que les roba la comida, y a su puta madre. Tampoco saben que en esas cuestas y cotas arcillosas, que bien sirven para esconderse había sido descrito por Cervantes en el Quijote. La escasa artillería del Empecinado solo tiene una función: destruir el puente que cruza el río Henares. Una vez que todas las tropas lo hayan cruzado, si el puente cae, solo habrá una manera de huir del campo de batalla: a nado. Un grupo de facinerosos se haya escondido tras los juncos del Henares y tendrán la misión de colocarse en esa orilla del río una vez que el puente haya sido destruido. Cada franchute que cruce el cauce será degollado ipso facto, en esa explanada donde hoy hay unos columpios para niños. Lo importante es actuar, como he dicho, por sorpresa, con habilidad y con rapidez. La consigna de "el Empecinado" es que hay que imposibilitar que los batallones se organicen, se coloquen en orden cerrado y en línea de a tres. El escarpado terreno les va a imposibilitar la maniobra, y antes de haber sacado la munición, o de haberse colocado en hileras, habrán muerto muchos de ellos. El enemigo con el cual se van a enfrentar, aunque escaso en número, es invisible y se conocen los recovecos de la cuesta del Zulema, muy arbolada y llena de taludes y quebradas. La batalla está ganada de antemano y “El Empecinado” se muestra como un gran táctico, a la hora de colocar a sus huestes. Las cuales no sienten enojo alguno en abrir el cuello a cuajo de los franceses, como se hace con los cerdos, ni de entrar en el cuerpo a cuerpo, profiriendo grandes gritos de “!Mecaguenvuestraputamadre! !Hijosdeperra! y !Lamadrequeosparió!” cuando el humo de la polvora haga invisible el terreno. Silencio. El último soldado francés pasa por el puente. Acaban de perder la batalla. . Las andanadas sobre el puente del Zulema son certeras y dejan desconcertados a los franchutes, que en un pedir de boca reciben una lluvia de fuego, disparada por un enemigo invisible que les recibe por todos los flancos. Antes de descolgar sus armas de los hombros ya han caído muchos. Una segunda andanada consecutiva, por tener el mosquete cargado y el cañoneo de la artillería, esta vez sobre el terreno, les impide la capacidad de maniobra. Al francés solo le queda una opción: huir por entre los cerros y los árboles en desbandada y en desorden. En pocos minutos un ejército de muchos hombres ha sido derrotada por una pandilla de valerosos patriotas, que unidos en grupos reducidos de dos o tres paisanos, no va a dejar a un fracois de la patrí con vida.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Manuel Azaña y el Pensamiento Único


CALLE DE LA IMAGEN: CASAS NATALES DE MIGUEL DE CERVANTES Y MANUEL AZAÑA

Nació Miguel de Cervantes Saavedra en una humilde casa alcalaína. La que hoy se muestra como casa-museo natal sirve para ver como era una casa acomodada del siglo de Oro, pero nada más. La casa que se visita bien podía ser la del caballero del Verde Gabán, pero no es la de Cervantes... ni la de Don Quijote. La verdadera casa, esa sí, donde Miguel nació está situada al lado de la que se exhibe. No colindante, pues entre medias queda la calle de la Imagen. Esta casa es conocida por los alcalaínos como "Casa de la Calzonera". Documentos hay que atestiguan que era propiedad de los Cervantes en aquella fecha; como hay documentos, gracias a Trento que obligó al efecto llevar anotados los bautizos, de que Cervantes fue bautizado en la capilla del Oídor. También que el propio plumeador, en documento escrito de propia mano, se define como alcalaíno. Esa discusión hace tiempo que quedó zanjada, y todos los cervantistas la dan por sentada con unanimidad. No es a eso a lo que quería referirme. De lo que quería hablar era de esa casa con la cual "la de la Calzonera" es vecina. Es esa otra casa, como digo, de singular importancia. Una casa burguesa y decimonónica, que rara vez no estaba llena de pintadas politizadas de todo tipo, donde nació otro españolísimo. Quijotesco, vilipendiado, ultrajado y maldecido: Don Manuel Azaña. Presidente de la II República española. Es la "calle de la Imagen", en honor al convento de las carmelitas, una singular vía española. El visitante que acude los domingos a Alcalá no suele advertir su importancia: sin embargo, pocos saben lo que laten esos 70 metros que van desde la calle de Santiago a la Mayor. En ella laten, otra vez, las dos Españas. En esa calle nacieron Cervantes y Azaña. Santa Teresa de Jesús, la mística, fue priora de un convento que allí se encuentra, en otro modelo de religiosidad subjetiva e individual: para sí. En ese espacio urbano mínimo, a ras de tierra, late una España: la que habla, la que dialoga, la que escribe, la que razona: Cervantes, Azaña y Santa Teresa. Sin embargo, en esa misma calle, queda bien claro quien es el que manda: la cúpula del convento de la Magdalena, que se alza al cielo, cae al medio de la calle, en perspectiva, con una clara intencionalidad. El de imponerse a todos los demás: el Pensamiento Único, los claustros, Trento, la ignorancia, los que rezan y el oscurantismo. El nombre de la calle es sintomático: habiendo nacido en ella Cervantes y Azaña, lleva como nombre la de un convento. Siempre he dicho que para visitar Alcalá de Henares lo que hay que hacer es admirar las perspectivas. Los puntos hacia los que confluyen los ojos. Allí se encuentran las verdades españolas. El oprobio se sitúa a ras de tierra. Todos los intentos por rehabilitar la figura de Don Manuel Azaña, el político burgués, intelectual y republicano, se hacen imposibles. Es por ello que yo, aquí, voy a tratar de exponer su pensamiento político. Hoy con pequeñas pinceladas. Era Azaña un platónico, un español hasta las cachas, que abogaba por ideas que ahora son del todo arrumbadas: El estado laico, la refacción de España, la reivindicación de la civilización y de la modernidad, junto con la reivindicación de lo humano para el español. Los salvapatrias condenaron a una mente preclara, un defensor de las ideas mediante el diálogo, al ostracismo. Mediante soflamas interesadas, medias verdades y mentiras interesadas que tenían como objeto eliminar una cosa: La verdad, la claridad y el diálogo socrático para alcanzarla. La verdadera realidad en la que vivió Azaña era la de una España que no atendía a esas razones, en una de las mayores perversiones que puede sufrir una democracia: que un gobierno posterior no respete en nada lo realizado por un gobierno anterior, en momentos donde el antagonismo se vuelve atroz y los odios se enconan. Pocos eran los preparados para entender a Azaña. Como pocos son los preparados para entender a Cervantes... y al Quijote. La II república se encontró débil desde el inicio: tratar de separar la Iglesia del Estado era inconcebible para los que mandaban. Eran incapaces de entender, y aún hoy lo son, de que la religiosidad, la confesión religiosa pertenece a la conciencia individual; y que, por tanto, la Iglesia y no el Estado debía atenderla. Ese fue el pensamiento de Azaña que las cavernas eran incapaces de transigir. En momentos como el de hoy, 30 aniversario de la Constitución Española de 1978, el oscurantismo sobre la figura de Azaña es aún cruel, y el Pensamiento Único impera hoy, como siempre. Azaña acabó como todos los que tienen razón y dicen verdades: condenados a beber cicuta. Pero murieron buenos, no como otros, que bajo tierra santa guardan sus huesos. Hablar hoy de una república democrática es como poco una aberración, condenando a los que tienen ese pensamiento y esas ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Repitamoslo: Azaña era un burgués, un republicano y un intelectual. Un español y castellano hasta la médula. Una salva para mi compatriotas Azaña, Cervantes y a todos aquellos que han visto la luz de la filosofía fuera de las cavernas